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jueves, 28 de abril de 2016

Capítulo veintiocho.
Equivocaciones.




Después de abandonar el instituto, Tristán no me dio ni tiempo de asimilarlo o llorar, me llevo a una casa franca. Era un lugar en medio del bosque, rodeado de lagos, y montañas. Un lugar que seguramente no existe en los mapas, pero allí estábamos. Me encontraba en la sala de estar, tratando de aclarar las mil dudas que me golpeaban.

-En una hora tenderemos una conferencia con todos los líderes de casas, los líderes nobles, los líderes guerreros y civiles que han decidido apoyarle, señora Vasíliev.

¿Que? Yo solo quería...

-Está bien, aquí estaré.
-Sé que debe estar asustada, pero no lo demuestre frente a los Lobos.

Dicho esto me dejo sola nuevamente, porque la verdad era que no quería estar sola, cada vez que tenía un minuto para mí, lo sucedido con Frederick venía a mi cabeza y la culpa me abordaba de una forma casi brutal. Pero tenía que seguir con esto, no podía echarme para atrás… o ¿Si?

Después de un rato uno de los Lobos de la casa franca vino por mí, lo seguí hasta una enorme habitación llena de pantallas de tv, monitores de computadora y cámaras. En los que se podían ver muchos rostros de hombres y mujeres. Todos estaban en silencio, no es que necesitaran hablar para estarse comunicando. De entre esos rostros reconocí a algunos de ellos, con los que había convivido, que había visto en el instituto. Y la mirada de todos estaba centrada solo en mí, como si esperaran algo… creo que eran respuestas.

Me condujeron a mi lugar, a unos tres del que se encontraba en el centro. Sentía que mi corazón se iba a salir de mi pecho, los ojos me ardían, sentía que en cualquier momento me iba a poner a llorar.

-¿Por qué deberíamos seguir a una simple humana?

La pregunta de alguno de los Lobos atrajo por completo mi atención a la conversación, Tristán hablaba elocuentemente de los hechos. A su lado Adrik y Aleck explicaban los datos que Tristán no tenia, incluso explicaron las cosas que pasaron hace casi siete años, en casa de Mikahil. Lo del ataque previo a eso, que fue la razón que nos llevó a Rusia. Y muchas otras cosas del pasado, yo quería haber explicado todo, pero me di cuenta que no tenía voz.

Las preguntas del cómo y los porqués no se hicieron esperar, muchos de los que no tenían conocimiento de algunas cosas seguían incrédulos, otros simplemente estaban en silencio.

-Sé que lo que les he pedido… lo que hicimos pone en riesgo a sus familias y amigos, sé que el haber traicionado a Frederick fue doloroso para todos… pero, esto se hizo por el consejo, para alejarnos de todos ellos-. Las miradas de casi todos los presentes se centraron en mí, creo que no esperaban mi interrupción. –Él salvo la vida de toda la manada cuando tuvimos la amenaza de la alianza, salvo muchas vidas cuando nos atacó la “reina de los lobos” y siempre estuvo allí para aconsejarnos o para escuchar un consejo nuestro.
-Sabemos todo lo que nuestro señor Frederick ha hecho, pero nadie ha respondido la pregunta. ¿Por qué debemos seguir a una simple humana?
-Si no interrumpiera y escuadra atentamente, entonces quizá podría explicar.

Pude ver la sorpresa en la cara de muchos, creo que fue más por el tono de voz que use, que por lo que le dije.

-Me disculpo señora Vasíliev.
-Bien, continuando con lo que estaba. Frederick es un líder nato, él no pidió eso, no lo quería, pero siempre estuvo allí cuando se requería. Yo viví cada día de esos, cada minuto a su lado, le ayude a tomar decisiones difíciles… al igual que todos lo traicione, de la peor manera posible. Respondiendo a su pregunta, soy humana, sí. Soy simple, no. Y esto lo sé porque sus dioses decidieron enviar a un espectro para mi protección personal.

Apenas la frase termino de salir de mis labios y las preguntas, y discusiones no se hicieron esperar. Los entendía, entendía perfectamente sus temores, su reproches, todo ello, lo peor es que no podía responder ninguna de sus preguntas puesto que desconocía las respuestas. De pronto todo eso se volvió abrumador, ya no quería pensar, ni estar allí, solo necesitaba… ¡Mierda! Lo necesitaba a él.

Pero no podía acudir a él, yo misma le había roto el corazón por última vez.

¡Oh Frederick, lo lamento tanto!

Sentí las lágrimas salir de mis ojos sin poder controlarlas, esto para ellos se reflejaría como debilidad, pero esta vez me valía un maldito y reverendo pepino. Mis lágrimas eran por todo lo que me había pasado desde que descubrí el secreto del instituto, de todas las personas que trataron de alejarme de él, y que al final, la persona que nos separó definitivamente fui yo.

Estaba ensimismada en mis pensamientos, escuchando a lo lejos la discusión, cuando a mi lado paso Záitsev, y se lanzó sobre la mesa gruñéndoles a todos, como el alfa que solía ser. Eso me trajo de nuevo a la realidad, si permitía que él se mostrara en su forma humana podría ser peligroso, pero quizá solo él pudiera hacerles entender lo que yo no podía.

-No… por favor, no lo hagas-. Me puse de pie, aprovechando el silencio que su gruñido había provocado en la habitación. –No puedes.

Záitsev se volvió a mí, acerco su enorme cabeza lobuna a la mía.

“Es necesario, para esto me enviaron los dioses, para apoyarte y protegerte”

El escuchar su voz calmada en mi cabeza me dejo en shok, pero no quería que ellos se dieran cuenta, así que pegue mi cabeza a la de él, y trate de hablar tan bajo que solo Záitsev pudiera escucharme.

-Pero ellos no deben saber quién eres.
“Es la única forma de que te apoyen, de lo contrario entraran en crisis y comenzaran a atacarte y a atacarte… ¿Qué pasara si llegan a ese punto y mi hijo se entera?”
-No lo sé.
“Frederick destruirá a la manada completa si te tocan un solo cabello, aun cuando este molesto en este momento, porque eres su alma”

Las palabras de Záitsev me tomaron por sorpresa, pero fueron sin duda reconfortantes.

-Bien, pero… solo ten cuidado, no quiero que nada te pase.
“Frederick no se va a enojar porque mastiquen a tu suegro un rato”

Lo abrace por un segundo más, para finalmente lo deje ir. En una explosión de husos y pelo, Záitsev tomo su forma humana. Todos los que estaban allí enmudecieron, y de ser posible estaban más blancos que una hoja de papel. Con la gracia de un Lobo, bajo de la mesa y se situó a mi lado, colocando una mano en mi hombro.

-Para los que lo piensa, no soy Frederick, y para los que me conocen… si soy yo, Gregori Záitsev, el padre de Frederick.

Esa declaración los dejo aún más silenciosos, de ser posible.

-Fue a Este Lobo, no a cualquiera, a quien nuestros dioses enviaron para cuidar de Alekssandra Vasíliev-. Continúo Adrik.
-Voy a hacerles una sola pregunta, ¿A cuántos de ustedes los dioses les han otorgado un laterum custos?-. La respuesta era fácil, a nadie, pero ninguno respondió. -¿Piensan ahora que Alekssandra es una humana común?
-No-. Respondieron algunos por todos los presentes.
-Bien, en este momento cada una de sus acciones está respaldada por los dioses, y mientras ellos lo consideren así, yo voy a estar a su lado.

El resto de la reunión paso entre brumas, no es que no me interesara lo que se trataba esa noche, es solo que no podía dejar de pensar. Me hacia la misma pregunta una y otra vez, ¿Si pudiera hacerlo todo de nuevo lo aria igual o cambiaria algo? La respuesta no la tenía, no quería pensar en que pude hacer algo diferente, que pude decirle algo a él.

Después de unas elocuentes palabras de Adrik, siguió una votación en donde todos estuvieron de acuerdo, eso quería decir que hasta mi muerte yo sería la alfa de esa manda. Solo espero que este “reinado” no dure poco tiempo, o tendré que volver a jalarle las colas a alguno de ellos.

Volví a mi habitación cerca de las cuatro de la mañana, me sentía devastada, más que cansada. Me metí a la ducha y allí permanecí por lo que creo fueron horas, llorando, dejando que todas las emociones que me había estado guardando salieran por fin a flote.

Entonces me arrepentí.

Me arrepentí de no confiar en Frederick, de haberlo dejado al margen, de haber querido sacarlo de mi vida, sobre todo de permitir que alguien más creyera que podía venir a mi casa y tomar lo que me pertenecía.

Los días y las noches ya no tenían diferencia, llegaba una detrás de la otra y, así sucesivamente. No sé cuánto paso, hasta que Dante pidió reunirse conmigo. Fuimos a caminar por el bosque que estaba cerca de la casa franca, sabía que por allí había más centinelas, pero con Dante y Záitsev a mi lado me sentía más que segura.

-Él ya no es el mismo.

Las palabras de Dante me tomaron por sorpresa, pero sabía que esto lo cambiaria.

-¿Qué fue lo que te dijo?
-Voy a decirte lo que me dijo, textualmente… “Dado que no soy una persona de confiar para ustedes, debido a que creyeron que era lo suficientemente estúpido para que no pudieran revelarme algo tan serio, y que sería aún más estúpido para poner en riesgo la vida de ella… tiene una semana para dejar sus cargos dentro de la manada, abandonar las tierras pertenecientes a mi manada. Porque un vez cumplido el plazo, ya sean ustedes, su pareja, sus hijos o los hijos de sus hijos… serán atacados por cualquier miembro de mi manada hasta la muerte”
-No… no, ese no…
-Yo tampoco quiera creer eso, hasta que cerró con broche de oro… “Ese amigo y hermano, como tú le llamas murió… ustedes le ayudaron a ella a arrancarme el corazón y destrozar mi alma… ya no queda nada de Frederick von der Rosen… Yo soy Gregori Záitsev Taftian”

Sentí que mi alma  abandona mi cuerpo, no podía aceptar lo que Dante me estaba diciendo, no quiera aceptar que el Frederick que amaba había desaparecido.

-¿Él… ellos nos cazaran?
-No... Sólo atacaran si pisamos su territorio. Ya sabes, lo territoriales y amistosos que somos...

Su broma no logro hacer que ninguno de los dos riéramos, era demasiado doloroso saber que había sido nuestra decisión y culpa lo que ahora le pasaba a Frederick.

-Necesito verlo.

Dante me detuvo antes de que pudiera dar un solo paso más.

-No puedes ir a buscarlo ahora, esta tan furioso contigo que no te escuchara. Te hará daño, más del que puedas o creas soportar… es mejor que le des tiempo.  Por lo menos estuvo de  acuerdo en que Orlando y yo seamos el enlace de las manadas, podemos planear un “encuentro accidental” entre ustedes en territorio neutral. Solo se paciente, porque si vas ahora y te daña, culpara a la manada entera.

Entendía eso, pero ¿Cuánto tiempo tendría que esperar? Yo era humana, no podía esperar diez o quince años…

¡Mierda!

-¿Mientras que hago?
-Puedes nombrar a un consejo.
-No sé, no quiero que se repita lo de antes.
-No tiene por qué ser así-. Intervino finalmente Záitsev después e estar callado por horas. –Puedes hacer que la manda misma los proponga y que voten por los candidatos, eso no se hace, una vida.
-¿Alguna vez hicieron eso?-. Interrogo Dante algo ausente.
-Si, al inicio, solo que los Lobos elegidos se corrompieron y no dejaron el lugar, de hecho lo heredaban a sus hijos. Por ello tanta podredumbre, y tanta desunión.
-Bien aremos eso, are eso.

Regresamos a la casa franca en silencio, Dante se despidió de mí con un abrazo. Záitsev me siguió en forma de Lobo hasta la habitación.

-Suelta el hueso ya Záitsev, ¿Cómo demonios fue que te escuche en mi cabeza?

Lo vi volver a su forma humana, se veía un tanto apenado.

-Utilice la huella psíquica de Frederick, él a estado tan profundamente en tu cabeza que existe un puente indestructible entre ustedes.
-¿Él puede entrar en mi cabeza sin que nadie lo detenga?
-Por el momento de su lado está cerrado a piedra y canto, nada podrá pasar por allí en ningún sentido.
-Él nunca va a perdonarme.
-No.
-¿Te he dicho que me fastidia tu honestidad?
-No me dejaste terminar, no te perdonara si sigue sintiéndose solo.

Bien, entiendo eso.

-¿Cómo lo solucionamos?
-Ya no existe la posibilidad de más sueños oscuros, lo que te afectaban están bajo el control de Aleck y puedo instruirlo para sentir esas interferencias.
-Iras con Frederick… ¿Si te mata?
-¡Ya estoy muerto! ¿Qué más me podría hacer? Además, no carezco de magia.

Esa era una idea tentadora, tendría a alguien que podría decirme directamente como esta Frederick. Pero qué pasaría si ¿Cree que su padre es un espía? Bueno, Záitsev ya lo había dicho, esta muerto. ¿Qué cosa podría ser peor que esa?

-Bien, pero tendrás que reportarte conmigo una vez por semana para asegurarme que estas bien.
-Si señora.
-Solo cuídate Záitsev.
-¿Sera que de vez en cuando quieres saber de Freddy?
Záitsev! ¿Cómo se te ocurre eso? No vas a ir a espiarlo, para venir a decirme… bueno, solo de vez en cuando.

La sonrisa del Lobo fue cálida y genuina.

-Espero que no salte a mí yugular apenas verme.
-Igual espero yo, pero aún tengo una duda.
-Dime.
-¿Cómo llegaras de allá hasta aquí en un pensamiento?
-Soy un fantasma que puede materializarse a su gusto.
-¿Puedes qué?
-Aparecer en el lugar que necesite estar.
-¡Wow! ese si es un poder
-Sí, lo es.

Esa noche me encontraba sola, sentada en una banca en el enorme jardín de la casa franca, me encontraba un poco más tranquila sabiendo que Záitsev iba a estar con su hijo, y necesitaban fortalecer ese vínculo. Porque tarde o temprano, Záitsev se iría y Frederick a su padre de nuevo. Además del hecho de que necesitaban hablar del pasado, para tener un futuro, corto, pero un futuro.

Recordé lo que Margarita me había dicho meses atrás, al igual que ella, yo ya no tenía a los Vasíliev conmigo, no podía decirles lo mucho que los ame y lo mucho que les agradecí por haberme salvado. Frederick tenía esa oportunidad, él la tuvo con ambos. Yo no iba a quitarle eso, ya le había hecho demasiado.

-Mi reino por tus pensamientos, aunque creo que estás pensando en él.
-¡Aleck! Voy a ponerte un cascabel en el cuello… casi me matas del susto.
-Deberías estar al pendiente, nunca se sabe-. Me respondió con una radiante sonrisa.
-Deberías estar al pendiente, nunca se sabe. Lo remede haciendo mi voz chillona.

Se dejó caer en la banca en donde yo estaba.

-Deja de culparte.
-Ok, te culpo a ti.
-Esto iba a pasar de una forma u otra, solo necesitábamos a alguien como tu Alekss.
-Lobos cobardes.

Aleck rió abiertamente, coloco su mano en mi espalda.

-Solo necesitábamos a alguien que el alfa no le saltara a la yugular, tu eres importante para mí y para toda la manada.

Sentí una punzada en mi estómago cuando dijo “para mí”.

-Gracias, creo. Pero, esto pudo evitarse.
-¿Cómo lo habrías evitado?
-Pues, primero reuniendo a los líderes de cada casa, a los Lobos con poder y después simplemente botando esa basura y sustituyéndolos, y listo.
-Vez, necesitábamos a alguien como tú.

Volví a verlo, me di cuenta de que era idéntico a Adrik, pero al mismo tiempo se veía diametralmente distinto. Como si fuese un Lobo diferente y, entendía eso. Lo que ambos habíamos pasado cambia a cualquiera, era obvio que ahora sería diferente,

-Lo que es una suerte es que no existen más como yo.
-En eso estoy de acuerdo y agradecido con los dioses.
-Tus dioses actúan de manera muy misteriosa y errática.
-Del mismo modo que el tuyo.

Nos quedamos en silencio un momento, solo disfrutando de la noche, del brillo de las estrellas, de la luna.

-¿Cuándo podremos encontrar un lugar para nosotros?
-¿Nosotros?-. Me interrogo con un tono de voz que no supe identificar.
-Sí, Dante, Iris, Patricia, Dimitri, Adrik, Margarita, tú y yo.
-Ha, para el grupo.
-Sí, me gustaría un lugar grande pero no un castillo… no como el del instituto.
-Entonces tenemos que encontrar un lugar donde construir nuestro hogar, uno donde todos encontremos lo que necesitamos y sobre todo donde puedas rehacer tu vida.

¿Qué?

Yo no tenía una vida destrozada que rehacer, yo estaba bien y… no era feliz, pero no me faltaba nada.

¿A quién engaño? Me falta él.

-Aleck, en este momento creo que pueda hacer eso. Aún tengo muchas cosas que descubrir, que aclara y sobre todo…

Aleck Slavik me callo de la última forma que espere alguien como él lo hiciera, un segundo estaba viéndolo a los ojos, dándole lo que en mi cabeza sería la mejor cátedra de No-te-metas-en-mi-triste-vida que jamás le di a nadie. Pero no pude ni siquiera comenzarlo, sus labios silenciaban los míos.

Su tacto era cálido, dulce y sumamente tierno. Un par de segundos después me aleje de él, pero no pude ir muy lejos, él me retenía con sus brazos.  En su mirada percibí algo familiar, algo que muchas veces había visto en Frederick.

¡Por la madre de todas las palabrotas!

-Aleck… esto…
-No Alekss, no me digas que no debió pasar. Me tarde demasiado tiempo en actuar, lamento si te incomoda o si desearas que fuera alguien más. Pero esto va a pasar y se va a repetir más veces, que eso te quede claro.
-¿Qué pasa si me niego? ¿Si me opongo a esto?
-Nada, solo seré más insistente, o será porque aceptas esto, o por fastidio, de igual forma se esperar.
-Pero Aleck, yo amo a Frederick.
-Los dos somos conscientes de ello, pero, eso no me va a alejar de ti, eso no va a hacer que desista.

Lo obligue a soltarme y me puse de pie alejándome de él.

-¿Por qué haces esto, Aleck?
-¿No es evidente?

Lo era.

-No, no lo es-. Le grite cruzando los brazos sobre mi pecho.
-Te amo.
-¡No, no puedes amarme!-. Le reproche molesta, triste, sorprendida... No sé qué sentí realmente.
-Soy libre de hacerlo.
-¿Qué pasa si algún día encuentras a tu pareja, como Adrik?
-¿Temes que te deje?
-No, temo que le falles y te falles, por creer que sientes algo por mí.

Se puso de pie acercándose a mí, trato de tomar mi mano pero no lo permití.

-No voy a pensar en el mañana Alekss, porque mañana Frederick podría venir por ti, yo podría dejarte o simplemente tú me dejarás, quiero el hoy. Y hoy siento esto por ti, desde hace algún tiempo. Por desgracia estuve atrapado tan lejos, que nunca pude decirte la verdad, tocarte o permitirme creer que era posible.

Me negaba a aceptar esto, yo amaba a Frederick, no lo iba a traicionar de esta manera, no otra vez. Ok, en aquel entonces no le recordaba, pero ahora sí.

-Yo lo amo a él, y no voy a traicionarlo.
-¿Traición? Él te amaba tanto que embarazo a Z.

Eso fue más que un golpe bajo.

-No sabía que era fértil-.  Traté de justificarlo.
-¿Por ello le perdonas que se acostara con ella?

La verdad, nunca había pensado con detenimiento toda esa situación, hasta ahora.

-No lo sé, Aleck.
-Mi intención no es confundirte o ponerte en contra, solo que sepas que aquí estoy para ti, y que puedes venir a mi cuando tú lo decidas.

No le respondí, me dio un beso en la frente antes de dejarme con la cabeza revuelta, con las emociones contrariadas y pensando en lo último que dijo. “Él te amaba tanto que embarazo a Z”



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