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sábado, 12 de abril de 2014

Capitulo treinta y cuatro.

Alfa.




Leer el diario de la autonombrada reina de los lobos no, nos llevó mucho tiempo, las perversidad allí descritas eran aterradoras. Sin duda Isidro y ella más que pareja perfecta, eran los rivales más perfectamente jamás creados... Ambos me hacían vomitar. Pero lo más lamentable era que en esas bizarras páginas no hubiera absolutamente nada, pero nada que nos sirviera. Esto era frustrante y agotador, teníamos que encontrar su  punto débil y hasta ahora parecía no tenerlo.

Pero algo había aprendido de la lectura de esos malditos diarios, era que mi raza era una raza enferma de sangre, podrida y corrupta, desde que los Taftian tomaran el poder. Aun que, ahí un lugar en el que podía investigar… y que siendo honestos… Me aterrorizaba la idea de ir. Pero no tenía otra alternativa, tenia que hacer lo posible de que fuera dentro de las siguientes veinticuatro horas. Tendría que asistir a la casa de los Bellator, y tendría que enfrentar a mis “parientes”… quien sabe, quizá podría entender quien era realmente.

Debo decir que había tomado la decisión de ir paso a paso, para comenzar:
* Tenia que recabar toda la información posible, y actuar en consecuencia de ello.
Una vez resueltas las cosas aquí, entonces si podría poner a tensión a lo más sencillo: Los Venantium. Finalmente ellos habían sido enemigos de mi raza por siglos, sin duda seguirían siéndolo, quizá, incluso después de mi. Una vez pasado este punto, tendría frente a mí. Alekssandra era mortal, y yo… yo no podría vivir sin ella, sin ella, ya no queda nada para mí. No habría un sucesor, eso podría hacer que la manad se tambaleara e incluso podrían destruirse.

Pero por lo pronto mi prioridad era la maldita puta esa que se sentía con derecho sobre la manada…

Esta mujer no solo estaba amenazando a mi gente, estaba amenazando lo mas importante en mi vida, por ningún motivo podía dejarla vivir, bajo ninguna circunstancia. Le había estado dando vueltas a una idea en mi cabeza por esos días, quizá encontraría algo en donde todo esto comenzó y tenia la impresión que solo había un puñado de personas que lo sabían. Tendría que ir a la casa de los Bellator, tendría que afrontar el pasado de mis padres, tenia que afrontar de donde descendía yo.

Salí de la habitación donde habíamos estado reunidos desde hace reato, hablando sobre el mismo tema que los había acosado por tanto tiempo. Allí me entere de muchas otras cosas, como que no era la única parte de la manada que había estado bajo el yugo de algún lobo loco con sueños de grandeza. La manada se había separado por el hecho de que Isidro Taftian siempre los ignoro, pedían ayuda y el les volvió la espalda.

Parecía que cada vez que doblaba en una esquina me encontraba mas cadáveres mal escondidos del pasado líder de la manada, pero eso era de esperar, tubo siglos si nos es que miles de años para arruinar las cosas hasta este punto. En ese momento una revelación llego hasta a mi, por mas que quisiera aceptarlo o negarlo las cosas tenían que ser así.

No podría dejar a la manada bajo ninguna circunstancia, y no había forma de tener a Alekssandra en mi mundo.

¿Cómo mierda iba a afrontar eso?

El futuro de mi vida pintaba para volverse una mierda, definitivamente necesitaba hablar con alguien que… con alguien que no solo estuviera dispuesto a escucharme, que también estuviese dispuesto a ayudarme y aconsejarme. El problema era que no sabia a quien realmente podía confiarle mis secretos, dudas y temores… pero sobre todo que no existiese la posibilidad de que los usara en mi contra.

No necesito pensar más en ello, eso esperara hasta el día de mañana.

Solo existía una persona en el mundo en quien confiaba a tal grado, y saber todo lo que traía en mi cabeza le haría mucho daño. No, no podía decirle nada.
Finalmente me dirigí a la habitación donde la habíamos instalado hacia semanas, de donde apenas comenzaba a salir, siempre en compañía de “su escolta” no iba a arriesgarme a perderla de vista un solo segundo. Eran cerca de las dos de la mañana, quizá estuviese durmiendo pero necesitaba verla, refrescar los recuerdos de su piel, de su aroma, de su cuerpo en mi memoria.

En este momento solo existía una cosa que quería hacer en todo el mundo, algo que me devolvería la cordura y la paz a mi alma.

Trate de ser lo mas silencioso posible al abrir su puerta, y como lo pensé, ella estaba profundamente dormida. Se veía tan… delicada, hermosa, sentí un vuelco en mi corazón. Me sentí como un maldito-hijo-de-puta por no podré alejarme de ella, pero es que no podía hacerlo, ella era mi alma entera. Me acerque a la cama, ella solo se movió un poco, lo suficiente para descubrirse las piernas y permitirme ver su pequeña pijama.

En mi mente solo existía un único pensamiento: “Tengo que tocarla, tengo que hacerla mía”. Sentía que tenia una vida sin sentirla entre mis brazos, sin probar su piel, que bien se que es tersa al tacto de mis manos. Su aroma es como la mas poderosa droga para mi sistema, tal como si ella hubiera sido creada solo para mi… NO, ella fue creada para mi, solo para mi y yo para ella.

No pude resistir la tentación de rosar sus piernas con mis dedos, su piel era delicada suave, muy suave. Le quite las frazadas de enzima. Amaba el pequeño blasón de tirantes y encaje que se había puesto… entonces todo se congelo en mi pecho. Levante la cabeza para revisar toda la habitación, vi la mesa cercana a la ventana había preparado algo para dos personas…

-Te estaba esperando.

Su vos somnolienta me saco de mis pensamientos.

-Se supone que aun no debes levantarte de la cama, anima mea.
-Yo no lo hice lobito, solo sugerí que me gustaría tener una cena romántica contigo…. Las hijas de Mikahil hicieron todo.
-Esta bien, pero… ¿Porqué tienes puesta esa pijama?

Sus mejillas se tiñeron de rojo, y trato de ocultar su timidez. Aun después del tiempo y las cosas que habíamos vivido, seguía siendo sumamente tímida en algunos asuntos.

-Es… solo es… te extraño demasiado.

Siento…. Siento como mi ropa me estorba, es como si la tela no me permitiera respirar, necesito despojarme de ella.

-No puedes verme de esa forma, anima mea.
-¿De que forma mi lobito?
-Como si desearas masticarme.
-Es que Frederick, te deseo… eres lo que mas deseo.

Me arrodille a un lado de la cama, su respiración comenzó a acelerarse. La forma en que su pecho ascendía y descendía era hipnotizadora, el ver como sus mejillas se teñían aun más rojas, su mirada se volvió oscura e inevitablemente erótica. Rose su pecho con mi manos en una caricia tentativa, un ligero jadeo salio de su garganta.

-Te extrañe anima mea, y me aleje tanto tiempo que esta noche voy a devorarte lentamente.
-Frederick… por favor…

Me estaba suplicando que la tomara de una vez, pero no, tenia planeado hacerlo muy, muy lento, disfrutar de su cuerpo, de ella.

-OH anima mea, eres una autentico festín para un lobo.

Acerque mi cabeza a su cuello, inhale su aroma mientras le besaba, ella rodeo mi cabeza con sus brazos.
Cuando desperté eran casi las ocho de la noche, algo picaba debajo de mi piel, quizá era la piel del lobo que quería emerger, lo que me hizo saber que la luna ya estaba en alto. La luna nueva era algo bueno, muy bueno para lo que estaba por hacer esta noche.

Fuera de la casa de Mikhail me reuní con Aleck, dejaría a Dimitri, Orlando y Adrik con Alekssandra. Iría con este gemelo, por que el otro era demasiado volátil y agresivo como para lo que estaba por hacer.

-Mi señor, espero que este…
-Basta con esa mierda de “señor”, Aleck. No digo que me trates como tu hermano, pero por los dioses, se mas impersonal.
-Tratare de serlo, pero no puedo prometer nada.
-Bien, al menos inténtalo.
-Tú eres el guía de esta noche, llévame.

Nos subimos a la camioneta de Adrik, según me informo Aleck nos dirigiríamos a Omsk, a un pequeño y alejado poblado. Irónicamente imagine que nos dirigiríamos a algunos de los bosques, que son los lugares mas elegidos por los lobos. Al llegar entendí por que habían elegido ese lugar, a la orilla del río Irtysh, a su espalda un pequeño bosque, que se veía hermoso esa noche cubierto de nieve.

La casa era similar a una vieja iglesia, pero lo que no logre descubrir fue el color de sus paredes, pues estaba cubierta de gruesas capas de nieve. Aleck estaciono el coche apagando el motor pero, no salio del auto.

-Esta gente… Todos estos Bellator no te han jurado lealtad y no lo aran hasta que comprueben tu fortaleza como líder.
-¿Me van a poner a prueba?
-Si, tú heredaste tu animal de los Taftian, un Lobo. Pero por tu sangre corre sangre Bellator y…
-¿Qué ocurre Aleck? ¡Escúpelo ya!
-Nos guste o te guste o no, también tienes parte cazador en tu herencia genética.

Puta-mierda-de-mezcla, él tenía razón, pero… preferí fingir que desconocía este hecho.

-Claro que soy un cazador, todos los Lobos lo son.
-No, cuando tu madre callo a manos de los Venantium… Ellos tomaron su sangre, la drenaron y le dieron la de los más poderosos cazadores para tratar de romperla. Esta es la principal razón de por que no confían en ti.

Pero, nada podía hacer yo para cambiar ese hecho, tendrían que aceptarme como su alfa o estar en contra mía.
Al entrar a la casa Bellator me percate de un cuadro, una antigua pintura, era de un hombre que se me hacia demasiado familiar, sus ojos como los de un lobo de un azul hielo, su cabello oscuro. Quizá había mucho que ver en esa vieja casa, pero no podía apartar la mirada de ese cuadro.

Era como una sensación de pertenencia, de que en algún momento de mi ida estuve allí y no solo eso, sentía que era correcto…

-Ese era el padre de la raza, hasta que fu asesinado por tu familia.

El gruñido de una Loba me hizo salir de esos extraños pensamientos, de pronto me di cuenta del gran salón de paredes oscuras, de sillas y cómodos sofás antiguos, los candelabros de pared, las hermosas arañas en el techo. Pero sobre todo, a los Lobos que se encontraban allí, algunos en su forma de Bellator, otro en forma humana.

Me volví hacia la mujer que me había hablado, me observaba con la mirada llena de odio.

-No voy a defender a esos asesinos aun cuando yo lleve su sangre.

Aun cuando trataron de ocultarlo pude percibir la sorpresa en mas de uno de ellos, lo que para mi estaba muy bien. Otros cambiaron a una posición de ataque, pero no iba a tenerles miedo y menos a retroceder.

-No eres bienvenido aquí.

El tono frío y duro que utilizo el lobo que sin darme cuenta se paro detrás de mí, me dejo helado.

-No, no lo soy. Aun y pese a eso estoy aquí frente a todos ustedes.
-Tu familia separo a los Lobos, llevo a muchas de las casas casi a su extinción, de algunos solo quedan unos cuantos.
-Mi familia, a sido el pero error en la vida de los Lobos y humanos.
-Tu eres el otro, justo cuando de apareaste con tu zorra humana…

De pronto se desato el caos en mi mente, no podía ordenar ningún pensamiento coherente a causa de la ira. Nadie, pero nadie, en este maldito mundo le diría zorra a mi alma. Fue en este punto, cuando mi ira estaba por estallar que sentí la presencia de Henriette, fuerte y clara. Sabía que ella no estaba allí conmigo físicamente, pero también sabía que no me dejaría solo.

“Tu de entre todos ellos eres el único con el derecho de ser llamado alfa, el cuadro a tu izquierda es de tu abuelo Záitsev, a tu derecha esta el de ti padre Grigori Záitsev y entre ellos dos esta tu… su hijo y heredero de sangre”. Me dijo através de nuestro vínculo telepático. “Y eres mi hijo, hijo de Lobos, hijo de Bellator, el único con el poder de sus líneas de sangre para respaldarlo”

Sus palabras hicieron eco en mi mente por lo que pareció mucho tiempo, pero en ese momento me centraron como quizá pocas cosas lo habrían hecho, entonces pude escuchar.

-El pequeño perro esta por saltar a tu yugular por una puta humana-. Se burlo la mujer que se había dirigido a mi primero.
-Y pretende ser el alfa de la Manada, no es más que basura, tal como sus humanos.

Entendí lo que pretendían, querían que me enfureciera y saltara a la yugular de alguno de ellos para probar que no tengo la fuerza y control para ser su alfa. Deje que ellos hablaran y dijeran lo que se les diera su gana, increíblemente Aleck estaba en completo silencio.

Los Lobos presentes dejaron de ser seres “Pensantes” para convertirse en una jauría de perros rabiosos, que poco a poco iban cercándome, mostrándome sus colmillos o insultando a mi familia, a mis seres amados. Incluso alguno tuvo la osadía de mencionar a Henriette, como “la puta de los cazadores”.

-Si este perro es el alfa, cualquiera puede serlo.

De haber estado en el estado en que me encontraba hacia solo un par de minutos, no lo habría sentido venir hacia mí. Un de los Bellator salto hacia mi, pero se equivoco al hacerlo por la espalda. Cuando estuvo por caer sobre mi, me volví, tomándolo por el cuello, concentrando toda mi fuerza en mi brazo y mi mano.

Una de sus garras me golpeo el rostro, de haber sido un poco mas bajo de estatura me habría desgarrado el rostro.

-Si alguno de ustedes cree que puede tener mi lugar, desafíenme como lo hace un verdadero Lobo, no como lo hace un animal.

Gracias a los dioses había logrado cortar el ataque de aire del Lobo, para en el momento que lo deje caer al suelo estaba inconsciente.

-¿Qué le haz hecho?-. Grito una de las Lobas y se acerco al Bellator que acababa de dejar inconsciente.
-Agradece que no esta muerto, se atrevió a atacar a su alfa por la espalda-. Un Bellator aterradoramente alto e intimidante se acerco al círculo que estaba a mí alrededor. –Dejen de portarse como una maldita jauría de perros salvajes, es un Záitsev les guste o no, y como tal se someterá a las pruebas de la casa Bellator.

Por-todas-las-sagradas-mierdas.

El aterrador y gigantesco Bellator se paro frente a mi, sus ojos eran similares a los de Záitsev, su cabello era tan claro que podría ser blanco.

-Primito, estas metido en la mierda hasta el cuello-. Me dijo con una reluciente sonrisa, pero en realidad yo no sabía que me desconcertaba más. –Grigori era el heredero, el que olía a alfa, pero no por ello nuestro abuelo evito tener mas hijos. Ahora, sígueme, tienes que prepararte.
-¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombre primito es Yurik Vladik.

!Por los dioses conocía su nombre¡


Su nombre era el de una de nuestras leyendas.
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