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sábado, 21 de febrero de 2015

Capitulo ocho.
Pasión




Esto de la infiltración Venántium al Instituto Cruces y Rosas era una patada de mula en las bolas, el detective Pietrov había regresado unas horas después. Tal como le había pedido, regreso sólo y dispuesto a aprender todo lo que le fuésemos a enseñar, eso me agrado de ese humano. Dimitri por otro lado, no me quitaba la mirada de encima.

¿Pero que diablos le pasaba a ese perro?

No podía entender, pero no era el momento para indagar en ello. 

En ese momento tenía dos cosas en mente. Primero, terminar con está mierda. Segundo, ir a buscar a Alekssandra y asegurarme que se encontraba bien. Lo de la tarde anterior había sido un completo y absoluto desastre, para cerrar con broche de oro, la había dejado allí sola.

Todo-estaba-volviéndose-una-súper-gigantesca-mierda.

-Lo que no entiendo es... ¿No pueden controlar su sed?
-Inspector... La sed de sangre es como una droga que invade el sistema neurológico, y una vez que se ha probado la sangre se vuelve... Mortal.
-¿Es algo específico lo que las desata?
-Es la muerte misma lo que desata la sed de sangre.

Las palabras de Z eran ciertas, muy duras, pero reales. No todos los Lobos soportaba el sentir como una vida se esfuma entre sus fauces.

-Somos primitivamente cazadores, animales que llevan muerte, somos instintivamente asesinos. Sólo que nos hemos domesticado.

El policía volvió su mirada a mí, sin duda tenía más preguntas que las respuestas que le estábamos dando, pero, no podía darle más. Tenía que ver donde estaba sus lealtades antes siquiera de pensar en confiar en él.

-Seguramente existe mucho que usted no está diciéndome, pero no le culpo que no confíe en mí, mi lealtad sigue siendo para los míos. Pero debo entender que fue lo que pasó está tarde, sobre todo, como identificar a un Lobo de Un Venántium, incluso de un humano.
-Tiene razón investigador Pietriov, su lealtad debe ser para los suyos, por lo tanto no voy a exponer a los míos.
-Frederick deberías decirle lo que necesita y dejarlo ir, no nos sirve aquí, sí no puedes confiar en él.

Sí, Adrik tenía razón. Sí no le daba lo que quería sólo estábamos perdiendo el tiempo.

-No estoy preguntando sobre cómo es que supo de mi nona, ni que había muerto hace poco. Sólo quiero entender a que me estoy enfrentando.
-Sé que es lo que quiere, sólo estoy meditando hasta donde puedo sumergirnos en nuestro mundo sin ponerlo o ponernos en riego.
-Mientras sigamos desconfianza, la relación entre nuestras razas perderá de un hilo.
-Es verdad, pero, ¿Usted revelaría detalles de su raza a otra que de alguna manera puede llevarlos a la extinción?
-Eso voy a responderlo con otra pregunta, ¿Que podría ocultarle a una raza que prácticamente ha visto nacer y crecer a mi raza?

¡Touché! El maldito-hijo-de-puta tenía unos colmillos tan afilados como los de un Lobo.

-Tiene un excelente punto inspector....

Justo cuando estaba dispuesto a revelar algo de importancia cuando al fin había decidido que quizá podía confiar en este humano, fui interrumpido a través de mi senda telepática individual. Iris Martínez la adorable nueva cachorra de la manada y pareja de mi mejor amigo, estaba solicitando de mi presencia.

Pero la cosa dictaba de ser simple, estaba lejos de ser algo "normal". No, nada que esté relacionado con Alekssandra Vasíliev era normal.

¿Por qué justo en este momento? No había dormido nada, no había comido nada y no me había podido quitar la calentura de la tarde anterior. No estaba muy seguro de que el tenerla frente a mi iba a terminar bien, duraba mucho siquiera de no hacer que las cosas alcancen un nuevo nivel de riesgo.

-... Discúlpeme inspector per en este momento tengo un asunto que debo resolver antes.
-No es por amenazarlo, pero de esto depende la alianza de nuestras razas.
-Sin ofender Inspector, pero de esto depende la vida o muerte de ambas razas.

Me puse de pie y abandone la oficina, ante la mirada ahorita de algunos y la mirada furiosa de otros. Me dirigí directamente a la casa del consejo de La Rosa de luna, un lugar al que no había ido... Nunca.

La puerta de la casa del consejo fue atendida por Tabita, una chica extraña, pero hermosa y miembro de manada. Su rostro pasó del aburrimiento a la sorpresa, y mi nariz capto todos sus cambios... De aroma. 

-Muy buen día señor Von der Rosen.

Su tono trato de ser "juguetón" pero en realidad resultó lascivo.

-Buen día señorita Simonova, ¿Dónde está la señora Vasíliev?
-Ella está ocupada con Iris Martínez.
-No pregunte que hacen, dije ¿Dónde está?
-En la habitación de la solita Martínez, en su habitación.

Entre sin decir más, odio a esas pequeñas zorritas que se mojan sólo por estar cerca de mí, antes del "Incidente" no me pasaban ese tipo de cosas. Comencé a sentir cosquilleo en mis manos, una sensación extraña. Después de esto percibir el aroma de Alekssandra... Desesperación, ella estaba desesperada. Pero había algo más, algo evasión, que en ese momento deje pasar.

Entre a la habitación y Alekssandra no se dio cuenta, me pare detrás de ella cuando comenzó a retroceder, de modo que sólo tuve que rodeada con mis brazos. 

-Nada fue por ti Alekssandra, tú fuiste la única forma en que mis enemigos encontraron como herirme.
-No podías quedarte con el asicó callada, ¿Verdad Iris?
-No Alekss, esta vez no.
-No la culpes a ella Alekssandra.
-Tienes razón, te culpo a ti Grigori, tú eres el culpable de todo lo que está pasando en mi mundo.
-¿Cómo me dijiste?

Le gruñí al oído, más sorprendido que molesto. Sentí como se tensó en mis brazos, como un niño cuando es atrapado haciendo travesuras.

-No dije nada.
-Oh, no pequeña gatita salvaje. Vienes y agredes a alguien que fue una hermana y ahora te escondes, no. Tú y  yo hablaremos de frente.

La saque de la habitación cargándola sobre el hombro, sujete sus manos con mi mano para evitar que se hiciera daño. Al salir de la casa nos topamos con muchos estudiantes, algunos nos miraban atónitos y otros con amplias sonrisas en sus labios. Camine con ella en mi hombro hasta mi oficina.

La deje en el sofá de mi oficina y di órdenes para que nos dejaran solos, no deje espacio a protestas. Este era yo, su alfa dándole una orden. Me dio la impresión de que ella estaba por protestar, pero sabía que bastaría una mirada para callarle. Cuando nos dejaron solos me gire hacia ella, pero me recargo en mi escritorio.

-Primero que nada, ¿Cómo me llamaste?
-Gregori, porque, ¿Ese es tú nombre no? Tú eres Gregori, o ¿Va a negarlo?
-¿Por qué habría de negarlo Alekss? Soy Grigori, ese es mi nombre de nacimiento.

Me llamó la atención que mi respuesta le sorprenderá.

-¿No vas a negarlo?
-¿Por qué habría de negarlo?
-Porque... Pues... Tú eres él, porque...
-¿Que ocurre Alekssandra?
-¿Ellos lo saben?

¿Qué demonios?

-¿Por qué no deberían saberlo Alekssandra?
-No lo sé-. Me grito desesperada.
-Anima mea, ¿Que está ocurriendo?

Comenzó a mordisquear su labio inferior, algo estaba pasando pero no se veía dispuesta a hablarlo. Me acerque a ella y me esté a un lado, temblar como una hoja. Tomé sus manos entre las mías, estaban heladas.

-Tienes que hablar conmigo.
-¿Porque ella?-. Suspiro al punto de las lágrimas.
-¿Quién ella cariño?
-¿Por qué decidirse volverla como tú, a ella? Explícame, ¿Por qué a Iris y no a mí?

Por un momento, su mirada, la forma en que me miraba... Era ella, mi Alekssandra.

-Eso no lo decidí yo amor, fue el destino y el hecho de que corra sangre Licana en sus venas.
-Entonces, ¿Tarde o temprano me habrías cambiado por alguien como ella o Z?

Yo sabía esa respuesta, mil veces antes se la había dado y seguía pensando lo mismo.

-No Alekssandra, sí fuese necesario seguirá los pasos de Mikhail, morirá a tú lado.

Sus ojo se abrieron como platos, un par de lágrimas se deshizo por su mejilla. 

-Últimamente sólo tengo escenas fragmentos de una vida que no recuerdo haber vivido, pero, cuando muro tú rostro o...
-Y mi voz son distintos, lo sé-. La interrumpí sintiéndose más miserable de lo que me había sentido.
-Son tantas cosas Frederick, que no entiendo. Muchas que no alcanzó a comprender o que no se sí quiero entender.
-Sólo debes preguntar.
-¿Cómo puedo estar segura de que eres tú? ¿Que aún sigues siendo tú?
-¿Por qué habría de ser otra persona?
-Pues, porque parece otra persona...
-De todos en este mundo, tú eres la única que puede reconocerme, la única que sabría sí no soy yo.
-Esa es una responsabilidad demasiado grande.
-Así parece.

Me sentí herido, pero no podía culpar, ella no me reconoce como su otra mitad. Ni siquiera me reconoce como suyo, pero eso no evita que duela. Solté sus manos, el tenerla cerca era doloroso y peligroso. Trate de ponerme en pie, pero ella me tomo por el brazo.

-Tienes que entender que estoy muy confundida, más que antes.
-Es por ello que me mantengo lejos de ti, porque no quiero presionarte de ninguna manera.
-¿No has pensado que quizá tengas que permanecer a mi lado?

Sí, con los mil demonios, sí. Lo pienso día y noche, cada segundo de mi judía vida.

-No Alekss, no lo había pensado. Sólo no quería hacerte daño, por ello te deje en paz.
-Sí, y ahora la tienes a ella.

-Sí... A ella.

Alekssandra se sentó derecha en el sillón y soltó mi brazo, estaba callada, quieta.

-Entonces, ella... ella te gusta.
-Sí, Z me gusta, es una Loa fuerte, decidida, una guerrera nata...
-Sí ya se, es "maravillosa"-. Me interrumpió entre dientes.
-¿Celosa?
-¡No!

Se levantó de un salto, como sí le hubiesen echado agua helada. Se dirigió a la puerta, pero no la abrió.

-¿Ellos están afuera?
-No, les ordene que nos dejaran solos.
-Bien, entiende esto, no puedo estar celosa por que no sé quién eres, no te conozco y no siento nada por ti-. Me dijo tratando de verse segura de sí misma.

¡Ah! ¿No siente nada por mí? Mentirosa, mentirosa.

-Lo entiendo.
-Además tú estás con alguien.
-Sí lo estoy.
-Ok, dicho esto, creo que podemos ser amigos.
-No, no podemos.
-¿Por qué?

Me puse de pie y comencé a caminar hasta ella, Alekssandra retrocedió hasta la pared contraria. Su respiración comenzó a agotarse y sus mejillas se tierno de rojo. Se mordió el lío inferior, de esa manera tan dulce, que se veía eróticamente inocente.

¡Mierda problemas!

-No podemos ser amigos, porque los amigos no se basan, los amigos no se desean.
-Yo no... No te deseo de ninguna forma.
-¿No?
-No-. Titubeo un poco.
-Entonces, ¿No deseas que vuelva a besarte?
-N... No.
-Entonces, ¿No quieres que ponga mis labios sobre los tuyos y que nuestros cuerpos estén juntos fundiéndose?

La atrape entre la pared y mi cuerpo, apenas tocarla. Recargue perezosamente mi brazo en la pared a la altura de su cabeza.

-Estas acosándome.
-Sí.
-Además de todo eres cínico.
-No voy a negar que me apetece tomarte sobre ese escritorio, es la fantasía de cualquier profesor.
-Tú no eres profesor.
-No, pero es mi fantasía.

El color rojo se apoderado de sus mejillas, amaba como se ruborizaba cuando estaba apegada o editada.

-Debes dejarme ir.
-¿Entonces de verdad no deseas que te bese otra vez?
-Sí es lo que se requiere para que me dejes ir, hazlo, Bésame.

Claro que no iba a desperdiciar este atisbo de irá, acerque mi boca a la suya y la bese. Tardó un poco en aceptar el beso, pero, finalmente lo hizo. La sentí aferrarse a mi espalda, y para nuestra desgracia las cosas comenzaron a ponerse demasiado calientes. Ella beso mi mejilla y después mi cuello, 

¿Sabría que es mi parte favorita para jugar? 

-Alekssandra, no inicies algo que no vas a terminar.
-Sí, tienes razón-. Respondió distraídamente entras me volvía a besar.

Desabotono mi camisa, el contacto de sus manos sobre mi pecho me hizo gruñir.

-No voy a detenerme está vez Alekss.

Me vio a los ojos, su respiración era rápida, sus mejillas sonrosadas.

-Entonces cállate y deja de portarte como un caballero.

¡Por-la-madre-de-todas-las-palabras!

La levante por la cintura he hice que me rodeada la cadera con sus piernas, no resistí morder su cuello. Lo que provocó que gimiera, y se aferrara a mí con más fuerza. La lleve hasta el sofá, la tendí allí y me recosté sobre ella.

-¿Porque aún tienes demasiada ropa, Frederick?
-Porque no me la has quitado. 

Dicho esto, nuestra ropa prácticamente desapareció. Las carisias se hicieron más pañales, el sentir su piel debajo de mi mano. Su respiración acelerada, su aroma. Escucharlo reír con mis caracas, pedir más, dejarla ser ella misma.

Sentir como su cuerpo se fundía con el mío, fue... Volver al paraíso. Verla a los ojos y saber que era a mí a quién ella veía, era mi piel la que estaba tocando, mi instinto de posesión salió a flote, sentí irá contra los otros hombres con los que compartió su cama. Ella era mía, siempre sería sólo mía.

Pero, no podía marcará, no podía hacer que todos supieran que ella me pertenecía. Tampoco podía decirle lo que sentía por ella, pese a que estaba por salirse de mi pecho.
 
Decidí dejar de pensar y sólo concentrarme en ella, sentiría a mí alrededor, presidir su deseo, escuchar sus gremios. Disfrute de cada rincón de su cuerpo, toque cada sensible rincón. Y desee que el tiempo se congelar, nunca le había pedido nada a los dioses tan fervientemente, como en ese momento.

La mire a los ojos y por primera vez en meses ella me sonrió, estuve a punto de dejar de respirar. Era una sonrisa auténtica, una que me decía que ella seguía allí.

Cuando me separe de ella, me sentí más sólo que nunca. Ella estaba allí y parecía que se había ido a kilómetros, me acerque al escritorio. Últimamente estaba tomando un vicio poco sano para los humanos y, algo inútil para los Lobos, pero era para soportar el estrés.

Encendió el cigarro y me volví a verla, estaba recortado en el sillón sin sentir pena por su desnudez. Me veía de una forma extraña, con el ceño fruncido.

-¿Que sucede anima mea?
-Me trajiste aquí sólo... ¿Para esto?
-Ah no, no me culpes, yo trate de detener esto.

Sonreí, porque me pareció gracioso, pero ella seguía sería. 

-No podías resistirte, ¿Verdad? Oh no, todos tienen que rendirte pleitesía. Saben quién eres pero no lo que eres, ellos crearán cuanto digas por que los manipulas... Tú manipula todo a tú antojo, a tú conveniencia. Seguramente me manipula para que tuviera sexo contigo.

No entendía su irá, ni de donde habían salido tantas estupideces, pero fueron sus últimas palabras las que me rompieron el corazón.

-Tiene razón señorita Vasíliev, le pido que me disculpe. No volveré a acercarme a usted bajo ninguna circunstancia, la dejare en paz definitivamente. Me doy cuenta que nunca voy a recuperar a esa persona que fue mi alma, lo lamento.

Ella comenzó a ponerse su ropa, y ya no quería estar allí o permanecer cerca. Forme mi cuerpo a cambiar, deje que el lobo tomara el control. Cuando volví la mirada a ella, estaba sorprendida. Me gire y salí por una puerta especial que había mandado colocar justo aún lado de la puerta de la bodega, una vez más todo se había ido a la mierda.
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lunes, 9 de febrero de 2015

Capitulo siete.
¿Tú?



Esa noche fue confusa, dolorosa y aterradora…

Después de que todo el mundo “volviera a la normalidad” me reiré a mi habitación, estaba cansada y emocionalmente agotada, de modo que me di una ducha y cene algo ligero. Me metí a la cama esperando que el sueño me reclamara pronto, esto tardo un par de horas pero finalmente me quede dormida. Pero, el sueño me invadió junto con una sensación de desasosiego que no había sentido antes.

No recuerdo el sueño, ni siquiera una parte, una frase o algo, sólo ese sentimiento. Cerca de las tres quince de la mañana algo me despertó, sentía que mi corazón iba a salirse. Trate de conciliar nuevamente el sueño, pero me fu imposible. De modo que me levante de la cama, tome un vaso de leche caliente y me pare frente a la ventana.

No alcanzaba a entender a la manada, ni mucho menos a Frederick Von der Rosen, los primeros me cuidaban todos los días todo el día y podía sentirles cerca. Por el otro lado, él, un tiempo estuvo detrás de mí. Como si fuese el aire que respiraba y ahora…  incluso a quienes si recordaba, quienes habían sido mis amigo se estaban alejando.

No, yo me había alejado. Ellos trataron de permanecer cerca aun cuando todo parecía perdido, me salvaron en muchas ocasiones, siempre estuvieron allí, pero yo los quería lejos. Ahora que estaba sintiendo el verdadero peso de la soledad, quería que al menos uno de ellos estuviera cerca,  de ese modo sentiría que aun pertenecía a algo.

La noche era tranquila, el viento soplaba lentamente, la ventana estaba un poco empañada. Comencé a pensar había una idea, una escena en mi mente de la que no me había desecho o que era parte de mi imaginación…

En esa escena estaba en una habitación, pero no estaba sola, estaba alguien conmigo… estaba entre sus brazos…. Alguien a quien deseaba volver a ver, este era Frederick. Pero, era aquel Frederick joven, relajado, aquel que no tenía la responsabilidad de una raza en sus manos.

Me sorprendí un poco al estar pensando en ello, al estar deseando sentir sus caricias, el calor de su cuerpo. Sabía que ese tipo de deseos no me asaltaban con facilidad, pero también sabía que solo él activaba mi libido a un nivel de frenesí altamente peligroso. Aun así, allí estaba yo, deseando poder regresar el tiempo y ver aquellos ojos castaños y ese cabello negro que se despeinaba con facilidad con el viento.

Pero sabía que eso era algo imposible, más cuando él había cambiado tanto físicamente. El letargo volvió a mi cuerpo gradualmente, suspire pensando en que podría dormir nuevamente, aunque fuera un par de horas, trataría de descansar. Pero al darme vuelta para regresar a la cama…
¿Qué demonios? ¿Acaso era la noche de “cumplámosle un deseo a Alekssandra”?


Estaba debatiéndome entre correr o gritar o simplemente cual doncella aterrada caer al suelo dejando que mis pies quedasen volando. No podía creer lo que estaba viendo. ¿Acaso mi mente estaba jugándome una broma de tan mal gusto? O había perdido completamente la razón… Quizá algo habían puesto en mi cena que me estaba haciendo tener alucinaciones.

Solo eso podía ser, una extraña alucinación.

-Por favor no grites.

Cuatro simples palabras que describían lo que estaba a punto de hacer… Pro no tengo una maldita idea de por qué no lo hice.

-Por favor.

Es que… allí frente a mí, de pie en medio de la incipiente oscuridad de la habitación estaba él, el Frederick a quien yo anhelaba ver.

-¿Es que acaso sigo soñando?-. Mi vos salió más como un susurro para mí que como una pregunta para él. Cuando el sacudió su cabeza, con esa seriedad en sus ojos y esa triste sonrisa en sus labios, sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas.

-Soy yo y estoy aquí por ti, solo por ti.

.En un impulso salido de algún lugar corrí a abrazarlo, deje de lado la razón, la cordura y me entregue a ese hermoso sueño

Corrí hasta él, pero.... Al abrazarlo... No se sintió correcto, como cuando estaba en esa cabaña con Frederick, él que ni siquiera se parecía al que recordaba. Mil alarmas sonaron en mi cabeza, mi piel me pedía que corriera. Pero, algo lo impidió. No supe por qué, pero simplemente permanecí entre sus brazos.

-Anima mea, pensé que jamás volvería a abrazarte, pensé que ni siquiera volvería a verte.
-¿Por qué? ¿Qué te ocurrió? ¿Quién tomo tú lugar? ¿Quién hizo esto?
-No lo sé amor mío.

Un segundo... Ya ser que es lo que estaba mal en esto, él y yo sólo éramos amigos. 

Por alguna extraña razón no le corregía, no externa más dudas, no dije muchas cosas.  

-¿Qué es lo que piensas que pasó?

-Me traicionaron... Toda la manada me dio la espalda, ellos me arrojaron a algún agujero y me dejaron allí para pudrirme-. Su tono de voz fue volviendo agresiva, fría, llena de irá. -Todos ellos, cada uno de ellos va a pagar está traición. 
-Pero…

Se alejó de mí y se paró frente a la ventana, se veía furioso. Pero. ¿Era él?

-Siempre me han obligado a ser quien no quería ser, a tener un lugar en la manada que no seseaba. Todo eso se terminó, me… nos tendieron una trampa Alekssandra. Nos separaron, nos hicieron daño, y me traicionaron.
-Dante jamás lo permitiría, él…
-¡Dante esta segado por su ahora nueva perrita!-. Me interrumpió con furia en su voz. –Él tiene a Iris… quien ahora es uno de nosotros…
-Los humanos no pueden ser convertidos, Frederick.
-Humanos simples y comunes como tú, no-. Sus palabras me dolieron, mucho. Pero no le demostré eso, por el contrario solo sonreí. –Los latentes, esos parásitos mitad esto mitad aquello, ellos si pueden ser convertidos. Dante lo supo todo el tiempo, por ello escogió a una Latente para ser su pareja, porque sabía que cuando él lo deseara podría convertirla.
-Eso que estás diciendo no puede ser... ella…
-¿Por qué crees que se alejó de ti?

El problema era que no recordaba con facilidad, de modo que cualquier cosa que me dijera me parecería honesto. Parte de lo que estaba relatándome parecía estar llenando el hueco en mi memoria, pero al final del día podían ser solo situaciones parecidas a las que viví. ¿Qué podía hacer? ¿Dudar? ¿Creer?

-Según se… o me han dicho fue porque quedo muy mal herida cuando… unas Lobas trataron de matarme.
-Sí, la hermana de Dante y después de eso yo voy y lanzo sobre su padre y su hermano una sentencia de muerte exiliándolos así de la manada. Ahora dime, ¿Crees que él no sería capaz de traicionarme?

Sus palabras eran lógicas, él le había quitado a su familia, ¿Por qué razón Dante no habría de vengarse?

Pero…

-Dante podría tener motivos, pero que me dices de Adrik, de Aleck, de Dimitri o Patricia.
-Patricia fue mí…. “juguetito sexual” por años-. Su respuesta me tomo fuera de lugar, que yo recordara jamás se refirió a Patricia de ese modo, pero de igual forma no dije nada. –Dimitri es pareja de esa perra e irónicamente es hijo de Adrik por lo tanto es sobrino de Aleck, entonces todo eso los convierte en familia. ¿Crees que no se apoyarían unos a otros?
Eso no lo sabía, no había motivos para que me mintiera, pero aun había demasiados miembros de la manada que le amaban y le respetaban. Fui testigo de innumerables muestras de afecto cuando aún estábamos en el instituto.

-El resto de la manada…
-Ellos fueron engañados, manipulados. Los Slavik tiene de su lado a muchas de las casas nobles, su antigüedad les da el poder y la fuerza para hacer algo tan vil con la mano en la cintura.

¿Qué podía hacer? No podía seguir dudando de todo el mundo, él me estaba diciendo las cosas abiertamente, no estaba diciendo “lee ese diario” “pregúntale a él” me estaba hablando directamente, de frente. Además, lo que había dicho tenía sentido y sobre todo si lo analizaba con Calama, tenía razón.

-Pero entonces, si ellos te tenían cautivo ¿Cómo escapaste?
-me tomo mucho tiempo poder hacerlo, estaba débil, herido, confundido y sin fuerza alguna… tuve que recurrir a algunos secretos que me enseño Henrriette para lograrlo.
-¿Dónde te tenían?
-Me enviaron al viejo instituto, estaba encerrado debajo de la torre magisterial.

Entonces se acercó nuevamente a mí, se veía seguro de sí, fuerte, listo para atacar. Tal como lucia todo el tiempo, quizá solo era paranoia mía y este era Frederick, el verdadero Frederick.

-Debemos desenmascarar a ese impostor.
-Se llama Grigori, es hijo de un Bellator muy antiguo que lleva el mismo nombre. Tiene el apoyo de la manada entera, por ello pudieron hacer que tomase a otra mujer como alfa, porque no tiene un vínculo contigo.
-Tenemos que hablar con alguien, debe haber alguien que esté en contra de esto… quizá los humanos puedan…
-ellos no aran nada, no son cosas que les corresponda-. Me interrumpió con amargura en su voz. –Ya no queda nadie en la manada que quiera ayudarnos, han comprado a todos… incluso los nobles han decidido proteger a ese impostor… creo que estoy solo en esto y no sé si tendré la fuerza para luchar contra ellos….

No me gustaba ese tono lastimero en él, pero quizá tenía razón y no había forma… ¿Qué estaba pensando? Claro que tenía que haber una forma de desenmascarar a ese animal, debía haber alguien que aún le apoyara a él.

-No estás solo Frederick, yo estoy contigo y voy a ayudarte a sacar a ese impostor de su guarida.
-Sabía que podía contar contigo Alekss, siempre lo supe.

Esta vez fue él y no yo que propicio el beso. Sus labios estaban fríos al tacto, en realidad sentí… miedo, las emociones que me embargaron en ese momento no fueron para nada lo que habían sido esa mañana.

Un mar de estúpidas ideas y emociones pasaron por mi cabeza, miles de cosas que deje pasar, a las que no les di importancia. Después de un par de horas él se fue, cuando desperté estaba metida en esa enorme cama, y estaba confundida, pensando en si eso había sido un sueño.

Yo ya no tenía mucho que hacer en el instituto, no era alumna, no era maestra, no era guardián, no era alfa… últimamente no era muchas cosas. Me duche y me enfunde en unos cómodos jeans, termine de vestirme y me pare frente al espejo. Me veía más delgada, mis ojos parecían haber crecido. Mi cabello estaba unos centímetros más largo. Mi mirada seguía siendo triste.

Pensé que lo sucedido anoche iba a darme al menos un motivo para sonreír, pero no, seguía sintiendo ese vacío en mi corazón. Deambule por allí, sin rumbo fijo. De pronto recordé algo que él dijo: “Él tiene a Iris… quien ahora es uno de nosotros…” quizá eso era algo que podría comprobar esa misma mañana.

Si bien hacia mucho que no hablaba con ella, podía estar segura de que me respondería. De modo que me dirigí a lo que era la actual casa de La Rosa de luna, yo pertenecía a este consejo, pero últimamente solo de nombre. No interactuaba con ellas, ni siquiera sabía si en realidad seguía siendo miembro

Toque la puerta y espere, pensé que ya no habría nadie, pues finalmente las clases aún estaban en curso, pero me equivoque. Una joven que había visto un par de veces con Iris me abrió la puerta. En si mirada había sorpresa y se debatía entre preguntar o serrar la puerta.

-Vengo a ver a Iris Martínez.
-Ella… está ocupada.
-No te pregunte que estaba haciendo, te dije que vengo a verla, así que o te haces a un lado o te are a un lado.

Si, bien ella era una Loba, era más rápida, y claro que era más fuerte que yo.

-Se encuentra en su habitación, en él puso superior a mano derecha la última puerta.
-Gracias.

Aquella casa era por mucho distinta a la que compartimos en el instituto de aquel país, esta era más como un pequeño palacio digno de un zar. Era algo que yo no habría aprobado por ser tan ostentoso, o quizá… estaba bien era la casa de uno de los consejos de la manada, ¿Por qué no vivir con lujos?

Como la pequeña cachorra me había dicho, la habitación de Iris era la última en el pasillo. Toque la puerta y se escuchó que algo se calló dentro de la habitación, unos pasos presurosos y la puerta de abrió de golpe.

Sorpresa, sorpresa, la puerta no la abrió Iris, lo hizo Dante Landeros.

-Alekssandra, que sorpresa.
-Lo mismo digo, pensé que Iris estaría sola.
-Pues, debería.

Se volvió hacia la recámara, se escuchó un par de besos y salió despidiéndose con la mano, Iris ocupo su lugar en la puerta.

-Hola Alekss.
-Buen día.

Ahora que la tenía enfrente no sabía cómo tocar el tema, quizá no era el lugar ni el momento.

-¿Cómo estás? ¿Qué tal va el consejo?
-No hemos hablado en años y vienes hoy solo a preguntar por el consejo, algo no está bien. Vamos, pasa.

Su habitación era un poco más chica que la mía, pero no fu eso ni la decoración lo que capto mi atención. Libros, había libros por doquier, algunos lucían increíblemente viejos o imposiblemente grandes. En el centro donde estaba la mesa cafetera estaba el mayor montón de ellos. Había demasiados libros abiertos, no me pareció que fueran de “literatura ligera” más bien daba la impresión de un centro de investigación.

-Disculpa el desorden, estoy en medio de una investigación.
-¿Qué investigas?
-Todo lo que Frederick necesite.

¡OH! “Todo lo que Frederick necesite…

-Eso debe ser mucho trabajo… y, ¿Cómo estás? ¿Cómo va el consejo?
-No hemos hablado en años, y has venido hoy, ¿solo a preguntar por el consejo?
-no, es por otra razón la que me trajo, pero no sé cómo abordarla.
-Para saber algo solo existe una forma y es de frente, eso me lo enseñaste tú.
-Sí, pero esto podría abrir una brecha más grande entre nosotros.
-Alekssandra, me abandonaste, ¿Qué más grande puede ser que eso?

Había dolor es su tono de voz, pero, ella no entendía por lo que yo había pasado, todo lo que  estaba pasando en mi vida en ese momento. Sobre todo, ella desconocía la desesperación y el dolor que sentía por no poder recordar lo que pudo ser el año más importante de mi vida. Pero, tenía razón. Si quería saber….

-¿Eres uno de ellos?

En ningún momento sentí que mi pregunta la tomara por sorpresa, que la incomodara o incluso que no la esperara.

-Disculpa, no entiendo a que “ellos” te refieres.
-¿Eres una Loba?
-Ya veo… Esto es delicado Alekss, ¿Quién te lo dijo?
-¿Eso importa?
-Sí importa, quizá sea la respuesta más importante que puedas darme.
-No voy a decírtelo y sé que no puedes sacarlo de mi mente.
-Es verdad no puedo, pero el riesgo que otra persona además del circulo interno que rodea al alfa lo sepa es peligroso. Soy la primera Latente en ser convertida, no fue un proceso sencillo… casi muero y fue por ello que Frederick y Dante tomaron esa decisión. Él no quería verte sufrir de ningún modo, y trato de hacer lo mejor.
-¿Frederick sabía que podía convertirte con éxito?
-Sí, fue él quien se lo propuso a mis padres.
-Y… ¿Dante?
-Dante había perdido casi a su familia, de hecho tuvo que abandonarlos un tiempo después. De modo que creo que fue una forma en la que Frederick encontró para reivindicarse con él. Pero dime Alekss, ¿Quién te lo dijo?
-No… tu… a ti te dieron una vida nueva mientras yo perdía mi memoria…. ¡Dejaron que perdiera mi vida!
-Las cosas no ocurrieron así-. Lo dijo con calma, trataba de acercarse a mí, pero yo me negaba a aceptar ese contacto.- Estas enredando las cosas.
-Tu vivirás por siempre, yo… yo perderé todo lo que soy, me despojaron de todo… ahora ni siquiera soy su alfa… y me dices que él ¿no quería verme sufrir?

Comencé a retroceder, sentía como si alguien hubiera clavado una daga en mi pecho y estuviera retorciéndola, las lágrimas comenzaron a bajar por mis mejillas. De pronto choque con alguien, me rodeo con sus brazos y me inmovilizo.

-Alekss, tienes que escucharme, por favor-. Me pedía Iris con preocupación en su rostro.
-No…no…no…
-Estas entendiendo todo mal.
-No… ustedes… Los Lobos han destruido mi vida. ¿Qué les he hecho para que me hicieran esto?

-Nada fue por ti Alekssandra, tú fuiste la única forma en que mis enemigos encontraron como herirme.

¡Con-mil-demonios! No contaba con que esta perra chismosa le llamaría, pensé que esto quedaría entre nosotras.

-No podías quedarte con el hocicó callado, ¿Verdad Iris?
-No Alekss, esta vez no.
-No la culpes a ella Alekssandra.
-Tienes razón, te culpo a ti Grigori, tú eres el culpable de todo lo que está pasando en mi mundo.
-¿Cómo me dijiste?

Me gruño en el oído y no fue nada agradable de escuchar, sentí como toda mi sangre se helaba.

-No dije nada.
-Oh, no pequeña gatita salvaje. Vienes y agredes a alguien que fue una hermana y ahora te escondes, no. Tú y  yo hablaremos de frente.

Me saco de la habitación de Iris y de la casa del consejo, con la facilidad con la que se saca a un niño. Cuando salimos de allí la gente solo me observaba, y es que supongo que ser llevada en hombros como un costal de papas, por el alfa y en medio de la mañana, era todo un maldito espectáculo.

Me llevo a la oficina del rector, y me dejo sobre un pequeño sofá que tenía en el rincón. Para mi sorpresa no nos encontrábamos solos, había muchas personas allí dentro, pero me llamo la atención ver al investigador humano también.

-Si me disculpan damas y caballeros, tengo algo entre garras que no puedo dejar pasar.
-Pero, estamos en medio de…
-Investigaros, eso va a continuar, pero esto… es más importante que la raza humana y la jodida manada juntos. Ahora, salgan, les llamare cuando termine con esto.


¡Mierda, media, mierda! Estaban saliendo, me iban a dejar sola con el impostor. Trate de ponerme de pie y pedirle ayuda al inspector, pero una sola mira da del animal este me impidió siquiera mover un músculo. Por un segundo pensé que había metido la pata, no, el cuerpo entero en la boca del Lobo.
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