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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Capitulo veintidós.
Advertencia.



Vladimir Cross nos llevó a una remota isla en la periferia de Siberia, creo que de buscarla en el mapa, esta sería la última isla justo en medio de la nada. De lejos se veía como un punto blanco, cubierto por la nieve. Una vez cerca podías ver el castillo amurallado, la pista de aterrizaje y un puerto.

-Antes de aterrizar, deben saber que este es el hogar de Verona.
-¿Verona la Oscura?-. Interrogo Záitsev con algo de temor en su voz.
-Sí, esa Verona.
-¿Qué no se supone ella esta… bueno… desapareció antes de mi muerte.
-Ella les contara esa historia y como es que nuestros caminos están juntos, pero es importante que escuchen lo que tiene que decir.

Nadie dijo más.

Cross aterrizo con maestría el pequeño avión en el que viajábamos, lo introdujo en el hangar y las puertas mecánicas se serraron detrás de él. Los operadores de la pista se acercaron, al bajar, todos hablaban con demasiada familiaridad con Cross. Pero las cosas cambiaban una vez que posaban sus ojos en mi o en el espectro que ahora estaba en su forma de Lobo a mi lado. Y parecían querer desaparecer en cuanto veían a Alekssandra, después de hacer una rápida reverencia de respeto.

Nos dirigieron al interior del castillo por los pasillos que conectaban cada edificación, puesto que afuera el frio seria insoportable para los humanos o Latentes que vivían allí. Todo detrás de las puertas del castillo era distinto a cualquier cosa que hubiera visto. Un poco de aquello un poco de esto, lo que le daba un estilo algo perturbador.

Una de las jóvenes nos dirigió a lo que denominó como el salón negro, y nunca imagine porque hasta ver las enormes herramientas de tortura antigua. Las antorchas en las paredes, que obviamente ya eran obsoletas porque ese castillo contaba con todos los servicios de una ciudad. Cornamentas adornado las paredes, alguna piel de Lobo, lo que era algo irónico.

-Buen día, bienvenidos a mi humilde morada-. Nos dijo una mujer como de unos cuarenta tres años, de cabello casi blanco, unos ojos sumamente oscuros y una piel extremadamente blanca.
-Verona-. Saludo Cross.
-Oh, mi amado Lobo de hielo, es bueno que ya estés en casa otra vez.
-Lo se Verona, he traído conmigo a los alfas y al espectro, como me pediste.

Alekssandra apretó su mano en la mía, evidentemente estaba nerviosa, igual que todos.

-Es bueno que lograran llegar, me sorprende que el Zafiro de Poniente no se interpusiera.
-¿Por qué Z tendría que intervenir?
-Eso se lo diré después mi señor, la señora Vasíliev está agotada, deberíamos ir al comedor y después dejarla descansar. Así podemos charlar usted, el señor Záitsev y yo.

No me gustaba que ella supiera mejor que yo, como es que se sentía Alekssandra, pero tenía razón. Nos dirigió al comedor principal, donde ya tenía todo arreglado, así que disfrutamos de una deliciosa comida elaborada con cordero. Después escoltaron a Alekssandra y a Cross a sus habitaciones. Záitsev y yo a la misma habitación donde habíamos estado con anterioridad.

-Tomen asiento, por favor mis señores.
-¿Cómo es que has vivido tanto tiempo siendo Latente?
-Como siempre vas directo a la yugular, mi señor Gregori.
-Responde.
-Ivana Cross.
-¿La madre de Vladimir, que tiene que ver en esto?
-Ella me convirtió en lo que soy… usted sabe lo que soy mi señor, esas visiones… esa maldición de ver el futuro cuando este es devastador.
-Sí, también se tu afición a no intervenir. Disfrutas demasiado haciendo sufrir a las personas.
-Eso fue hasta que me topé con los Cross, Ivana se dio cuenta de todo con solo verme. Me prohibió estar cerca de su familia, yo no la escuche. Vladimir ha sido siempre mi debilidad, solo que no quise aceptar su vínculo, porque él moriría cuando lo hiciera yo. Fui egoísta y estúpida, entonces todo aquello ocurrió. Atacaron a la familia que duramente Vladimir estaba creando, yo los vi venir y no hice nada… Ivana me culpo y vino por mí. Destrozo mi cuerpo, del mismo modo en que lo hicieron con sus nietos, me maldijo y la maldición la aceptaron los dioses. Ellos me marcaron y me dejaron renacer y vivir por siempre. Ahora veo todo, pero no debo hablar de ello, solo puedo poner a las personas en el camino correcto y rezar porque las cosas sean mejores.

¿Una vidente? Los dioses estaban haciendo las cosas cada vez más complicadas. ¿Por qué no hacían inmortales a todo aquel que se vinculara con un Lobo? Los problemas de la manada se resolverían en un chasquido de dedos.

-Ahora habla sobre Z-. Le ordene in par de minutos después.
-El Zafiro de poniente está orquestando algo, aun no se con exactitud un qué, pero. Si lo logra, la vida de Alekssandra se extinguirá, si no lo hace, usted en su contra estará.
-¿Eso de que me sirve? Ya lo sé, Z ha estado muy insistente en saber dónde está ella.
-Cross no llegara al fin de año mi señor, y el Zafiro será el responsable.
-Eso no voy a permitirlo, si es necesario Cross se quedara aquí.
-Ese es su destino mi señor, pero no puedo decirle a él, no quiere saberlo.
-Necesito algo más concreto Verona, ¿Puedes darme detalles de las dos revelaciones?
-Le daré todo lo que pueda mi señor, solo prometa que cuando Vladimir Cross cruce al mundo de los dioses, lo traerá a mí.
-Lo juro con mi vida.
-Bien, entonces preste atención.

La conversación con Verona me dejo agotada física y emocionalmente, me dijo tantas cosas que bien pudo no decir nada y quedarse callada. De ese modo me habría ahorrado el viaje, el tener a Alekssandra en un lugar que ninguno de los dos conocía o confiaba. Pero aquí estaba, de modo que decidí salir por la puerta principal, el sol apenas se estaba ocultando.

Del bolsillo de mi pantalón saque la cajetilla y tome un cigarrillo, tenía días que no fumaba y no es que me faltara, solo que se estaba volviendo un buen distractor, y en ese momento necesitaba urgentemente distraerme.

-¿No sabes que eso mata?

¿Tan ensimismado estaba que no la vi?

-Sabes que no moriré por esto, y que no produce ningún efecto en la raza.
-Sí, pero es bueno recordarte tu mortalidad.

Me gire a verla frunciendo el ceño, no entendía por qué ahora estaba de un humor de perros.

-¿Descansaste?
-No, tu estúpido teléfono está sonando cada veinte minutos, la Zorra esa, perdón Z en muy insistente.
-¿Respondiste alguna llamada?
-¡Claro que no! Pero… Si lo hubiera hecho ¿Tendría algo de malo?
-Sí, no, no tendría nada de malo. O ¿Es que estas celosa?
-¿Celosa? ¿Por qué habría de estarlo?
-Porque es ella con quien voy a tener un vínculo y, tu solo quedaras en el pasado.

En el momento en que dije esa  estupidez me arrepentí, ella no era un segundo plato, ella era…

-Tienes razón, yo siempre he quedado como la amante, primero fue Patricia y ahora la perra esa.
-No quise decir eso.
-No claro que no, pero todo este tiempo lo que has querido es terminar conmigo, así que te voy a dar gusto.
-¿De qué demonios hablas, Alekssandra?
-Este viaje se terminó… volvamos a casa y sigamos con nuestras vida. Tu únete a esa puta y yo… yo veré como olvidarme de ti… si hubo… algo… entre… nosotros… se… termi… no.

Me preocupo la forma en que comenzó a respirar y a hacer pausas cada vez más marcadas entre cada palabra. La atrape justo antes de que cayera al suelo, estaba inconsciente. Escanee su mente y no pude encontrar rastros de Venántium en ella, convoque a Cross y a Záitsev mientras me dirigía a la habitación. La recosté en la cama, su cuerpo estaba sumamente caliente y su respiración era muy agitada.

-¿Qué ocurrió? No detecto presencia de cazadores-. Me interrogo Záitsev entrando a la habitación seguido por Cross
-Fre… de… rick…
-¡Shhh! Tranquila anima mea, aquí estoy, estoy a tu lado.
-No lo sé, estamos discutiendo y de pronto comenzó a tener problemas para hablar y colapso.
-Debemos llevarla con los sanadores, quizá ellos descubran que ocurre.
-Bien, llévensela.
-¿La dejaras ir, sola?
-No, estará con ustedes, necesito solucionar algo, los alcanzare.
-Perfecto-. Gruño Záitsev molesto, y tenía razón, pero no quería que esto se repitiera de ninguna manera.

Me senté en la cama, había muchas cosas que me incomodaban en ese momento. Pero varias de ellas podían resolverse pronto. Tome mi celular y marque un número que me sabía de memoria.

-Necesito un favor.
-Creí que nunca me lo pedirías, primito.
-Ni siquiera sabes que es y ya estás diciendo que si, Yurik.
-Quieres reunir al consejo, con Z incluida, ¿No?
-Si… ¿Quién te lo dijo?
-Lo supuse después de que hablaras con Viktor Sorchenko, el Lobo de Viento.
-De modo que los antiguos son más chismosos que los cachorros, bien me ahorraron la explicación-. Esto estaba dándome dolor de cabeza. -Espera... ¿El Lobo de viento? Cross, el Lobo de hielo... ¿Tu, los gemelos y mi padre también?
-Sí, es la forma en que los dioses nos otorgaron para ser reconocidos, después de unir a las cazas en una sola, grande y hermosa familia feliz.
-¿Por qué no me explicaron eso?
-Porque no preguntaste, pero que eso te lo explique tu padre.
-Bien, busca a todos los antiguos que puedas reunir, que conozcas o que aún vivan...
-En secreto, entiendo.
-Gracias, Yurik.
-No primito, es mi deber ayudarte.

Corte comunicación y me dirijo a la ala de los sanadores, estaba más que furiosos conmigo mismo. No quería que Alekssandra sufriera y me la pasaba haciéndole daño, eso me hizo tomar la devoción con más fuerza: Tengo que dejarla libre. Cuando entre me guiaron a una habitación particular, pensé que por venir conmigo estaban atendiéndola en otro lado. Pero no fue así, ella ya estaba recostada en una cama y estaba platicando con Cross.


-Debió ser difícil.
-Sí, y aún quiero arrancarle la cabeza a quien les hizo daño.

Alekssandra desvío su mirada a mí.

-Parece que estas cargando al mundo.
-Sólo el de la manada.
-Los dejaré para que hablen, debo ver a Verona.

Cross salió de la habitación dejándonos solos, pero no me acerque a ella.

-¿Cómo te sientes?
-Mejor... Tampoco entienden que paso, nadie parece tener idea.
-Como todo lo que pasa contigo.
-¿Perdona?
-Desde el ataque, nunca se sabe algo te pondrá en peligro, si te observan o... Sólo no sé qué te ocurre y nadie parece tener una pista.
-Lo sé.
-En unos días viajaré a casa Bellator, tú y Záitsev esperaran aquí, Cross también se queda.
-Iras a... ¿Ella?
-No, tengo que reunirme con el consejo general.
 -Pero ella estará allí.
.Aun cuando no pasa nada con ella, cuando lo del vínculo se ha cancelado, ella siempre estará allí. Es parte del Consejo ahora y es miembro de la manada, no puedes estar celosa simple y sencillamente porque va a estar a mí alrededor.
-Tengo el presentimiento que  esta  pausa en nuestro viaje nos va a separar.
-Eso no va a pasar Alekssandra, además sólo será una semana cuando mucho. Necesito poner unas cosas en claro con el consejo, resolver algunos problemas que hemos venido arrastrando que no puedo posponer.
-No tomarás este tiempo de mi año.

No pude evitar reír negando con la cabeza, pero era verdad, lo que le había dicho tenía que aclarar algunas cosas con el consejo principalmente ponerles límites.

Esa misma noche durante la cena Yurik se comunicó conmigo para informarme que el consejo se reuniría a la en dos días, si así lo deseaba. De modo que les informe que saldría de viaje Cross y  el espectro no estuvieron de acuerdo, pero tampoco se opusieron.

Verona se encargó que uno de sus pilotos me acompañase, este estaría a mi lado toda la semana que estuviera allá,  temprano por la mañana abordamos el pequeño avión propiedad de la Oscura, en un par de horas me encontraría en la casa Bellator.

Esas horas de vuelo me dieron para pensar y, pensar, principalmente pensaba y Alekssandra en todo el daño que la manada le había hecho. En todo lo que le habían quitado, pero también en todo lo que habíamos dado, una familia. Sin embargo no era suficiente para pagarle todo el daño que le hemos causado. Le habíamos hecho más daño que a cualquier otro ser humano, y se supone a ella la amamos.

Ahora estaba lo que me había dicho Verona antes de partir.

"¿Porque rompe el vínculo? el único vínculo que lo ha hecho feliz mi señor, ¿Por qué entregarle su alma a alguien más? sólo porque la manada diga que necesita alguien que los guié, ¿Acaso no estás usted para hacerlo?  De todas formas hay una manera de hacerlo sin que nadie se dé cuenta… ella no sufrirá y no me refiero a la señorita Alekssandra. No confíen Z mi señor, no se deje llevar por lo que ella le diga o de. Deje que su Lobo lo guié, siga a la luna. Nuestros dioses están allí para usted, eso nunca lo olvide"

Esa mujer con sus palabras podría volver loco a cualquier Santo, con mayor razón a mí. No entendí a qué se refería que es lo que estaba tratando de decirme, que sería la causante del dolor de mi vida o si implemente Z me estaba utilizando para sus propios fines. Sea cual sea que no sucediera, de una u otra forma le haremos daño a Alekssandra.

Cuando llegue, tal como le había pedido a Yurik, el consejo estaba reunido en la gran sala azul. Me llevé una sorpresa al darme cuenta que Adrik también estaba allí, incluso me percaté de que había uno que otro aquí no había visto en mi vida.

Los miembros del Consejo se pusieron de pie al verme, hicieron una reverencia de respeto pero  algo me indicaba que lo estaban haciendo más porque querían que yo siguiera siendo tu títere en realidad me  respetarán.

-Bienvenidos sean a mí morada miembros del Consejo general.
-Agradecemos su hospitalidad mi señor.

Una vez que nos hubiéramos sentado, la discusión comenzó con los dimes y diretes de porque no debían controlarme, de porque no debían de insistir en algo para lo que no estaba listo, de por qué no debía hacerlos esperar. Todos ellos me daban la misma respuesta necesitamos un Alfa, necesitamos una mujer que nos guíe.

-No entiendo por qué la insistencia de que necesitan a una mujer… ¿Qué no se supone que para eso estoy yo para hacer el guía de esa manada? Soy consciente de que no todo lo hecho bien. Sí, estuve fuera de combate, pero no fue mi culpa y todos lo saben.
-Nos hemos expresado mal mi señor, tiene razón usted es el alfa de la manada. Pero no queremos que si alguna vez por alguna situación que los dioses lo permitan vuelva a pasarle algo similar, quedarnos en la nada. Tenemos que saber a quién dirigirnos no somos buenos gobernándonos solos, no llegamos a acuerdos, siempre queremos  mordernos la cola los unos a los otros, por eso le necesitamos.
-Además de que usted no tiene descendencia quién lo reemplace mi señor, el día que usted nos llegue a faltar, que los dioses permitan sea de lo de muchos siglos-. Explicó alguien más dentro del Consejo.

Sí ese punto ya lo había entendido, no tenía hijos y no tenía una pareja que fuese un Lobo, de igual forma.

-Bien, buscare tener herederos, pero no será con Z.

El rostro de Z palideció, los gritos y las maldiciones comenzaron. Yo sólo estaba poniéndolos a prueba, escaneando el terreno. Encontrando por qué tenían tanta prisa, porque querían obligarme.

-Mi señor, con todo respeto, eso sería humillante para mi señora Z.

¿Qué mierda dijo?

-¡Ella aún no ocupa ese lugar!- Mí grito resonó en toda la habitación, más de un semblante se puso blanco del miedo. -No soy el estúpido títere de esta manada, si estoy accediendo a hacer lo que demandan, es contra mi voluntad. De modo que, a partir de aquí la decisión de tener o no descendencia es mía. ¿Queda claro?
-Sí señor.
-Bien, que bueno que entienden... Ahora, déjenme a solas con Z.
-Pero señor... Aún no definimos la fecha o detalles para su vinculación.
-Me tomaré un año sabático, como dicen los humanos, después de eso, veremos lo del vínculo. Ahora, largo, tengo que hablar con Z.
-Mi señor...
-¡Largo!

A regañadientes y sumamente molestos salieron de la habitación, espere a que todos salieran y estar a solas con ella.

-¿Por qué estas manipulando al consejo?
-Yo no estoy manipulando a nadie, mi señor.
-Sabes que odio las mentiras, Z.
-Pero mi señor, no le miento, ellos han estado actuando por su cuenta y...
-¿Que mierda es esa de llamarte "nuestra señora Z"?-. La interrumpí golpeando el escritorio, hasta ese momento levantó su rostro para verme.
-Lo hacen porque la vinculación es un hecho, ellos creen que es lo correcto.
-¿Tu Z, que crees sea lo correcto?
-Que deje de perder el tiempo con Alekssandra y se lleve a cabo la vinculación, tiene que darle la manada lo que necesita.
-Dime querido Zafiro de poniente, ¿Por qué tiene que ser todo a favor tuyo o de ellos y no mío?
-Porque… porque usted es el alfa de la manada, y es usted quien debe poner el ejemplo… y es usted que nos guía y nos proporciona estabilidad, si usted no tiene estabilidad la manada no la tiene. ¡No puede ser tan egoísta!
-Vamos a dejar las formalidades de lado, ibas a explicarme ¿Cómo es que tener un vínculo con alguien, a quién no voy a amar nunca puede mantenerme estable?
-¡No puedes decir qué que no me amaras! El vínculo te traerá a mí y lo sabes, cariño. Sólo tienes que dejarte llevar, deja de resistirte a esto.

Se puso de pie y se acercó a mí, tan cerca que podía sentir el aliento proveniente de Z. lentamente y sin que yo la detuviera ella unió sus labios a los míos y su tacto era frío, y delicado. En ese momento supuse que, si hacía caso a lo que ella me decía, una muerte lenta vendría por mí.

-Sólo déjame reemplazar sus memorias, tenemos toda la eternidad para que la olvides. Tenemos toda la vida para que te enamores de mí…-. Susurro contra mis labios.
-Y ¿Si me opongo?

Se puso de pie furiosa, lanzando las sillas que tenía cerca contra la pared haciendo que ésta se estrellaran en pedazos.

-¡Es que no lo entiendes! No puedes negarte, no puedes evitar esto que está pasando entre nosotros.
-¿Qué está pasando entre nosotros Z?
-Nos deseamos, sé que te gusto porque tú me gustas.
-Quizá ese último punto no lo niegue-. Le concedí. -Si tenemos toda la eternidad, ¿Por qué la urgencia entonces?
-Pues porque... Ella te alejara de mí.
-Ella morirá tarde o temprano, de igual forma, tú seguirás allí.
-Bien, te daré el año que quieres, a cambio de una noche.

¿Sexo? Si, seguro. Pero, tener un año para Alekssandra... Puedo hacerlo.

-Sólo una noche, y será la única que habrá entre nosotros, aún después de mi regreso.
-No me esperaba esta jugada, pero está bien, sólo necesitó una noche para convencerte de que soy tu mejor opción.
-Y sin sangre.
-¿Como?
-Se lo que suelen hacer las Lobas en celo, y no voy a dejar que me muerdas o rasguñes o cualquier cosa que implique sangre.
-Bien, será a tu manera-. Respondió molesta.


Observe a Z con atención, ese rostro tierno he infantil, sí que ocultaba al ser frío y letal que realmente era. Me pregunte si todos podrían verla como yo la veía, quizá la que veía más era a la persona que iba a dejar por esta mujer, Alekssandra.
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martes, 22 de diciembre de 2015

Capítulo veintiuno.
Dolor.



Nos reunimos con mis abuelos un par de veces más esa semana, me contaban sobre mi madre, sobre su vida y lo mucho que le echaban en falta. Incluso me preguntaron cuál de los dos hermanos me gustaba, obviamente refiriéndose a Frederick y al espectro, este último sonreía mostrando su blanca dentadura.

El siguiente fin de semana hicimos un viaje a un lugar que estaba 150 kilómetros de distancia, como siempre el espectro iba sentado en el asiento trasero del auto. Llegamos a ese lugar al amanecer, el frío no se sentía como en otras ocasiones el sol era cálido y agradable. En cuanto baje del auto, Frederick se paró junto a mí. Frente a nosotros estaba una edificación antigua, parecía un instituto, rodeado de enormes jardines.

-Aquí pase los años más felices de mi infancia, hasta que me adoptaron.... ¿Podemos entrar?
-Sí, Svetlana ya nos dio su autorización.

Frederick tomó mi mano y nos dirigimos a la entrada, donde se encontraba la caseta de vigilancia y los guardias se encontraban.

-Buen día, soy Von ser Rosen, tengo una cita.

El guardia revisó una lista, y luego volvió a vernos.

-La señora Svetlana  los está esperando.

Con calma y envueltos en un agradable silencio, comenzamos a dirigirnos hacia el edificio sobre el viejo camino empedrado. Los pastos parecían un manto blanco, los árboles cubiertos de hielo, al igual que el edificio. Un hermoso panorama helado, uno que pensé no volvería a ver jamás. Al llegar a la puerta, sentí una punzada en el corazón.

-¿Todo bien?
-Son demasiados recuerdos amor, mis amigas, mis amigos... Crecí con ellos, les perdí, vivimos cosas dolorosas...
-Todo ello te ha hecho la mujer que eres hoy en día, eres justá, eres empática... Por ello entiendes a los que te rodean, le ayudas y les amas.

Sus palabras hicieron que no viera directamente a los ojos, había un brillo en ellos que no había visto jamás... ¿Orgullo?

-Gracias Fredy.

Sus ojos se abrieron con sorpresa y una sonrisa pícara se formó en sus labios, me tomó de la mano evitando que pudiera escapar.

-Esa osadía te costará muy caro, Alekssandra-. Me acercó a él, poniendo su cabeza en mi cuello, pegando sus labios en mi oído. -Voy a hacerte pagar tu atrevimiento de formas que no puedes imaginar.

El tono en que lo dijo hizo que sintiera una fuerte excitación ante su amenaza, sentí como mordió el lóbulo de mi oreja.

-Buen día.

La voz de Svetlana nos interrumpió, Frederick se alejó de mala gana, ambos saludamos a la mujer que me había salvado gracias a la desconfianza y a que pusiera a alguien a vigilarme.

Se alejó de mí a regañadientes, haciendo una mueca un tanto graciosa.

-Sean bienvenidos a mi hogar, sé que no necesitaran una guía… pero no quisiera que mis niños se emocionaran pensando en que… ustedes son padres potenciales.
-En realidad hace poco adopte a una pequeña humana-. Le comento Frederick -Eso se escuchó horrible-. Murmuro tallándose la cara. –En realidad la rescatamos de… un severo accidente, solo ella sobrevivió y decidí adoptarla… si algún otro humanito me roba el corazón igual y decida adoptarle.

En esta ocasión la sonrisa de Svetlana fue genuina, en su mirada había un vestigio de gratitud.

-Entonces, adelante-. Nos señaló hacia el interior del orfanato.

Frederick me tomo de la mano, dirigiéndome hacia el interior del edificio. Increíblemente todo estaba exactamente igual a como era en la época en que vivía allí. Los colores y los viejos aromas golpearon mi mente con fuerza, fue como volver a tener cuatro años y andar por esos pasillos llenos de niños. Sentí como una lágrima rodaba por mi mejilla, en este lugar había tantos buenos recuerdos, y ahora los compartiría con él.

No pude evitar reír al recordar el día que habíamos tirado el jarrón que se encontraba al pie de la escalera, Svetlana al verlo casi le habían salido humo por los oídos. Pero no nos dijo nada, una semana después había sido remplazado por una réplica de plástico. Los recuerdos que tenia de ese lugar eran buenos, tenía amigos, y todos tenían el mismo sueño:

Tener una mamá y un papá.

Pero… yo… no.

No quería saber de las personas que me habían abandonado en esa bolsa, pero ahora sabía que mi mamá me había amado, al igual que mis abuelos… ellos no me habrían dejado de buscar, de haber sabido que yo seguía con vida. Entendía los motivos que Svetlana tubo para mantenerse en silencio, en aquella época su exesposo era sumamente poderosos.

Ella, temía por nuestras vidas.

Le mostré a Frederick los dormitorios, eran aun, idénticos a cuando yo estuve en este lugar. Le mostré cual era mi cama, las de mis amigos, le relate las cosas divertidas que hacíamos, como después de que Svetlana o alguna de las cuidadoras apagaban la u, nos escapábamos al jardín. Bueno, siempre pensábamos que nuestros cuidadores no se daban cuenta, pero siempre sabían dónde estábamos.

Recorrimos la sala de juegos bajo la atenta mirada de los actuales residentes, por la expresión en su rostro al ver a Frederick, me di cuenta de que ellos sabían perfectamente quien era él. Algunos le sonreían, otros se acercaban y le daban un abrazo o un beso.

Un pequeño estaba parado en medio de la sala de juegos, con actitud desafiante, lo observaba con calma, estaba atento a cada uno de sus movimientos.

-Buen día, Erik.

El niño enarco una ceja.

-¿Quién le dijo mi nombre señor de los lobos?

La sonrisa de Frederick se tornó extraña. Un brillo se instaló en sus ojos.

-Puedo oler a cualquier Latente a cientos de kilómetros, tu sangre llama a la mía, tu eres uno de los míos.
-No, yo soy un humano… sé que mi padre…
-¿Él te trajo aquí? Fue él quien te alejo, una madre de los nuestros no abandona a sus cachorros.

La sorpresa en el rostro de los niños afloro en su rostro.

-¿Eso como lo sabes?-. Le interrogo una de las niñas.
-Porque yo soy el señor de los lobos, su rey.

Lo que me hizo reír, fue la sonrisa socarrona que esbozo, más que su comentario, pues sabía que este era real.

-¿Podrían adoptarnos?-. Le interrogo un pequeño de no más de 4 años. -¡Quiero un papá y una mamá!

La emoción y la esperanza se instauro en los pequeños, pero Erik seguía observándolo con cautela.

-Primero, les hablare de la manada y después, veremos quienes podrán adoptar a tan hermosos y peculiares niños.

Se sentó entre los cojines en el suelo y los pequeños se amontonaron a su alrededor, a excepción de Erik. Yo me acerque al pequeño, quien al verme dio un paso atrás.

-No soy un Lobo, o Latente… soy Humana, y vivo entre ellos… ellos son mi familia, date la oportunidad de escucharlo. Si tu madre te abandono, no quedara libre de castigo… solo escúchalo.

Erik volvió su mirada a Frederick, quien tenía la vista clavada en nosotros. El pequeño solo asintió y se acercó al grupo, pero no pregunto ni hizo ningún comentario.

Pasamos el día con los pequeños, comimos y jugamos con ellos. Al final del día Frederick se la pasó pegado al teléfono, coordinando con Svetlana la visita de algunos lobos que estaban dispuestos a adoptar a los pequeños, estos serían educados en el Instituto Cruces y Rosas. También acordó con Svetlana que enviaría a alguien a recoger a Erik, puesto él era un Latente y su lugar era con la manada, sin importar si a los humanos no les gustaba.

Salimos del orfanato, el clima era frio, pero el cielo estaba despejado. El espectro estaba en el auto esperándonos, en realidad se fue a dar la vuelta por allí y volvió, supongo que odia que lo traten como perro, pero eso era a los ojos humanos, un perro… bueno un Lobo.

Volvimos a la casa en donde estábamos hospedándonos, estaba muy cansada, de modo que me fui antes a dormir. Me puse mi pijama, y en cuanto me recosté en la cama, el sueño se apodero de mí.

El sueño comenzó diferente, era yo, cuando era más joven. Quizá de hace cinco o seis años, cuando estaba en el instituto. Entraba a uno de los salones, me sentía sola… no entendía por qué me sentía así. Tal vez era porque mi cumpleaños estaba cerca, y siempre era una fecha que me deprimía. Me senté en los pupitres del frente, recargue mi cabeza en mis manos y me sumergí en mis pensamientos.

-Hola primor, ¿buscando algo de privacidad?

Reconocí esa voz, era un compañero de la escuela que había estado acostarme hacía tiempo. Me incorpore casi de un brinco, buscando una salida. Pero él era un Lobo, de esto no habría salida fácil.

-Sólo estaba... Déjame ir... Por favor.

-Oh no chicuela, por fin tenemos un rato a solas, y pretendes que te deje ir. Vamos corazón, es momento de que sea mía.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

-No... Roberto, por favor.
-Oh gatita, no sabéis lo que me excita que supliquen... De ser posible... Grita.

No, no le iba a dar ese gusto.

Con su fuerza sobrehumana me sentó sobre el escritorio y se colocó entre mis piernas, sujetando mis manos con una de las suyas.

-Mira que piel tan suave, ¿Es igual de suave la de tus tetas?-. No le respondí, solo lo vi a los ojos. Metió sus dedos entre los botones de mi blusa, su sonrisa se ensancho dejando ver sus afilados colmillos. –No, la de tus tetas es más suave… después de que termine contigo, ñadi humano o no podrá tomarte, serias mi putita para siempre…
-Por favor, déjame ir…
-¿Qué gano si te dejo ir? No tendría mi festín.

Si aviso metió sus manos entre mis piernas, lo que me hizo pegar un pequeño grito, estaba más que aterrada. Nadie me había visto entrar a este salón, nadie vendría por mí. Entonces en mi mente, la imagen de Frederick se materializo. Pero sabía que él tampoco vendría por mí, nadie podría salvarme de lo que estaba por pasar.

Pude sentir como sus “caricias” se hicieron más rudas, parecía que sus manos de habían multiplicado, y por más que le suplicaba que parase, mas excitado y animado se ponía. Me susurraba las cosas que iba a hacerme, como es que iban a “gozar” conmigo.

En mi mente la puerta se abría y era Frederick quien entraba y me salvaba. Pero por más que espere, no ocurrió.

-Esta vez él no vendrá a por ti, no sabe que estoy aquí… y ese perro que intente rastrearme, solo lograra corretear su cola.

¿Qué?

Entonces volví mi rostro a él, ya no era Roberto Pinzón, mi compañero de escuela. Era Frederick el joven, aquel que me había encontrado en cada sueño, a espaldas del puente.

-¿Por qué estás haciendo esto?
-Porque nos perteneces, tú eres la clave para destruir a Grigori Záitsev, al hijo por supuesto.

¿Yo era la clave? ¿Por qué?

-¿Por qué quiere destruirle? Él es el líder de….
-ÉL no es el líder de la manada, no leo entiendes. Todo esto es un plan de los cazadores para apoderarse del poder de la manada, de otro modo ¿Por qué ahora padre e hijo se parecen tanto? Es porque es una copia, un vil clon que usaron para remplazarme.
-Bien, pero no tienes que aterrorizarme par que te ayude… basta con que hables conmigo, que me digas lo que planeas y quizá pueda ayudarte.

Frederick se alejó de mí, me observaba con cuidado, como si lo estuviera meditando.

-Bien, pero debo retirarme ahora…. Ese pero es más astuto de lo que pensé.

Me dio un beso antes de desaparecer, un dolor se instaló en mi corazón, sólo que no entendía su procedencia. Entonces pensé en Frederick, el que me acompañaba, quien estaba a mi lado, la sola idea de no volver a verlo me dejó sin respiración... ¿Porque?

Cuando abro los ojos me doy cuenta de que tanto Frederick, como Záitsev están allí.

-¿Qué ocurre?

Ambos se giran a verme.

-Záitsev sintió la presencia de un cazador.
-Creó que... Apenas estaba quedándome dormida, pero algo me despertó.
-No es fácil despertar de los sueños oscuros, hemos tenido que sacarte de allí a la fuerza.

Sentí como mi pulso se alteró ante las palabras del espectro.

-Déjala descansar, quizá tiene razón.

Ellos estaban mirándose a los ojos, sabía que estaban discutiendo telemáticamente, no quise intervenir. De pronto la mirada de Záitsev se centró en mí, sentí como mi sangre se helaba.

-Miéntenos una vez más y seré yo mismo quien te arranque el corazón, aun cuando eso destroce a mi propio hijo.

¡Mierda!

-¡Záitsev!-. Le advirtió Frederick en un gruñido.
-Lo dije, listo. Salta a mi yugular si puedes, aun no entiendo por qué los dioses me enviaron a protegerla, si es evidente que ella no confía en nosotros.
-Si... Confió...
-No lo haces, y temo que serás la perdición de la manada.

Sin decir más se transformó y salió de la habitación, acompañado de un muy largo e irritante gruñido de Frederick. Se quedó allí parado en el centro de la habitación, viendo hacia la puerta por donde el espectro había salido.

-¿Sabes por qué no tenemos un vínculo de sangre?-. Me interrogó de pronto.
-¿Que? No... No lo sé, ¿Porque?
-Por qué no quería atarte a alguien como yo, cuando me di cuenta lo que eras para mí... Simplemente te aleje, no deje que mis instintos surgieran, el tenerte cerca calmaba todo eso. Después, sólo las cosas pasaron y menos quise atarte a mí, y ahora... La manada me ha dado fecha para mi vinculación con Z, ellos no quieren esperar todo este año.

Su tono era plano, sin emoción.

-¿Porque? Tú me lo prometiste.
-Lo sé... Tendremos que... Algún día terminaremos este viaje Alekssandra.
-¿Me dejas por ella?

Comencé a sentir como las lágrimas resbalaban por mis mejillas, esto hizo que él volviera a verme.

-Temo que sí.
-¿Me amas?
-¿Que pregunta es esa?
-¡Responde maldita sea!

Desvío su mirada al suelo, serró sus ojos y no me respondió.

-No me preguntes algo así de nuevo.
-¿La amas?

El dolor en mi pecho se hizo más agudo y asfixiante.

-Será ella con quien tendré un vínculo.
-Bastardo infeliz, responde a mis preguntas, deja de ser el perro faldero de la manada.

Entonces se lanzó sobre mí, inmovilizándome en la cama.

-¿Por qué te importa tanto si de una u otra forma vas a arrancarme el corazón?
-No... Yo...
-Si te digo que te amo, usarás eso para destruirme... Porque aun cuando lo digas, no confías en mí. Y si te digo que la amo a ella, querrás verme sangrar. Así que responde tú ¿Por qué debo ser honesto? ¿Es acaso que has decidido que me amas y me eres incondicionalmente fiel?
-No.

La respuesta salió demasiado rápido de mi boca, como para poder censurarla. Lo había dicho, le había dicho que no.

-Vez... Qué caso tiene... No podemos continuar este viaje.
-Tu me lo prometiste, ¿Cómo planeas que contiene en ti, si rompes tus promesas?

Su mirada se clavó en la mía, entonces estrelló sus labios en los míos. Eran cálidos, exigentes. Liberó mis manos y yo mundo una de ellas en su camello, la otra la enrede en su cuello, mientras hacía lo mismo con mis piernas.

Fui yo quien tomó la iniciativa y comencé a desnudarlo, pero él me tomó por las muñecas, pegó su frente a la mía y trató de calmar su respiración.

-No quiero ponerte en peligro, Alekssandra.
-No monarcas Frederick, además, allá afuera esta Záitsev... Por favor, ambos lo necesitamos. No me niegues esto también.

Me sentía como una tonta a punto de llorar, suplicando por sexo.

-¿Qué pasa si no logró traerte de regresó?
-No te separes de mí, puedes quedarte en mi mente como una sombra al asecho.
-¿Sabes que podría ver todo lo que estés pensando?
-Me aterra más saber que alguien me está haciendo daño desde dentro, a que veas que me gusta tu trasero desnudo.

Me sonroje al decirlo, pero tenía un plan, y quizá así los sueños oscuros no se presentarían. Así no tendría que ver al otro Frederick, ni traicionar a este que estaba entre mis brazos.

-¿Y si lo que veo no me gusta?
-Pues me lo dices o me distraes como creas conveniente.

No dijo si, tampoco no. Pero después de un rato volvió a besarme, sus caricias fueron lentas, tanto que eran desesperantes. Y cuando se lo decía, sólo sonreía y mordisqueaba un poco mi piel desnuda.

-Vamos Fredy, apura...
-No pequeña, esta vez eso de Fredy no te va a funcionar-. Gruñó mientras me mordía el lóbulo de la oreja.
-¡Eso es hacer trampa!
-No cariño, y lo sabes... Lo que pasa es que soy un excelente amante.
-Tienes tu ego demasiado inflado.

Frederick se tomó su tiempo, fue concienzudamente lento, me hizo querer tomar el control, pero no me lo permitió. Me quede dormida abrazada a él, escuchando como su corazón retomaba su ritmo normal y aspirando su aroma.

¿Realmente no sentía nada por él? ¿Podría entregarlo a los Venántium? ¿Lo traicionaría?

Ni tenía respuesta para esas preguntas, quizá, sólo debo dejar que pase el tiempo y tomar las decisiones sin pensar o sentir... No debo sentir nada por Frederick...

Desperté cuando escuche que hablaba por teléfono, lo que me pareció extraño es que tuviese el altavoz puesto y dejara que todos en la casa, es decir, el espectro y yo, escucháramos la conversación.

-¿Por qué te interesa tanto saber dónde están ellas, Z?
-Porque... Tienes que romper el vínculo con ella, quizá no es un vínculo de sangre, pero... Es algo que puede enturbiar el nuestro... Cariño.

¿Cariño? ¿Desde cuándo esa Zorra le decía cariño?

-Ese es un pretexto absurdo, y lo sabes.
-Tengo miedo de que ella nos separé.
-Ella no lo hará.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque aun cuando lograra recordarme... Ella no me ama.
-Frederick, vuelve a casa... Te necesitó.
-Pronto volveré.

Mi corazón estaba latiendo a mil por hora, no cumpliría su promesa. Si me dejaría por ella, yo sólo sería una humana más para él.

-¿Que opinan?
¿Que?
-Se escucha tan falsa cuando dice "Espere toda una vida para tenerte, no quiero perderte”-. Respondió Záitsev imitando la voz de Z.
-La cosa es que ella te cree en sus garras.
-Lo se Cross, ahora, es importante lo que Viktor nos reveló anoche. El consejo está relegando a los antiguos, están dejando a los puros fuera... ¿Por qué?
-Sin importar la razón, debes hacer un plan, uno en donde ambos salgan de esto, con vida, si lo deseas separados pero con vida.

Sentí que todo en mi ser se paralizaba cuando escuche a Záitsev, no entendía porque.

-Bien le diré a Alekssandra que se aliste para salir.

Escuche pasos acercándose, pero no me levante de la cama.

-Sé que estas despierta.

Dijo Frederick entrando en la habitación y serrando la puerta tras de sí.

-¿Se terminó el viaje?
-No, te di mi palabra y pase lo que pase voy a cumplir. Quizá deba ir a ver al consejo y a Z, pero el viaje durará el año que me pediste.
-Entonces ¿A dónde iremos?
-Al norte, Cross quiere que conozcamos a alguien... No sé exactamente a donde, pero, debo confiar en él.

La tristeza y dolor que me había abordado se esfumaron, cumpliría con su promesa.

-¿Cuánto tiempo tengo para estar lista?
-Un par de horas.
-¿Horas?
-Sí, ¿Por qué?

Le sonreí quitando los cobertores de encima, dejándole ver mi cuerpo desnudo.

-Eres una golosa-. Murmuró con la voz cargada de excitación.
-¿Vas a decir que no te gusta?


Si Z temía que se lo quitara, le iba a dar razón para estar aterrada. Por ahora Frederick era mío, y no iban a separarme de él.
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