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viernes, 27 de mayo de 2016

Capitulo treinta y uno.
Mascara.



Cuando vi su número en la pantalla de mi celular, casi deje de respirar, casi. Afortunadamente todo salió bien, no hubo reclamos, gritos, insultos… solo dos personas hablando e intercambiando opiniones. Algo así como si fuéramos amigos, creo que eso fue algo que nunca nos dimos la oportunidad de ser. Hablamos hasta un par de horas después del amanecer, no quería que esa llamada terminara, pero debía llegar a su fin.

Quería haberle dicho tantas cosas, pero siempre que estas estaban por salir de mi garganta, le cambiaba el tema, lo mejor fue no sacarlo, no sé en qué habría terminado eso. Me di una ducha rápida antes de dirigirme a mi oficina, me era extraño ya no ver los rostros de las personas que estuvieron a mí alrededor. Todos aquellos con los que crecí y confié, pero tenía que acostumbrarme a esta situación.

Ya había estado fuera de mi por un par de meses, ahora a poner orden, necesitaba tener una nano derecha y una izquierda nuevamente… pero, ¿Quién? No sabía en quien podría confiar para que entran al círculo más alto de la manada, ya habíamos dejado entrar a alguien y destrozo la manada.

Solo habría una manera de hacerlo, pero sea algo invasivo para él o ella, y tendría que usar parte de mis habilidades como cazador… lo cual en este momento era una especie de “bendición”. Al llegar a mi oficina me encontré con Orando sentado en mi lugar, estaba al teléfono, de modo que me senté frente a él y lo deje terminar.

-¿Cómodo?
-No, tu trabajo es brutalmente agotador.
-Naa, solo debes controlar los aspectos más sutiles de la manada.
-Sera lo que digas, pero no es un trabajo que yo quiera hacer, así que como estas sobrio y bañado, te cedo el honor de ser el alfa y rector.
-¿Honor?
-Bueno, retoma tus responsabilidades.

Se puso de pie, estirando sus músculos, parecía más un gato que un Lobo.

-No he encontrado el dichoso libro del que me dijiste.
-¿Buscaste en la librería que te dije?
-Sip, pero no está allí… quizá lo vendieron.
-No… déjame corroborarlo y cuando sepa donde esta deberás ir por él y traerlo a cualquier costo.
-¿Por qué es tan importante?-. Me interrogo Orlando sentándose frente al escritorio donde yo había estado.
-Porque, uno de mis “creadores” es el dueño y escritor es el hijo del alquimista.
-¡Mierda!
-Sí, y lo necesito.
-Dalo por hecho, pero por lo pronto tienes un montón de trabajo.

Le dedique un par de horas al trabajo de rector, solo eran trámites burocráticos. Me llamo la atención la cantidad de solicitudes de entrevista que tenía por “mi divorcio” y la separación de la manada. Pero esta vez no iba a hacerlo de nuevo, manejaría todo como hasta ahora, en privado. Después de meditarlo un rato, quizá daría una o dos, no quería que le dieran la espalda a la manada de ella.

-Orlando.
-Dime-. Respondió sin levantar la cabeza de los papeles que estaba leyendo.
-¿Tienes a Lobos de tu infinita confianza que pueda entrevistar para ocupar los lugares de Dante, Dimitri, Iris, Patricia y los gemelos?
-¿Quieres remplazarlos a todos?
-Necesito hacerlo.
-ok, si tengo unos cuantos. ¿Cuándo quieres verlos?
-Esta tarde.
-Los llamare.

Deje a Orlando trabajando en la oficina, seria él quien remplazaría a Dante, solo Orlando podría hacerlo. Comencé a hacer una ronda por cada edificio del instituto, me di cuenta de que había demasiados recuerdos entre esas paredes. Después de casi novecientos años, no me sorprendería. Este lugar era mi hogar, más de lo que fue la casa de mis padres adoptivos o la casa que compartí con Isidro Taftian.

Aquí pase los mejores años de mi juventud, y los peores de ella, en este lugar me enamore dos veces, ambas de una humana. Y en las dos ocasiones, todo fue una mierda… ¿Qué me decía eso?

-Grigori.

Me detuve un segundo, no me gustaba ese nombre. Representaba demasiado de quien no era, o quien no había sido, pero ese era yo ahora.

-Camia conmigo Ewha.

Él Lobo se puso a mi lado, caminando conmigo.

-Quiero hacerme cargo del instituto.
-¿Quieres dejar a la manada de lupinos?
-No, y si… Mis cachorros quieren estudiar aquí, ya no quieren ser educados en casa.
-¿Cuántos se matricularan?
-Son pocos, cerca de ciento veintitrés, hasta ahora.
-Bien, Lo estabas haciendo bien antes de que regresara. Además, yo debo encargarme de otras cosas.

De pronto Ewha se quede parado.

-¿Confías en mí?
-No, pero de igual forma haces muy bien tu trabajo-. Le respondí de la manera más honesta que pude, volviéndome a verlo.
-No te traicione.
-No, pero de haber tenido la oportunidad lo habrías hecho. Tus palabras, más o menos.
-Solo quería que toda la mierda que Isidro nos arrojó a la cara, se fuera.
-Eso estamos haciendo, poco a poco.

Reanudamos nuestro recorrido, casi en silencio. Y fue casi, por que Ewha iba hablando e no sé cuántas cosas que tenía pensado para el instituto. La verdad él era mejor rector que yo, a mí no se me habrían ocurrido tantas cosas. Hablaba de reformas, fiestas, y no sé cuánto más.

Con la separación de la manada, habíamos perdido activos muy importantes. Sin embargo, teníamos que hacer crecer los que teníamos. Tenía la impresión de que los humanos se encontraban en la misma situación, que ellos no sabían a qué manada acercarse, o si nos volveríamos enemigos, o incluso si nos volveríamos contra ellos. Todo por culpa de una maldita persona, él le hizo demasiado daño a la manada.

-No me gusta tu nombre.
-¿Qué?
-Grigori… no te vez como un Grigori.
-¿No? Según tú, ¿Cómo me veo?
-Como un Anacleto.
-Ah, bien… me quedo con Grigori, gracias por tu interés.
-¿Ya decidiste que aras con el consejo?
-Tengo unas cuantas ideas.
-Te dije que la idea del gran hermano no daría resultado.
-Entonces no tengo idea.
-Yo sí.
-Ok, soy todo oídos.

Las ideas de Ewha no eran nada malas, creo que pondría en práctica una o dos, las más dolorosas o difíciles. Si las soportan, si deciden siquiera someterse a ellas, serán dignos de confianza, que no crean que por ser antiguos o de familia noble ya se salvaron, deben ganarse su lugar. Todos los miembros del consejo, deben ganarlo, y no habrá excusa para heredarlo.

La tarde paso tranquila, de vez en cuando me topé con Záitsev echado bajo la sombra de un árbol, jugando con algún niño o cachorro, o simplemente sentado como estatua vigilando. Pero no se acercó a mí en ningún momento, supongo que simplemente estaba dándome mi espacio, le agradecía eso.
Después de comer me reuní con Orlando y con él estaban cinco Lobos, dos mujeres y tres hombres.
Todos se veían jóvenes, algunos más.

-¿Niños?
-Sólo es apariencia, son adultos.
-Que se presenten.

Me senté detrás de mi escritorio, a esperar que ellos se presentarán. El primero fue un Lobo de más de mil doscientos años, llamado Sebastián, el siguiente siglos más viejo, su nombre es Ty Hawtorn, la tercera unos siglos más joven fue Michaela Dublín, el cuarto fue un Lobo de casi mil años, su nombre Samuel O'Hará, la última me llamó  la atención por su aspecto.
Era como ver a la hermana adolescente de Margarita, cosa que yo sabía imposible. Ella tenía cerca de cinco mil, se llama Meylan Yilmaz, una Loba de la Turquía.

-¿Todos saben por qué están aquí?
-El señor Hanson sólo nos indicó presentarnos aquí en su presencia-. Respondió Ty.
-Bien, estoy buscando personal para el círculo más alto de la manada.

La sorpresa y el temor se hicieron visible en el rostro de los cinco Lobos.

-¿No se sienten capaces de hacer esto?-. Les interrogó Orlando con sarcasmo en su voz.
-Sólo es que, quizá no estemos a la altura de los hermanos Slavik o del señor Landeros... Quizá ni siquiera de la señorita Caballero.
-De querer reemplazó para ellos, mejor los traería de regreso señorita Dublín. No, lo que busco es a Lobos que sean capaces de hacer el trabajo que ellos hacían, no de que sean ellos.
-Estamos a la altura de eso-. Respondió un muy confiado Ty.
-Eso me agrada, ahora. .. ¿Saben cuál es el examen de aptitud y confianza?
-Siempre y cuando no sean los que el fanático de mi padre hace, estoy dentro.
-¿Perdón?

Me sorprendió el tono irreverente y alegre de Meylan, por un segundo me figuró que era la versión femenina de Adrik.

-¿Perdón?
-Oh no mi señor, usted no debe disculparse, el señor Orlando sí. Ha inducido a mi padre a la religión y lo ha fanatizado.
-Yilmaz, basta-. Gruñó Orlando.
-Señor, sólo digo lo que es verdad.

Si, definitivamente ella era la contraparte de Adrik, sería entretenido ver como alguien le saca las canas verdes a Orlando, por una vez el centro de ese bulling no sería yo.

-Bien, compórtense. Y no señorita Yilmaz, no son ese tipo de pruebas, consideró que son peores.
-Oh, perfecto.

Le expliqué en que consistían las pruebas de confianza, obviamente me guarde unos oscuros detalles para mí. Sólo les dije que era algo parecido a lo que hubo que hacerse  cuando se descubrió que Patricia descendía de los cazadores. Porqué de haberles dicho la verdad no permitirían que echar un vistazo a sus cabezas, pero seamos honestos, ¿Quién en su sano juicio lo permitiría?

Una vez que todos me dieron su consentimiento, procedí a infiltrarse en la mente de cada uno de ellos. Los cinco Lobos habían bajado los escudos que protegían "la parte pública" de su mente, pero no era esa parte a la que yo quería echar un vistazo, era a la parte donde sus "contrafuego" eran más complejos, donde creían estar a salvo, donde ocultan sus secretos.

Para la edad de cada uno de ellos, serían demasiadas habitaciones en un palacio mental, y me llevaría una vida analizar cada recuerdo. De modo que aquí era donde entraba mi lado oscuro, dejaría implantado un "virus" que se encargaría de revisar cada secreto por mí, así sólo me tomaría poco tiempo saber si eran o no dignos de confianza. Quizá y dependiendo de las habilidades de cada uno se percatarían de la intrusión, pero eso estaba por verse.

Decir que termine agotado se queda corto, de no ser porque Orlando me llevo a casa, me habría desplomado en el gran patio. Ya casi amanecía, cuando abrí los ojos, un mensaje había llegado a mi buzón.

-¿Qué la gente normal no duerme?-. Gruñí tomando mi teléfono.

Por un segundo pensé que sea un mensaje de ella, pero no fue así. Simplemente era la respuesta acerca del libro que Orlando debía haber traído ayer. Como imagine, el libro seguía allí, solo que lo habían retirado del mostrador para otra evaluación, puesto que ya había muchas personas interesadas en él.

“El libro sigue allí, está en el sótano, en la caja fuerte. En la lista de interesados, se encuentran varios cazadores. Date prisa y tráelo esta misma noche”-. Le informe por la senda telepática común, sabía que le daría el susto de su vida, pero yo era quién lo estaba disfrutando.
“¿Qué?”-. Me respondió alterado. –“¿Pretendes matarme de un susto?”
“Sigues con vida, ¿no?”
“Casi”
“Entonces no lo logre, ve por ese libro”
“¿Por eso me despiertas? ¡Consíguete una novia!”

Me grito antes de cortar el enlace telepático, me di una ducha y me dirigí al bosque, quería corree, sentir el viento, pero sobre todo dejar de pensar. Pero, como siempre pasa en la vida no llegue a ni a la puerta, pues Záitsev se encontraba en la sala.

-¿Nadie te enseño a tocar puertas?
-Tu madre lo trato, pero fallo en el intento.

Fui a la cocina por un café, antes de sentarme junto a él.

-¿Qué fue lo que te dio el servicio de despertador?
-No sé si quiero responder a esa pregunta.
-Alekssandra… No quiero saber Záitsev, esta vez no. Si no es algo que afecte a mi manada, no lo digas.
-Por no decir las cosas es que la manada está dividida.
-Sí, pero esta vez yo no quiero saber.

Se llevó las manos a su cabello en señal de frustración, prefería realmente no saber en qué estaba metida o con quien.

-Hijo…
-No, Záitsev. No puedo permitir que el estar al pendiente de ella me distraiga, debo hacer esto. Tengo que detener de una vena vez a la alianza del este y sobre todo a los cazadores.
-¿Eso significa dejarla en barcos de otro?
-Si ella lo ha decidido así, sí.
-¿Si quien ha decidido no ha sido ella, sino las circunstancias?
-Entonces ya veré que hacer, pero por lo poroto no quiero saber. Déjala y déjame descansar de nuestra tormentosa relación, dame tiempo.

Después de eso Záitsev no dijo más, pero tenía la idea de lo que me estaba diciendo. Alguien estaba rondándola o ella ya había decidido rehacer su vida, en cuyo caso yo ya no podría decir nada. Salimos juntos al bosque, Záitsev iba en su forma lobuna. Caminaba con calma a mi lado.

Si tena razón con lo del libro, pronto tendría en mi poder a los Venántium que tuvieron cautivos a Aleck y a Alekssandra, sabría quién era el máximo traidor de la manada y podría eliminarlos a todos. Era por ello que no podía tener distractores en este momento, ya me había distraído yo solo por varios meses. Dejando todo lo que era importante de lado, creo que simplemente era momento de hacer esto.

En el camino se nos unieron más lobos, todos necesitaban lo mismo que yo, correr. La carrera fue larga, jugando entre nosotros, arrojándonos unos sobre los otros para tratar de llegar primero, sospecho que Záitsev hizo trampa, pues llego antes que todos y yo lo había visto al final. Todo fue una sensación de alivio, de fraternidad.

Estaba tomando una cena tardía, porque había llegado de la carrera que prácticamente duro todo el día. Cuando mi padre apareció en la cocina, con un enorme filete, por el aroma, tenía que ser un venado.

-¿Primero haces trampa y ahora compras la cena?
-¿Trampa? ¿Comprar? Me subestimas hijo, soy un Lobo talentoso.
-Sí, seguramente.

Estábamos enfrascados en la discusión acerca de la ética para un Lobo sobre comprar su cena o cazarla, cuando Orlando entro a la cocina, debajo de su brazo traía el libro que le había encargado, pero su semblante era otro. Estaba más serio y callado que de costumbre, se sentó en la barra y no dijo más, solo se dedicó a mirarme. Era como si esperaba a que en cualquier otro momento me creciera una cabeza, o que me salieran cuernos.

-¿Qué demonios te pasa?

Orlando no respondió, solo se quedó allí sentado.

-Seguramente un gato le comió la lengua-. Bromeo Záitsev.
-Para esa cara, debe ser algo menos impresionante que un gato… quizá una rata.

La risas que Záitsev y yo teníamos parecieron sacar a Orlando de su trance, dejo el libro sobre la barra de la cocina y levanto su rostro a verme.

-Tienes que saber algo.
-¿Es grave?
-Depende de tu reacción-. Respondió muy serio.

Ok, momento de dejar de bromear.

-¿Qué ocurre?
- Al salir de la librería me encontré con Aleck.
-¿Eso tiene algo de malo?
-Deja de interrumpir-. Me grito. –Él estaba con Alekssandra… ellos se estaban besando.

En ese momento el tiempo se hizo elástico, escuchaba las voces de ellos, sentía la preocupación de ellos. Pero analizando las cosas en ese momento, yo no sentía nada. Mi corazón estaba tranquilo, mi respiración no había cambiado. Era como si hubiéramos estado hablando del clima, o del precio de la carne.

Mi mente lentamente fue comenzando a procesar sus palabras, de las cuales destacaron tres Aleck, Alekssandra y beso. Ellos estaban juntos, o por alguna razón se había besado. ¿Una apuesta? No, ella no era de ese tipo de mujer. ¿Un juego? Ellos, no eran de ese tipo de personas. ¿Querían celarme? ¿Qué posibilidades habría que supieran que Orlando estaba dentro de la librería? No, ellos estaban juntos.

Alekssandra había decidido continuar su camino, tal como se lo había sugerido esa noche en que  me llamo. ¿Qué podía hacer yo al respecto? Pues varias cosas, ir y arrancarle el corazón a ese idiota, o golpearlo o secuestrarlo torturarlo y dárselo a las ratas para comer. Podrirá ir por ella, llevármela lejos, recordarle que el dueño de su corazón, de su alma y sobre todo de su cuerpo era yo. Que ella solo me pertenece, esa era la respuesta lógica.

Pero no hice nada, me quede sentado, y le di un sorbo al café que estaba tomando.

-¿Me escuchaste, Grigori?
-Te escuche, Orlando.
-¿Y?
-¿Qué quieres que diga? ¿Qué estoy furioso? ¿Qué quiero sacarles el corazón? ¿Qué grite?... dime, ¿De qué servirá? Ella se fue de mi lado, ella lo decidió. Ellos tienen un vínculo de sangre que nosotros no hemos tenido nunca, ¿Por qué habría de correr tras ella o hacerle algo a él? Ellos ya no son mi problema, si salen por allí ellos solos como “novios” es porque quieren hacerlo, siempre y cuando no se metan en mi territorio, no me interesa.

El rostro de los dos fue un bello poema de sorpresa, creo que lo dos pensaron que me levantaría he iría a golpear algo. O que iría por ella, yo igual llegue a pensar eso. Pero no, ella se había ido y había visto de primera mano como un vínculo de sangre une a las personas, allí estaban de prueba Dimitri y Patricia. Su conexión fue casi instantánea después del vínculo, ahora nada podrá separarlos solo la muerte.

-¿Te encuentras bien?-. Me interrogo Orlando.
-Estupendo, por cierto Záitsev, se te quema la cena.
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miércoles, 11 de mayo de 2016

Capitulo treinta.
Confusión.




Mis días han sido confusos desde que Aleck me dijo que me ama.

¿Esperaba eso? No, nunca lo espere ni lo imagine.

Lo cierto es que me confundió su beso, me dejo pensando muchas cosas con sus palabras, pero sobre todo emocionalmente. Antes de volver a la manada Salí con muchas personas, quería llenar ese vacío que su ausencia me había dejado. Tuve relaciones largas, relaciones de una noche, incluso relaciones de un solo rato. Ninguna de ellas me brindo lo que buscaba.

El tiempo que pase junto a Aleck, aun compartiendo su mente con un Lobo. Me hacía sentir tranquila, me hacía sentir parte de algo. Muchas noches su sola compañía me hacía sentir que aún era parte del mundo, hacía que el dolor que sentía se alejara. Le tome mucho cariño, le conté cosas que nadie sabía, cosas que hasta ahora creo Frederick no sabe de mi pasado.

Sin embargo, él no lograba que ese vacío desapareciera en su totalidad, solo me confortaba. El hecho de que ahora, crea que siete algo por mí me confunde. No quiero lastimarlo, incluso cuando él mismo dice que es consiente que amo a Frederick. La cosa es que no quiero traicionar a uno y lastimar al otro, en el sentido que esto sea.

Todos los días desde esa noche en mi desayuno coloca una rosa negra, no sé cómo lo hace o de donde la trae, pero aquí esta. La acompaña de una carta, un poema o chocolates. Se antepone a lo que necesito, siempre adelantándose, creo que esa es una de las ventajas que él obtiene del vínculo de sangre que nos une. En realidad, esa es una forma de hacer trampa.

En ocasiones su presencia me intimida, pero lo hace por la forma en que me mira, como me toca, cuando coloca su mano en mis hombros o en mi espalda. La forma en que mantiene a los que cree me “molestan” a raya, incluso Adrik lo molesta diciéndole que parece un perro faldero. Dudo que su hermano sepa la mitad de lo que en realidad le ocurre a Aleck, ni yo sopor que ahora sale con eso de que me ama.

-¿Estas lista?
-¿Qué nadie te enseño a tocar la puerta, Aleck?

Se supone que esta tarde me reuniré con la hija de Tristán, ella me entregara una lista de los posibles candidatos para formar un nuevo consejo. Apenas Salí de bañarme, y ponerme la ropa, antes de que el sabueso este me mate del susto.

-Yo toque.
-No, no lo hiciste.
-Lo hice, pero no escuchaste.
-¡Aleck!
-¿Qué?

Entro a la habitación serrando la puerta tras de sí.

-Deja de mirarme así.
-¿En qué forma te miro?
-Como si estuvieras viendo un jugoso filete.

Su sonrisa se ensancho ante mi respuesta, en realidad estaba poniéndome nerviosa.

-No era mi intención que te sientas como un delicioso bocadillo-. Se disculpó, pero la arrogante sonrisa que apareció en sus labios, me indico que mentía.

Le di la espalda y me dirigí a mi tocador a cepillar mi cabello, Aleck no abandono la habitación.

-Creo que tendré que llevarte a entrenamiento chino acelerado, tus modales están empeorando, ya te pareces a Adrik.

Sentí un vuelco en mi estómago cuando lo escuche reír.

-Eso dices, pero así te gusto.

Casi me atraganto con mi propia saliva.

-Estas muy impertinente el día de hoy.
-Pero no lo negaste.

¿Qué?

¡Mierda! Tenía razón, no le había negado lo que dijo.

Levante mi rostro al espejo, sentía mía mejillas arder. Me encontré con su mirada atravesó del espejo, estaba en silencio, solo observando mi reacción.

-Aleck… por favor, yo…
-Sé que lo amas, no estoy luchando contra ello. No quiero remplazarlo, ni quiero sacarlo de tu vida.

Sus palabras me pusieron más nerviosa de ser posible, sentía como me temblaban las rodillas, y mi corazón latía más rápido. Sin duda, él también lo sabía. Me puse de pie, tratando de poner distancia entre nosotros, pero en esa habitación era imposible. Me pare frente a la ventana, el sol apenas estaba levantándose.
-¿Qué quieres de mí?
-Quiero que me permitas estar a tu lado, que me dejes entrar en tu corazón, quiero que compartas conmigo el tiempo que tenemos disponible-. Respondió acercándose a mí.
-¿Cuánto tiempo será eso? No quiero lastimarte, Aleck.

Aleck se paró detrás de mí, rodeándome con sus brazos en un cálido abrazo.

-El tiempo que la vida quiera darnos, el hoy, sin importar el mañana.
-¿Qué pasara cuando él se entere?
-No le temo, si es necesario lo enfrentare.

Me gire entre sus brazos para verlo a los ojos, en esa mirada había la misma determinación que alguna vez vi en los ojos de Frederick.

-No… él puede matarte… si esto será a costa de la vida de alguno de los dos, entonces es mejor que te alejes de mí.
-No.
-Aleck…
-Si quieres que te prometa, que en el momento que Frederick se moleste porque estas a mi lado, no voy a hacerlo.
-¿Si viene por tu yugular?
-No se la voy a poner fácil, quizá él gane, pero se va air lleno de mordidas y rasguños.
-Frederick se pondrá más furioso que de costumbre.
-Pero entenderá, sé que tarde o temprano entenderá porque tratas de continuar con tu vida.

Rose con mis dedos su mejilla, ante mi tacto Aleck cerró los ojos.

-No quiero perderte Aleck.
-Ni la muerte nos alejara, Alekss.

Me dio un tierno beso que sello nuestro pacto, sin importar lo que pasara en el futuro seguiríamos juntos, como amigos, hermanos o quizá algo más.

Cerca del medio día Aleck y yo estábamos reunidos con la hija de Tristán, una Loba joven, que al igual que su padre tenía un cabello anaranjado y su piel extremadamente blanca. Me pregunte si cabellos seguiría siendo de un color tan chillón en su forma de lobo, después me di una patada mental, quizá ella era un Lobo rojo en su forma lupina.

-Me presentare formalmente, soy Ekaterina Mac Cárthaigh, segunda al mando de la casa de mi padre los Cárthaigh. Soy la responsable de los trámites políticos de mi familia, además de ser el portavoz oficial.
-Bienvenida seas a mi presencia Ekaterina Mac Cárthaigh, agradezco a los dioses por iluminar tu camino hasta nosotros. Yo soy la alfa Alekssandra Vasíliev, y este es mi guardián Aleck Slavik.

En el momento que termine de hablar una sonrisa se panto en su rostro, era genuina, cálida y la hacía ver un tanto aniñada.

-La lista que les he traído, es larga. Puedo ayudarles a aclarar el panorama, conozco a todos y cada uno de los Lobos de esta.
-Toma asiento, esto tardara entonces-. Le indique amablemente.

En efecto la lista que traía era enorme, cada nombre venía acompañado de un pequeño historial, desde la fecha de nacimiento, ascendencia, descendencia, ocupación, cargos, etc. Aleck se sentó a mi lado, su semblante el mismo que había sido cuando lo conocí, antes de todo lo que nos ocurrió, en este momento era el-señor-todo-negocios.

Ekaterina extrajo unas carpetas más, y coloco todo lo que traía en la mesa.

-Tardaremos meses en revisar todo esto-. Se quejó Aleck.
-Supongo que tienes algo mejor que hacer.
-No.
-Bueno deja de quejarte.
-No.
-¿Además de aguantarte todo el día, ahora tengo que aguantar tus quejas?
-Sí, es el privilegio de alfa escuchar mis quejas.
-¡Aleck!
-¿Dime mi alfa?

Ninguno de los tres pudo evitar reír con el tono insolente de Aleck, después de un rato el silencio era cómodo, como estar entre amigos.

-Este es el primer candidato, es joven, pero experto en seguridad, armas y estrategia. Lo ha aprendido desde la cuna, su experiencia ha sido heredada por cuatro generaciones y cada una ha ido perfeccionando sus técnicas de acuerdo a su época. Su nombre es Erik Povorof, sin hijos, sin pareja, completamente entregado a su carrera.
-¿Crees que sea alguien potencialmente corruptible?-. Interrogo Aleck tomando el archivo de Erik.
-No, él pondría su ética y su orgullo antes incluso que su propia madre.
-Eso suena bien, muy bien-. Murmure.

Nos pasamos casi el día completo con Ekaterina, era una chica muy agradable, supe que tenía novio, pero no era nada formal, según dijo solo era para rascarse la comezón. Que tiene otros setentainueve hermanos y parece que catorce en camino.

¡Dios! Esa familia sí que es numerosa, no me imagino las reuniones familiares, con las esposas y los hijos y las esposas o esposos de estos y… deben rentar un estadio cada vez que piensan en reunirse, eso era algo así como ¡Que-loco!

Después de revisar la cuarta o quinta parte de los archivos y que descartáramos a algunos y otros pasaran a la fase preliminar, decidimos dejar todo para el día siguiente. Por la tarde me reuní con otro Lobos, según dijo Tristán “cosas de rutina”. Rutina para él, o Frederick. ¡Rayos! No había pensado en él en todo el día, hasta que Tristán hablo de la rutina.

Después de esas reuniones me dirigí a mi habitación, me sentía exhausta y quería ducharme antes de cenar. Comencé a desnudarme, cuando sentí el celular en mi bolsillo, estaba cálido al tacto, por haberme sentado sobre él. Sin pensar lo que hacía lo desbloque y revise mis contactos, busque su número.

Dos latidos de corazón después arroje el teléfono a la cama, mi corazón latía como una moto. Mi respiración era errática, mis ojos se llenaron de lágrimas. Tenía cerca de nueve mensajes, todos del mismo número que estaba a punto de marcar. Me aterraba lo que podrían decir, el odio con el que se dirigiría a mí.

Suspire, trate de secar las palmas de mis manos con mi piel. Me senté en la cama y tome el celular nuevamente, lo desbloque y abrí los mensajes, el primero de ellos era corto.

¿Por qué no me lo dijiste? ¿Tanto me odias?”

¿Odiarlo? No, nunca. Era el ser sobre esta tierra que más amaba. Pero no se lo había dicho porque, tenía miedo de que él pudiera traicionarme y… no pensé bien las cosas. El segundo mensaje era un poco más largo.

“Ya que tomaste esa decisión deberás asumir las consecuencias de tus actos, no voy a decirte que no quiero volver a verte, porque eso sería una mentira. Pero si voy a decirte que por el momento no quiero verte, siento tanta ira que podría hacerte daño… Podría hacer que tu sangre corriera, que se derramara sobre el suelo que pisas”

Ese mensaje me rompió el corazón en mil pedazos más pequeños, la fecha era de un par de días después de que todo exploto. El tercero, era más confuso y venía con una imagen.

“La via eskh cotnta pras… paras despudicirla llorsndp por tis”

Si mi poder deductivo no me fallaba, quiso decir “La vida es demasiado corta para desperdiciarla llorando por ti” y la foto de él, con cuatro, no cinco chicas.
¡Hijo-de-puta!

El cuarto mensaje solo decía una palabra.

“Mátame”

Ni siquiera por la ultima foto lo aria, estúpido.

El quinto mensaje era largo.

¿Qué hice mal anima mea? Mi madre se vio forzada a dejarme, mi padre murió protegiéndome, mis padres adoptivos los mato… ¿Mi segundo padre adoptivo? La mujer que ame, o creí amar, la mato el mismo hijo de puta, mi madre mata a ese hijo de puta. Mi padre regresa a mi vida, y tus sales de ella. Me pregunto ¿En alguna vida pasada debí ser un grandísimo hijo de una gran puta? O es solo que él destino y los malditos dioses (no les digas que los maldije o querrán castrarme) se empeñan en herirme, ¿Para qué? ¿Causar lastima? ¿Hacerme enojar? ¿Solo por joderme? En fin, tratare de no conmiserarme más, es momento de que deje atrás… creo que es momento de dejarte ir definidamente”

-No-. Murmure con las lágrimas escurriendo por mis mejillas.

No quería abrir el sexto mensaje, no quería ver que en ese confirmaba lo que había dicho. Pero lo hice.

“Soy un idiota anima mea, te odio, pero no te quiero fuera de mi vida”

¡Sí que era un grandísimo idiota!  ¿Me odia aun? El séptimo mensaje, es de ceca de dos meses atrás.

“¿Qué carajos hace mi padre aquí? Se supone que es tu guardián, ¿Cómo es que te dejo sola?”.

-¿Sera por qué necesitas a alguien que te jale las orejas?-. Pensé.

El octavo mensaje era largo, y me tomo por sorpresa.

“Anima mea, he entendido muchas cosas en este tiempo, sobre todo con la ayuda de Záitsev. Entiendo lo que hiciste, el porqué, lo entiendo todo, pero no puedo disculparlo. No aun, quizá me tome tiempo. En todos estos años juntos solo nos hemos hecho daño, mucho daño. Por mi culpa todo lo que te ocurrió, en este momento podría decirte que tal vez lo mejor habría sido dejarte después de la muerte de Martina. Eso nos habría evitado mucho dolor, sobre todo a ti. Pero no puedo cambiar el pasado, por más que lo desee o se lo ruegue a los dioses. Ahora, cariño he tomado la decisión de hacer lo correcto y dejarte partir, dejare que continúes con tu vida… dolorosamente dejare que camines por el sendero que escojas, sin importar que ese camino nos aleje más”.

Al terminar de leer el mensaje seria como las lágrimas corrían por mis mejillas, yo también desee muchas veces regresar el tiempo y evitar las cosas que nos estaban pasando, pero solo cuando no lo recordaba quería alejarme, porque temía que pudiera quedar más atrapada, que me enamorara más. Ahora él había terminado lo que nos había unido, había cortado nuestro camino juntos. Suspire, limpiando mis lágrimas y abrí el último mensaje.

“Sé que no debería  hacer esto, pero hay muchas cosas que no debería hacer, y continuo haciéndolo. En fin… ¿Qué tan difícil te está siendo ser alfa? ¿Ahora entiendes cuando te decía que no quería eso? El primer año, vas a querer colgar a todos. ¿Cómo vas a escoger a tus consejeros? yo tampoco tengo la más mínima idea… aun que se me ocurre, encerrarlos en una habitación y observarlos por un año, algo así como el gran hermano. ¿Limad idea no?”

Su mensaje me hizo reír, se leía casi como él. Revise las fechas, el mensaje anterior era de hace veinte días, y este era doy, de cuatro horas atrás. Después de pensarlo un rato, tome la decisión. Busque entre los contactos y marque el número, espere y espere.

-¿Qué pasa contigo niña, porque siempre interrumpes mi sueño?
-¿Estas dormido a estas horas de la tarde?
-Claro, ¿Qué pensabas que aria mientras esperaba una respuesta tuya?

Su pregunta me tomo por sorpresa, el latido de mi corazón se aceleró.

-Lo lamento.
-¿Qué lamentas pequeña?
-Es que apenas vi el mensaje.
-¿Muy ocupada siendo alfa?-. Su sonrisa fue ronca, he hizo que mi corazón diera un brinco.
-La verdad si, esto es muy desgastante. ¿Cómo lo haces?
-No lo sé, siempre he querido arrancar la cabeza de algunos Lobos.

Nos quedamos hablando toda la noche, ninguno de los dos menciono nada de lo sucedido. Era como estar hablando con tu mejor amigo al que no has visto en años y, te pones al corriente. Reímos mucho, nos sinceramos con algunas cosas, y dejamos que el tiempo pasara.

-Sabes que nadie debe enterarse de los mensajes y la llamada, ¿Verdad?
-Sí, lo se Frederick.
-Bien, otra cosa… Me llamo Grigori ahora.
-¿Por qué?
-Por qué la gente muere cariño, y resurge.

Entendía perfectamente lo que estaba diciendo y no iba presionarlo para que me diera una explicación exacta. Porque la conocía, Dante me lo había dicho.

-Te queda el nombre.
-De acuerdo, tengo que irme pequeña, debo reunirme con los futuros consejeros, bueno los candidatos.
-Yo… yo también.
-Disfrútalo Alekss, es tu momento… Cuídate.
-Tu igual… Cuídate.
No quería haber terminado esa llamada, no sabía si podría volver a llamarle o siquiera masajearle. Porque si alguien se enteraba… no tenía idea de que pasaría, pero seguramente no sería nada bueno. Deje el celular cargando y me di una rápida ducha, mi estómago hizo ruidos raros. Pero con razón, lo último que comí fue en la comida de ayer. Después de desenredar mi cabello decidí bajar a desayunar, iba ensimismada en mis pensamientos cuando entre a la cocina.

-Buen día ma petite.
-¡Por el amor de dios! Aleck, ¿Pretendes matarme de un susto?
-No-. Respondió con una hermosa sonrisa. –Tú fuiste quien entro metida en su cabeza, yo estoy aquí desde hace rato.

Me acerque a él para saludarlo, pretendía darle un beso en la mejilla, pero el volvió su rostro y termine dándole el beso en los labios.

-Huele delicioso-. Comente inhalando.
-Es lasaña.
-¿Quien la preparó?
-Yo.
-¿Tu?
-Nena he vivido más de seis mil años, puedo cocinar lo que sea.
-Wow.

Me serví en un plato mucha lasaña, estaba famélica. Me senté frente a Aleck.

-¿Un poco de hambre?
-Sip.
-Anoche te espere para cenar, vinieron Iris y Dante.
-Estaba más cansada de lo que pensé y me quedé dormida.
-Eso dijo Iris cuando fue a buscarte, que dormías.

Ok, nota mental. Hablar con Iris para saber qué escucho, y tratar de minimizar el daño.

Continuamos comiendo en un silencio algo tenso.

-En un rato más llegará Ekaterina.
-Sip, después de trabajar quiero ir de compras.
-¿Podemos ir al cine también?
-Claro, es una excelente idea.
-Tenemos nuestra primera cita.

-Tenemos una cita.
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