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miércoles, 16 de marzo de 2016

Capítulo veintisiete.
Muertos.




Llevamos a Z a la área hospital del instituto, el consejo se aseguró que fuera el lugar más seguro del lugar, apostaron centinelas y guardias en todo el perímetro, tanto fuera como dentro. Situación que me hizo sentir molesto, pero no dije nada. Simplemente les deje continuar con el juego, quería ver hasta donde llevaban esto. Me senté en la zona de espera, junto a mi, varios del consejo y algunos que eran “amigos” personales de ella. Me sorprendió no ver a ninguna mujer  allí, solo hombres… que raro.

También me sorprendió el hecho de que los consejeros que se encontraban allí, eran de los que habían estado renuentes a aceptar mi ascensión cuando Isidro Taftian murió. De hecho note que no había nadie de los que me había brindado su apoyo, de aquellos que nunca me dejaban solo, que tomaban las decisiones a mi lado… esto está mucho más raro.

Todos me miraban con cierto descontento en sus rostros, me dio la impresión de que incluso no me querían en el lugar.

¿Qué mierda estaba ocurriendo aquí?

Después de casi tres días, el sanador en jefe por fin vino a darnos detalles de ella. Lo que me pareció curioso es que los miembros del consejo se acercaran con premura, y exigieran saber en qué condición estaba tanto la madre como el cachorro.

-¿Por qué debería informarles a ustedes?-. Les interrogo en sanado.

Irónicamente yo no me había movido de mi lugar.

-Somos miembros del consejo, guardianes del Zafiro…
-Serán lo que gusten, solo le debo respuestas a mi alfa-. Interrumpió al consejero.

Entonces el sanador se dirigió con calma a mí, ante la atención de todos allí.

-¿Cómo se encuentran?
-Estables mi señor, pero… ¿Gusta acompañarme? Tengo un detalle del que deseo hablarle.
-Lo que sea que tengas que decirle sobre nuestra señora, puedes hacerlo aquí.

¿Había escuchado bien?

Me puse de pie en silencio y con calma, pero deje que mi Lobo tomara el completo control.

-Ella no es su jodida señora, les guste o no solo es una puta nodriza. Y si el sanador tiene algo que decir, solo me lo dirá a mí y yo juzgare si ustedes deben saberlo. Yo y les guste o no, la señora Vasíliev somos los alfas de esta manada, nadie más… nunca más.

Nadie pudo decir ni pio, no les deje lugar a dudas sobre quien era yo y que no podían sobrepasarme, por más “poder” que pensaran tener. Estaba cansado que pensaran que tenían un pie sobre mi yugular, y más que siguieran pretendiendo que Alekssandra no existía. Ella estaba allí y no iba a permitir que nadie tomara su lugar, no importaba lo que les había prometido. Le indique al sanador que me siguiera a las oficinas del hospital, donde no tendríamos interrupciones, pero sobre todo donde no podrían escucharnos. Entramos a la oficina y serró la puerta tras de sí.

-¿Qué es lo que sucede?
-El feto no va a sobrevivir, su corazón esta comprometido. Pero no es eso lo que le está matando… él ya está muerto.
-¿Qué quieres decir?

El sanador guardo silencio, uno que me pareció eterno.

-Fue concebido siendo Lobo, pero ya no es eso. No tiene alma, ya…
-Es un cazador.
-Por completo, y esa trasformación no la soportara, no nacerá.
-Aun si ese bebe naciera, no podríamos permitirle con seguir con vida. Nadie podría controlarlo, no sentiría nada por nadie, solo serviría para eliminar a la manada desde su corazón.
-Lo entiendo mi señor.
-Avísame cuando… revisaremos su cuerpo y determinaremos el castigo para Z en consecuencia, lo que él ha sufrido ella lo sufrirá por multiplicado.

El sanador simplemente asistió en silencio y salió de la oficina, dejándome pensando en mis pasos a seguir. Para comenzar debería ir a ver a Alekssandra, al calabozo donde la mande encerrar. Parece cruel, pero no lo hice por sus acciones, de eso estaba seguro. No regrese a la sala de espera, me dirigí a mi oficina, donde Adrik ya me esperaba.

-Se supone que para entrar debes pedir permiso, y tú nunca lo haces.
-Ya deberías estar acostumbrado.
-¿Qué quieres Slavik? Tengo que volver al hospital.
-Tuenes que ir a verla.
-No puedo en este momento.
-Tienes que ver donde está, saber porque lo hizo.
-¿De que servirá? ¿Calmar su conciencia?

Adrik que había estado sentado en el escritorio se puso de pie, se acercó peligrosamente a mí.

-¿Cuándo le diré que vas a verla?
-En tres días, al medio día.
-Bien, una cosa más-. Clavo sus ojos en mí. –Ni creas que siento algo de tristeza, dolor u odio por la muerte de esa… del hijo de Z… Nadie lo hace.

Después de eso me abandono en mi habitación, ahora entendía porque nadie, ninguno de mis amigos estaba presente en el hospital o se habían acercado a mostrarme su apoyo. Volví al hospital, y como pensé los miembros del consejo querían arrancarme la cabeza. Me senté donde había permanecido esos tres días, sentía la tensión en el ambiente.

-Si alguno tiene algo que decir, hágalo ahora.

Dudaron por un tiempo, tal parecía que ninguno estaba dispuesto a hablar. Pero de igual forma yo sabía lo que estaban tratando de poner en palabras, solo tenía que esperar a que uno de ellos lo mencionara.

-¿Qué sucederá con la señora Vasíliev?-. Interrogo Braulio Luna, un consejero que regularmente estaba en silencio.
-Nada.
-Ella asesino al futuro heredero-. Me reprocho otro.
-No saben si ese cachorro será heredero, el aroma de un alfa no se detecta cuando está en el vientre y aun no nace.
-¿Dejara impune a la acecina de su hijo y de nuestra señora?

Conocía al que había hecho esa pregunta, Christian Jadeen… alguien muy, muy cercano a Z.

-Respondiendo a su pregunta señor Jadeen, ella no está muerta y el cachorro tampoco. De modo que eso libra a Alekssandra de asesinato, y tengo que saber el motivo de este ataque.
-La ataco por que la odia, ella esta celosa y… está loca… puede infectar a la manada.

Bien esto me estaba dando dolor de cabeza.

Me puse de pie con calma, mirando a cada uno de los Lobos que allí estaban presentes, mire a cada concejal.

-Esta pregunta va dirigida a los que no son miembros del consejo, y les advierto que siempre se cuándo mienten… ¿Cuál es su relación con Z?

Las caras de nerviosismo no se hicieron esperar, se veían los unos a los otros. Sin duda estaban tratando de organizar sus historias, de usar tonos y calmar sus emociones para que no leyera en ellos la mentira.

-Eso no es relevante ahora, mi señor-. Murmuro algo incómodo Humberto Hernández, otro consejero “amigo” de Z.
-Es más relevante de lo que todos piensan, así que ¿Qué relación tienen con ella?

Palabras y sentimientos incongruentes comenzaron a llegar a mi mente y a mi nariz, lo cual me indico que cualquier coda que dijeran iba a ser una flagrante mentira.

-Somos… amigos desde la infancia mi señor... ella es como una hermana.
Bien, esa era una mentira a medias.

-¿El resto de ustedes?-. Las respuestas que obtuve fueron similares, verdades mezcladas con mentira. Bien, esto llegaba a su fin. –Los que no sean miembros del consejo de los lobos, fuera de aquí.
-Pero… ella es como familia-. Me gruño uno de ellos.
-Mientras no sea “familia” y sea “como familia”… largo.

Furiosos, estaban más que furiosos. Pero me importa una mierda sus sentimientos, por culpa de estas personas estaba a punto de perder al único ser en el maldito planeta que valía todo para mí.

Los días que había puesto como límite para ver a Alekssandra, habían pasado como un borrón. Entre una cosa y otra, el tiempo había volado. Me dirigí a la casa que estaba ocupando en el instituto, no sentía esto como mi “hogar”, no esta vez, sentía que yo no pertenecía aquí. Pero no podía irme y dejar las cosas como estaban, sin duda alguien querría hacerle daño a ella o a mi gente, y eso no lo iba a permitir.

Comunicándome mentalmente con los guardianes que había apostado en los calabozos, tanto dentro como fuera del lugar, fue que llegue hasta su celda. Ella… diablos, lucia como ella, como mi anima mea. Quería hacerle mil preguntas, decirle muchas cosas, pero sobre todo cuanto la amaba y la había echado de menos.

-¿Qué tienes que decirme?-. Le interrogue sintiendo como todo se atascaba en mi garganta.
-Hola, a ti también, yo me encuentro bien… bueno, muerta de frio y ¿Tu?
-El sarcasmo no te va Alekssandra.
-Deja de gruñirme, está aquí porque casi mato a esa perra, pero no es sobre mis acciones de lo que tengo que hablarte
-¿No?-. ¿En serio estaba molesta por esto? ¿Qué no reparo a pensar que lo quisiera o no ese era también mi hijo? Sin embargo, lo deje pasar.
-No, ven.

Me indico que me sentara a su lado, pero tenerla cerca en este momento estaba causando grandes estragos en mi interior. Aun así, entre a la celda y me senté cerca, pero no a su lado.

-¿Telequinesis?

¿Qué pregunta era esa? No pude evitar sonreír.

-No, solo le ordene a alguien que la abriera… es electrónica.
-Oh, sí claro… no todo aquí es magia.

Me gustaría que todo fuera magia, y con ella poder deshacer todo lo que estaba mal entre nosotros.

-No, no lo es.

Espere a ver qué era lo que me iba a decir.

-Tienes que ver esto, yo no puedo percibir los aromas de esos documentos, pero sé que tu si… solo espero que después de que veas todo eso, entiendas mi proceder.

¿Un presente?

-Hoy no es 14 de febrero.
-No es esa clase de regalo, es más bien de los que traen noticias que no quieres ver.
-¿Tu que aras mientras?
-Esperar, o ¿Vas a dejarme salir?
-No… aun.
-Ok, lee.

Todo lo que había dentro de la caja eran expedientes de ciertos miembros del consejo, fotos, diarios de seguimiento. Todos lao datos que ellos habían estado recolectando, vinculaban a esos bastardos a la alianza del este, por lo tanto a los cazadores.

-En ese sobre rojo, están las fotos y la prueba de que todo lo que esos papeles dicen es verdad.
-Bien-. El aroma que desprendía el contenido del sobre rojo me indicaba que tenía relación directa con los Venántium. -¿Se supone que no percibes los aromas?

Eso no debía pasar de ninguna forma.

-Ese aroma seguro puede percibirlo cualquiera que tenga una nariz funcional, seguramente es la sangre de cazador que Z le estaba inyectando al feto.

¡Así, que ella lo sabía! ¿Esa fue la razón que la llevo a atacarlos? ¿Por qué no vino a mí?

-¿Por qué dices eso?
-Porque eso fue lo que escuche, eso fue lo que me hizo reaccionar con tanto odio, ella solo quería poder, tu poder sobre los cazadores.

La vi ponerse de pie y alejarse de mí.

No podía creer lo que estaba viendo, ¿No se suponía que nos habíamos desecho de la alianza del este? No, ahora estaban de regreso y estaban jodiendo mi vida de nuevo, quizá debería de rendirme en pelear con ellos y unírmeles… ¿No es lo que dicen sobre si no puedes con el enemigo?

-¿Cómo le harás ver a la manada que esto tiene fundamentos, que no es algo creado?
-Tengo el recuerdo cristalizado de tu padre, el del día del ataque… yo no podía hacer eso, se requiere de una magia que no tengo.
-¿Se lo enviaste al consejo?
-A los que no están en la lista de “amigos” de Z.

No quería, no podía permanecer cerca de ella sin pensar en tomarla entre mis brazos así que me aleje.

-Yo no puedo sacarte de aquí.
-¿Por qué? Esa puta es la responsable de todo esto.
-Lo sé, pero no te metí en este lugar por que creyera que actuaste por celos o algo más enfermizo. Estas aquí por tu propia seguridad, los del consejo que apoyan a Z quieren tu cabeza, y sé que pasaran sobre cualquier cosa que les diga para tenerte. Después de todo, les quitaste la única cosa que ellos creían les daría el poder sobre los cazadores.
-¿Qué voy a hacer? No puedo estar el resto de mi vida aquí.
-No lo aras-. Le respondí yendo de ella a Záitsev. –No puedo liberarla, pero si tú sabes de alguien que esté dispuesto a morir por ella, alguien a quien el consejo le tema tanto como a mi… tráelo y que la libere… yo tendré que fingir oponerme a todo lo que ella desee, o necesite. Después de tos, ella mato a mi heredero.

Záitsev solo asintió con su lobuna cabeza.

-Él no podrá ponerse en contacto con nadie, lo sellaron.
-Lo sé, pero yo y solo yo puedo romper ese sello. De modo que todo saldrá bien, ahora debo irme y confirmar todo esto… debo asistir a la autopsia de mi hijo.
-Lamento…
-No Alekss, de haber sabido todo esto…. Yo mismo lo habría hecho.
-¿Podrías permitir que mis amigos vengan? Necesito compañía, cosas… no me he bañado en semanas y muero de frio.
-Sí, perdóname… debí ocultarte en otro lado, pero fue el lugar más seguro que vino a mi mente. Ellos podrán venir cuando quieran y les encargare que traigan algunas cosas, que hagan más llevadera tu estancia aquí.
-Gracias.
-¿Recuerdas?
-Todo… ¿Preguntaras como ocurrió?
-Muero por saberlo, pero primero debo reparar esto.

El toque, porque tenía que hacerlo… eran solo migajas, pero las necesitaba para seguir adelante y no ceder. Salí de la mazmorra sintiendo un nudo en mi garganta, me sentía cada vez más furioso por dejarme manipular de ese modo y permitir que las cosas llegaran al punto en donde me encontraba. Antes siquiera de poder llegar a mi oficina, Orlando Hanson me intercepto.

El líder del consejo La Espina Negra, me dio una de las noticias más inesperadas, una que debía atender yo mismo. Había ocurrido una situación “explosiva” entre los Lobos y humanos y había habido varios muertos de ambos lados, si yo no intervenía, los humanos comenzaría a atacar a cuanto Lobo encontraran, sin importar que fueran mujeres y niños.

De modo que tuve que dejar toda la mierda del consejo para después, y ausentarme.

Tres meses, más de tres meses después, habían pasado unos días desde que había regresado, estaba deseoso de verla…. No la palabra no era deseosos, estaba famélico por un beso… si memoria por su tacto. Así que me dirigía allí, cuando me encontré que ella estaba siendo escoltada por un Lobo que al igual que Adrik era una leyenda en sí mismo.

Tristán Mac Cárthaigh, tan antiguo y letal como los gemelos Slavik, sin duda Záitsev aún estaba bien conectado.

-¿Qué demonios esta pasando aquí?

Todos, incluso el colosal Lobo de cabello rojo naranja se quedaron casi congelados en su lugar.

-Estamos liberando a nuestra señora.

Bien, Adrik estaría con ella para protegerla.

-Esto es traición.

Me era difícil estar molesto con ella, pero solo tenía que recordar la mierda que el consejo trato que me tragara, y la furia salía sola.

-No Frederick, esto es ruptio de armento.

¿Qué? ¿Por qué estaba haciendo esto? ¿Qué pretendían con tratar de separar a la manada?

-¿Por qué?- Mi voz salió estrangulada.
-Porque nadie puede seguir bajo el corrupto consejo, y esta es la única forma de sacarlos de la vida de la manada.

¿Esto es lo que habían estado planeando en secreto? ¿Ella me estaba traicionando? ¿Por qué? ¿Qué le he hecho para que ella tomara esta decisión? ¿Era yo una persona tan despreciable que se merecía que la vida le tirara mierda al rostro?

¡No! Esto era por ellos, ellos habían tomado la decisión de romper a la mandada, todo esto era solo culpa de Alekssandra Vasíliev.

-¿Cómo lo aras? ¿Una guerra? ¿Otro Lobo alfa?
-Lo are por la tercera ley.
-¿Te separas de mí, pero no te divorcias?
-No aun… algún día… todo esto quedara en el pasado y solo será un mal sueño para la manada.

Bien, quería que rompiéramos con esta farsa, se aria a su modo. Pero en esta ocasión no habría marcha atrás, no habría perdón, ni misericordia.

-Llévate a tu gente, busca tu propio territorio… y ruega a los dioses por que no volvamos a cruzarnos en lo que te quede de vida. Te estoy otorgando un indulto alfa Vasíliev, para que dejes mis tierras. Pero, te arrancare el corazón si vuelvo a verte cerca de mi hogar.

Vi como sus ojos se llenaban de lágrimas, también leí la intención en ella de acercarse, pero antes de que dijera algo más me aleje. Tenía que lidiar con la ira que estaba creciendo, letal y oscura en mi interior. Convoque a Cross, sea lo que este Lobo fuera a hacer, era mejor que lo hiciera ya. Y después saliera de mi vida, del mismo modo en que había entrado.

Me quede parado justo fuera de la torre magisterial, todo lo vivido con ella en ese lugar, en este instituto comenzó a golpearme. No había lugar en donde no tuviera un recuerdo de ella, y no sabía cómo haría para arrancar mi alma y seguir con vida. Me di vuelta y me dirigí a la casa del rector, muchos Lobos corrían al verme acercarme.

Quizá solo era mi letal estado de ánimo, entre a la casa y quería destruir algo, arrancarle el corazón a alguien, quería sangre corriendo por mis garras y mi hocico… quería la muerte de todos los que me habían jodido “un poco” la vida… y el siguiente pensamiento me aterro como nada lo habría hecho jamás en mi vida, quería arrancar el corazón de Alekssandra Vasíliev y ver como la vida abandonaba su mirada, quería ver su sangre correr.

Entonces grite,  un grito que a mis oídos se escuchó aterrador. Los cristales, cuadros y cuanta cosa rompible había a mí alrededor se rompió. Después de esa violenta liberación de energía, caí de rodillas. Y así me quede no sé por cuanto tiempo, hasta que mis huesos protestaron. Pero me di cuenta que durante todo ese tiempo ni una lagrima salió de mis ojos, no tenía ganas de llorar ni la intención de hacerlo.

Algo oscuro y aterrador se estaba apoderando de mis emociones. Entonces hice lo que cualquier humano al que le habían roto el corazón haría. Bebí, bebí tanto que me perdí en el alcohol. No supe por cuanto tiempo estuve ebrio, no quería dejar de estarlo. Entonces Cross vino a mí, se veía como yo me sentía, devastado.

Paso unas horas conmigo, mientras me desintoxicaba. Esa era una ventaja de ser Lobo, toda la mierda como el alcohol o las drogas salían de nuestro sistema realmente muy rápido. Después de una larga ducha, me sentía más como yo… no, eso no es verdad. Sol me sentía más humano.

-¿Tu lo sabias, Cross?
-No voy a ganar nada mintiéndote… lo sabía… yo le ayude.

Bien más mierda, solo la hice a un lado.

-Voy a permitir que ejecutes la sentencia de nuestra gente sobre algunas personas, sobre todo de Z. porque según he averiguado, fue ella quien llevo a esos enfermos con la sed de sangre a tu hogar, ella permitió… ella te arranco de las manos lo más hermoso que los dioses te habían otorgado.
-¿Cómo lo sabe mi señor?-. Su voz apenas si fue un susurro.
-Por algo soy el alfa Cross, puedo meter mis narices en cualquier cerebro, así que esto lo obtuve directamente de la corteza frontal de Z.

El rostro de Cross era un poema, que iba de la sorpresa a la incredulidad.

-¿Por qué ahora mi señor?
-Porque yo ya no soy más tu señor, pero la ofensa de sangre debe cobrarse.

Cross asintió en silencio.

-Ella... mi señora Alekssandra no pretendía traicionarle, ella solo pensó en el bienestar de la manda.
-¿Sabes? Todos los que han hecho algo alrededores de mí, siempre lo hacen pensando en eso… nunca me consultan o piden mi opinión, como si yo fuera un títere o solo un adorno en el trono… Pero esto se terminó, ejecuta la última orden que te doy como alfa y después abandona mis tierras.


Me aleje de él, estaba por salir dela casa del rector cuando volvió a hablarme.

-El destino de ella está ligado al mío, si yo muero ella…
-¿Por qué habría interesarme su destino ahora?
-Ella te ama.
-Si lo hace, lo hace tan bien que me arranco el corazón y se lo arrojo a los Lobos.

No quise escuchar su réplica, solo me transforme en lobo y corrí, corrí lo más lejos que pude. Una pena fue que mi piel no me permitiera correr más lejos, dejar quien era y lo que sentía atrás. Me di cuenta que no estaba solo, Dante había corrido conmigo, pero él en su forma humana. Entonces recordé que Iris se había ido con Alekssandra, ella había ido a despedirse y a disculparse. Yo tan ebrio como estaba, solo la observe, intentando sentir algo… nada.

Volví a mi forma humana y lo enfrente.

-¿Deseas tanto hacer viuda a Iris?
-No… Frederick…
-¿Vas a decirme que no sabías nada?

El silencio fue mi respuesta.
-¡Eres un bastardo! Somos… éramos amigos de crianza, casi nacimos juntos…. Compartíamos todo, incluso mujeres… eras mi amigo…. Mi hermano.
-Frederick, eso no ha cambiado.
-¡Mierda! Eso es una maldita mierda Dante, Me traicionaste, si esto era lo que querían yo los hubiera apoyado… maldita sea, yo mismo habría arrojado al consejo a los Lobos.
-No podía decirte nada.
-No claro que no, tu lealtad está detrás de las bragas de tu mujer… lo que yo era para ti no era tan importante… quizá esto es parte de tu venganza por lo de tu familia… me lo merezco. Solo soy el alfa, nada más.
-Frederick, no es venganza, ellos lo merecían…. esto me está matando…
-¿Te está matando? ¿Qué mierda crees que me hizo a mí?

El silencio se volvió incomodo, y como por arte de magia Ewha y Orlando decidieron salir de entre los árboles.

-Frederick, no puedes alejarte de tus amigos, es…
-¿Tu lo sabias Ewha?-. Lo interrumpí en un gruñido.

Nuevamente ese puto silencio que me decía la verdad.

-Lo siento, Frederick.
-¡El sentirlo no va a devolverme la vida!

Me di cuenta que el dolor y la culpa emanaba de ellos, era igual a aroma del ácido lastimando mis fosas nasales.

-Seguimos siendo nosotros…
-¿Lo sabias, Orlando?
-Me entere ese día al igual que tú, y de haberlo sabido habría ayudado a Alekssandra.
-¿Dónde está tu lealtad ahora?

Era una jodida pregunta, muy injusta, pero tenía que hacerla.

-Mi lealtad es para mí alfa, mi amigo y mi hermano… Frederick, mi lealtad es tuya.
-Bien, necesito eso… ¿Qué más quieren de mi Dante, Ewha?

Los dos guardaron silencio, incluso pensé que no responderían.

-Solo permítenos estar a tu lado en esta transición, somos aun tus amigos, tus hermanos y tú eres el nuestro.

Las palabras de Dante quemaban como cuchillas ardiendo, quería aceptar su apoyo, su amistad… pero, no podía. Ellos me habían traicionado.

-¿Por qué no me lo dijeron?
-Creímos que… el consejo de algún modo se enteraba de lo que hacías, a donde te dirigías… parecían haber estado espiando, eso habría puesto más en riego la vida de ella.
-Bien, tengo su punto. Ahora voy a responder a su petición… dado que no soy una persona de confiar para ustedes, debido a que creyeron que era lo suficientemente estúpido para que no pudieran revelarme algo tan serio, y que sería aún más estúpido para poner en riesgo la vida de ella… tiene una semana para dejar sus cargos dentro de la manada, abandonar las tierras pertenecientes a mi manada. Porque un vez cumplido el plazo, ya sean ustedes, su pareja, sus hijos o los hijos de sus hijos… serán atacados por cualquier miembro de mi manada hasta la muerte.
-¡Ese no eres tu Frederick! Eres mi amigo, el mejor de todos, mi único hermano…
-Ese amigo y hermano, como tú le llamas murió… ustedes le ayudaron a ella a arrancarme el corazón y destrozar mi alma… ya no queda nada de Frederick von der Rosen… Yo soy Gregori Záitsev Taftian.

El terror se apodero de ellos, pero no miedo de mí, el miedo de saber que fueron ellos quienes cavaron esa tumba.

-Frederick, por favor…

Levante una mano para interrumpir a Ewha.

-Señor Hanson, encárguese que estos Lobos de la manada Vasíliev abandonen nuestras tierras y cualquier tierra perteneciente a la manada Cruces y Rosas.
-Como ordene señor.

Volví a mi forma de Lobo y me aleje, esa decisión de adoptar el nombre que me había sido otorgado al nacer, fue en el momento, Fue la única forma en que tuve para tratar de encontrar los pedazos que habían quedado de mí.


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