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sábado, 22 de noviembre de 2014

Capítulo cuatro. 
Deseo.




Sigo sin entender por qué mierda fui a ver a Alekssandra, menos entiendo por qué le dije de lo nuestro. Parece que me he vuelto mucho más desesperado, menos tolerante. Pero... Hace demasiados años que estamos separados y ella  es la única de los dos que ha tratado de encontrar en otros lo que teníamos, yo sólo puede soñarla a ella. Incluso cuando estaba en ese oscuro mundo, ella era mi luz, mi fuerza...

Creo que para que llegue ese momento en el que estemos juntos falta mucho, y que aún quedan demasiadas cosas que nos separan. La amo más que a nada, pero aún existe un abismo entre nosotros y no sé si tenga la fuerza para atravesarlo. Además, esta que la manada necesita, lo que les da estabilidad y creo que eso no puedo negárselos.

No debí haber asistido a esa reunión, debí quedarme en la cama viendo al techo o ya de menos una película… Pero no, tenía que hacerle caso a la bola de pelos de Adrik.

Al llegar a la sala de reuniones me di cuenta de la seriedad del asunto al encontrarse allí el consejo de la manada, las cabezas de las casas nobles, incluso tenían montada una vídeo-conferencia con Ewha y su gente. Cuando entre en la sala el silencio invadió el lugar, las miradas se volvieron a mí. Me sentí como si estuviese a punto de pasar un examen y todos esperaban verme fallar.

Sin decir palabra tome asiento solo observando a los presentes, incluso se encontraban allí dos de los muchos hijos de Mikhail a quienes salude con un asentimiento. Me lleve una no muy grata sorpresa al ver a Yurik Vladik.

Una vez que todos tomaron su lugar, esperaban a que yo dijera algo, pero yo no los había convocado. Me percate que nadie se había decidido a hablar.

-Yo no los convoque, de modo que alguno de ustedes díganme ¿Qué hacemos aquí?
-Un poco de buenos modales no te caerían mal, Frederick.
-Supongo que tú los convocaste, Ewha.
-Sí, yo los llame. Porque necesitamos que hagas esto por la manada,

La seriedad en las palabras de Ewha hizo que todos los bellos de mi cuerpo se erizaran, supe que estaban por pedir algo que estaba incluso en contra de nuestro buen juicio.

-¿Qué es lo que tengo que hacer por la manada?

Vi como uno de los más ancianos del consejo se puso de pie, en su rostro había preocupación, temor y note un poco de descontento. No me miro de inmediato, supuse que estaba ordenando sus palabras en su mente.

-Desde que Isidro Taftian nos lideraba… no teníamos la estabilidad que se requería para que la manada fuera fuerte, incluso usted lo sabe mi señor, la manada se dividió. Después llego usted y por poco más de un año tuvimos la fortaleza que necesitábamos para la transición por la que la manada paso. Y de pronto todo eso nos fue arrancado lentamente, fue una tortuosa batalla. Durante casi seis años estuvimos nuevamente por nuestra cuenta, y fue por ello que el consejo tomo el control y como sabe no lo hicimos muy bien.

Entendía perfectamente a los que se refería, tal como la manda canina, nuestra manada necesita de la estabilidad en el alfa, una estabilidad que solo habíamos tenido el tiempo que estuve con Alekssandra. Pero, todo eso ya había desapareció. De modo que en ese momento estaba preguntándome: ¿Qué era lo que estaban a punto de pedirme?

En ese momento otro de los antiguos miembros de la manada se puso de pie.

-Aun cuando encontremos la manera de traer a nosotros a nuestra amada alfa, ella solo estará con nosotros un suspiro de tiempo. Todos estamos seguros de que usted no le sobrevivirá, y eso nos hundirá nuevamente en el caos y la oscuridad.
-Como todos, también tengo muy presente ese hecho. Pero, tengo temor de pedirles continuar.

En ese momento el silencio se volvió algo tangible, pesado y oscuro.

-Necesitamos estabilidad, mi Rabdos. Necesitamos la estabilidad que parece nuca hemos tenido, salvo ese pequeño aliento. Sabes que amo a mi señora, pero… la manada lo necesita, esta vez es por ellos no por nosotros.

Dimitri Ruso estaba sentado lejos de la mesa done estaba el consejo, estaba sumido entre las pocas sombras que brindaba la habitación. Pero fueron sus palabras las que me dejaron helado, fueron claras, frías y verdaderas.

-¿Supongo que tienen una candidata?
-Así es mi señor, ella es la candidata perfecta y es de nuestro más antiguo linaje noble, después del de su familia.

¡Por todos los dioses!

Me estaban suplicando romper el vínculo que tenía con Alekssandra y tomar a una autentica loba como su alfa. Centre mi respiración para calmar todas las emociones que me estaban invadiendo en ese momento, ira, desesperación, dolor, comprensión…

Después de hacer esa pregunta, que era una respuesta para ellos, vi como semblantes de descanso en muchos de ellos, algunos más suspiraron agradecidos de la traición que estaba por cometer.

-Ella es poderosa por derecho propio y la actual cabeza de su casa.

Vi entrar a una mujer enfundada en una gabardina con capucha de color vino, pero no fue necesario que le viera el rostro, conocía su aroma, conocía a esta loba. Ella se dejó caer en una de sus rodillas, un saludo que era más de un guerrero que de un sirviente.

-Bienvenida seas Z.

Se puso de pie quitándose la capucha de la cabeza, sus ojos ambarinos, uno blanco y el otro negro eran un tanto desconcertantes. Ella era una exótica mujer de piel clara y cabello rojo larga y exótica. De no existir Alekssandra, ella habría sido una excelente elección como pareja.

-Mi señor…
-Hablaremos luego, Z-. La interrumpí antes de que dijese algo que no estaba dispuesto a escuchar, entonces me gire a los del consejo. –Por esta noche es todo, ahora debo discutir algunas cosas con Z.
-Pero mi señor, aún existen cosas que…
-Ya escucharon a su alfa, le han pedido que se arranque el corazón, ahora déjenle respirar un poco.

El gruñido de Dimitri expreso el dolor y la furia que yo estaba sintiendo, los miembros del consejo se pusieron de pie haciendo una ligera inclinación de cabeza. La transmisión de video se terminó, bastaron unos minutos para que dejasen vacía la habitación.

-¿En qué demonios estabas pensando para ofrecerte de voluntaria Zafiro de Poniente?

En otro momento habría reído al escucharla gruñir por utilizar su sobrenombre, pero en esta ocasión estaba más furioso que ella.

-¡Tenía que hacerlo, lo hice por ella!

¿Qué demonios estaba diciendo?

-Habla claro, Z.

Suspiro un par de veces antes de devolver su mirada a mí.

-Sé que no soy una noble, de esas de esas que solo piensan en su lugar dentro de los rangos sociales más elevados, y en toda esa superchería superficial, soy más bien del tipo guerrero…
-¿Quieres aclarar las cosas de un puta vez?

No pretendía gritarle, pero en ese momento me domino la ira y la desesperación por la situación.

-¡Lo hice por ustedes... Por ella!

¿Qué demonios había dicho? Saquen iba a creerme que ella está haciendo esto por Alekssandra?

-Z, ¿De qué demonios estás hablando? 
-Sí no lo hacía yo... Lo aria cualquier otra. El riesgo era que se ofreciera una de esas Lobas estúpidas pretenciosas, que no sólo decían ganar el poder para sí, también odian a mi señora sería un grave error.

Ella decía la verdad, ya habían demostrado cuanto eran capaces de odiarle. Incluso ese acto de irá le había costado la vida a la hermana Dante... A quién yo mismo elimine.

-¿Etas segura de que es la respuesta correcta? La manada espera que hagamos algo con respecto al vínculo y...
-Lo sé, ella es más que tú corazón, ella es tú alma-. Me interrumpió con toda la seguridad de que lo que decía, así era. -Yo no quiero que términos tú vínculo con ella, pero sí no logras que ella te acepte aún sin recordarte... Está farsa no podrá seguir y el consejo te obligará hacer algo.
-Quiero ver que lo intenten.
-No puedes ponerte en contra de la manada en esto, ellos sólo te piden...
-Exigen-. La interrumpí.
-Ok, está bien, exigen. Pero, al final de cuenta es lo que debe ser y eso hasta tú lo sabes.

Tenía razón, en el centro de mi esencia Lunita era lo correcto darle a la manada una pareja alfa fuerte y sólida era lo que se esperaba. Por el momento yo no podía entregarles eso, incluso yo mismo estaba inestable en mi situación. Para mí era una tortura cada mañana y ver ese rostro que me miraba en el espejo y darme cuenta de que no era el mío.

Y encima de esto estaba todo lo demás, los problemas de la manada, no solo entre ellos, también los que se suscitaban con los humanos, con las escuelas que se había ido aperturandose en mi ausencia en muchos países del mundo, los problemas que causaban los cazadores… no estaba seguro de poder soportar algo más.

Pero, me había caído esta bomba. Esta vez no era algo que pudiese controlar si explotaba, podrían pasar miles de cosas y podrían todas ellas ser tan perjudiciales para la manada, como el que no hiciera nada.

-¿Qué es lo que sugieres, Z?

La vi caminar en silencio de un lado a otro, seguramente tratando de ordenar sus ideas o buscando como decir las cosas que seguramente no me gustarían.

-Debes reconquistarla, y debes hacerlo antes de la siguiente celebración de las ocho casas.
-Eso es en un par de meses, me queda muy poco tiempo.
-Yo voy a ayudarte, pero debes confiar en mí.

¿Qué otra opción tenia?

-Muy bien, te escucho.

Las ideas de Z no eran tan descabelladas, eran cosas sencillas que podía hacer día a día, pero, primero debía disculparme con Alekssandra por haberla alterado como lo hice. No debí tratar de apresurar las cosas de ese modo, debí dejar que todo fluyera lentamente… pero ahora…

¡Por todos los dioses! Tenía que correr y eso era llevar las cosas con mi alma más rápido de lo que ella podría soportar. Solo esperaba que esto no la alejase más de mí.

La encontré sentada en el comedor del instituto, parecía que había estado comiendo una ensalada y ahora estaba concentrada en su lectura. La forma en la que la luz de las lámparas en las paredes de esa magnífica construcción de roca la iluminaba, me dejo sin respiración por un minuto. No pude más que contemplarla y darme cuenta de lo mucho que ella me atraía.

-Necesito hablar contigo.
-¡Por el amor de dios! ¿Para hablar conmigo tienes que provocarme un infarto? Se supone que los que no hacen ruido al caminar son los gatos o ¿Es que quieres que te regale un par de cascabeles para tu cuello?
-Lo lamento, no era mi intención.
-No es para que tengas esa cara Frederick, solo era una broma.
-Bien, vengo a disculparme por lo de hace un par de horas, no debí haber actuado de esa manera.
-¿No te gusto el seducirme?
-No debí hacerlo.

La expresión de su rostro era todo un poema, incredulidad, sorpresa.

-¿Ya no sonríes? ¿No eres capaz o no te causo gracia?
-Lo lamento, no soy la misma persona.
-Sí, de eso ya me he dado cuenta. Pero, no era necesario que te disculparas.
-Sí, lo es.
-¿Por qué? De igual forma vas a hacer lo que te plazca conmigo, así lo hiciste siempre, ¿No?
-¿De qué hablas?
-Hablo de que mientras jugueteabas conmigo en tu cama, lo hacías también con Patricia.
-Supongo que estas en esa parte del diario.
-Eres un cínico.
-continua tu lectura Alekssandra, tú estabas al tanto de ello y aun así aceptaste ser mi amante.
-¿Sera acaso que usaste la compulsión en mí?

Esa pregunta no solo era ofensiva y ensuciaba todo lo que ella y yo habíamos tenido, era un puñal directo a mi corazón.

-Escucha bien esto Alekssandra Vasíliev, la única vez que he usado la compulsión en ti, fue cuando te aleje de mí, porque un cazador me obligo a hacerlo. El motivo de que yo usase la compulsión era porque ese hijo de puta iba a entregarme las cosas que mi madre me había enviado y por si no lo has leído en tu estúpido librito, ella se suicidó para poder traerte de regreso. Ahora me pregunto ¿Sera eso lo que realmente deseo? Ya no eres ella y ese ya no soy yo. Quizá lo mejor sea dejar que las cosas entre nosotros mueran de una puta vez

Me dila vuelta para marcharme.

-No quería ofenderte, Frederick.
-No mal interpretes mi molestia Alekssandra, no me ofendes.

Me aleje de ella antes de que pudiese decir algo más, no quería esperar a que dijera algo que echase por la borda mi deseo de recuperarla. No la culpaba por dudar de mí, después de todo ella solo era una humana, y susceptible a la compulsión de los Lobos. Pero solo esa vez me había visto obligado a usarla.

Camine por los alrededores del instituto, solo pensando, tratando de aclarar mi mente. No había conseguido un segundo de paz desde que había regresado y sentía que nunca más encontraría esa paz que había perdido. Sentía como si alguien hubiese tomado mi vida y le hubiera dado unas cuantas pasadas por la batidora y después me la hubiera entregado para armar el polvo en otra pieza, en donde nada encajaba.

Comencé a sentir la presión en mis huesos, cada vez era más difícil ignorar al Lobo dentro de mí, no me había transformado desde que había despertado. Era como si esa parte de mí no hubiese dormido jamás, y ahora era peor que en cualquier otro momento. Tenía miedo de permitir que surgiera el cambio, pero no podía seguir negándomelo.

Me concentre en solo sentir eso, en como mis huesos se contraían, expandían y se transformaban, como mi piel comenzaba a caerse a pedazos y daba paso al pelaje lupino. Pude sentir como todos mis sentidos se agudizaron, el pasto húmedo y helado debajo de las almohadillas de mis patas. El frio aroma del invierno que se aproximaba inundo mi nariz, el viento acariciaba cada pelo de mi canino cuerpo.

Fue exactamente como había estado deseando que fuera, fue una bocanada de libertad, de paz y sobre todo de claridad. Estire mi espalda lo más que mis músculos me lo permitieron, relaje mi cuerpo y me prepare para llamar a los míos, necesitaba correr, correr hasta desfallecer y quizá después de eso corre un poco más.

Del fondo de mi garganta salió un aullido, el que llamaba a los más cercanos a mí a mi lado. Comencé a correr hacia el espeso bosque, no tardaron mucho en unirse a mí. Algunos en su forma de lobo, de Custos o Bellator, no importaba, solo corríamos uno al lado del otro. Quizá dentro de ese bosque encontraríamos a algún conejo o un animal pequeño y nos daríamos un festín.

Cuando logre regresar a mi habitación habían pasado cerca de dos días, corrimos hasta la frontera y de regreso. Solo nos deteníamos a cazar y comer, así que al llegar al instituto estábamos exhaustos. Al entrar al territorio de la escuela me percate que Patricia Caballero e Iris Martínez estaban allí, esperando a Dimitri Ruso y a Dante Landeros respectivamente.

Sentí una punzada de verdaderos celos, y eso comenzó a formar algo oscuro dentro de mí, pero en ese momento lo ignore. Entre a mi habitación y me dirigí al baño, una ducha helada revitalizaría mi cansado cuerpo. Al salir envuelto en la toalla me di cuenta de que Alekssandra estaba sentada en la cama observándome.

-¿A dónde te los has llevado?
-Eso no te importa.
-¡No seas grosero Fredy!
-No, tú no eres ella, no tienes derecho de llamarme así.

En el momento en que ella me llamo “Fredy” desee que fuera esa mujer de la que me enamore, que por un segundo fuese ella.

-¿Ni siquiera una buena casería te sirvió para calmarte?
-Sabes perfectamente que me serviría para calmare.
-¡No voy a acostarme contigo!

Me gire y me dirigí al armario, quería salir de allí, por alguna extraña razón.

-¿Por qué me enviaste flores o?

¿Flores? ¿Enviar? ¿Yo?
¡Z!

-Porque quería disculparme contigo por lo del otro día, y alguien me dijo que esa es la mejor forma de hacerlo.
-pero te portas como un perro gruñón al segundo de verme.
-Tú me ofendes al instante en que me presento ante ti, y de los dos solo yo me he disculpado.

Sus mejillas se tiñeron de rojo, se veía sensualmente apetecible, pero no iba a hacérselo saber.

-Tienes razón, pero fuiste tú quien me trajo a la fuerza, así que tengo el derecho de ser grosera por un tiempo.
-Bien, te concederé eso.
-Vez Frederick, como si podemos llevarnos bien.
-Si lo veo Alekssandra.

Después de que dije su nombre su semblante se tornó serio dubitativo.

-¿Por qué me llamabas anima mea?
-Es latín, quiere decir “mi alma” eso es lo que eras.
-¿Ya no lo soy?
-No, si tu no deseas serlo.
-¿Que te hizo tomar esa decisión?

¿Estaba enojada acaso? Si, lo estaba y mucho aun cuando trataba de ocultarlo.

-Que tú no deseas ser parte de mi vida nuevamente Alekssandra, no como yo deseo que lo seas, pero sigues siendo parte de la manada.
-Pero… ¿Estas dejándome fuera de tu vida?

Mientras me hacia esa pregunta le hice señas con la mano para que se volviera y me permitiera cambiarme, además de que no quería que viera la respuesta en mis ojos, prefería que creyera lo que ella quisiera.

-No Alekssandra, como te dije, no puedes quedar fuera de mi vida, porque sigues siendo parte de la manada.
-Ya veo.

Escuche sus pasos volviendo a la cama, se dejó caer perezosamente en el colchón, mientras lo hacía yo comenzaba mi plan.

“Ven por mi”-. Le ordene a Z a través de la senda telepática que compartía con ella.
“Mandón”

Había una enorme ventaja al ser el alfa de la manada, podía contactar con cada uno de los lobos de la manada. En este caso iba a utilizar todas las armas a mí alrededor, o ella cedía o la atraparía, pero de igual forma ella seria mía de nuevo.

A los cinco minutos se escucharon tres golpes en la puerta principal, solo yo sabía perfectamente quien era.

-Pase-. Ordene desde detrás de las puertas del enorme armario.

La puerta se abrió y la entrada de Z no pudo estar más que sincronizada, justo en el momento en que me volví hacia ella.

-¿Estás listo?
-Si Z, estoy listo.
-Bien vámonos, mis padres se mueren por verte otra vez.
-¿Te vas?-. Interrogo Alekssandra desde la cama, fingiendo desinterés en su tono de voz.
-Sí, tengo una cita y no quiero llegar tarde.

Con paso casual, y movimientos que parecían felinos Alekssandra se acercó a nosotros. Ella no se percató de la sensualidad que se desprendía de ella, y que aria palidecer a cualquiera.

-¿No vas a presentarnos?

Z sonrió tiernamente.

-Soy Z, su cita.
-¿Supongo que “Z” es por zorra?

Si no conociera a Z me habría preocupado, pero esa pregunta la había escuchado un millón de veces a través de los siglos, actualmente ya no le importaba.

-No pequeña humana, es la inicial de mi nombre Zirith, bueno fue un placer hablar contigo, pero mis padres nos están esperando para comer, Frederick.
-Alekssandra discúlpate con Z.
-Déjalo así Frederick, no me molesta.
-Vez no le molesta.

Me acerque a ellas, y me pare frente a Alekssandra.

-Compórtate porque es ella quien ocupara tu lugar, así que se buena con ella y respétala, de una u otra forma tendrás que hacerlo.
-¿Qué?
-Voy a entregarte la libertad que tanto anhelas Alekssandra.
 El color en su piel desapareció, trato de fingir una sonrisa pero fallo miserablemente. Le rose el brazo como despedida y Salí de la habitación serrando la puerta tras de mí. Sé que mis palabras resonarían por mucho tiempo en su cabeza después de que me marche.

-Eso no fue lo que acordamos-. Me reprocho z tan pronto entramos a mi oficina.
-No, pero este es mi juego y todos juegan bajo mis reglas.

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