Google+

viernes, 3 de julio de 2015

Capitulo trece.
Arrepentidos.



Allí estaba yo de nuevo, sentada frente a Row la sanadora, quien no puso muy buena cara cuando me vio. Pero dudo que sea por lo rápido que volví, creo más bien que es por Yurik.

-Ya suéltalo, Row.
--Solo debo curarle.
-No voy a dejar que me cures hasta que dejes de masticar ese hueso.

Dejó de agregar hierbas al montero donde estaba pulverizándolas, suspiro y finalmente se volvió a verme.

-Usted es una persona sumamente egoísta, incapaz de razonar por el beneficio de los demás, además de ser sumamente irresponsable...
-No voy a tolerar que sigas insultándome-. La interrumpí furiosa, sintiendo como bajaba un hilo de sangre por mi labio.
-Va a callarse y a escuchar todo lo que voy a decirle, ¿Entendió?
-S... Sí.
-Usted cree que mi señor Von der Rosen hace las cosas sólo "por molestarla" que la trata como a un cachorro por que él es dominante y estúpido, que no se da cuenta que usted es una adulta. Pero, está total y absolutamente equivocada. Usted se porta como una niña berrinchuda, egoísta y patética que "piensa" que ha madurado. Mi señor hace lo que hace por usted por que.... Es importante para él porque, mi señor la amaba. Quiere protegerá de los enemigos de la raza y de los humanos, pese a que usted es humana nada más.

De todo lo que dijo, sólo una frase se quedó fijada en mi cabeza... "él la amaba" vi a Row dirigirse a mí de nuevo con el cuento de hierbas.

-No.
-¿No? 
-No vas a terminar hasta que hable con Frederick, llamado.
-No puedo.
-O sí que puedes ¡llámalo ahora!

Ella agacho la cabeza desviando la mirada.

-No puedo llamarle, no soy un Lobo.

¿Que? ¿Entonces cómo demonios era una sanadora?

-Pero...
-Soy una humana, sólo que no igual que tú.
-¿Latente?
-No, humana... Pero algo distinto.
-No tenido Row, explícate.
-Era una humana normal, joven y con una vida. Un Lobo se enamoró de mí, con tal fuerza que me "acosaba" día y noche. Yo huía de él, en cada ocasión. Era como jugar al gato y al ratón... Poco a poco fui enamorado de él, pero yo no lo aceptaba, me decía que todo era por su acoso, algún síndrome... Un día hui, algo me rogaba en mi interior que volviera a su lado, pero lo ignore.

Los ojos de Row se llenaron de lágrimas.  

-¿Puedes… quieres continuar?

Ella solo asintió limpiando las lágrimas de sus ojos.

-Corrí, corrí lo más rápido que mi cuerpo me permito... Pero, tarde me di cuenta de que estaba rodeada, pero... No era nadie de la manada... Eran Venántium...  Ellos, le tendieron una trampa a mi Lobo. Pero fui yo quien cayó en ella... Mi arrogancia, mi estupidez, mi ceguera me llevó a ese momento.
-¿Ellos... Ellos te capturaron?
-Sí, pero no solo a mí. Mi lobo y un grupo pequeño de sus amigos me alcanzaron rápidamente, antes de me tomaran... Pelearon con todo lo que tenían, pero cada vez que caía un Venántium otro surgía. Les ganaron a los Lobos por cuestión de número... Y entonces nos llevaron a todos... Solo cuarenta y ocho horas le costó a Yurik dar con nosotros, pero, las cosas que nos hicieron... Lo que le hicieron por mi culpa.
-No fue tu culpa.
-Si lo fue, yo grite que lo dejaran, yo suplique por su vida... Ellos usan todo eso en tu contra para romperte. Nos trajeron directamente a los sanadores, pero todos se rindieron con él, nada pudieron hacer. Yurik lo llevo hasta mí, lo dejo en la misma habitación y antes de irse dijo "Reza a sus dioses, reza y suplica, ellos algunas veces escuchan”... Así lo hice, días y noches, finalmente vinieron a mí. Me dieron el don para sanarlo, pero me quitaron dos cosas.

La verdad tenía miedo a preguntar qué era lo que le habían quitado, pero sabía que era importante escuchar la historia hasta su final.

-¿Que... Que te quitaron?
-Todo lo que tenía, pero que no había aceptado... El dios que vino a mí me dijo "Salvaras su vida, pero a cambio de ello me llevare su vínculo y el recuerdo de lo que ello significa" no me quedaba muy claro, pero sabía que esto era trascendental. Luego con su voz severa dijo "también me llevare tu mortalidad" ¿Sabes? No pensé en ello, solo dije que sí que lo salvaría. Al tercer día él ya estaba en pie... Pero no me recordaba, no sentía ya nada por mí, para él era como si no nos hubiéramos conocido... Nadie en la manada recordaba que él me amaba, nadie.
-¿Por qué te quedaste? ¿Eras libre?
-No lo entiendes ¿verdad?
-¿El qué?
-Por mi propia estupidez perdí al hombre que amaba y que me amaba, que dio su vida por mí... El me quería a su lado, vivir conmigo, tener a nuestros hijos y morir juntos... Yo no lo permití. Después de lo que los dioses me hicieron, ¿a dónde iría un sanador, inmortal y humano? La manada me acogió, y me han protegido.

Después de eso no dijo más, se quedó en silencio. No imaginaba su dolor, el que solo ella recordara lo que paso. Haber sacrificado su vínculo, lo más sagrado para un Lobo y sus recuerdos solo para salvarle la vida.

-Puedes decirle a Z que traiga a Frederick, ¿Por favor?

Salió de la habitación en silencio, me quede mirando al techo, pensando.

-El no vendrá, no quiere verla.

Me incorpore algo mareada, no sabía que había pasado con ese golpe, pero sin duda me había afectado.

-Entonces no me curaras.
-Solo pone en riesgo su vida.
-Hagan que venga.
-Él no...
-No me interesa, que venga aquí o juro por los dioses que no permitiré que me sanen y me dejare morir.

En el rostro de Row sr dibujo el terror, salió de la habitación y volví a recostarme. El cansancio se apodero de mi cuerpo, serré los ojos y el letargo y el dolor se apoderaron de mí. Cuando abrí los ojos, lo que pareció años después me encontré a Frederick recargado contra la puerta, con su brazos cruzados y su mirada clavada en mí.

-Hola-. Mi vos se escuchó pastosa.
-¿Que pretende señorita Vasíliev?
-Habla conmigo.

Me di cuenta de que sus ojos lucen extraños, al rededor del azul ártico, un halo rojo y dorado los adornaba. Lucían terriblemente fríos y peligrosos, la dura expresión de su rostro me hizo dudar.

-No necesito ni quiero hablar contigo en este momento, o con nadie.
-Tiene que hacerlo, me debes una explicación.
-No te debo nada, tú sola jodiste todo esto. No me vengas ahora con que es mi culpa,
mi responsabilidad.
-No, ¿Por qué atacaste a Yurik?
-Sabes bien que fue por romper las reglas de la manada.
-¡Él sólo me mantuvo a salvo!
-Sí quieres engañarse a ti misma, hazlo. Sigue viviendo en tú pura burbuja, sí eso era todo...

No me gusto el tono, ni lo que dijo.

-No, eso no es todo. ¿Qué es lo que quieres, que necesitas?

En un paradero lo tenía junto a mí, inclinado sobre mí, su cabeza a poca distancia de la mía.

-¿A caso vas a darme lo que necesite?

El azul de sus ojos había desaparecido y, había sido remplazado por el dorado con un halo rojo que lo hacía más aterrador.

-Yo...
-¿No lo sabes Alekss? ¿No sabes que es lo que necesito justo ahora, en este momento?
-Yo... Yo, no...
-Necesito algo que no vas a entregarme por voluntad propia, o ¿Sí?

¡Demonios!

La forma en que esa mirada recorría mi cuerpo era eróticamente aterradora, sus colmillos estaban más largos de lo actual y su voz, parecía haber bajado una octava. Suave terciopelo negro, cálido, prometedor y letal. Tenía miedo, pero pese a ello iba a preguntar.

-¿Qué es lo que... Necesitas?
-Paz, éxtasis, control... Una gran y fuerte liberación
-Estas... Estas hablando de...
-Sí mi dulce y apetitosa Alekssandra, estoy hablando de sexo. De lo que hicimos hace algunos meses, ¿Lo recuerdas?

¡Mierda, mierda, mierda!

¿Que sí lo recordaba? Incluso me pregunte por semanas cuanto tiempo pasaría para volver a estar con él, jamás me imagine que fuese en estas circunstancias.

-No.
-¡Mentirosa! Tú cuerpo me dice lo contrario, tú aroma dice que estas lista para que te tomé aquí mismo. La pregunta es ¿Me darás lo que necesito?

La forma en que su lengua surgió dentro sus labios, para luego rosar la punta de sus colmillos y esa perturbadora mirada... Un segundo más y seguramente me iba a dar algo, no sé qué, pero algo.

-¿Que pasa sí me niego?

Lo vi inhalar aire y apretar la mandíbula, como si estuviera controlados así mismo.

-Nada, te dejaría en para para que la senadora retome su trabajo.
-Irías a ella ¿Verdad?

Sus ojos centellaron, y el rojo cubrió el iris por completo.

-¿Quieres que responda eso?
-Sí.
-Sí, iré a ella.
-¿La amas?
-No entiendo que tiene que ver esto con lo que te estoy pidiendo, tú no me amas y me dejaste tomarte. ¿Cuál es el puto problema ahora?

Se alejó de mí, parecía un perro encadenado y yo tenía el palo torturador.

-Sólo es una pregunta.
-¿Sí te respondo me dejaras estar en tú interior justo ahora?

La forma tan lasciva en que lo dijo me hizo exitar un poco más, pero estaba empeñada en saber.

-Responde, no sé lo que pase después.

Guardo silencio sólo observándome.

-¡Jodete Alekssandra! Sí no quieres nada conmigo bien, dejare tú infeliz existencia en paz.

Azoto la puerta detrás de él, todo mi libido se fue al suelo, me sentía estúpida, sola, y como había dicho infeliz. Row entro un par de minutos después, retoma su tarea de curarme sin decir una sola palabra. Y no es que necesitará que me dijera algo, o quizá sí, sólo que no lo hizo.

Para cuando término de curarme habían pasado horas, se veía cansada y triste.

-Lo siento Row, no debí actuar como una idiota.
-Tiene razón, no debió, pero lo hizo.

Se fue por otro lado antes de que pudiera replicar, salí sin dirección alguna, no quería ver a nadie. Uno de los relojes de los muchos pasillos que recorrí me dijeron que eran las cuatro con veinticinco. Dentro de poco amanecía y la casa estaría rebosante de vida.

Me dirigí al único lugar donde sabía casi no habría Lobos o habría muy pocos, la piscina interior. No sé por qué ellos preferían nadar al exterior, está estaba techada y climatizada. Camine con calma por los pasillos, bajé escaleras y finalmente llegué a la sala de las taquillas.

Era un cuarto blanco con taquillas a la izquierda y derecha de techo a piso, en el centro una serie de bancas, y tapetes. De frente y a espaldas, las paredes a la mitad y el resto de vidrio. Del otro lado estaba él, el cabello le caía sobre el rostro, estaba húmedo.

Parecía estar contemplando el agua, tranquilo, no, quieto como una roca. Abrí la primera puerta esperando no alertarle de mi presencia. Me quité los sapos y el suéter. Entonces giro su cabeza a la izquierda, me congele, pero no se giró a verme. Le vi negar, pero no escuché que dijera nada.

Entonces ella entro en mi campo de visión, envuelta en una bata de baño, su cabello suelto, completamente seco. Se acercaba a él con cautela, con las manos en la cintura sujetándose la bata.

-Déjame servirte mi señor.
-Z, no puedo.
-Todos sentimos tú desesperación, tú sed, tú hambre... Permítame darte lo que necesitas.

No me di cuenta cómo fue que había llegado hasta ellos, hasta que Z se giró a mirarme,

-Vamos, permítele ser tú putita.
-¿Que estás haciendo aquí? Deberías estar en reposo.
-Eso a ti  no te importa, Z.

Sí bien, técnicamente los estaba interrumpiendo de hacer algo que... yo no me había negado o ¿Sí?

-Claro que me importa, deberías estar....
-Dejados, Z-. La interrumpió Frederick ásperamente.
-Pero mi señor, necesitas de mí.
-Lo sé, Z. Déjanos, y no es una sugerencia.

La vi apretar los puños, le hizo una reverencia y salió fulminándome con la mirada al pasar a mi lado.

-Ella me odia.
-Toda la manada lo hace en este momento, pero no has venido a eso... ¿Qué haces...
-Sí dices que "tengo que estar en reposo" grito.
-Iba a decir, despierta tan tarde.
-Sólo quería un lugar tranquilo, no quería pensar y...
-Frustre tus planes, me disculpa por ello.

No pude evitar sonreírle.

-¿El agua está cálida?
-Podría estar helada, pero la encontrarás agradable.
-Bien.
-Disfrútala.

Se giró para irse.

-Nada conmigo.
-No puedo-. Me respondió sin volverse a verme.
-¿Por qué no?
-Alekss, nado desnudo.
-¿Y eso que? Yo también, y no es que no disfrute viéndote el trasero al aire.

Me observó sobre su hombro mientras me quitaba la ropa, lentamente se giró hacia mí. Una vez desnuda le sonreír y corrí a la orilla y salté al agua. Cuando emergí, él estaba parado en la orilla observándome. Nade hacia allí.

-¿Qué tal está el agua?
-Deliciosa-. Le murmure rosando su labio con mi dedo. -¿No piensas entrar?
-No sé, necesito… prefiero mirar.
-Vamos no seas cachorro.

 Me aleje de la orilla y nada un poco, no le escuché entrar al agua, pero no me sorprendió cuando mi espalda chocó con su pecho. Me incorpore y me gire hacia él, poniendo mis manos en sus hombros.

-¿Que pretendes?-. Me interrogo con calma, su mirada no había perdido el tinte rojo, pero no parecía ser él. Era como si estuviera en el límite y quizá así era.

-Yo no me negué, Frederick.
-¿De que hablas?
-De darte lo que necesitas, yo no me negué.

En sus labios se formó una sonrisa, pero había desconfianza en su mirada.

-No voy a ser tierno Alekssandra, está vez no puedo serlo.

Trague un par de veces asimilando sus palabras, necesitaba ser valiente por el bien de los dos.

-Lo sé, necesitas dejarte ir y tomar el control.
-Estas consiente que puedo hacerte daño, de que voy a utilizar mis comillos.
-Es lo bueno de que los senadores estén cerca.
-¿Estas consiente que esto será un castigo para ti?

Lobos, finalmente eran caninos y castigan de esta manera.

-La ternura puede venir después.

Me dirigió a la escalerilla, poniéndome de espaldas a él, no dejó de tocar mi cuello o mis pechos en todo momento.

-Espero que no vuelva a desobedecer-. Gruño antes de morderme el cuello.

Como lo advirtió, fue duro, doloroso. Pero me trague el llanto o los gritos y deje que me dominara. Esto se trataba de él, no de mí. De reparar un poco el daño que la manada había sufrido, tenía que reivindicarme.

-Mi dulce Alekssandra, ahora permítame cuidar de ti.

Con cuidado me saco del agua en sus brazos, me envolvió en una afelpada bata, él se enredó la toalla en la cintura. Volvió a tomarme en brazos y me llevó por los pasillos interiores a mi habitación. Con cuidad o me recostó en la cama, me sentía dolorida de muchas partes del cuerpo, estaba doloridamente masticada.

-Permítame curarte, cuidarte.

Sus ojos volvieron a ser de ese bello azul ártico, se veía tranquilo,  sereno, se podría decir que en paz. Me dio un tierno y lento beso en los labios, beso mis mejillas, mi cuello. Se demoró un poco en la mordida posterior, afortunadamente ya no sangraba.

-¿Qué fue lo que te puso al límite? ¿En realidad te afecta tanto que te desobedezca?
-Parte, la mayor sí fue tú culpa, dulce Alekss. Pero también la manada... Lo que pasó en ese país, mi gente cayendo en sed de sangre. Pero esa niña...
-¿Que niña?
-Hubo una cacería, y entre las víctimas de esos enfermos estaba una pequeña de ocho años. Su familia había estado en lugar y momento equivocado cuando los atraparon. Mataron a su padre, madre, dos hermanos de seis meses y una hermana de tres años. Frente a ella, y a esta pequeña la usaron como "premio de caza"
-Dime que la salvaste.
-Sólo su cuerpo, su mente y su alma están en algún lugar a donde no puedo llegar.
-No la dejaste sola, ¿Verdad?
-No debía, la he traído conmigo. Es deber de la manada sacarla, cuidarla, protegerla y amarla.
-Eso te hace ser un buen alfa.
-Gracias.

Su sonrisa fue genuina, cálida.

-¿Qué sucederá ahora?
-Voy a curarte esas mordidas.
-Sabes bien a que me refiero.
-No lo sé Alekss, por el momento no quiero pensar... Sólo permítame cuidarte y estar contigo un tiempo más. Después sí deseas podemos arrepentirnos de lo que pasó.

Está vez fui yo quién acorto la distancia entre nosotros, enredo mis dedos entre su cabello y me aferre a su cuello. Tampoco quería pensar, no quería regresar a la realidad. Fue lento, tierno, lleno de pasión.

A media mañana, después de estar platicando de cosas sin sentido, mi estómago gruño. Frederick preparó un par de sándwiches, en la pequeña cocina, que gracias al cielo Yurik mando poner en mi habitación. 

Cerca de las nueve de la noche, se sentó en la orilla de la cama.

-Debemos volver a la realidad, Alekss.
-¿Cuál es esa realidad?
-Donde tú me odias.

¿Lo hacía? Creo que puse todo mi empeño para que así fuera... Pero era mentira.

-Podemos ser amigos.
-Los amigos no tienen sexo entre ellos.
-¿Quién nos lo impide?
-¡Alekssandra!
-¡Frederick!
-¿Estás diciendo que estas dispuesta a ser mi juguete masticable?
-¡Sí lo dices así se oye horrible!
-Ok, ¿Estas dispuesta a ser mi amiga con derechos?
-No lo empeores, Frederick... Pero sí, básicamente.

Se puso de pie, se notaba pensativo.

-¿Por qué lo arias? ¿Que pretendes ganar?
-Nada, sólo quiero devolverle un poco a la manada, por todo lo que ha hecho por mí.

Una ligera sonrisa se formó en sus labios, pero había tristeza en sus ojos.

-Bien, entonces volvamos a la realidad.

Después de dicho eso, se transformó en un Lobo. Volvió una última mirada hacia mí y salió de la habitación, para ser un perro, se manejaba bastante bien con las serraduras.  Me quedé sentada en la cama, envuelta en las cobijas. Me sorprendió no presidir su aroma en ellas, ni en mí... Eso era de esperarse, no estaba vinculado conmigo.

Como Row había dicho, el ya no me amaba.

Me quedé allí por no se cuánto tiempo, hasta que mis huesos me dolieron, por la inmovilidad. Me puse de pie y me estime un poco, me vestí con un jersey de cuello alto. Nadie debía ver esa marca, las mordidas que Frederick me había dado.

Casi no había nadie despierto, sólo unos pocos que seguramente estaban de guardia.  Salí al jardín, la noche estaba helada, no había nubes así que se podían ver claramente las estrellas. Estire mis brazos y deje que el viento acaricia mi cara, y se clara entre mis dedos.

-Por qué te convierta en su puta, no quiere decir que puedas quitármelo.

¡Santa Mierda! Casi me da un jodido infarto del susto.

Z estaba recargada contra el muro de la enorme casa, tenía un cigarrillo entre sus dedos y se veía furiosa.

-¿Quitártelo dices? ¿Él ya acepto que tienen algo serio?

Ella se incorporó arrojado el cigarrillo al suelo con violencia.

-Yo y sólo yo, voy a tomar tú lugar a su lado y en su cama, después de un siglo o dos juntos, será como sí nunca hubieras existido.
-¿Estas segura de que algún día podrá olvidarme? ¿Qué te tomara como suya alguna vez? ¿Que podrás realmente ocupar mi lugar?
-Claro que sí, yo voy a superarte. Después de todo tú no le amas lo suficiente para aceptar que tiene un pasado, tú lo despreciaste, lo ignoraste, y lo humillaste frente a la manada entera. ¿Por qué piensas que querrá seguir manteniéndote a su lado?

¿Cómo replicar a eso?

Entonces comencé a sentir un subido en mi cabeza, me abrace a mí misma y me aleje de Z. Regrese a la casa, mi visión comenzaba a ponerse borrosa. 

-Alekssandra, ¿Te encuentras bien?
-Adrik, gracias al cielo... Llévame con él.

En el instante en que me cargo en sus brazos, todo se puso negro.

La escena de la vez pasada, después de que estuvimos juntos en sí oficina se estaba repitiendo. Estaban allí las puertas, el Frederick joven, el puente... Pero no estaba Frederick.

-Te ha abandonado, se dio cuenta de tú treta y decidió abandonarte.

La voz del Frederick joven era insidiosa, burlona, desagradable.

-No... Mientes, sé que él está allí. Vendrá por mí, eso lo sé.
-Él ya no te necesita, ahora tiene a su alfa.
-No... Yo...

¿Yo que era para Frederick? ¿Su juguete masticable? ¿Su amiga con derecho? Sentí como las lágrimas comenzaban a descender por mis mejillas, mi corazón estaba por salirse de mi pecho...

-Te tengo anima mea-. Su suspiro llegó a mis oídos y fui rodeada por sus poderosos brazos. -No le escuché más, sólo escucha mi voz.

Los susurros insidiosos del joven Frederick, hasta convertirse en horrible gritos. Pero la voz melódica y tranquila de Frederick en mi oído me mantuvo centrada. No sé cuándo esto término, ni como emerge de esa oscuridad, pero el largo posterior se había ido. Cuando abrí los ojos me encontré con un rostro infantil, de ojos alimentados muy grandes y sumamente tristes.

-¿Quién eres tú?
-Soy Alekssandra, ¿Tú?
-Voy a avisarle que estas despierta.

La niña salió corriendo de la habitación, pero... Ya no estaba en mi habitación en la casa Bellator, estaba segura como de quién era, que habían aprovechado mi inconsciencia para llevarme a otro sito... ¿Pero a dónde?


Pero de esto, Frederick sí que se iba a arrepentir.
Leer más...