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martes, 8 de septiembre de 2015

Capítulo catorce.
Extraño.




Solo quería estar solo un tiempo, lo que había pasado con Alekssandra  me tenía confundido no entendía cómo es que podía cambiar tan de repente, quizá sólo era mi imaginación pero sentía que algo no estaba bien con este asunto. Estaba en la oficina de Yurik, en ese momento recordé la primera vez que lo vencí, fue el día en que llegue a la casa Bellator,  pero quizá en aquella ocasión sólo me dejó ganar y en esta ocasión había sido algo completamente distinto. Había sido más animal, más letal, quizá debía haber controlado un poco mi lobo… quizá no debí reaccionar quizá simplemente debí dejar que ella se fuera.

 Pero eran tantas cosas tantos quizá, tantos porque que nada me satisfacía, me sentía perdido me sentía más allá del control. ¿Pero cómo podía estar controlado entre una jauría de perros se muerden la cola entre sí por cualquier cosa, por cualquier molestia? Y el gran papá lobo tiene que arreglar los problemas

 De pronto tres golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos, el aroma me decía que era un lobo Rofsky de los que ya sólo quedan unos cuantos. Me llamó la atención que viniera escoltado por seis de los lobos de la casa, lo cual me parecía ridículo pues era el lugar más seguro en ese momento

¿Ahora qué clase de mierda estaba por caer?

-Pasen, me preguntó por qué necesita una escolta tan numerosa señor Rofsky
-Es por protección mi señor.

Mira que insolente.

-No necesitó protección de nadie.
-No la suya mi señor Von der Rosen, la mía.

Había escuchado bien insolente mente se había burlado de mí, resultado ahora que yo era el peligro para los miembros de la raza, en un estallido de furia golpe el escritorio mostrando mis colmillos que se habían alargado varios centímetros.

-Estando en mi presencia es el único lugar en donde tu vida estará a salvo, déjese de estupideces y salgan de mi oficina  excepto usted señor Rofsky.
 -Cross mi nombre es Vladimir Cross.
 -Como gustes señor Cross, el resto largo.

Esperé a que la jauría de perros saliera de la oficina para dirigirme directamente al señor Cross

-Dígame entonces que lo traía mi presencia, y hable rápido porque soy muy poco paciente… de otro modo lo mandare a sacar con el lujo de violencia que se merece.

Cross río mostrando sus colmillos descaradamente, parecía que la amenaza le importaba en lo más mínimo, sin embargo recuperó la compostura más rápido de lo que yo esperaba.

 -Tenemos que hablar del Zafiro de poniente.
-Vas a decirme ahora que eres uno de su enamorado si quieres que te la devuelva…
-No mi señor lo que tengo que decirle acerca de ello es mucho más grave, y nunca, nunca le pediría que me la regresará… por alguna razón es que he venido a matarla.

 En ese momento su discurso fue interrumpido por Adrik quién traía en brazos a una inconsciente Alekssandra, cuando la dejó sobre el sofá me percaté de que estaba más pálida de lo que era, su respiración era errática, y estaba fría al tacto, me  arrodille en el suelo junto a ella.

-Nadie debe entrar o salir de esta habitación, no le conozco señor Cross, pero voy a otorgarle el voto de confianza independientemente de la razón que lo haya traído hasta nosotros.
-Es un honor el que me ofrece mi señor, y lo pagaré con mi vida.
-Eso esperó-. Le gruñí  volviendo mi mirada a ella.

Concentre todo mi poder, toda mi energía en llegar hasta su mente, una tarea que parecía más difícil cada vez. El puente siempre estaba allí, de forma y material distinto, pero siempre allí. Estaba el domo, que en esta ocasión lucía negro y se estaba cayendo a pedazos.

Los pastos lucían secos, los árboles muertos de adentro hacia afuera, los edificios destruidos, los ríos secos.  Fuera lo que fuera que estaba destruyendo a Alekssandra, lo estaba haciendo de adentro hacia afuera pero... había algo más.

Estaba yo frente a un Frederick más joven, lucía tal como había sido en el pasado.

-No vas a salvarla, ella es mía.
-Voy a liberarla, ella va a ser libre de ti, de ellos  y va a ser libre de mí.

Como respuesta el Frederick joven recibí risas grutales y sumamente molestas, desvié mi mirada hacia el lobo que me acompañaba, era mi otro yo, mi verdadera esencia. Con un asentimiento de cabeza por parte de este  me di cuenta que ambos estamos dispuestos a morir por salvarla.

Me recupere después de lo que me pareció una eternidad, me encontraba sentado en el suelo frente a Alekssandra, Adrik estaba recargado en la puerta y Cross parado detrás del sofá observándome.

-Ahora sí lobito, vas a decirme que es lo que le está ocurriendo...

El tono  frío de Adrik hizo que se me congela la sangre, pero era una de las personas más allegadas y en el que podía confiar plenamente.

-Esto es una especie de crisis, le ocurre cada vez que estamos juntos.
-Pero, lo sé visto en la misma habitación un millón de veces y nunca había entrado en esta especie de shock-. Me respondió arqueando una ceja.
-No esa especie de juntos perro tonto, me refiero a sexo, Adrik, sexo.
-¿Desde cuándo Alekssandra es zoofilica?

Estuve a punto de lanzarle la lámpara que se encontraba en la mesita junto al sillón, pero fue la risa de Cross la que interrumpió aquel momento. Guardó silencio una vez que se percató que lo observamos, y su mirada ambarina iba de uno al otro.

-Este... yo... bueno, nunca pensé que la relación con sus Lobos fuera tan personal.
-No lo es Cross, simplemente que a este perro tonto no le he podido enseñar trucos nuevos y, es como tal un desobediente además de ser un imprudente.
-¿Quién dijo que soy impaciente y además desordenado?-. Interrogo Adrik rascándose la barbilla en una actitud cansada.
-Te das cuenta Cross, además de necesitar un buen entrenamiento, necesita que le laven las orejas.

Los tres reímos por un buen rato, creo que eso aligero la tensión que había en la habitación. No confiaba en Cross, no entendía porque estaba  amenazando la vida de Z.

-¿Por qué no ha despertado?

Cross interrogó un par de minutos después cuando se percató que Alekssandra seguía durmiendo.

-La he puesto en coma, necesito llevarla a un lugar seguro... por desgracia Yurik la puso en riesgo y también puso en riesgo su casa, ahora sólo me queda sacarla de aquí rezarle a los dioses que no la encuentran otra vez.

 La extraña mirada ambarina de Cross se quedó clavada en mí.

-Puedes estar una de mis casas-. Sugirió Adrik.
-No, aquellos que atacaron se imaginarán que la moveremos algún lugar de nuestra pertenencia...  necesitamos un lugar que esté libre, que sea desconocido.
-Tengo una propiedad  en la ciudad de Kiev, puedo ponerla a su disposición en cuanto usted diga.

Me llamó mucho la atención, a Cross no le conocía de nada, no sabía absolutamente de él, había venido amenazando a una de las personas más cercanas a mí. Y sin embargo, aquí estaba, le había permitido quedarse y ahora estaba ofreciéndonos aquello que tanto necesitábamos.

Pero la pregunta era... ¿Podría confiar en él?

No le respondí, medite sus palabras por lo que parecieron horas. Si llevamos a Alekssandra a Kiev, ¿Quiénes serían las personas adecuadas para enterarse? la gran mayoría de la manada estaban descartados, Dante, Iris, Dimitri, Patricia, son las personas en quién más confiaba.

¿Pero serían las personas adecuadas para cuidarla?

Sabía que ella les odiaba, y si no era así les guardaba rencor, ¿Porque habría de estar cómoda con ellos cuatro? sin embargo, eran los únicos en quien podía confiar para cuidarla. Debía dejar a Z fuera de esto, por alguna razón mi inconsciente me gritaba que dejará  a Z fuera de esto.

Me pase la mano por el rostro tallando mis ojos, esto era confuso y desesperante, y aún tenía algo más que resguardar... A aquella niña que habíamos encontrado en el otro continente. Por el momento estaba a salvo en una de mis propiedades, sin embargo si llegaban a enterarse de su presencia pensarían que ella también la parte de mis vulnerabilidades y eso no podía permitirlo.

-No te conozco de nada Cross, no confío en ti, no entiendo los motivos que te han traído a nosotros. ¿Por qué habría de aceptar tu oferta?
-Puedo jurar de lealtad con mi vida, refrendar mi apoyo a tu mandato e incluso morir en el momento en  que lo órdenes.

Su respuesta fue más de lo que yo esperaba, en su voz había honestidad. Si le pedía que en ese momento se quitase la vida lo haría, así era la manada, leal. Sin embargo, no podemos confiarnos, pues sin duda la Alianza del este era una prueba de que también son  corruptibles, avariciosos y egoísta.

-Lo harás Cross, y juraras lealtad frente a los dioses en un círculo de elementos.
-En cuanto lo órdenes.

La sonrisa ladeada de Cross me tomó por sorpresa, pero no se lo demostré. Lo haría cumplir  su palabra encerrándolo en un círculo de elementos, jurando lealtad frente a nuestros dioses... si esa lealtad era falsa ese juramento sería su sentencia de muerte.

-Bien lobito, ahora dime cuando piensas llevar a Alekssandra  a Kiev.
-Saldremos esta noche sólo seis nos acompañarán, Z  permanecerá en esta casa hasta mi regreso, nos llevaremos también a la niña.
-Es Z quién ha estado resguardando a Alekssandra y ahora la dejarás fuera ¿Por qué?

 Desvíe mi mirada a Cross.

-Porque necesito que se quede aquí, no quiero que nadie más aparte de nosotros y aquellos que nos acompañarán sepan la localización de esa casa.
-No confías en  Z, lobito.

No sabía cómo responder esa pregunta,  ella era una persona confiable, leal, alguien en quién se podría apoyar  si se está en riesgo... pero nunca lo había pensado hasta ahora.

¿Confiaba en Z? quizá la respuesta la sabía y, no quería aceptarlo esto era... Demasiado complicado.

-Adrik, ¿Lo que me sorprende es que ni siquiera me has preguntado quién es él?-. Le gruñí señalando a Cross.
 -¿Desde cuándo contestas mis interrogatorios?
 -¿Desde cuándo eres un hijo de puta, altanero?
 -Está bien, como quieras Lobito. ¿Quién es él?
-No lo sé.

Ambos volvimos nuestra mirada Cross, quién nos observa con una sonrisa ladeada.

-Soy Vladimir Cross, el séptimo hijo de la casa de mi padre, el actual líder de mi casa, mi gente me conoce como el  Lobo de hielo.

Mis cejas se elevaron casi hasta tocar con la raíz de mi pelo, había escuchado esa historia mil veces, era tan antigua y tan famosa como la leyenda de Yurik Vladik.

Lobo de hielo, uno de los lobos más peligrosos y letales jamás creados. Se decía que tras de sus huellas sólo dejaba muerte y destrucción, nada quedaba con vida, todo lo que una vez había sido terminaba.

 Él era la fría justicia de mi gente

La pregunta ahora era, ¿Porque estaba detrás de los pasos de Z? pero eso lo iba a averiguar ya después, una vez que la pequeña humana y Alekssandra estuvieran a salvo.

-Muy bien señor Cross, hablemos de esa propiedad en la ciudad de Kiev.

Tal como lo había dicho  un par de días después un pequeño grupo de Lobos  y las dos humanas habíamos partido la ciudad de Kiev, Alekssandra estuvo todo el tiempo sumergida en el coma. Seguro que cuando despertará iba a querer arrancarme la cola, pero aun así ella tenía que entender que lo estaba haciendo por su propio bien.

La propiedad era un gigantesco rancho, con una casa de unas cuarenta habitaciones, una biblioteca, dos salas de estar, tres comedores, un sinfín de baños, y espacio para un ejército completo. Fuera de ello eran  un lugar acogedor, daba la sensación de que era un lugar que podías llamar hogar después de un tiempo.

Pensé en esta palabra  “Hogar” hacía siglos que no tenía uno y, cuando por fin había encontrado uno... me fue arrebatado por la loca  que se autodenominaba la reina de los Lobos.

Me había adueñado del despacho de la casa, habían pasado sólo dos semanas y, sabía que era momento de despertar Alekssandra. Había estado retrasando este momento porque, sabía que en cuanto abriera los ojos iba a saltar a mí yugular. Entré a la habitación en silencio y la observe dormir, era más hermosa de lo que recordaba, su piel blanca sus labios rosados, suspiré alejándome un poco de ella.

La saque del coma dejando, que su conciencia  emerger a lentamente. Salí de la habitación y volví a mi despacho, tomé un cigarrillo y lo puse entre los labios sin llegar a encenderlo.

De pronto me había sumergido en un estado nostálgico recordando la primera vez que la había visto, la primera vez que habíamos cruzado palabra, la primera vez que la había besado. Recordé también todas aquellas veces que la hice llorar, las veces que traté de alejarme de ella y, que no me lo permitió. Me preguntaba ahora ¿Qué habría pasado de haberlo hecho, de haberme alejado de ella, de haber permanecido solo hasta hoy? quizá la vida de los dos no sería una mierda.

 La puerta del despacho se abrió de repente sacándome de  mis abrumadores pensamientos, una pequeña cabeza castaña se asomó. Ella no había hablado en un tiempo pero, desde que habíamos llegado a este lugar con Alekssandra, no podía hacer que se callase. Aunque me gustaba sus interrogantes y sus charlas nocturnas sobre los deberes de un alfa.

-¿Qué ocurre pequeña margarita?
-Ella... tú... bueno, la humana con complejo de perro... digo de Lobo despertó.

Sonreí con su manera de llamarla, se había referido a Alekssandra de ese modo desde que le había contado que ya había sido mi pareja años atrás.

-Margarita por dios sabes que tiene un nombre, en cuanto se entere que le llamas acomplejada, le va a dar un infarto o algo más.
-No creo, pero, creo que a ti te va a dar una tunda por haberla traído, se veía sumamente molesta.
-Sí, ya me lo imagino. No te preocupes, en un momento más voy a verla

La pequeña salió de la oficina cerrando la puerta tras de sí, no sabía si quería enfrentarme a la furia de Alekssandra una vez más, y tener que explicar la razón por la que la había traído aquí. Porque lo había hecho una vez más sin su permiso, pero sabía que de habérselo propuesto no habría aceptado. Tenía ese punto a mi favor, después de atender algunas llamadas y algunos correos electrónicos salí del despacho, y me dirigí a la habitación de Alekssandra, que estaba en el último piso.

Me parece  frente a la puerta encendiendo el cigarrillo que tenía en los labios, entonces entre.

 Alekssandra me observaba con furia en sus ojos, esperaba que llegase con una disculpa desbordándose de mis labios en cuanto abrí la puerta, sin embargo, sólo me quedé allí parado observándola.

-¿Acaso no tienes nada que decir?-. Me gritó furiosa.
-Podría decir muchas cosas, pero ninguna de ellas sería de tu satisfacción.
-¿Porque me has traído aquí?
-Aunque te dijera que es por tu seguridad, no me creerías y seguirías furiosa. Así que simplemente te diré que, porque quise.
-Eres un grandísimo hijo de puta, arrogante.
-Soy más que eso Alekssandra y, lo sabes.
-Quiero volver a casa de Yurik.

Entonces sentí como la sangre se subía a mi cerebro.

-No.
-No puedes retenerme aquí, no somos nada, soy libre de ti y quiero irme.
-Dije que no.
-Maldito carbón, me ha secuestrado otra vez. ¡Quiero regresar a mi vida y olvidar que te he conocido!
-Quieres olvidarme otra vez, por mí está bien.

Su cara de sorpresa fue un sorprendente poema, podría  ver la imagen desde afuera. Ella sentada en la cama apretando los puños apunto de aventarme algo, yo parado  frente a ella con un cigarrillo en las manos, haciéndole creer que nada de lo que me dijera me importaba.

-Maldito bastardo, ni siquiera te importó todo lo que ha pasado entre nosotros.
-No te olvides Alekssandra, que fuiste tú y solamente tú quién decidió ser mi juguete masticable.
-Tú...... me... Tú querías que lo fuera.
-Eso no voy a negártelo, pero yo no te obligue a aceptarlo.
-Okay, te concedo razón. Sin embargo, eso no te daba el derecho de traerme este lugar en contra de mi voluntad.
-Tú voluntad no serviría de nada, en esto yo tomé la decisión por tu propio bien, por qué tal parece que tú solo anhelas poner tu vida en riesgo.
-Yo no pongo mi vida en riesgo, son ustedes los que la han hecho un completo desastre.
-No me culpes de lo infortunada que es tu vida.
-Todo es culpa tuya porque no pudiste permanecer lejos de mí, mientras yo trataba de alejarme de ti.

Bien ese había sido un golpe bajo.

-Porque pensé que valía la pena recuperar lo que alguna vez tuvimos, ahora me doy cuenta que quizá me equivoqué.

 Ese había sido mi golpe bajo, lo noté porque sus ojos se llenaron de lágrimas.

-Eres un maldito desgraciado.
-Dime algo que no sepa.
-Cualquiera de los hombres con los que estuve eran mil veces mejor que tú.

En ese momento toda la sangre del cuerpo se dirige a mi cabeza, sentí las venas de mi frente tensarse. Mis colmillos alargarse y, la forma en que el gruñido  letal salía de mi garganta. Traté de controlarme, de permanecer apacible, de sólo tomar su comentario como lo que era... un comentario tonto para hacerme rabiar pero, falle miserablemente.

Me abalanza sobre ella, aprisionándola entre la cama y mi cuerpo, le tome las manos con una sola mano y las lleve a arriba de su cabeza. Me observaba con los ojos abiertos, presa del terror.

-Repite lo que dijiste lentamente cada palabra.

La vi tragar saliva un par de veces, parecía que quería decir algo pero las palabras estaban atoradas en su garganta. Entonces la bese pero, no fue un beso como el que querría haberle dado, fue lascivo, sucio.

La sentí temblar bajo mi cuerpo,  pero sabía que era de miedo y no de placer entonces alejé mi cara de su rostro sólo un poco para poder verla a los ojos.

-Ahora dime dulce Alekssandra, repite lo que dijiste una vez más palabra por palabra.
-No puedo-. Dijo con un hilo de voz.
-Repítelo pequeña Alekssandra, prometo no hacerte nada muy doloroso.
-Por favor Frederick, me lastimas.
-¿Crees que eso me importa en este momento?
-Pensé que  te importaba bajo cualquier circunstancia y en cualquier momento.
-Oh no pequeña Alekssandra, no vengas a culparme por tu estupidez. Tú fuiste la que le jaló la cola al Lobo, así que ahora habla.
-No voy a satisfacer tu ego.
-Mi ego dices, ahora dime Alekssandra-. La besé de nuevo que cualquiera. -De esos inútiles humanos, ¿Cual es mejor que yo? Dime que cualquiera de ellos hacía que te mojarás con el simple hecho de verte a los ojos.

Emitió un grito ahogado y después sus mejillas se tiñeron de rojo, trató de ocultar  el hecho de que yo había acertado.

-Eres un cerdo.
-No, de hecho soy un Lobo.
-Suéltame y bájate de mí.
-Hasta que repitas lo que dijiste y cuidado con tratar de cambiar una sola palabra.
-¿Porque quieres martirizarte,  de qué sirve que te lo diga?
-Porque voy a comprobar tu mentira.
-No.
-Oh sí, claro que sí.
-No puedes, no después de lo que pasó la última vez, cada vez que estamos juntos... tengo una crisis y ningún senador puede ayudarme.

Eso era cierto cada vez que habíamos tenido sexo había tenido una crisis, sin embargo, había sido yo quien la había sacado delante, quién la había salvado cada vez. Pero, también sabía que no podía arriesgarla de nuevo.

-Entonces deja de mentir o la siguiente vez que te tenga debajo de mí no habrá prenda que me estorbe,  ni nada que me detenga.

Me puse de pie acomodándome la ropa y recobrando el cigarrillo que había dejado caer al suelo, éste se había consumido en su totalidad.

-Si eso es todo lo que tenías que decirme, me retiro.
-Maldito carbón, ya te he dicho que me dejes ir.
-Sobre eso, ya te he dado mi respuesta y, sigue siendo no.
-Quiero irme.
-Sólo voy a decírtelo una vez Alekssandra, y quieres que lo escuches muy bien, si tratas de huir, convencer a alguien para que te ayude a escapar a ese alguien voy a arrancarle el cuello de un tajo... y a ti voy a encerrarte en uno de los calabozos del castillo dónde se encuentra el viejo instituto, no volverás a ver la luz del sol en lo que te quede de vida.

Parecía que sus ojos se iban a salir de su órbita, me observa vasca terrada.

-No te atreverías a hacerlo.
-Ponme a prueba.

La vi negar con la cabeza antes de salir, sabía que había sido un poco brusco. Pero, no había encontrado otra manera de someterla... Estaba furiosa, y lo único que yo quería era castigarla. Salí de la casa y me dirigí hacia el campo, todo estaba blanco, cubierto de nieve una vista hermosa. La ciudad estaba solo a unos cuarenta minutos nosotros, estábamos en la periferia de Kiev.


Desde dónde estamos podía percibir los aromas, el lugar podía percibir donde los conejos habían hecho sus madrigueras. Cerré mis ojos, deje que la naturaleza me hablara.
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