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lunes, 15 de febrero de 2016

Capitulo veintiséis.
 Revelaciones.



Frió, el frió se cuela por cada poro de mi piel. Puedo sentir pequeñas ráfagas de viento colarse desde cualquier lugar, hielan mis huesos y hieren mi piel. Záitsev está frente a mí en su propia celda colocaron un collar para que no pudiese usar sus habilidades y escapar, además de inhibir su telepatía. Pero, no está molesto, simplemente es algo que ellos tenían que hacer.

Después de atacar a Z, un grupo de centinelas nos rodeó. Me tomaron de los brazos y me escoltaron con calma, manteniendo alejados a los curiosos, al espectro lo agarraron de igual forma que atraparían a un perro. No podía ser de otra manera, ellos no sabían quién era él. Me trataron con todo el respeto posible de un subordinado a su alfa. Algunos de ellos no sabían la causa de nuestro arresto.

Dos semanas han pasado y Frederick no ha venido a vernos, tampoco sé si fracase en proteger a mi familia. Pero tenía que ser paciente, sé que quizá esto llevará mucho tiempo. Pero este tiempo entre paredes color terracota, supongo que por la sangre vieja y seca, he tenido que reflexionar. Bueno, no en realidad. Para pensar, si eso. He pensado mucho al respecto de muchas cosas.

Como por ejemplo, porque permití que Z entrara en nuestras vidas, yo pude haberla echado desde el primer día. Sin importar lo que el puto consejo quisiera. Ellos trabajan para nosotros no al revés, pero eso no lo tenía claro. No puedo decir que “si lo hubiera hecho” por qué él Hubiera, no existe. Pero puedo corregir las cosas de aquí en adelante.

Tengo que encontrar la forma de salir de aquí, antes que nada tengo que hablar con Frederick, explicarle. Espero que pueda entenderme, que acepte que era algo que tenía que hacerse… pero. ¿Qué pasaría si Verona estuviera actuando en su propio beneficio? ¿Cuál sería este beneficio? Fácil… Salvar la vida de Cross.

¡Mierda! Como es que no pensé eso antes.

No, ella no sería capaz… si ese fuera el caso yo aria lo mismo por Frederick. Sentí como mi corazón se oprimió ante la sola idea de perderlo. Pero entendía perfectamente, que a partir de ahora una reconciliación era imposible.

Sería más imposible después de lo que estaba por hacer.

-Lo siento, la bestia del alfa ha dejado que tengas algo de contacto... ¡Por los dioses estas azul!

La parlotear que Adrik traía consigo me sorprendió, creo que estar vinculado con Margarita estaba causándole severos daños infantiles.

-Hace… frió.

Se quitó su gabardina y me la arrojo, fue un alivio haberme envuelto en esa piel tan cálida, me llegaba prácticamente a los tobillos.

-No debí permitir esto, tú eres el alfa, él no pude tratarte así. Tenemos que hablar con él y jalarle la cola, esto es imposible de soportar…
-Trae a Aleck-. Le interrumpí.
-¿Qué?
-Trae a tu hermano debemos sacarlo de allí, dijimos que solo sería un día.
-Pero…
-Adrik, tienes que ponerlo en pie. Los necesito a ambos para recuperar a los elementales que seguramente están dudando de mi cordura, los necesito.
-Dame un minuto.

Se quedó en silencio un par de minutos, lo que me indico que estaba comunicándose con alguien telepáticamente.

-¿Bien?
-Dante y Dimitri lo traerán en unos minutos, ahora dime cómo demonios vas a salir de esto.
-Envía un centinela a la habitación de Z, dile que busque una caja… debe estar protegida o resguardada, allí están nuestras pruebas.
-¿Se las vas a entregar al consejo, junto con lo que recopile?
-No, se las voy a entregar a Frederick y a cada Lobo capas de pensar y razonar, toda la manada va a entregarse de lo que descubrimos.
-Eso podría ser un peligro.
-Uno que estoy dispuesta a correr por la manda.
-Bien.
-Solo espero que esa caja aun siga allí, de otro modo solo haciéndole estudios al feto… si es que sobrevivió.

Me escuchaba como un monstruo, pero en ocasiones tienes que convertirte en uno para proteger a tu familia, y era justamente lo que yo estaba haciendo.

-Ya envié a alguien a la habitación de Z, espero que encuentre lo que crees que pueda servirnos de prueba.
-Yo también lo espero.

Nos quedamos en silencio un par de minutos, hasta que Dimitri y Dante trajeron a Aleck en una camilla.

-No entiendo para qué me hicieron sacar a Aleck de la cabaña, allí está bien y con el soporte vital que necesita.
-Vamos a traerle de regreso a nosotros, Dimitri. Él no puede seguir encerrado en su cuerpo.
-Pero ¿cómo va a ser eso posible?-. Pregunto Dante.

Entonces tuve que explicarles lo de aquella noche.

-Eso es increíble-. Murmuro Dimitri.
-Sí lo mismo pensé yo-. Le respondí. -Pero, sin duda sé que todo eso funcionó, pues hace un par de semanas hicimos el primer intento de rescatarlo, de no ser por la por la situación en la que me encuentro... Hoy quizá ya estaría con nosotros.

Sin decir más, nos pusimos manos a la obra, cerré mis ojos y me canalice como aquella vez, solo que en esta ocasión me fue mucho más rápido, mucho más fácil. Y entonces llegamos hasta el cementerio donde estaba el mausoleo, el que tenía el lobo aullando a la Luna.

La puerta estaba perfectamente sellada y no había ningún otro lugar para entrar o salir, así que comenzamos con nuestro trabajo. Adrik golpeo la puerta con su fuerza sobrehumana, está comenzando a cuartearse. Pero de pronto un grito del interior nos pidió detenernos, sin duda era la voz de Aleck, se escuchaba amortiguada por las paredes y la puerta pero se entendía claramente. No podíamos abrir la puerta, pues estaba atrapado con la mente de varios cazadores. Si esto llegaba a salir a la superficie, tomaría el control total de su cuerpo.

Entonces se me ocurrió una idea, una cúpula como aquella donde yo estuve encerrada, un hecho por humano, una hecha por mí. Comencé a imaginarla, tenía que estructurarla lentamente. Modifique algunas cosas en la estructura, en esta ocasión no eran octágonos, eran pentágonos. Tal como la estaba visualizando en mi mente, comenzó a construirse a nuestro alrededor. Podían verse como caía cada pentágono en su lugar.

-Esa es una excelente idea, lobita.

Entonces debajo de la cúpula que yo estaba construyendo, una nueva cúpula de color blanco comenzó a construirse, no sé cuánto tiempo nos llevó, pero sin duda, parecieron días. Una vez que estas estuvieron edificadas, pudimos abrir la puerta. Donde, tal y como Aleck había dicho, había varios cazadores atrapados con él.

-Bienvenidos-. Nos sonrió Aleck.

Su imagen mental estaba un poco deteriorada, se veía más delgado y tenía moretones por el cuerpo y rostro, rasguños y sangre seca. Supuse que todos estos años estuvo peleando contra ellos, para evitar que ellos se apoderaran de su cuerpo nuevamente. Les tomo un par de minutos dejarlos inconscientes, la muerte no podría alcanzarles aquí. Tendríamos que destruir sus cuerpos, para romper el vínculo que tenían ahora con Aleck.

Me acerque a uno de los cazadores que estaban en el suelo, era una mujer. Su cabello rojizo me pareció conocido, me arrodillé a su lado. Cuando toque su rostro, miles de imágenes se vertieron en mi cabeza. No le conocía de nada, pero sabía absolutamente todo de ella.

Esto era más extraño de lo que jamás habría imaginado, ¿Qué mierda estaba ocurriéndome?

Hice lo mismo con todos y cada uno de ellos, secuencias de vida, de muerte pasaron de ellos a mí. Lo cual era aterrador y sumamente importante. Ahora los conocía tan íntimamente como me conocía a mí misma o como conocía a Aleck, sabía que este vínculo de sangre seria irrompible o irremplazable y que los dioses lo habían permitido por alguna extraña y macabra razón.

-¿Podemos salir de aquí? O ¿Seguirás besando sus traseros?
-¡Aleck! No estoy besando sus traseros… estoy robando sus memorias.

Sentí como los dos se ponían rígidos ante mi respuesta… ¿Cómo es que sabía que estaba haciendo?

-¿Estas bien, lobita?
-No… si, solo que no sé cómo… hablemos en otro momento, tenemos que hablar con Frederick.

Al salir del mausoleo Aleck respiro abierta mente, y estiro su cuerpo. Creo que ahora se merecía un descanso, para después cobrar su revancha. Aleck sello el mausoleo nuevamente y Adrik coloco salvaguardas poderosas para que no pudiera abrirse nunca más.

Cuando volví a mi cuerpo el frió había recrudecido, Záitsev, Dimitri y Dante nos observaban con expectación.

-¿Cuánto tiempo ha pasado?-. Interrogo Adrik.
-Cerca de veinticuatro horas-. Respondió Dimitri.

Después de más de seis años, por primera vez Aleck abrió sus hermosos ojos. Pero, ya no eran castaños como los de su hermano, su Lobo estaba más cerca de la superficie. Sus ojos tenía un halo dorado a su alrededor, su respiración se volvió lenta y rítmica.

-Bienvenido a casa-. Le murmure.
-Lobita.

Su voz se escuchaba pastosa, nada igual a lo que yo recordaba.

-Llévenlo a descansar…
-tenemos que sacarte de aquí-. Me interrumpió Adrik.

Si, ese era el siguiente paso.

-¿Tu gente encontró algo?
-Si señora, encontró la caja y muchas cosas más.
-Prepara un expediente, uno por cada familia noble, por cada familia antigua, por cada Lobo que deba ver y leer todo eso. Pero, déjenme entregarle a Frederick la prueba personalmente, Dimitri y Dante coloquen centinelas y guardias alrededor de Z, de toda la gente que esta con ella, infórmenle a Ewha para que les ayude.
-Sí, señora-. Respondieron Dimitri y Dante al mismo tiempo.
-Adrik, debes hacer que tu hermano este en pie lo antes posible…
-Alekssandra…
-No me interrumpas, los necesitare a ambos, no voy a poder enfrentar al consejo y a Frederick yo sola. Esto con Z está muy lejos de terminar, y sé que todo está por cambiar.
-Bien, será como tu órdenes.
-Necesito que confíes en mí.

Adrik se acercó a la reja de mi celda.

-Confió en ti con mi vida, Alekssandra Vasíliev.
-Ahora vete, cuídalo por mí.

Después de que se fueran me quede allí en silencio, solo pensando en lo que tendría que hacer después. Tendría que esperar hasta que me trajeran el archivo para poder llamar a Frederick y decirle lo que la Zorra esa estaba planeando hacer con esa criatura. Tendría que entregarle todas las pruebas que Adrik y su gente encontraron en contra del consejo y sobre todo esperar a que los Lobos tomaran una decisión.

En ese momento estaba pensando en si ¿Estaría haciendo lo correcto?

La manada tendría que restructurarse, sacar toda la podredumbre que Isidro Taftian había dejado a lo largo de los siglos. Pero la duda mayor era si ¿la manada aceptaría la transición? Eran tantas interrogantes que decidí dejar de lado todo eso, me centre en los recuerdos que había robado de esos cazadores.

Lo que me di cuenta fue que ninguno de ellos decidió volverse cazador, ellos fueron secuestrados en algún punto de sus vidas, torturado, roto y después transformado. De los once cazadores que estaban encerrados con Aleck, solo tres habían decidido aceptar esa tortura y vender su alma por poder.

De modo que en el mundo aun solo había más bondad en el mundo, que necesitaban obligarlos a ser de los suyos. Un me quede dormida en la silla donde me había estado sentando, arropada en la larga gabardina de Aleck.

-Mi señora-. Un Lobo que no conocía estaba frente a mí con una pequeña caja de madera en sus manos. –Se lo envía el señor Slavik, también le envía un mensaje.
-¿Qué dice el mensaje?
-Que “Mi señor Frederick vendrá a verla ceca del medio día”.
-Bien, ¿Eso en cuanto tiempo será?
-En un par de minutos, disculpe la demora.
-No, está bien. De haber llegado después de Frederick allí si sería un problema.

Tome la caja con cuidado, y el Lobo se retiró haciendo una reverencia de respeto. Volví a mi sitio, revise rápidamente el contenido de la caja, todo estaba allí, tal y como le había pedido, no, ordenado a Adrik... Tendría que disculparme por ello después. Me quede allí, simplemente a esperar. Tal como el Lobo lo había dicho, un par de minutos después Frederick se presentó.

Vestía de negro, con una larga y muy oscura gabardina de cuero cubriéndolo, su cabello lacio y largo por debajo de los oídos le caía despeinadamente por el rostro. Tenía una barba en forma de candado, que apenas comenzaba a engrosarse, hacía que se viera malditamente tentador.

-¿Qué tienes que decirme?
-Hola, a ti también, yo me encuentro bien… bueno, muerta de frio y ¿Tu?
-El sarcasmo no te va Alekssandra.
-Deja de gruñirme, está aquí porque casi mato a esa perra, pero no es sobre mis acciones de lo que tengo que hablarte
-¿No?
-No, ven-. Le pedí palmeando el asiento que tenía a mi lado.

Me observo con desconfianza, pero al final la puerta de la celda se abrió y entro lentamente.

-¿Telequinesis?
-No, solo le ordene a alguien que la abriera… es electrónica.
-Oh, sí claro… no todo aquí es magia.

.No, no lo es.

Se sentó a mi lado, esperando.

-Tienes que ver esto-. Le entregue la caja. –Yo no puedo percibir los aromas de esos documentos, pero sé que tu si… solo espero que después de que veas todo eso, entiendas mi proceder.
-Hoy no es 14 de febrero.
-No es esa clase de regalo, es más bien de los que traen noticias que no quieres ver.
-¿Tu que aras mientras?

-Esperar, o ¿Vas a dejarme salir?
-No… aun.
-Ok, lee.

Hoja por hoja comenzó a leer, de vez en cuando fruncía el ceño. Lo que a mi parecer lo hacía lucir más guapo, ¿Por qué ni siquiera pregunto si podía recordar? Se suponía que era lo único que nos separaba, pero no. Él se mantenía lejos de mi apropósito y no entendía el porqué. Al final, debajo de todo estaba la prueba que necesitaba.

-En ese sobre rojo, están las fotos y la prueba de que todo lo que esos papeles dicen es verdad.
-Bien-. Abrió el sobre y un olor fétido llego a mi nariz, tuve que desviar el rostro para percibirlo con menor intensidad. -¿Se supone que no percibes los aromas?
-Ese aroma seguro puede percibirlo cualquiera que tenga una nariz funcional, seguramente es la sangre de cazador que Z le estaba inyectando al feto.

Me percate de la forma en que Frederick se puso rígido, creo que no esperaba que yo llegase a esa conclusión.

-¿Por qué dices eso?
-Porque eso fue lo que escuche, eso fue lo que me hizo reaccionar con tanto odio-. Acepte poniéndome en pie y alejándome un poco de él. –Ella solo quería poder, tu poder sobre los cazadores.

Frederick no dijo más, simplemente se dedicó a ver las fotos.

-¿Cómo le harás ver a la manada que esto tiene fundamentos, que no es algo creado?
-Tengo el recuerdo cristalizado de tu padre, el del día del ataque… yo no podía hacer eso, se requiere de una magia que no tengo.
-¿Se lo enviaste al consejo?
-A los que no están en la lista de “amigos” de Z.

Él se puso de pie y se acercó a la puerta, tenía la mirada centrada en Záitsev.

-Yo no puedo sacarte de aquí.
-¿Por qué?-. Le grite furiosa. –Esa puta es la responsable de todo esto.
-Lo sé, pero no te metí en este lugar por que creyera que actuaste por celos o algo mas enfermizo. Estas aquí por tu propia seguridad, los del consejo que apoyan a Z quieren tu cabeza, y sé que pasaran sobre cualquier cosa que les diga para tenerte. Después de todo, les quitaste la única cosa que ellos creían les daría el poder sobre los cazadores.

No lo había pensado de ese modo, el maldito consejo estaba podrido desde su medula. Si ellos me llegaban a tener a tiro de piedra arrancarían mi cabeza, Frederick se sumergiría en la furia de la sangre y de ese modo ellos o Z, tendrían el poder absoluto de la manada. Y entonces, ese sería el menor de los problemas, puesto que cada uno de ellos se cree con el derecho a ser el alfa.

-¿Qué voy a hacer? No puedo estar el resto de mi vida aquí.
-No lo aras-. Me respondió volviendo la mirada a su padre. –No puedo liberarla, pero si tú sabes de alguien que esté dispuesto a morir por ella, alguien a quien el consejo le tema tanto como a mi… tráelo y que la libere… yo tendré que fingir oponerme a todo lo que ella desee, o necesite. Después de tos, ella mato a mi heredero.

Záitsev solo asintió con su lobuna cabeza.

-Él no podrá ponerse en contacto con nadie, lo sellaron.
-Lo sé, pero yo y solo yo puedo romper ese sello. De modo que todo saldrá bien, ahora debo irme y confirmar todo esto… debo asistir a la autopsia de mi hijo.
-Lamento…
-No Alekss, de haber sabido todo esto…. Yo mismo lo habría hecho.
-¿Podrías permitir que mis amigos vengan? Necesito compañía, cosas… no me he bañado en semanas y muero de frió.
-Sí, perdóname… debí ocultarte en otro lado, pero fue el lugar más seguro que vino a mi mente. Ellos podrán venir cuando quieran y les encargare que traigan algunas cosas, que hagan más llevadera tu estancia aquí.
-Gracias.
-¿Recuerdas?
-Todo… ¿Preguntaras como ocurrió?
-Muero por saberlo, pero primero debo reparar esto.

Roso mi mejilla con sus dedos, tomo los papeles y las fotos, el recuerdo cristalizado y salió de allí. Záitsev recupero su forma humana, tal como Frederick dijo, rompió el sello del collar.

-¿Cuánto tendremos que esperar?
-No lo sé, comenzare a revisar los ánimos de los Lobos elementales, pero no puedo darte un día exacto.

Así comenzaron a pasar las horas, los días, las semanas. Diario tenía la visita de alguien de nuestra entera confianza. Dimitri, Patricia, Iris, Dante, Adrik, Ewha. Como menciono Frederick, las cosas se volvieron más llevaderas en ese lugar, pese a haber encendido la bomba, esta aun no explotaba.

Según me habían dicho, perecía que ningún Lobo se había enterado de lo que estaba pasando, como si ese archivo comprometedor solo hubiera sido una broma de adolescentes. Eso me entristecía, pensé que la manada querría cambiar eso, que estaban cansados de esas personas podridas que no les tomaban en cuenta.

Pasaron más de tres meses sin que yo viera la luz del día o la luna por las noches, estaba hartándome de esto. Quizá la manada teína la cabeza que se merecía, consejeros corruptos, sedientos de poder. Estaba sumergida en mis cavilaciones, de por qué la manda era

Responsable de la mierda que ele estaba cayendo encima, cuando un alboroto me trajo a la realidad.

Záitsev volvió a su forma animal, cosa que me sorprendió. El alboroto de pronto se hizo más intenso, se estaban acercando a nosotros. Solo esperaba que no fueran los malditos del consejo, de ser así estaría perdida y nada de lo que habíamos hecho serviría, para nada.

De pronto un inmenso Lobo estaba parado frente a mí, era de una altura considerable, quizá más allá del metro noventa, su piel tan blanca como una hoja y su cabello rojo naranja, como el de una zanahoria, tenía barba y una mirada cruel. Lo primero que pensé al verlo, fue en un guerrero celta, tan antiguo que había visto las edades del mundo.

-¿Qué se supone es esto? ¿Qué clase de broma estas tratando de elaborar?

¿Perdón?

-Tenga mucho cuidado a quien se dirige, no está hablando con cualquier mortal.

Oh no, era yo ni más ni menos que la alfa de la manada, la pareja de su alfa… su reina… me gusto como sonó eso en mi cabeza.

-Me disculpo-. Me respondió con su marcado acento irlandés. –Mi nombre es Tristán Mac Cárthaigh, me conocen como el Lobo de tierra.
-Soy Alekssandra Vasíliev.
-Disculpe mi señora, pero me sorprendió que al llegar aquí, me dijeran que usted se encontraba en esta mazmorra. Sé que lo que hizo, en circunstancias naturales sería imperdonable, pero en esto.
-Lo sé, pero no puedo culpar a Frederick, quizá él amaba tanto a su hijo que no podía haberlo hecho.
-Entiendo, Pero he venido a llevarla conmigo a una de las casas francas, donde tendrá una reunión con las cabezas de las familias nobles, guerreras y civiles.

¡Por todo el cielo! ¿En qué me había metido?

-¿Cómo planea sacarme de aquí?

Su sonrisa fue cruel, pero llena de suficiencia. Dos Custos se acercaron a él, su pelaje era rojo naranja, justo como el del Lobo que tenía frente a mí. Tomaron la reja de mi celda, y la arrancaron de su lugar.

-Acompáñenos.
-¿Qué pasara con él?-. Interrogue señalando a Záitsev.
-Solo es un Lobo, no le pasara nada si permanece aquí.
-No, él debe venir conmigo.
-Pero mi señora, es solo un Lobo.
-No, él es… es… mi guardián.
-Usted estará segura…
-Fue un regalo de los dioses a mi persona.

La sorpresa se reflejó en su rostro.

-¿Cómo sería eso posible?

Me vi forzada a explícales lo que había estado ocurriendo conmigo, pero obviamente hubo muchos detalles que conserve para mí. No tenían por qué saberlo todo, eso no sería sano, era una carga demasiado pesada para que lo supieran.

-Por los dioses-. Murmuro Tristán.

Tal como hicieron con mi celda, arrancaron los barrotes que evitaban que Záitsev fuera libre. Este ni tardó, ni perezoso se acercó a mí. Coloque mí mano sobre su peluda cabeza.

-Estamos listos.

Fui escoltada por estos Lobos de pelaje rojo anaranjado, fuera de la torre magisterial había las Lobos, centinelas, que nos esperaba. Y obviamente, estaban algunos consejeros, que venían a impedir mi partida. Entre todos estos, estaba Frederick.

-¿Qué demonios está pasando aquí?-. Grupo, dejándonos a todos en silencio, entendí por qué era el alfa.
-Estamos liberando a nuestra señora-. Le respondió Adrik parándose a mi lado.
-Esto es traición-. Gruño Frederick furioso.
-No Frederick, esto es ruptio de armento.

El color de su piel se esfumo después de que dijera esas palabras, todos a mi alrededor estaban más que sorprendidos. La fragmentación de la manada, solo podía alcanzarse de dos formas. Otro Lobo con el aroma de alfa dentro de la familia principal, una batalla que llevara al alfa a su muerte sin herederos o que la pareja alfa se desligue de su manada actual para formar la suya en beneficio de la manada misma.

-¿Por qué?-. Me interrogo en un susurro.
-Porque nadie puede seguir bajo el corrupto consejo, y esta es la única forma de sacarlos de la vida de la manada.

La furia que vi en sus ojos, fue genuina. Pero lo entendía, le pude haber hablado de este plan, pude ponerlo sobre aviso, pude… pero no hice nada de eso.

-¿Cómo lo aras? ¿Una guerra? ¿Otro Lobo alfa?
-Lo are por la tercera ley.
-¿Te separas de mí, pero no te divorcias?
-No aun… algún día… todo esto quedara en el pasado y solo será un mal sueño para la manada.

Frederick asintió envuelto en un silencio mortal, se puso derecho y me miro directamente a los ojos.

-Llévate a tu gente, busca tu propio territorio… y ruega a los dioses por que no volvamos a cruzarnos en lo que te quede de vida. Te estoy otorgando un indulto alfa Vasíliev, para que dejes mis tierras. Pero, te arrancare el corazón si vuelvo a verte cerca de mi hogar.

Y así con esas palabras, todo había terminado entre nosotros.

¿Qué sucederá con la manada? No lo sé.
¿Qué pasara conmigo? No lo sé.

¿Qué pasara con nosotros? Por el momento, todo estaba roto. Quizá tengo que levantar pedazo a pedazo y unirlo, para que algún día volvamos a ser uno.
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