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sábado, 7 de marzo de 2015

Capítulo nueve.
Dudas.



Lo vi convertirse en un Lobo, y por dios, era mucho más grande que los otros. Esa mirada... En ella había dolor y tristeza pero sobre todo, resignación. Me quede sentada en ese sofá por un largo tiempo, estaba como en una especie de trance, repitiendo en mi mente una y otra vez lo que había sucedido. No entendía por que le había dicho eso, estaba viéndolo encender su cigarrillo y…


Fue como si no pudiera detenerme y tuviese que decir eso, con el único propósito para lastimarlo.

Me puse de pie y comencé a vestirme, una parte de mí se sentía feliz, saciada, entera y absolutamente satisfecha. Pero, no me sentía bien del todo, había sido un error haberme permitido estar con él. Además, esa parte molesta de mí, me decía que había traicionado a Frederick con el traidor. Tampoco tenía muy claro por qué había permitido que sucediera, había sido como si dentro de mi hubiera otra persona y esta se moría por estar entre sus brazos.

Salí de la oficina y no había nadie, extrañamente estaba todo solo, no había alumnos, no había maestros. Pero, en realidad eso no me importaba, solo quería llegar a mi cama y enterrarme en ella el resto de mi vida. Me sentía como entumida, daba un paso detrás del otro, solo porque tenía que hacerlo. De pronto las palabras que le dije vinieron a mi cabeza.

“No podías resistirte, ¿Verdad? Oh no, todos tienen que rendirte pleitesía. Saben quién eres pero no lo que eres, ellos crearán cuanto digas por que los manipulas... Tú manipula todo a tú antojo, a tú conveniencia. Seguramente me manipula para que tuviera sexo contigo”

Comencé a sentir un hormigueo extraño en la nuca, mi estómago se sentía revuelto. Y el aire se negaba a entrar en mis pulmones. Parecía que estaba enfermando de muchas cosas al mismo tiempo, me acerque a uno de los árboles. Su sombra me dio algo de paz, pero no fue suficiente. De pronto estaba pensando en  ¿este árbol ya estaría aquí o lo trajeron de algún lado?

No tenía muy claro porque pensé eso, pero el siguiente pensamiento fueron las palabras que le dije. Era como si estuviera tratando de convencerme a mí misma de que eran reales. Luego recordé su mirada, en ese segundo… escuche un zumbido ensordecedor. Me lleve las manos a los oídos, pero podía seguir escuchándolo, era como un silbato para perro. Mire a mi alrededor, pero no había nadie más, de modo que no pude comprobar si solo era yo.

Sentí algo que bajaba por mi labio superior, al tocarlo era líquido, recuerdo que pensé “moco” pero no fue así. Al verme los dedos me di cuenta de que era sangre, del mismo modo que comencé a sentir como me sangraban los oídos. Entonces todo se puso peor. Mis piernas no me sostenían, mis brazos parecían de goma y caí como un costal al suelo.

No sentía el frió, ni la humedad del pasto, mi cerebro estaba entumido, no podía enfocar, era como si mis ojos no respondieran y el tratar de pedir ayuda era exactamente igual.

Después de eso todo se puso negro.

De nuevo el sueño, ese sueño oscuro y aterrador que me había perseguido por esos años. Pero esta vez había una diferencia, una cosa que resaltaba más que las otras. En ese sueño se encontraba Frederick, el Frederick con quien había estado hacia un par de horas, al que había deseado besar y pertenecer.

En el sueño había un puente, pero no era un puente que hubiera visto antes, este era distinto… parecía de hielo. En medio estaba él y a su lado un enorme lobo. El mismo lobo de la oficina, lo que quería decir que era su parte humana y su parte Licana. Ambos me observaban con atención. El viento soplaba, era frió y lacerante. El sol no alcanzaba a calentar mi piel. Detrás de ellos…

Detrás de Frederick no había nada, solo oscuridad, una aterradora oscuridad. Detrás de mi estaba el instituto, la gente que recordaba, todo lo que conocía. Y estaba el viejo Frederick. Entonces supuse que ese sueño era la forma en que mi cerebro me pedía tomar una decisión.

Escuche la voz del viejo Frederick llamándome, diciéndome que volviera a él. Que me quedara con él y que juntos podríamos hacer lo imposible. Que solo a mi lado podría derrotar al traidor, que solo yo podía ayudarle a entrar en el corazón de la manada y destruirla desde dentro.

Frederick y el Lobo, estaban solo observando, en silencio. Él no decía nada, no se movía, no se defendía, solo me miraba. Era algo extraño, perturbador. Me gire a ellos, me sentía culpable, me sentía libre… ¡Rayos! Estaba más confundida que nunca, era como si me hubiera sumergido aún más en la oscuridad.

-¿Qué quieres de mí?-. Como si este Frederick de mi sueño fuese a responder. -¿Qué más quieres de mí?
-Eso respóndelo con tu corazón, no con tu cabeza.

Después de que dijo eso comenzó a desvanecerse, como si se estuviera alejando de mí. Mi respiración se aceleró más, una sensación asfixiante me invadió. Lo estaba perdiendo, pero… ¿No era eso lo que quería? ¿No era eso lo que buscaba? ¿Qué estaba pasando?

No supe porque, no entendí por qué en ese momento corrí hacia ellos, estire mi mano como si pudiera alcanzarlos. Al momento de poner un pie en el puente este trono ruidosamente. Me detuve en seco, vi como el hielo debajo de mis pies se resquebrajaba y comenzaba a caerse a pedazos. En un momento estaba allí y al segundo siguiente estaba cayendo al fondo del abismo.
Frederick y el Lobo desaparecieron junto con el puente, después de eso un agudo dolor abordo mi cabeza. El sueño termino, no sé cómo lo supe, pero sabía que ya no estaba soñando. Este dolor era real, estaba consciente y el dolor no se iba. Comencé a sentir un frió refrescante en mi frente, lentamente esa tranquilidad comenzó a ser mayor, el dolor estaba cediendo. Podía respirar con tranquilidad lentamente.

Cuando finalmente abrí los ojos estaba recostada en una cama, en una habitación que parecía ser la de un hospital.

-Me siento…-. Mi voz se escuchaba pastosa.
-No trates de hablar, apenas te quitaron la sonda.

¿Sonda? ¿Qué estaba pasando?

Gire mi cabeza hacia la voz, y allí estaba Z. ¿Qué no podría estar Frederick? ¿Iris? ¿Dimitri? Adrik? No. Tenía que estar Z.

-¿Qué estás haciendo aquí?-, me dolió hacer esa pregunta, se escuchó mezquina y no pretendí cambiar eso.
-Estoy a tu cuidado.
-¿Por qué tú?
-Por qué… porque, solo yo quise venir.

¿Qué?

-¿Dónde está Frederick?
-Está de viaje.
-¿Iris? ¿Dimitri? ¿Adrik? ¿Dante? ¿Ellos dónde están?
-No sé dónde este cada uno, pero sé que no están aquí.

Sentí las lágrimas en mis ojos, me habían dejado sola… pero, ¿Por qué?

-¿Dónde estoy?
-Estas en mi casa, en la habitación de “hospitalización”
-¿Quién me trajo?
-Voy a decirte lo que ocurrió, no voy a responder preguntas y no voy a decirte por qué. Solo escucha, y pon atención.
-Pero…
-Frederick te encontró tirada junto a un árbol, estabas sangrando por la nariz, los ojos y la boca. No estabas respirando. Fue él quien te trajo de nuevo a nosotros y estuvo a tu lado, tomando tu mano cada día hasta que saliste de peligro. Dejo todo y a todos por ti, estuvo aquí hasta esta mañana.

De modo que no había sido un sueño, él había estado allí.

-¿Cuánto tiempo ha pasado?
-Tres meses y medio.
-¿Sabes que me paso?
-No.
-¿Alguien lo sabe?
-Frederick.
¡AH! ¡Con-una-mierda! Si preguntaba dónde estaba o cuando volvería esta zorra no me iba a decir nada.

-Los sanadores…
-Ninguno pudo ayudarte, solo Frederick.
-Pero….
-Debes hablarlo con él.
-Mira “Z” tú y yo no somos amigas y ni siquiera me agradas, pero tengo el derecho a saber que me ocurre, es mi vida y tengo que saberlo.
-No voy a decirte nada, aun cuando me… rogaras… Alekssandra, por órdenes de Frederick no voy a decir nada.
-Cuando vea a ese Lobito voy a jalarle las orejas.
-No sé cuándo regresara.

Después de eso nos quedamos en silencio, ella solo estaba allí sentada como uno de esos guardias Ingleses que no se mueven ni parpadean, aun si está lloviendo.

-¿Sabes que se siente un día despertar y no saber quién eres? ¿Ni tener idea de que ocurre y nadie que te conteste? No tener una guía, un apoyo, no saber en quien confiar.
-No lo sé, y espero nunca hacerlo. ¿Cómo fue que recuperaste esos recuerdos?
-Con dolor… cada recuerdo hacia que mi cerebro se partiera en mil pedazos, me sangraban los oídos y la nariz. Me gane días de dolor y de pasármela tirada en un sofá, con un charco de sangre debajo de mi cara y vomito en el suelo.
-Pero no pudiste recordarlo a él.
-No-. Ahora no sabía si quería hablar de ello, pero yo había abierto el tema. –No sabía que era Frederick, solo sentía que había algo que me hacía falta…  cuando no quedaban más recuerdos que recuperar, trate de saber qué era eso que me hacía falta… por mas esta decir que estuve a punto de caer en coma, probé de todo, incluso la hipnosis. Ese espacio seguía en negro. Nada, no había manera de acceder a él. Después solo decidí continuar con mi vida, trate de enamorarme mil veces y todas ellas terminaron en tragedias.
-¿Por qué no acudiste a las personas que recordabas? A tu familia.
-Trate, pero en ese momento Iris estaba fuera, no logre encontrarla. Dimitri y patricia estaban en otro lado, Adrik se había marchado con su hermano… en realidad fue la manada quien me dejo sola, de los Lobos que estaban cerca… no tenía la confianza para preguntar.
-La manada…
-Me hubiera apoyado-. La interrumpí sabiendo que eso era verdad. –Pero, necesitaba el apoyo de la única persona que no recordaba que fuera algo mío.

Esa revelación me sorprendió incluso a mí.

-Pero no le recordabas, ¿Cómo sabias que le necesitabas?
-Solo lo sentía….
-Yo no soy tu enemiga Alekssandra, puedes…
-No-. Ese “No” me había salido más como un gruñido que como una respuesta. –No lo tomes a mal Z, pero el hecho de que él me cambiara por ti, hace que quiera arrancarte la cabeza, no ser tu amiga.
-Lo entiendo.

Sabía que detrás de esa sonrisita estúpida que afloro en sus labios había más, pero preferí ignorarla.

-Solo respóndeme algo, ¿Por qué no me llevo al hospital de la raza?
-No lo sé.
-¿A un hospital humano?
-No lo sé.
-¿Por qué me trajo aquí?
-Eso no voy a responderlo.
-¡Ah mierda! ¿Así pretendes que sea tu amiga?
-Sé que no te estoy dando nada para que confíes en i pero, eso solo puede explicártelo él, por lo pronto debes conformarte con esto.

Se puso de pie y del buro que estaba a un lado de la cama tomo un sobre negro, se veía bastante grueso. Lo tendió esperando a que lo tomara, no confiaba en ella y esperaba que tomara algo sospechosamente gordo de su mano… estaba loca.

-Es una carta, la ha escrito Frederick, la dejo para ti.

Con algo de duda tome el sobre, estaba pesado.

-Gracias.

Z regreso a su asiento, yo me dispuse a leer la “cartita” abrí el sobre y dentro me encontré con una carta de unas diez hojas escritas a mano. La caligrafía en ella era extremadamente fina, casi perfecta. En realidad parecía que la había escrito en su computadora e impreso. Pero no, en ese momento recordé de las muchas cartas que me escribió, la hermosa letra en cada una de ellas, las dulces palabras…

¡Había recordado algo de una vida que parecía no ser mía!

Mis ojos se llenaron de lágrimas en el segundo que ese recuerdo afloro, el ver su sonrisa y escucharle decir “es para que te entretengas un rato” después de ello me entregaba cartas que bien podían haber sido libros… ¿Este recuerdo era mío? ¿Me pertenecía?

-¿Estas bien?

Había recordado, un trozo, solo un fragmento. Era como un trozo de grabación de cuatro segundos en una película de una vida.

-Sí, estoy bien… solo no pensé que se tomaría la molestia de escribir algo.

Rose las líneas  de la carta, solo leyendo una palabra por aquí, otra por allá. Después de estar admirando las hojas por un largo rato, y encontrando que ese detalle había hecho que mi corazón se regocijara, comencé a leer.


“Anima mea.
                  
                   No sé cómo comenzar esta carta, estoy entre las sombras y la oscuridad. Me has lastimado. Te juro que nunca he usado mi poder en ti… salvo en esta ocasión. Los sanadores dijeron que no había manera de traerte de regreso, que eras tú quien ya no deseabas vivir. Algo similar a un suicidio, pero, yo sé que eso es mentira, tú jamás terminarías con tu vida.

Te conozco y sé qué clase de persona eres, sé que en tu corazón aun cuando las cosas se vean bastante mal jamás te rendirás. A punto estuve de creer lo que los sanadores decían, pero algo no estaba bien. Así no eres tú, sin importar que estemos separándonos sé que así no eres tú”

Tuve que detenerme tras los primeros párrafos, no podía creer lo que decía. Yo estaba suicidándome, ¿Cómo? Esto estaba mal, algo andaba definitivamente mal. Lo peor es que así habían estado las cosas en mi vida los últimos años. Me concentre nuevamente en la carta.

“Voy a serte sincero en algo cariño mío, me rompiste el corazón. Me llevaste al cielo entre tus brazos para después regresarme al infierno donde he estado estos últimos seis años. Yo no te deje, jamás lo aria. Me vi forzado a mantenerme lejos, mientras estaba en una especie de coma. Pero esa historia ya la conoces, no sé cómo permití que todo esto llegara hasta aquí.

No arrepiento de la mañana que compartimos, de esos besos y caricias. No estoy para nada arrepentido de lo que sucedió, lo deseaba tanto como tú y lo sabes……. “

Continúe leyendo la carta en silencio, reí con sus palabras, me molesto su tinte sarcástico y me ruborizo cuando describió las cosas que habíamos hecho o que aun quería hacer. Pero después de todo eso, de compartir conmigo muchos secretos y de hacer comentarios, me di cuenta que no estaba diciéndome nada. Como Z había dicho, si quería saber debería hablar con el.

Pero lo que recordaría largo tiempo serían los últimos párrafos de esta carta.

“En esta ocasión no voy a decirte que confíes en mí, no voy a suplicar que creas lo que te digo. Es tu decisión hacerlo o no. ¿De qué sirve que todos te digamos que es blanco, si tu insistes en que es rojo?

Perdona que sea tan duro contigo, pero, no me has dejado alternativa alguna. He pedido a mi gente que no te diga nada del por qué estas allí, si deseas saberlo, tendrás que hablar conmigo. Pero eso no te asegura que te responderle de frente, tu misma has pedido que me mantenga alejado de ti. Para terminar con esta carta, debo aclarar algo ya que te resistes a leer tu diario.

Mi Nombre es Grigori, sí. Pero, ese fue el nombre que mi madre Henrriette me dio al nacer, Frederick me lo otorgaron mis abuelos después de ser adoptado.
                                               Sin más por el momento Frederick Von der Rosen”

¿Qué le ocurría? ¿Y el clásico “siempre tuyo Dónde estaba? Quizá eso era resultado de mi propio comportamiento, quizá… No, esto era lo que yo había buscado. Suspire doblando el montón de hojas nuevamente, las metí en el sobre.

-¿Cuándo puedo volver a casa?
-No lo sé.
-¿Aun tengo mi lugar en el instituto?
-No lo sé.

Esto en verdad estaba cansándome.

-¿Cuándo volverá Frederick?
-No lo sé.
-¡Con-una-puta-mierda!-. Gruñí furiosa. –Bueno, una que si sabes… ¿Puedo usar el teléfono?
-¿A quién vas a llamar?
-¿Eso importa?
-No lo sé.

¿Por qué últimamente todo a mí alrededor tenía que ser tan complicado? La verdad no tenía idea, pero estaba segura de que eso tenía que quedara atrás, de una forma u otra.
La observe detenidamente, su cabello rojo, su piel pálida y sus bellos ojos. Quizá era tan antigua como Frederick, quizá tanto como Adrik. Pero, finalmente una Loba, y por lo que sabía la actual líder de su casa.

-Necesito un teléfono y, no, no estoy preguntando, ni lo estoy pidiendo… estoy ordenándolo.

Por un momento me miro un tanto desconcertada, pero se puso de pie y me entrego un celular. Era mi teléfono, supuse que sabían en algún momento iba a pedirlo. La cosa ahora era saber a quién llamar, me había aislado de los amigos de la manada, y llamara los pocos amigos humanos que aún me quedaban no era una opción… solo había una posibilidad.

Pero si le marcaba a él, quizá Frederick saltara por las paredes… finalmente, era la única persona que sabía me ayudaría. Busque en la agenda u marque el tono de llamada sin pensar, espere una par de timbrazos hasta que me respondió.

-Primita, hace tanto que no se de ti, espero no estés metida en problemas de nuevo.
-Necesito un favor.
-¿Dime como te puedo ayudar esta vez?
-Mira, no sé dónde estoy… tuve un colapso y desperté en casa de uno de los cachorros amaestrados de tu primo… necesito que me saques de aquí… ¿Puedes hacerlo?

Z me lanzo una mirada de incredulidad, no creo que fuera por que le llame “cachorro amaestrado” creo que fue por que encontré a alguien que sabía me sacaría de allí.

-Claro que si primita, solo déjame ordenar todo aquí para darte la bienvenida que mereces e iré por ti.
-Por favor Yurik, no tardes.

Corte la llamada y me acomode un mechón de pelo que me había caído en el rostro.

-¿Ese era Yurik Vladik? ¿Él Yurik de nuestras leyendas? ¿Al que le llaman “tacet mortem”?
 
Me sorprendí al escuchar sus preguntas, no porque las hiciera o supiera quien era él, fue por el temor que había en su voz, era casi… desesperación.
 
-Sí, es él. Es primo de Frederick, y me ha ayudado desde que recuerdo… es uno de los pocos Lobos en los que puedo confiar.
-No... Eso no puede ser…
-Lo es Z, y te guste o no me voy a ir con él, así que cuando Frederick se digne a regresar le dirás donde estoy.
-¿Pretendes una pelea entre ellos?
-No, pretendo que Frederick me busque y me aclare todas las preguntas a las que tú no tienes respuesta.
 

Sentí un repentino nudo en el estómago, pero no iba a arrepentirme por haberle llamado a ese Lobo en particular. Pues fue él quien me salvo en muchas ocasiones de cosas que pudieron terminar con mi vida, muchas noches en su forma de lobo me acompaño por lugares oscuros, fue mi apoyo y se convirtió en mi silencioso guardián.
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