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sábado, 25 de octubre de 2014

Capitulo tres.
Pasado.



Esta vez esos sueños extraños se convirtieron en pesadillas, ellos… no, él. Si, él me había encontrado y me había llevado lejos del mundo que conozco, el mundo en el que me siento segura. Desperté en una gran cama de dosel, las cortinas de color vino estaban cerradas dándome un poco de privacidad, nada olía a mi… todo era de ellos, los Lobos me habían traído al centro neurálgico de su manada. Sin saber, podía asegurar que estaba en el Instituto Cruces y Rosas de Rusia, donde vivía y comandaba Frederick Von der Rosen.

El maldito perro me había traído a sus dominios, ¿Por qué no me había dejado donde estaba? ¿Porque era yo tan importante para ellos? Sé que nadie responderá las dudas que tengo, no lo han hecho o será acaso que no me he atrevido a preguntar. Solo me he dedicado a correr de ellos, a verlos como lo que son “mis carceleros”

No sé qué fue lo que me hizo para traerme aquí, solo sé que no vine aquí por voluntad propia… quizá fue una compulsión, podrás ser… pero solo que después de que me dijese que me traería no recuerdo más, como si me hubiese desmayado.

¿Qué sentí al verlo?

¡Por Dios! El saberlo vivo fue un shok, pero el verlo tan distinto a como lo recordaba… Me fue difícil confiar en que este gigantesco hombre que entro en mi habitación fuese él, ese él que estuve buscando en otras personas por cinco largos años. Pero, la calidez de su boca, el sabor de sus labios… eso no me mentiría, es él. Siempre me pregunte, si las cosas habrían sido distintas de no haber insistido en solo ser su amiga o de verdad nunca le interese.

-Sé que estas despierta, puedo oírte pensar.

¡Mierda!

-¿Cuánto tiempo llevas allí Frederick?

¿Cómo es que no me di cuenta de que había alguien más en la habitación? Puede haber estado hablando en voz alta y el sabría exactamente el tipo de confusión que me causa, es injusto no poder percibir su aroma como él capta el mío.

-Desde que te trajimos a casa.
-Esta no es mi casa-. Le interrumpí, de pronto las ropas de cama me parecieron demasiado pesadas, lo que me obligo a levantarme de la cama y enfrentarlo. –Debiste dejarme donde estaba, allí me encontraba muy bien…
-Con todos esos hombres saliendo de tu cama en los últimos tiempos ¿No?
-¿Qué? ¿Es eso lo que te molesta? ¿Que tuviese más de una pareja y tú no estés en esa lista?

¡Oh Dios! Su sonrisa es más aterradora ahora, sus colmillos son visibles todo el tiempo, es como un perro gruñón.

-¿Quien dice que no estuve en tu cama, entre tus piernas, Alekssandra?
-¿De qué demonios estas diciendo? Claro que no has estado en mi cama.
-¿Qué te da esa seguridad?
-Por qué lo sabría, esto es una estupidez.

Se levantó del sofá cercano a la chimenea donde supongo paso la noche por la manta en el suelo, no parecía que hubiese dormido allí, su traje no lucía una sola arruga. A diferencia del chico que conocí, este hombre vestía de una manera forma distinta y le sentaba muy bien. Cuando comenzó acercarse a mí, pensé en huir, pero me di cuenta que no tenía a donde correr y no podía hacerlo más rápido de lo que él podía moverse.

-¿Cómo podría ser una estupidez si no recuerdas un año y algo de tu vida?
-¿Cómo sabes eso?-. Mi voz salió como un susurro, yo no tenía ni idea de que ellos sabían mi condición, yo pensé que solo mis doctores… -Los sanadores no tenían derecho a hablarte de mi amnesia.
-Los sanadores… yo los traje a ti cuando comenzaste a perder la memoria, cuando comenzaste a olvidarme.

En ese momento sentí mi cuerpo congelarse y el aire se negaba a entrar en mis pulmones, nada de lo que estaba saliendo de su boca tenía sentido, era como si me hubiese desmayado y despertado en un mundo alterno donde existió un “nosotros” y del cual yo no tengo idea.

-¿De qué…
-¿De qué estoy hablando? Del pasado Alekssandra, del pasado, de uno que compartimos tú y yo.
-Eso nunca paso.
-¿Estas tan segura de ello?
-¡Claro que lo estoy! De lo contrario yo…

¿Yo que? No podía estar segura de nada, había perdido más de un año de mi vida, no podía recordar nada, si, había cosas que me parecían familiares pero no más. No podía decirle que estaba segura de que nunca habíamos sido tan siquiera amigos si no recordaba, pero podrás ser que él estuviera mintiendo para burlarse o no sé, algo perverso. Después de todo así era él, un ser perverso que se había deleitado haciéndome creer cosas que jamás habían existido, ¿No?

-¿Lo recordarías?
-Eso es cruel.
-Me disculpo por ello Alekssandra, pero, ¿Si no recuerdas una mierda como puedes asegurar que miento?
-Tampoco puedo creer ciegamente en ti.
-No te pido que creas ciegamente, pero si te pido que veas a tu alrededor, que reconozcas que tenías una vida distinta  a la que piensas, a la que imaginaste.

Por un segundo me pareció ver un atisbo de desesperanza en sus ojos, pero al segundo mismo que creí haberlo visto, este desapareció. No me quedo claro si estaba ocultando sus emociones de mi o de él mismo, pero seguramente si me demostrase algo se sentiría vulnerable. Del bolsillo de su chamarra saco un pequeño libro de piel color caoba, estaba atado con cuatro finas cadenas que lo cerraban. Como muchas cosas me precio familiar, pero no sabía si mi mente me engañaba.

-¿Qué es eso?
-Es tuyo, tu diario de esa época.
-¿Por qué demonios lo tienes tú, Frederick?
-No lo tenía yo… uno de mi Lobos pensó que era mejor ocultarlo para que no te hicieras daño tratando de recordar lo que ya no podías.
-¿Me lo das ahora para qué?
-Solo quiero que… Tómalo, si no crees en mí, cree en ti misma.

Tendió el diario para que yo lo tomara, no sabía si esa era una buena idea, pero seguramente de todas maneras iba a abrirlo y leer el contenido en sus páginas. Quizá después de que lo leyera podría entrarle un poco de cordura a mi cabeza, quizá algunas cosas se aclararían, quizá todo podría ser, pero… iba leer sobre una parte de mi vida que no recordaba, sobre algo que no sabría si era real o una mera ilusión.

-¿Esperas algún tipo de respuesta después de que lo lea? ¿Qué te meta en mi cama como alguna vez lo insinuaste?
-No busco ninguna de esas cosas…
-¿Acaso solo quieres meterme en tu cama para ver quien de mis amantes te supera?

Tarde me di cuenta que no debí decir esa estupidez, un gruñido grutal salió de su garganta, vi cómo se alargaban sus colmillos y sus ojos se pusieron más claros de ser posible. En un parpadeo lo tenía parado frente a mí, solo una brisa nos separaba. Podía ver como se abrían y serraban sus fosas nasales al respirar, sin duda estaba tratando de controlar su furia.

-No me obligues a hacer algo que no deseas hacer, no en este momento.
-¡Nunca llegara ese momento, jamás!
-Bien, entonces esperare hasta que tú me supliques que venga a ti. Serás tu misma quien me ruegue porque me meta en tu cama.
-¡Bastardo engreído!-. La ira por sus palabras me hizo desear abofetearlo.

Estaba su mirada clavada en mi rostro, entonces pensé que este sería el momento adecuado. Trate de reunir toda mi fuerza en mi mano, quizá no era uno de ellos y no le aria mucho daño, pero lo aria arrepentirse de sus palabras. Levante mi mano en dirección de su rostro, con toda la fuerza y rapidez que pude reunir, pero, no fueron suficientes. Con su mano tomo mi muñeca, retorciendo mi brazo hacia mi espalda.

-Solo te aras daño mujer.

¡Maldito-hijo-de-puta! Se estaba burlando de mí, eso me hizo enojar aún más.

-Suéltame y sal de mi habitación…
-¿O que cariño? ¿Vas a golpearme?
-Gritare.
-Y ¿Seguramente alguien vendrá en tu ayuda?
-Sí, alguien te detendrá.
-Vamos a ver, Gritaras que te estoy haciendo “algo” con la esperanza que cualquiera de mis Lobos irrumpa en la habitación de su alfa, solo para proteger a la única persona que esta sobre ellos mismos, ¿Que se pondrán en contra mía por ti?

¿Qué acababa de decir? ¿Cómo era eso de la única persona que estaba sobre ellos mismos?

-Lo… Lo aran…lo sé.
-Y se arriesgaran a matar a su reina y a perder sus vidas… si eso crees entonces grita-. Su mirada se volvió glacial, la sonrisa que había estado perfilada en su boca se volvió cruel, todo el aire a nuestro alrededor tomo un tono siniestro. –Grita y suplica que les perdone la vida por atreverse a irrumpir en los dominios de su Alfa.

Sin duda, este hombre no era el Frederick que yo recordaba de ese año en el Instituto, este era volátil, era aterrador y sin duda mil veces más peligroso. Ambos sabíamos que no gritaría, yo sabía que no podría enfrentarme a él, nunca le ganaría en una batalla en su territorio. De modo que tiene que ver su juego para formar una estrategia.

De ningún modo iba a permitir que me engatusara con cuentos de mi pasado y me encerrara en una jaula, no podía confiar en nada que saliera de su boca. Respecto a ese  diario, él podía jurar que era mío, pero yo no estaba segura de nada.

-Eres cruel.
-¿Lo soy?
-No puedes retenerme contra mi voluntad, no puedes obligarme a hacer algo que no deseo hacer. No soy nada tuyo, no pertenezco aquí y no soy un juguete.
-Eso del juguete lo podemos arreglar.
-¡Maldita sea Fredy suéltame! No quiero estar aquí y sobre todo no quiero estar conti…

Me di cuenta que había dicho algo que en mi sano juicio no habría dicho jamás, le llame “Fredy” en el momento que lo dije me sonó tan correcto, como si fuese un juego. Pero, el gruñido que emergió de su garganta me hizo saber que me había equivocado.

-Alekss, Alekss, Alekss voy a tener que castigarte por eso… déjame pensar el modo en que me deleitare contigo.

La forma en que me observaba en ese momento me hizo sentir confundida, incluso podría decir que me hizo sentir un tanto mareada. Sus ojos tan fríos y sus labios tan cálidos, detrás de ellos sus afilados y desgarradores colmillos. Su piel seguía siendo suave, invitadora y el calor que emanaba de su cuerpo estaba haciendo estragos en el mío. Levante mi mano y con mis dedos le retire un mechón de cabello de la frente que caía sobre sus ojos.

Le vi serrar los ojos, de alguna manera supe que disfrutaba sintiendo mi toque. Deslice mi mano por su mejilla hacia su nuca, tuve que contener la respiración, por alguna extraña razón mi corazón estaba acelerado. Hundí mis dedos entre su cabello y atraje su cabeza hacia mí. Su respiración estaba tan controlada, todo él estaba en calma.

Tenía su rostro a escasos centímetros de mí, podía sentir su respiración pausada. Sus labios estaban cerca de los míos, pensé que no solo él disfrutaría de este momento. Por un segundo, me di cuenta que esto lo había deseado por muchos años. Me sentía como un vagabundo abandonado en el desierto y sumamente sedienta, entonces… abrió sus ojos de golpe y detuvo su cabeza.

-Esto no va a pasar Alekssandra Vasíliev, no pasara a menos que supliques que te bese.

Después de sus crueles palabras me empujo a la cama, yo estaba desconcertada. Nunca nadie me había rechazado, jamás… en los años que podía recordar, incluso después de esa noche en que nuestros caminos se alejaran.

-¿Por.. Por qué?-. Le pregunte viendo el diario sobre la cama.
-Porque no es lo que deseas hacer.

Después de eso no dijo más y me dejo sola con mi confusión y mis pensamientos, además, con mi ego mortalmente herido.

-Frederick, el consejo te está esperando.

Él escuchar la voz de Adrik Slavik me tomo por sorpresa, me di cuenta de que Frederick aún no había salido de la habitación, estaba justo en la puerta.

-¿Quién los reunió?-. Le gruño, su tono de voz hizo que los bellos de mi nuca se erizaran.
-Los reunieron las familias de las casas nobles.
-¿Qué mierda quieren ahora?
-Debes averiguarlo lobito.
-¡Adrik!
-Solo ve Frederick… ¿Qué pasara con la señorita Vasíliev?
-Ella no es una prisionera aquí, puede ir y venir a donde le plazca y comunicarse con quien desee, pero en el segundo en que trate de escapar la meteré en una jaula.

La mirada de Adrik me hizo saber que no estaba de acuerdo con las palabras de Frederick, pero su respuesta me indico que incluso lo aria él mismo si le daba motivos.

-Como ordene mi señor.

¿Qué había dicho?

De modo que no era yo una prisionera, pero me podría convertir en una en el segundo en que él chasqueara los dedos. Le vi alejarse, estuve tentada a ir tras él, pero la negativa que Adrik me dio con su cabeza me hizo detenerme.

-Adrik.
-¿Sí mi señora?
-¿Puedo hablar un momento contigo?

Clavo sus ojos en mí, como meditando mi petición.

-Sólo un minuto o el lobito va a querer masticarme las pelotas.
-Está bien, será rápido.

Entro en silencio y se sentó en el sillón que estaba junto a la ventana, me hizo una seña para que me sentada en el sillón de enfrente. Dudaba que esto fuera una buena idea, pero no tenía nada que perder.

-¿Que quiere saber mi señora?
-No lo sé, con exactitud, tengo un año de mi vida perdido.
-Sólo tiene que hacer la pregunta que tienes en mente.

La pregunta que tenía en mente se dice tan sencillo....

-Yo... ¿Entre Frederick y yo hubo algo?
-La respuesta la conoces, pero lo diere de todos modos para que quedé claro. No solo existió algo entre ustedes, ese algo aún existe, es inquebrantable aun cuando tú vida mortal termine. Pero, tienes que encontrar la manera de recuperarte y recuperar lo que tenían. Es deber de ambos devolverle la estabilidad a la manada.

Sentí mi corazón aclararse con cada palabra suya, en el fondo eran palabras que necesitaba escuchar. También eran palabras que me confundía y me aterraban, la cosa era que sí no había creído en Frederick, tendría que creer en Adrik o en lo que fuese que dijese ese estúpido diario.

-No sé qué hacer...
-Puedes comenzar teniendo fe.

¿Tener fe cuando todo a mí alrededor era un puto caos?

-Fe, se dice demasiado fácil, pero requiere de mucho...
-Lo sé, requiere de grandes sacrificios, confianza en algo o alguien más que ti misma, requiere valor.
-¿Qué fue lo que me ocurrió?

Sé que mi pregunta lo tomo por sorpresa, pero me di cuenta que trataba de decirme la verdad sin revelar mucho.

-Hace años la misma mujer que te hirió y causó la amanecía, hirió a mi gemelo... Pero, a él se lo llevó a un lugar más oscuro, más lejano. Imagina, hemos estado juntos por más de seis mil años. Y ahora... He buscado por cualquier lado la solución, una pequeña respuesta. Pero... En tú caso creo que Frederick es el único que sabe qué hacer, pero creo que lo ha olvidado.
-¿Cómo pudo olvidarlo?
-Creo que después del ataque que sufrió la noche en que se inauguró las casas nobles.

Esa noche fue... Esa noche nos marcó a ambos para siempre.

-¿Que le ocurrió realmente?
-Esa respuesta no puedo dártela, tendrías que preguntarle directamente a él.
-Sé que no va a responderla.
-Eso no lo sabemos, trata de acercarte a él, has preguntas, corrobóralas. Date tiempo de conocer tú nueva vida, de comprender tú pasado.

Dicho esto me dejó sola, pensando en sus palabras, pero sobre todo queriendo saber que me había pasado. Por primera vez en más de cinco años. Quería saber que había pasado ese año de mi vida, quería saber quién había sido, y por qué me había ocurrido esto, realmente quería saber.

Desganada volví y me hundí en la cama, no supe por cuanto tiempo, solo me di cuenta de que las luces exteriores se encendieron. Encendí la luz del buro a mi derecha y tome el diario, era momento de desengañarme o atraparlo en su mentira.

El corazón se me rompió en mil pedazos cuando reconocí mi letra en la primera página…

“De la mano de Alekssandra Vasíliev.

Este diario lo comienzo sabiendo dos cosas, la primera, fue él quien me ha salvado de ese pervertido. Esa tarde vino a mi rescate, quizá porque lo llamaba en mi mente, quizá por coincidencia, pero él llego. La segunda, que es capaz de matar por mí.

Apenas hace un par de hora ha sido el entierro de Matilda, después de que ese malnacido le arrancara la vida. Me siento culpable por ello, pero… No puedo mirar atrás, debo dejar partir el recuerdo de mi amiga, el dolor que su muerte me causa y apoyar a Iris para que continúe.

Pero mi pecado más grande lo he cometido esta noche, en contra de mi buen juicio, en contra de mi decisión de mantenerme lejos de él, hice todo lo contrario.

Fui a él y estuve a punto de obligarlo a estar conmigo… me hizo sentir como una estúpida porque me rechazo, pero me di cuenta que tenía razón. Las cosas entre nosotros no deben cambiar, no somos de la misma raza, somos de estatus distintos…

Pero maldita sea, Frederick Von der Rosen voy a alejarme de ti antes de que mi corazón se estrelle contra el muro”


Después de leer esa primera página me quedo claro que Frederick Von der Rosen era una persona que estaba acostumbrada a rechazar, por lo menos a mí. Pero tome la decisión de no permitir que la historia se repitiera sin importar lo que dijese ese diario más adelante. Yo ya tenía una vida, una en donde él ya no estaba y nada iba a cambiar eso.
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