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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Capitulo treinta
Ausencia.



Alekssandra e Iris ya estaban de regreso en el instituto, estaban convalecientes, estarían en cama por un par de semanas quizá... Los senadores de la manada trabajaban en ellas cada noche, eso aria que estuvieran en pie antes.

Tenía cerca de tres noches de no verla...

No es que no quisiera, no podía.

Le había fallado, había estado tan inmerso en auto compadecerme que le falle, no vi el riesgo que se sernia sobre ella.

Las cosas estaban peor de lo que jamás podré haber imaginado, comencé a duda de la manada. Dudaba de la lealtad de mi gente, de los que tenía a mí alrededor; incluso en algún momento me sorprendí dudando de Aleck e incluso de Adrik...

Sí, esa era quizá la peor mierda.

Las semanas que mi alma estuvo internada en el hospital fuero.... Desquiciantes, no es la palabra que más les define, pero la única que en este segundo se me ocurre. En una ocasión en medio de una reunión con algunos nuevos y futuros alumnos, sus padres y algunos profesores, sin aviso, ni intención me convertí en un Lobo de orejas a cola. Pude sentir el miedo y sorpresa de todos ellos por mi acto de "presentación", después de ello tuve que desaparecer por un par de días, sólo salí de allí y me fui... Me escondi en la casa de mis padres.

Un par de amaneceres después seguía encerrado allí, me cerré a la manada, no había como se comunicarán conmigo.... O eso creí.

¿Desde cuando era tan crédulo?

Estaba en medio de la cocina comiendo... Bueno... Los Lobos también comen... Y el conejo estaba delicioso, fresco, caliente y... Vivo.

-Te dije que estaba aquí, y creo que le falta un baño.

Dimitri estaba recargado Perezosamente en el umbral del la puerta de la cocina, Adrik estaba detrás de mi.

¿Como-demonios-llegó-allí?

-Lo que vamos a hacer es ponerle un collar de castigo para enseñarle nuevos trucos-. Comentó Adrik
-Además de una mejor correa.

No había humor alguno en la voz de ellos, y sabía la razón, estaban furiosos conmigo por haber desaparecido de ese modo. Pero, ¿Quién podría entender por lo que estaba pasando? Ni siquiera yo sabía que demonios estaba sucediendo....

"¿Que demonios están haciendo aquí?"-. Les interrogue a través de la senda telepática que compartía con ellos.
-Venir por nuestra mascota-. Siseo Adrik.

El gruñido salió de mi garganta sin poderlo detener, en ese momento se estaban convirtiendo en una amenaza para mi paz mental, una paz que sólo había alcanzado siendo quién había sido... Un lobo solitario.

-!Basta¡ ¿Qué demonios están haciendo?

Mi corazón literalmente se detuvo, en la puerta de la entrada estaba Alekssandra, se veía cansada, respiraba con mucha dificultad, sus heridas apenas estaban sanando. Vi como sus ojos se serraron cansados, y estaba a dos segundos de desvanecerse. Sin pensarlo y cambie de forma y la atrape en los brazos, con el corazón en la garganta.

-Anima mea, ¿Qué estas haciendo aquí?
-Obligue a este par de testarudos a traerme.
-¿Por qué?
-Por que deseo regresar mi corazón a casa.

De pronto las lágrimas se agolparon detrás de mis ojos, un inmenso nudo se formo en mi garganta.

La levante en mis brazos y me dirigí con ella a la habitación principal de a casa, ella rodeo mi cuello con sus brazos,  pero podía sentir su debilidad. La recosté en la cama y detrás de nosotros entraron Dimitri y Adrik, serios y en completo silencio.

-¿Cómo los obligo a venir?
-Amenazo con venir sola, incluso Dante trato de persuadirla… pero al final… él manejo-. Respondió Dimitri.
-¿Dante esta aquí?

Eso si no me lo podía creer, estaba bien que este par de perros accedieran a cualquier cosa que su señora les ordenara o que cayeran a sus pies con un batir de pestañas, pero, Dante… Me pare y me dirigí al closet, mientras me ponía ropa, Dimitri y Adrik atendían a mi alma.

¿Qué había hecho? Me aleje de ella por que era yo el causante de lo que le había ocurrido, y ahora ella estaba aquí y puso su vida en riesgo.

-Frederick.
-Dime anima mea.
-Sabía lo que conllevaba estar unida a ti.

¿Qué?

-Alekss…
-No Fred,  déjame hablar.

El escuchar esa debilidad en su voz hizo que mi corazón diera un vuelco, me acerque a la cama y me senté junto a ella tomando su mano.

-Dime amor de mi vida.
-No eras el único que estaba en las sombras Frederick, tu eres mi luz, mi corazón, mi todo. ¿Recuerdas el primer día que nos conocimos?

No pude evitar el sonreírle cuando recordé ese día, no podría olvidarlo, ni quería aun cuando me obligaran.

-Lo recuerdo muy bien, salías de un salón, casi ibas corriendo.
-Y me estrelle contra ti, fue como chocar contra una pared y caí al suelo, tu ni siquiera trataste de ayudarme… solo te quedaste allí parado como una estatua solo viéndome, cuando vi tus ojos… supe en ese momento que tu serias mi vida, y eso me aterro, por ello trataba de alejarme de ti… no quería acercarme por que… la oscuridad me había tocado y…
-Tu eres un ser de luz amor, eres mi corazón.
-Frederick el día de la muerte de mis padres adoptivos… -. Su voz se corto. –Esto no se lo he dicho a nadie, pero… antes de venir a esta escuela… unos hombres entraron a nuestra casa, ellos estuvieron cerca de violarme, pero si violaron a mi hermana y a mi madre frente a mi papá, a él lo golpearon hasta casi matarlo... murió en el hospital… mi hermana murió de las heridas que le causaron… mi mamá, ella mato a uno de esos hombres y me libero, para cuando el otro se dio cuenta fue por ella, mi madre lo provoco para que fuera por ella… Solo quede yo, Frederick, y ese tipo y era mi vida o la de él…

La habitación se lleno de una aroma peculiar, el aroma que produce la ira, esta emoción provenía de los tres lobos de la habitación. Deseaba haber estado allí para salvar a esas personas que le habían dado su amor y su protección a la mejor persona de mi vida, pero no podía volver en el tiempo para ello.

-Anima mea, peleaste por tu vida y saliste victoriosa, eso es un signo de valor, no de otra cosa.
-No lo siento así.
-Claro que no, sobreviviste, cuando tu familia no pudo hacerlo. Tu mamá puso su vida en riesgo al liberarte y dio su vida por ti por que te amaba.

Podía soportar cualquier cosa menos las lágrimas de ellas, esas lágrimas que venían de su corazón, estaban desgarrando mi alma.

-La familia de Iris me acogió, y cuando se abrió el instituto, nos enviaron a ambas… y entonces Eduardo… ¿Sabes? Nunca pensé en mí en ese momento.
-¿Qué penaste?
-Pensé en ti, todo el tiempo… pensé en que entrarías por esa puerta y me salvarías… le rogué a los dioses por ello y creo que me hicieron caso por que así fue como ocurrió.
-Les debo mi vida por eso o jamás te habría encontrado a tiempo.
-Mi lobito-. Levanto su mano a mi rostro, su mano estaba fría. -No vuelvas a alejarte de mi otra vez, no se si lo resistiría nuevamente.
-Siempre meto las patas ¿no?
-Para eso estoy aquí, para ayudarte de vez en cuando.
-Te amo Alekssandra.
-Frederick te amo, llévame a casa, estoy muy cansada.

Después de decir eso se desvaneció, su pulso era lento, muy lento y apenas respiraba. Mi corazón comenzó a latir tan fuerte que sentía que en cualquier momento se saldría de mi pecho. Sin decir nada la tome en mis brazos nuevamente, baje con ella hasta la puerta de la casa, Dante estaba en el asiento del piloto de la camioneta.

Entendí por que era quien manejaba, era el único de nosotros cuatro que podría mover esa cosa a una velocidad vertiginosa sin provoca un accidente. Me subí con ella en el asiento trasero, bese la corona de su cabello.

-Tu me rescataste de la muerte Alekssandra, tu me trajiste de nuevo a la vida, tu eres mi luz, mi alma, mi corazón, mi todo.

En el instituto, la deje en manos de los sanadores, quien me reprendieron con su mirada, pero no dijeron nada. Detrás de mi estaba Dante, que seguramente se sentía exactamente como yo, pues la vida de Iris dependía de un hilo.

-¿Han llegado sus padres?-. Le interrogue sin volverme a verlo.
-Hace dos días.
-¿Qué dicen los sanadores?
-Ella es fuerte, resistirá.
-Se que lo ara, de otro modo no te habría escogido como su pareja.

En ese momento lo supe, Dante sufriría el mismo destino que yo. Iris era latente, pero mortal al final del tiempo.

-Ellas son fuertes Fred, sobrevivirán por si mismas, eso no lo dudo.

Las palabras de Dante me trajeron de regreso a la habitación donde estábamos, Mi amigo, mi hermano, mi camarada de caza.

-Tenemos que hablar Dante, esto cambiara nuestras vidas para siempre.
-¿A que demonios te refieres?
-A la vida de Iris.

Para la mañana siguiente Alekssandra tenia mejor aspecto, estaba mas relajada, pero Iris… Casi la perdemos dos veces al anochecer, su latido era errático, y su respiración demasiado pausada.

Aleck entro en silencio a la habitación de las chicas, al igual que todos estaba furioso.

-El consejo de los Lobos le espera en la sala de reunión.
-¿Quién los convoco?
-Las familias nobles, por lo ocurrido, son apoyados por la familia de la señorita Martínez.

Dirigí mi mirada directamente a Dante, era normal que hicieran algo así, ya habían perdido a una  hija y la vida de la otra estaba pendiendo de un hilo.

-Quédate con ellas Aleck.
-Ser aun honor mi señor.

Dante y yo salimos del área médica del instituto, en ese momento el lugar mas resguardado del mismo, fuimos escoltados por Ewah, Dimitri y Adrik. En el edificio magisterial,  en la sala de reuniones el consejo entero de la manada estaba allí. Nadie se puso de pie cuando entre, nadie me saludo o sonrío, había hostilidad en su mirada.

-¿Qué los a traído a mi hogar?

Por más que quise mi tono no fue amable, fue más bien… hostil.

-Desde que se abrió el instituto a las mujeres, una a muerto y ahora dos han sido atacadas, y en consecuencia siete de nuestras hijas fueron asesinadas… estamos considerando que esto es un error, que debemos revocar la decisión de nuestro antiguo líder-. Me respondí fríamente Ethan, un antiguo lobo considerado de la  “nobleza lupina”
-La primera de las nuestras muerta fue culpa de uno de los nuestros,  si. Eduardo Pinson, el cedió a sus instintos. Si mal no recuerdo, se interpuso una amonestación a este misma consejo para su expulsión y detención después de lo acontecido con una joven que vivía cerca del instituto-. La mirada de todos los allí presentes se oscureció. –El ataque contra Iris Martínez y mi esposa Alekssandra Vasilíev, fue perpetrado por sus hijas. ¿Ignoran el castigo por un ataque a traición?
-¡Mi hija no debió morir! Sentenciaste a mi esposo y a mi hijo a muerte, ¿No te basto con ello? Ahora también te llevaste a mi hija.

El grito de Marina Landeros hizo eco en mi cabeza por mucho tiempo, no me atreví a responder. ¿Qué podía decirle? Yo mismo le había dado muerte a su hija cuando ella trato de matar a mi alma. Estaba en mi derecho de ejecutar esa vieja ley de nuestra manada. Pero esta misma acción había destrozado a una de las personas más importantes en mi vida.

-Tu esposo y tu hijo quisieron el liderazgo de la manada para si y se unieron a la alianza del este y a los cazadores… es por esto ultimo, la traición a la manada que han sido sentenciados a muerte. Tu hija ataco a tu señora, aun cuando muchos no la reconozcan como tal, ella es nuestra alfa. En ambos casos no fue mi señor el que los sentencio, fueron las leyes de nuestra manada-. Le respondí Dante parado aun lado de mí. –Esto que pretenden es una insensatez, no por los errores de algunos van a condenar al resto.
-Ni siquiera asististe a los funerales…-. Me reprocho alguien de la sala.
-¿Cómo podría hacerlo cuando mi alma esta agonizando en una cama? Les suplico que se retiren, los Martínez, su pareja y yo estamos en un momento critico. Las cosas son tensas y necesitamos tiempos para sanar, y no hacer algo de lo que después nos arrepintamos.

No quería enfurecer y verme obligado a atacar a nadie, o incluso a tener que hacer algo exagerado. En ese momento no me encontraba ni de ánimo, ni en condiciones para afrontar todo lo que había pasado, solo quería regresar a lado de Alekssandra. Quería que ellos entendieran, quería entenderlos, pero había demasiado dolor y muerte entre nosotros como para afrontar las cosas en ese instante.

Ewah se paro frente a mí colocando su mano en mi hombro.

-Aquí y ahora reitero mi lealtad a mi alfa, Frederick Von der Rosen-. Pronuncio las palabras con respeto y seguridad. “Vonder para los amigos”-. Dijo por la senda telepática que compartíamos.

No pude evitar sonreír, el sabia que odiaba eso de “Vonder”

- Aquí y ahora reitero mi lealtad a mi alfa, Frederick Von der Rosen-. El siguiente fue Dante Landeros, las lágrimas se atascaron detrás de mis ojos.

Uno a uno renovaron sus votos de lealtad, hubo algunos que no lo hicieron y no lo esperaba… quizá no era el momento. Me di cuenta que lo mejor para mí, para mi alma, no era alejarme de ellos. Muy por el contrario lo mejor para ello era acercarme a la manada. Ellos eran mi fuerza, los pilares en los que me puedo apoyar cuando estoy cansado.

Eran mi familia, mis amigos, mis compañeros de caza. Mucho de lo que había vivido, lo había vivido con ellos a mi lado, aun cuando siempre fui yo el que se alejaba, el que les daba la espalda. Decidí que nunca más pasaría esto, trataría de nunca más ausentarme para sufrir en soledad, cuando tenía a mis amigos… a mi familia, a mi manda.

Un lobo en solitario es fuerte, pero la manada es invencible.
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