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lunes, 8 de agosto de 2016

Capitulo cuarenta.
Despertar.



Me siento distinta, y es porque soy distinta. Siento la energía, el poder en mis venas. Es un poder único, escucho murmullos a mí alrededor, pero no sé de qué se trata. No quiero hacer caso, solo quiero, necesito aprender de este poder. Es tal, es tanto que siento que puedo destruirlos a todos… puedo destruirlos a todos.

Pero algo está pasando, ciento una fuertes presión en mi cerebro… es él. Por él estoy aquí, es el único motivo por el que hice todo esto, siempre ha sido él. Desde que supe de su existencia, siempre ha sido él, y es mío. Destruiré a cualquier ser que intente quitármelo, es por él que estoy aquí siempre será solo por él.

-Alekssandra mírame-. Esa no era su voz.

¿Qué? No… yo…

-Anima mea, mírame-.

Oh si, estaba a mi lado, el seguía aquí.

Alguien tomo mi brazo, pero su tacto era distinto, no era él. De un impulso salte a su yugular, podía ver como se marcaba a través de su piel, como si sus venas se pintaran sobre su piel clara. Pero no pude llegar a este, unos fuertes brazos me sostuvieron, eran como grilletes que me inmovilizaban.

-Los destruiré, los destruiré a todos…
-Duerme.

La orden fue tan clara y tan fuerte dentro de mi cabeza, que segundos después todo se puso negro.

Treinta y siete horas antes.

Me siento muy nerviosa, en un par de horas nos reuniremos con Grigori y su gente para la conversión, pensé que este día no llegaría. Esto cambiara mi vida y la de ambas manadas para siempre, ya no vivirán con él temor de perder a su compañero por el tiempo. Por el momento será un secreto, pero lo aremos público, solo entre nuestra gente.

Eso fue lo que acorde con él, es que no era una situación fácil, decirle al mundo que los Lobos tienen el secreto de la longevidad, que la “inmortalidad” era algo posible. Eso solo pondría en riesgo a muchos de los Lobos, pero sobre todo a los humanos, aunado él hecho de que esto solo lo podía realizar el alfa descendiente de la línea original.

Aunque no entiendo bien eso, Yurik es primo de Grigori, ¿No debería ser descendiente en línea directa del padre de los Lobos? Adrik quiso explicarme eso, pero no entendí una sola palabra. Salvo, poder, sangre, elección, vida y muerte… pero no en ese orden, ni en ese contexto.

En fin, estoy en la biblioteca, acabo de cortar la llamada que tenía con Grigori. Todo por culpa del perro de Aleck, se está volviendo un fastidio desde que supo lo del embarazo. Hasta quiere escoger los nombres, ¿Qué no sabe que mi bebe ya tiene nombre? ¿Qué ese nombre se lo dio su padre? No, no lo sabe, y en ocasiones quiero gritárselo.

-Después de la conversión llevaremos a cabo la ceremonia de vinculación, para que nuestros hijos crezcan en un círculo familiar estable

¿Qué demonios dijo?

-Espera, ¿Por qué demonios tomas decisiones sin consultarme?
-Es lo que se tiene que hacer Alekssandra.
-No, no es lo que se tiene que hacer.
-Los lobos no aceptaran a una madre soltera.
-¿Disculpa? ¿Dijiste los lobos o esto es por ti? ¿Qué carajos te ocurre Aleck?
-Lo lamento, no era mi intención que eso se escuchara así, pero respetan más a una pareja que a un lobo solo con cachorros.
-Si seguramente son humanos hablando y no Lobos cuidando de los suyos, porque eso se escuchó como algo que hace mi raza, no la tuya. Y no voy a vincularme contigo, aun cuando de ello dependa mi vida o la de mis hijos.
-¿Los pondrías en riesgo?
-Destruiré a cualquiera que les toque un solo pelo, pero no me voy a sacrificar a vivir a tu lado por nadie.
-Escúchame bien niña tonta…
-Respeta a mi señora o yo mismo cortare tu garganta.

La orden letal salió de los labios de su propio hermano, Aleck se quedó callado y salió de la habitación.

-En ocasiones no reconozco a mi hermano.
-La vida lo ha cambiado.
-Si, en alguien que ni él mismo reconoce.
-Temo por mis hijos a su lado, no lo quiero cerca de ellos.

Le confesé mientras él serraba la puerta de la biblioteca, dándonos privacidad.

-No son de mi hermano, ¿Verdad?

¿Qué caso tenia mentirle a Adrik?

-No.
-El padre es él, ¿Cierto?
-Si.
-Aleck debería saberlo.
-No, eso me pone en peligro a mí, y sobre todo a los bebes. Aleck no está bien, creo que el vínculo que la bruja esa forjo entre nosotros lo está volviendo loco.

Adrik me observaba como si me hubiese crecido otra cabeza. Parecía que mis palabras le estaban rebotando en el cráneo, no dijo nada por un muy largo rato.

-Quizá tengas razón, pero ese no es motivo para que lo engañes con esto.
-No lo engaño, yo no he dicho que sean sus hijos… él no me escucha cuando le digo algo que no quiere oír, tú lo escuchaste.
-Creo que solo temo perderlo otra vez.
-Si dejamos que este vínculo continúe, lo perderemos…. Él aun no encuentra a su compañera de vida, o a su alma gemela, como sea que le digas, no es justo que lo ate a mí, para ninguno de los dos.
-Tienes razón en eso… Pero no sé cómo romper ese vínculo.
-Yo tampoco, pero… encontraremos como salvarlo.
-Fred…Grigori llamo.
-¿Por qué hasta ahora me lo dices?
-Lo siento jefa, dijo que ya estaban en la casa del Padre de todos instalando lo que se requiere.
-Bien.
-También dijo que ya podíamos ir al lugar, y que dejáramos a mi hermano en la perrera.

Los dos reímos con ese comentario, sin duda y si pudiéramos lo dejaríamos en casa.

-Preparemos lo que tengamos que llevar y partamos.
-Si jefa.

Salió de la biblioteca, yo lo seguir un par de minutos después. Me dirigí a mi habitación, al entrar en ella, solo mi piel evito que saliera de mi cuerpo. En mi cama estaban sentadas Iris y Margarita, estaban muy serias y con los brazos cruzados sobre su pecho.

-¿Piensan matarme de un susto? Otro poco y no fallan…
-Lo sentimos, ahora cállate, cierra la puerta y toma asiento-. Me respondió una muy, muy seria Margarita.

Hice lo que la niña me indico, serré la puerta y me dirigí al sillón que estaba cerca de mi cama.

-Me van a decir ¿Qué demonizo hacen aquí?
-¿Quién es el padre?-. Interrogo Iris.
-¿Qué?
-Queremos saber si es hijo del perro callejero o de Grigori.
-¡Margarita! Aleck no es un perro-. La reprendí tratando de no reír.
-Dimitri no dice eso.
-¿Dimitri?
-Dimitri, Patricia, Dante, Iris y yo sabemos que Aleck es un perro… o se porta como uno.
-Bien Margarita, se porta mal si, pero no es un perro. Iris debe dejar de meter esas ideas en la cabeza de la niña.
-¿Nosotros? Ella fue quien le llamo perro callejero y a todos nos gustó el apodo.

Esta vez no pude evitar reír y ellas rieron conmigo, era como tener una hermana mayor y una menor, era genial.

-Bien, les diré… tarde o temprano se va a saber, no estoy segura aun de quien es el padre, pero creo que es de Grigori.
-¿Crees?-. Interrogaron las dos al mismo tiempo.
-En esos días… no sé, algo me dice que es de Grigori.
-Entonces si seremos tías Iris, es de Grigori-. Comento una muy feliz Margarita.

Me quede con ellas charlando y preparando lo que iba a llevarme en este viaje, no sería mucho porque solo serían un par de días. Ellas me ayudaron a elegir la ropa que debía llevar, según Iris, a Grigori se le tenía que caer la baba cuando me viera. Después de un rato me dejaron sola, me senté en mi cama y me dispuse a leer un rato, a la espera de salir de casa.

La puerta de mi habitación se abrió, un muy inestable Aleck entro, pero no venía solo. Dimitri venía detrás de él, como si estuviera cuidando sus pasos. Se veía sumamente molesto, me percate que también venia Patricia. Aleck se paró junto a mí, me miraba de una manera perturbadora.

-¿Por qué no puedes amarme?
-Aleck…
-¡Shhhhh! No me digas que “porque amas al perro ese”, no… él no te ama, no como yo.

Con calma me levante de la cama, no quería estar en desventaja con él. Aun que a su lado parezco un pitufo, me sentía más fuerte estando de pie.

-No me amas, es el vínculo que la “reina de los lobos” forjo por la fuerza.
-¿Cómo puedes decir que no te amo? Eres mi vida… no voy a permitir que vayas a esa idiotez, puedo perderte… tú y mis cachorros…
-¡No son tus hijos!-. Grite tomándolo por sorpresa.
-¿Qué? ¿Cómo que no son míos?

Dimitri y Patricia estaban sorprendidos y se pusieron en guardia al escuchar el tono de vos de Aleck, incluso yo me ausente.

-Grigori y yo… paso una vez, después de que termináramos… no estoy segura quien es el padre-. Mentí.

El rostro de Aleck se desfiguro por la ira, estaba asustada, pero no podía demostrar miedo.

-¡Eres una puta!-. Me grito. -¿Por eso te urge reunirte con él? No voy a permitir que te burles de mí, esos son mis hijos no de ese bastardo, no vas a ir a ningún lado.

Me sujeto del brazo y me estaba haciendo daño, su actitud me enfureció aún más. Ya eran muchas cosas las que le estaba tolerando, no le toleraría otra. Cerré mis ojos y me concentre en mi respiración, tal como Grigori me había enseñado. Comencé a pensar en la forma de mantenerlo alejado de mí, sin lastimarlo, las palabras de Grigori y margarita vinieron a mi

“Perro callejero”

Tenía la solución a este problema momentáneamente, tal como hice para llamar la daga inconscientemente, pero ahora de forma consiente. Comencé a formar una jaula, esta jaula se formaba alrededor de Aleck. Lo hice tan rápido que lo tome por sorpresa, me soltó el brazo y yo me acerque a Dimitri y a Patricia, ella me reviso el brazo, para asegurarse de que no tuviera marcas.

-¿Qué es esto?
-Eso es un “Estate quieto” no podrás salir de allí, es cristal tintado, pero tiene un truco. Cada vez que lo toque de una u otra manera, recibirás una descarga eléctrica, es tu “castigo” por comportarte como un auténtico perro.
-Déjame salir Alekssandra, ahora.
-No, debo partir, pero  no puedo dejarlo solo, necesita que lo vigilen para que aprenda su lección.
-Descuida, nosotros lo vigilaremos. Ve a que te hagan tu cambio de look, y no te preocupes por este perro, ¿Verdad tío?

Aleck no con esto nada, obviamente estaba furioso, pero al menos no le amargaría a nadie él viaje.

Veinte horas antes.

Llegamos a terrenos de la familia Záitsev, había Custos, Bellator y Centinelas a los alrededores. Nos dejaron entrar sin preguntar o molestarse, simplemente nos hicieron una reverencia de respeto. Yo sentía un nudo en mi garganta de los nervios, Adrik me había explicado lo que iba a pasar, pero para ser honesta no entendí nada.

En esta ocasión Tristán, Adrik, Dante e Iris eran los que me escoltaban. Aun cuando estábamos entrando a la boca del Lobo, todos estábamos seguros de que no pasaría nada. Tristán detuvo la camioneta frente a las puertas de un gigantesco castillo de roca blanca, el lugar era más que impresionante, parecía sacado de un hermoso sueño.

Me di cuenta que el lugar estaba perfecto, imperturbable en el tiempo, sus enormes árboles, su bella fuente de Lobos.

-Por aquí señores.

Nos llamó uno de los Lobos más cercanos a Grigori, era un Lobo joven, pero sabía por experiencia que no podía juzgarle por eso… podría ser realmente viejo. Nos guio al interior del castillo, por dentro las paredes eran claras también, la falta de muebles y cuadros hacían que el lugar pareciera un hospital.

-Mi señor se disculpa por la falta de decoración, es solo que este lugar estuvo abandonado por muchos siglos… los saqueos, el tiempo casi acabaron con todo.
-No debe preocuparse, entendemos eso-. Le respondí lo más amable posible.

En el corazón del castillo se encontraba “el salón del trono” a donde fuimos escoltados, en el centro del lugar un heptágono formado por siete megalitos de cristal. Grigori, aún se encontraba dando indicaciones a sus Lobos. Me tome un tiempo para admirarlo, su fuerza, su elegancia… dios, como lo amo.

Estaba de espaldas a nosotros, de  pronto volvió su cabeza y sus ojos se encontraron conmigo. Una sonrisa se dibujó en sus labios, se dirigió a nosotros, tenía el ceño fruncido y parecía buscar algo.

-¿Qué sucede?
-¿Dónde está el callejerito?

Tanto los que venían con nosotros como sus Lobos rieron.

-Lo deje en casa.
-¿Cómo hiciste eso?
-Lo deje… lo encerré en una jaula.

Esta vez no pude evitar reír con él, saludo a mis acompañantes, uno a uno.

-Señora Vasíliev, bienvenida.
-Señor Zaítsev, un gusto estar en su presencia.
-Tristán Mac Cárthaigh, es un placer tenerlo aquí-. Le dijo parándose frente a él.
-Señor Záitsev, gracias por recibirnos.
-Señor Adrik Slavik, bienvenido sea.
-Gracias por permitirme estar aquí, señor Záitsev.

Me percaté de que Dante se veía sumamente nervioso, recordé que ellos no se habían visto o hablado desde que Grigori lo corriera de su propiedad.

-Señora Iris Martínez, es un honor tenerla con nosotros.
-Gracias señor Grigori, es bueno verlo de nuevo.

Se paró frente a Dante, su mirada quería decirle mil cosas, peor su rostro y su postura no revelaban nada.

-Señor Dante Landeros… Bienvenido.
-Gracias señor Záitsev.
-Bien… entonces tomemos los lugares correspondientes.

Dante y Grigori me escoltaron al centro del heptágono, para lo que fue necesario que desde sus Lobos giraran el megalito, una vez dentro, me encerraron allí. Tristán estaba allí con nosotros, porque estaba tomando el lugar de Aleck. Uno de los megalitos de cristal se giró un poco y Grigori entro conmigo, entonces Meylan, Ty, Dante, Adrik, Tristán y Samuel creo, se colocaron detrás de cada megalito.

-La función va a comenzar anima mea.

Me percaté de que los labios de los Lobos que nos rodeaban comenzaban a moverse pero no entendía que era lo que decían, eso me desconcertaba.

-¿Qué están diciendo?-. Le interrogue tomando su mano.
-Están convocando a los dioses, en lengua antigua… una que ya nadie usa.
-Ellos… los dioses ¿Vendrán?
-Si, a través de los megalitos de hielo, se presentaran en forma de energía.

El ambiente a nuestro alrededor comenzó a electrificarse, dentro de los megalitos comenzó a verse la corriente eléctrica, como aquella que sal de una bobina Tesla.

-Esto es hermoso.
-Y peligroso-. Me dijo Grigori. –Si algo sale mal, tu vida, la de Kat y la Mia están en juego.
-¿Por esa razón estas aquí dentro?
-No iba a poner tu vida en juego, lo eres todo para mí.

En ese momento sentí el primer golpe de energía, él me sostuvo entre sus brazos. Pero nada pudo hacer para detener lo que sucedía en mi cuerpo, golpe tras golpe de energía. Comencé a sentir precio en cada parte de mi cuerpo, podía sentir los huesos vibrar. Mi vista comenzó anublarse, mi oído se apagó, no salía voz de mi garganta.

Me sentía dividida, sentía como si alguien estuviera arrancando mi alma de mi cuerpo, en ese momento temí por mi bebe. Trate de protegerle, pero me sentía débil. El dolor me supero, no podía sentir más que dolor. Entonces todo se puso negro, agradecí haber perdido la conciencia… o eso creí.

Despertar.

Blanco, solo había blanco a mí alrededor. También paz, una paz que me resultaba aterradora. Podía escuchar un latido, era rápido, rítmico… era mi bebe.

-Hermana, bienvenida seas.

No reconocí ninguna voz, ¿Dónde demonios estaba?

-Es tiempo de corregir nuestros errores hermana, es tiempo de destruirlos.

No sabía cuántas personas me estaban hablando porque lo hacían al mismo tiempo.

-Es hora de despertar hermana.

Sentí que caía, que caí por mucho tiempo antes de volver a mi cuerpo.

-Alekssandra mírame.

No entendía el por qué tenía que mirarle o porque me llamaba Alekssandra.

-Anima mea, mírame-.

Mi alma, mi único amor, era él quien me sostenía. Entonces abrí los ojos los megalitos de hielo estaban hechos añicos, en realidad el lugar estaba destruido. No sabía que había pasado, pero por el rostro de todos los Lobos a mí alrededor, debió ser algo grande.
Entonces una furia inmensa se apodero de mí, solo quería sala a su yugular y destruirlos.


-Los destruiré, los destruiré a todos…

No reconocí esa voz como propia, no entendía que era lo que estaban pasándome.

-Duerme.

No desperté hasta algunas semanas después, estaba en una habitación blanca, por las paredes me supuse que estaba aún en el castillo de la familia Záitsev. Me encontraba sola, la habitación olía a lavanda, el silencio era reconfortante.

-Por suerte el pelo ha desaparecido.

Entonces volví mi cabeza, allí estaba él, se veía cansado. Estaba sentado en un pequeño sofá, del lado de la enorme ventana, el sol entraba por esta.

-¿Qué pelo?
-El hermoso pelo café que cubría tu cuerpo esa noche.
-¿Sucedió?
-Si Alekssandra, después de un par de horas llevando acabo el ritual y el sacrifico de tiempo. Comenzaste a convertirte, trate de evitar que te golpearas en el suelo. Según me comento Adrik, todo fue distinto, parecía que las cosas estaban saliendo mal, tu pulso y el de nuestra bebe desaparecía… pensé que me había equivocado, entonces utilice mi… mi poder como Lobo Cazador… y el cambio físico fue violento, en una explosión que destruyo los megalitos.
-¿Qué paso después?-. Le interrogue en el momento en que se quedó callado.
-Atacaste a Adrik, eras un Lobo rabioso, sediento de sangre… por el bien tuyo y de nuestra cachorrita, te envié a dormir. Aun no es seguro que vuelvas a casa, parece que a la única persona que aceptas a tu lado en forma de Lobo soy yo.
-¿Por qué?
-No lo sé, quizá sea porque me amas.
-Quizá… ¿Cómo está mi bebe?
-Nuestra bebe nacerá y se convertirá en una fuerte Loba.
-Gracias Grigori.
-No tienes nada que agradecer, lo aria de nuevo… solo por el placer de tenerte para siempre en mi vida.

Sello su promesa con un beso, e iba a hacerle cumplir esa promesa.

Fin?





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