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domingo, 15 de septiembre de 2013

Capitulo veintidós. 
Evento.



La decisión había sido tomada, la cosa estallaría en menos de veinticuatro horas. Nunca imagine que los lobos se trasladarían tan rápido, que no dejarían de ordenar las cosas, de hacer lo que se debía hacer para que todos pudiésemos estar reunidos en el instituto. Incluso hombres y mujeres de la manada dejaron su forma lupina para reunirse con nosotros.

Latentes, humanos que sabían de nosotros, los cuales eran contados, cachorros. Todos allí como una gran familia, que está a punto de cambiar su vida para siempre.

No dejo de temer por cada uno de ellos, nuestro futuro es incierto, pero… ¿Qué seria pero? Caer ante el enemigo y la alianza o dejar que el mundo se enterase, no lea agradara la cosa y nos cazaran… De una u otra forma en veinticuatro horas lo sabría….

20 horas para el evento.

Caos.

Todo era un reverendo caos, les dimos dos días de asueto a las estudiantes, a todo aquel que no pertenecer a la manada. Salvo tres chicas, la triada líder del consejo Rosa de Luna. Los Centinelas se encargaban de la preparación del recinto donde se daría la conferencia de prensa. Los Custos y Bellator de la seguridad, transporte en caso de que esto fuera el error que todos temíamos.

El resto de la manada se aseguraba de mantener a salvo a sus familias, todo con absoluto silencio. No podíamos arriesgarnos a que la alianza o los Venántium se enterasen. Sería yo el rostro de esto, sería mi mano la que abriera la caja de Pandora. Sí me equivocada y mi gente moría, estaba seguro que morirá por ellos.

Comenzar a citar a los medios comunicativos, fue algo relativamente extraño. A algunos sólo bastaba decirles palabras claves, tales como: Revelación, secreto, noticia, historia.
Con otros medios fue infinitamente más complicado, pero conforme pasaban las horas iban aceptando.  Mi celular no había dejado de sonar en todas estas horas, confirmando o desentiendo lo de la rueda de prensa.

Pero después de un tiempo, medios que no convocamos o no se nos había ocurrido comenzaron a llamar, la cosa es que ver que se reunían medios informativos de todos los rubros y géneros, estaba llamando la atención. Pero faltaba una llamada por hacer, a nuestra gente en que trabajaba en los gobiernos. No es que hubiese planeado infiltrarlos,
Ellos ya trabajaban allí por decisión propia, pero serían nuestros oídos dentro de las cabezas al mando del mundo.

No había comido en caso doce horas y tenía el presentimiento que no podría hacerlo, sentía el estómago serrado. Tenía náuseas y de vez en cuando las piernas me temblaban, no era para menos tenía el destino de mi raza y de los humanos en mis manos.

Camine por el pasillo del edificio escolar, recordé la primera vez que entre en ese lugar. Alguien a quién le interesaba el mundo, que creía valía la pena salvar a cualquier alma que lo necesitarán. Tenía la ilusión de un mundo mejor, en donde los cazadores se habrían o extinguido o unido a nosotros. Pero, era un entupido-ignorante. Fui un iluso, creí en el cuento de hadas que los escritores creaban en sus libros, un tonto soñador.

Pero aprendí mi lección de la forma más dura, cuando mi familia fue arrancada de mi lado. No importa quién movió los hilos, mis padres y mi prometida, muertos. Ese dolor no se iría, fue entonces que me serré al mundo... Hoy nuevamente, tenía que creer que las personas entender y aceptar que nosotros existimos.

¡Fe!

Esa era la para clave, fe... ¿Dónde había que mi fe?

No lo sabía, no lo sé aún... Me detuve en la entrada del salón en donde rescate a Alekssandra de ser abusada... Por uno de los míos. Entre al salón y serré la puerta tras de mí. Me acomodé en uno de los pupitres, con el teléfono en la mano. Pulse el botón de marcado dos veces y espere.

-Mi señor esperábamos su llamada, ¿cuáles son sus órdenes?

Había llamado al flamante esposo de la hija del secretario de defensa, quién irónicamente era un lobo en su trabajo y en la vida real.

-Mantengan la alerta máxima en silencio, serán nuestros ojos, no quiero humanos muertos a... A menos que sea inevitable.
-Como ordene señor, le avisare al resto. ¿Necesita algo más?
-Sí-. Escuché la respiración del lobo, esperando mi orden, sólo esperando... -¿Piensas que esto es lo correcto?

No me respondió de inmediato, pero tampoco colgó, se quedó en la línea y sabía que estaba meditándolo.

-En mi opinión mi señor, esto tardó demasiado en revelarse.

Me quedé atónito con su respuesta.

-Gracias-. Atine  responder.
-Buena suerte mi señor.

Corte comunicación, me quedé pensando en la respuesta del lobo.

15 horas antes del evento.

Un respiro, necesitaba un respiro de toda esta tensión.  Me aleje del campus, del instituto hacia el bosque, en el claro del bosque donde me gustaba ir a pensar… Pensar… eso era lo que no había dejado de hacer en mucho tiempo. Parecía que mi cerebro se negaba a relajarse, solo pensaba… si esto salía mal… si salía bien… era una tortura.

Noche, aún era de noche. Las nubes cubrían todo aun, para mi gente eso era un mal augurio. Era como si la luna o los dioses nos dieran la espalda, o se avergonzaran de lo que estábamos haciendo y no quisieran verlo. Que nos dejaran solos, porque no quisieran que continuáramos adelante. Pero en este momento no quería pensar en que eso sería así, tenía que creer que teníamos a los dioses de nuestro lado y que apoyaban esta decisión y que nos bendecían… de otro modo…

Me hinque de rodillas en medio del claro del bosque, clave mis puños en la tierra, note que estaba húmeda, pero no me di cuenta en que momento llovió. El aroma a tierra mojada fue reconfortante, su frescura era tranquilizante. Comencé a respirar lentamente, deje que el aire entrara en mi cuerpo y llenara mis pulmones. En ese momento llego a mi cabeza algo que debí haber hecho en el momento en que Isidro Taftian me entrego el liderazgo del grupo.

Me senté sobre mis rodillas, serré mis ojos y deje que la noche me hablara.

-Viento del este, me presento ante ti como un lobo; fuego del oeste,  me presento ante ti como el Rabdos; Agua del norte, me presento ante ti como-. Dude por un segundo, pero este era yo. Mi verdadero nombre, el que Isidro menciono en su diario. Solo lo diría una vez y dejaría que se diluyera en el tiempo. –Grigori Taftian; tierra del sur, me presento ante ti como el alfa; Espíritu elemental, me presento ante ti como la sangre de mi raza.

El viento giraba a mi alrededor, trayendo consigo calidez y tranquilidad, la tierra reverdecía a mi alrededor, el aroma floral del bosque, la vida a mi alrededor se sentía distinta. Ellos me estaban respondiendo, por primera vez en siglos volvía a invocarlos, y ellos estaban respondiéndome.

-Viento, fuego, tierra, agua, espíritu… les pido lleven mi petición esta noche a los dioses de nuestra gente… que sean mi guía, mi luz y mi fuerza para terminar con mi tareas y llevar a mi raza por el camino correcto, que lo que estoy por hacer no lastime a mi gente, ni a los humanos. Que se haga su voluntad y nos colmen de bendiciones…

Sentí al bosque virara a mi alrededor, pude sentir la energía de los elementos, y por un segundo la fuerza y calidez de nuestros dioses.

-Te agradezco Viento, te doy gracias fuego, agradezco al agua, le doy gracias a la tierra y agradezco la presencia del espíritu por esta noche conmigo.

Me quede sentado en esa posición por no se cuánto tiempo, solo respirando y escuchando los sonidos del bosque, dejando que limpiaran mi alma y calmaran mi corazón y mi mente. Sentí sus brazos rodeándome y su aliento en el cuello, no pude evitar sonreír.

-¿Por qué tardaste tanto?
-No sabía dónde estabas y hace horas que no respondes tu teléfono.

La gire sentándola en mis piernas, su risa fue música para mis oídos.

-Perdona anima mea, pero necesitaba hablar con mis dioses.
-Ellos te aman Frederick, y sé que están contigo.
-¿Cómo estas tan segura de ello?

Se acomodó hasta quedar viéndome de frente, directamente a los ojos.

-Miro a tu gente, lo emocionados que están con el evento, la fe que ponen en cada cosa que hacen, me preguntan sobre mi gente, sobre la fe de los humanos. Los escucho hablando de ti, de lo fuerte que eres, que pese a llevar una carga tan pesada y ser tan joven te has levantado de cada golpe que te han dado. Saben que eres un guerrero y te admiran y agradecen a los dioses porque eres su alfa.

Jamás los habría imaginado, jamás lo pensé, ni siquiera lo soñé. Por un segundo quise que el mundo entero se detuviera, las palabras salidas del corazón de esta pequeña mujer entre mis brazos, su sonrisa y su mirada, me dejaron saber que todo ello era verdad. Quería estar allí, así con ella, para toda la eternidad.

10 horas antes del evento.

Son casi la once de la mañana, todos estamos entrando en una tensa calma. Desvelados, hambrientos un poco, pero emocionados. El sol calentó nuestros cuerpos como el mejor bálsamo para nuestras almas, sentía en mi corazón, por vez primer que esto era lo correcto.

Iris Martínez tubo un magnífica idea, comenzamos con un grupo de lobos desayunando, un poco de cordero, verduras, pan y tostadas. Después de un par de horas eso era un monstruoso picnic, podía escuchar a mi gente reír, hablar de lo que les preocupaba, de sus sueños e incluso tuve que soportar sus burlas. Me di cuenta que hacia siglos la manada no vivía algo como eso, tan simple como compartir alimento.

Isidro Taftian hizo más que crear a la alianza del este, separo a la manada por muchos siglos. Pero, hoy estábamos aquí reunidos, todos juntos, y me di cuenta que mi familia era muy extensa. A muchos de ellos no les conocía, pero ellos a mi sí. Me interrogaban como estaba, me preguntaban por mi relación con una humana, por la de mi amigo Dante. Me di cuenta, que fue el mejor acierto, aceptar lo que sentía por Alekssandra y tenerla a mi lado.

En ese momento estaba rodeado de personas a las que consideraban mías, y personas a las que me consideraban suyo. Abrase a Alekssandra atrayéndola hacia mí, acerque mi cabeza a su oído, quería que solo ella me escuchara.

-Quisiera comerte.

Ella se ruborizo, pero me di cuenta que falle miserablemente cuando los lobos a mi alrededor rieron. No pude evitar sonreír al escucharlos, llenaron mi corazón de alegría y esperanza. Pasará lo que pasara, sabía que estaríamos juntos y sortearíamos cualquier dificultad que se nos presentara.

Después del mega almuerzo con los lobos, me escape con Alekssandra a mi ático. Necesitaba estar con ella a solas aunque sea por un corto periodo de tiempo. Nos escapamos entre risas, besos furtivos y caricias escondidas. Estaba consciente de que los lobos se daban cuenta de ello, pero dejaban que nos escapáramos. Es bien sabido que los guerreros antiguos antes de ir a la guerra, pasaban la noche con sus mujeres.

Nada más entrar al ático serré la puerta abrazándola y atrapando su cuerpo entre la puerta y el mío, la muy tramposilla estaba usando labial de chocolate, el cual sabía que me encanta. Metí mi mano debajo de su suéter y de su blusa, su piel estaba cálida. Reí cuando la escuche gemir a mi tacto, lamí su cuello con lentitud hasta el lóbulo de su oído.  Comencé a hacer mis movimientos lentos, lo más lentos posibles, quería disfrutar cada centímetro de su cuerpo.

Nos desnudamos mutuamente con calma, entre besos, caricias y una que otra mordida. La tome en los brazos y la recosté en mi cama, me quede parado allí a su lado observándola. Era la criatura más hermosa que jamás había visto, además, era la mujer que más amaba en ese mundo. Al ver sus mejillas sonrosadas por la excitación y el deseo en sus ojos tome una decisión. Pero esta, podía esperar para después, aun me quedaba una vida con ella.

Me recosté en la cama a su lado, y con los dedos de mi mano comencé a acariciar su cuerpo, empezando por sus pechos, ir bajando lentamente en una caricia suave. Mi intención era llevarla al límite, que disfrutáramos de cada segundo robado al tiempo.  Trace los músculos de su vientre, observando su rostro, viendo como mordía su labio inferior con anticipación sin apartar su mirada de la mía.

-Frederick-. Gimió cuando sintió mis dedos en su centro.
-Tranquila ánima mea, que quiero que disfrutes esto, estas horas son para ti.
-No mi amor, estas horas son para los dos, solo de los dos-. Me beso rodeándome con sus brazos atrayéndome hacia ella.

5 horas antes del evento.

Habíamos comenzado con la movilización hacia el edificio donde se llevaría a cabo la rueda de prensa, nos acompañarían nuestros humanos y nuestros latententes. El sol aún no se ocultaba, las casi cinco de la tarde. El viento era cálido y estábamos tranquilos con lo que íbamos a hacer. Los medios informativos comenzaron a llegar y a acomodar sus cámaras, micrófonos en los lugares que se les había asignado.

“Ewah reúnelos en el piso superior, necesito aclararles algunas cosas” le pedí al lupino, para que subiera  los lobos a una de las habitaciones.
“Si amo” me respondió por la senda telepática que había entre nosotros.
“¡Ewah!”

Percibí una sonrisa socarrona en él.

Me reuní con el grupo que sería presentado ante los medios, dos centinelas, dos Custos y dos Bellator. Además de mi “escolta de seguridad” y algunos otros que por protección había decidido llevar. Me observaron por un par de minutos antes de que comenzara a hablar.

-Tenemos que hacer esto con el más sumo cuidado, con uno de estos reporteros que entren en pánico, las cosas explotaran antes de lo que deseamos.
-¿Cómo evitaremos el pánico?-. Me interrogo Orlando Hanson.
-Compulsión.
-¿Vas a obligarlos a aceptarnos?-. Me interrogo uno de los Bellator que se expondrían esta noche llamado Isaías Volt
-Eso no funcionaría con un grupo tan numerosos, los sumergiré en una compulsión para que nos escuchen, para que estén calmados.
-¿Después de eso?
-El asunto está así Ewah, tengo gente lista para apoyarnos con la compulsión y esa misma gente para contener y atacar de ser necesario. No quiero una guerra a menos que se a absolutamente necesario, aremos esto de la forma más pacifica posible.
-Saldremos con la bandera blanca-. Concluyo Dimitri. –Pero con nuestra garra debajo por si debemos destrozar algo.
-Esa es la idea Ruso, esa es la idea.

El mundo tiene varios miles de millones de personas en él, nosotros somos solo una décima parte de esa población. Los humanos tienen armas atroces, claro que podemos morir, pero antes de caer, cada uno de nosotros se llevara a muchos de los suyos. No sería una guerra que podríamos ganar, al ser superados en número, pero no nos vamos a rendir.

Rogaba a los dioses porque ese plan jamás se llevara a cabo, prefería que nos pidieran muestras y cadáveres para estudios,  que nos preguntaran cosas a que lo hicieran de forma clandestina y experimentaran con ellos. Aún seguía temiendo por el destino de mi gente, por el de mi mujer y por el mío mismo.

La tarde fue convirtiéndose en noche ante mis ojos, no había nubes en el cielo y desde horas tempranas la luna nueva nos acompañaba, el presagio para mi gente era bueno, más que bueno, era excelente. El recinto ya estaba casi lleno, los periodistas seguían acomodándose en sus lugares, la seguridad tanto humana como lupina era mucha, estaba alerta, vigilantes.

No sabían por que habían sido convocados por un instituto privado, menos por qué tantos medios de diferentes redes. Eso los ponía nerviosos, pero a su vez entusiasmados, como si presintieran que algo aquí iba a cambiar el rumbo de sus vidas y el mundo como lo conocen.

La cosa era, que esta noche iba a cambiar el mundo como lo conocimos, y al que estábamos tan acostumbrados, para sumergirnos en uno nuevo y desconocido. La excitación general podía manejarse, si sabíamos dirigirla posiblemente todo saldría bien, de lo contrario se desataría el pánico y el caos. Para ello haríamos una prueba, para asegurarnos de que la transmisión fuera en cadena y en vivo.

Una vez los medios listos, acomodados en su lugar, los que íbamos a hacer la demostración nos acomodamos en nuestros lugares. Los asistentes acomodaron el resto de cables y micrófonos, las cámaras fueron encendidas.

-Buena noche, soy el rector Frederick Von der Rosen del instituto mixto Cruces y Rosas-. Se escuchó un buenas noches generalizado, era momento de lanzar la compulsión antes de comenzar con el circo. –Esta noche quiero pedirles calma, atención y que permanezcan con la mente abierta a lo que está por ocurrir, aseguren su transmisión en vivo.

Muchos de ellos permanecieron en calma en sus lugares, lo que me indico que su transmisión seria en vivo, los otros tomaron sus teléfonos y comenzaron a hacer llamadas y no colgaron hasta asegurar la trasmisión.

¡Hora-de-la-maldita-función!

Los reflectores y las cámaras estaban apuntados a la mesa donde nos encontrábamos, me presente de nuevo.

-Buena noche me llamo Frederick Von der Rosen, soy el rector del instituto Cruces y Rosas. El motivo que nos ha traído esta noche aquí es hacerles una revelación que por siglos ha estado guardada.
-Pero hijo no tienes más de 20 años-. Me interrumpió un reportero de unos cincuenta años.
-Señor no soy su hijo y tengo caso ochocientos noventa y tres años.

Muchos rieron, pensando en que todo esto era una broma, pero callaron al ver la seriedad de los que estaban frente a ellos.

-Nuestra raza es antigua, nos hemos mezclado con la raza humana, ocultándonos manteniéndonos lejos, pero aquí termina esto.
-¿De qué planeta vienen?-. Se burló uno de los reporteros.

Con calma Dimitri se puso de pie, bajo un par de escalones para quedar casi de frente a ellos. La hora de la verdad había llegado.

En una explosión de huesos y piel dejo su forma humana para dejar salir su verdadero ser, Un Custos que casi tocaba el techo con las puntas de sus orejas. Las cámaras se centraron en él, los flashes, las cámaras de celulares. Los reporteros lo veían con completo asombro, entonces el caos…




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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capitulo veintiuno.
Descubriendo...








Las cosas comenzaron a empeorar sólo una semana después de que Ewah hablara, miles de correos electrónicos comenzaron a llegar al correo del instituto. Alertas de que habían encontrado los humanos muestra de seres de nuestra raza, que se habían hecho de cadáveres de mi gente. Situaciones manejadas con fanatismo y amarillismo, lo cual era algo aún más peligroso. En el pasado los fanáticos religiosos nos casaron, torturado y asesinaron por ser "monstruos" o "engendró de Satanás".

Perdimos familias enteras, hijos, hermanos, madres, padres... Demasiadas personas asesinadas por los humano, en una era muy, muy oscura. Sí, pudimos defendernos y acabar con nuestros cazadores...  Pero, los Venántium, esos hijos de puta... Se pusieron del lado humano equilibrando la balanza y al final inclinándola.

El instituto fue un lugar seguro por siglos, la manada entera se resguardo tras las paredes de este.  

¿La razón? 
Las salvaguardas que colocó Isidro Taftian, creo que fue la única cosa desinteresada que hizo.

Al final de esa era tan oscura éramos menos de setecientos, un poco más y
Nos habríamos extinguido. Que de alguna forma, eso fue lo que pasó, desaparecidos de la faz del mundo por decisión propia. Lentamente fuimos creciendo, comenzaron a salir del instituto y nos esparcimos por el mundo.

Ahora, está-puta-amenaza.

Tengo que hacer algo rápido, tengo que encontrar la forma de detener esto, sí sólo uno de nosotros cae en las manos equivocadas...

¿Qué puedo hacer por mi gente?

En ocasiones me dan ganas de tomar a los que son míos y regresar a Rusia, mi tierra natal, dejar que todo se lo lleve a la fregada. No, no soy ningún cobarde, no voy a abandonar a la manada, a ninguno de ellos... Sin importar quién sea.

El sonido de un nuevo correo electrónico, me saco de mis pensamientos.
No reconocí el usuario, pero fuera de la manada, había dos posibles, Patricia Caballero y Henrriette.

¡Por-los-santísimo-dioses!

El mensaje no era de ninguna de ellas, y no era de un usuario conocido, pero ese no era el problema... El problema era lo que decía.

"Abre tú mundo a los humanos, ellos sabrán corresponder, dales la oportunidad de reivindicarse. A. S."

¿Quién demonios es A.S.?

Pero... Eso de abrir mi mundo a los humanos.... JAMÁS.

Apague la pc, y me levante del escritorio de mi recámara, eran casi las tres de la mañana. No he podido pegar el ojo en toda la semana.

¿Cómo podría?

Me recosté en la cama, sólo mirando al techo. Sólo pensando, dándole vuelta a todos los acontecimientos y tratando de encontrar un poco de paz. Pero era demasiado lo que tenía en mente, cada día me costaba más centrarme y aparentar naturalidad. Sonreír, poner atención, temiendo cometer un error y poner a todo el mundo en riesgo.

Tomé el teléfono y marque el teléfono de ella, mi única ancla e medio de este caos. Me respondió al tercer timbrazo, estaba dormida aun cuando tomo la llamada, que no se percató que era yo.

-¿Se ha dado cuenta que hora es? Mañana tengo examen y necesito cada hora de sueño.
-Hasta enojada te oyes bien anima mea.
-¡Fredy!-. Chillo en un tono muy agudo, bien sabe cómo lo odio.
-Perdone señorita Vasíliev, la dejare descansar.
-No... Ya me ha despertado señor rector.
-Auch, eso fue bajo.

Escucharlo reír fue un bálsamo en medio de tanta locura, amo ese sonido.

-¿Quieres que me escape a tú ático?
-No...
-¿No? ¿A caso no me quieres allí? O ¿Es que estas con alguien?

Ahora quién río, fui yo.

-No ánima mea, esto sólo. Es sólo que ha comenzado a nevar y no quiero que te enfermes.
-Entonces, ¿Porque estás hablándome por teléfono y no tocando a la puerta de mi recámara?
-Por que mañana temprano tienes un examen muy importante, y sí me aparezco por allá, llegaras tarde y no podrás presentarlo.
-¡Rayos! Eso no es justo.
-Nada de lo que está en contra de nuestros deseos es justo.
-¡¡Aaahh!! Se supone que no me revientes la burbuja amor.
-Para eso estoy, para bajarte de la nueve.
-¡Fredy!- Chillo de nuevo.

Ahora sí que me hizo reír, su hilaridad, su frescura… por un segundo, uno solo… pude olvidar que la perdería, que dentro de cincuenta o sesenta años ella moriría. El corazón se me paralizo ante este pensamiento, le estaba entregando mi vida a una humana, que eventualmente desaparecería, dejándome solo…

-¿Frederick estas allí?
-SI… si aquí estoy.
-¿Esta bien? Te quedaste callado.
-Solo pensaba anima mea.
-¿En qué pensabas?-. Susurro, como si temiera mi respuesta.
-¿Qué harías en mi lugar, si supieras que los humanos van a descubrirnos?

Pude imaginarla recostada en su cama, debajo de ese montón de edredones de color oscuro, las cortinas de dosel de la cama serradas. Ella pensando en lo que acababa de preguntarle.

-Lo que yo aria si estuviera en tu lugar sería… Juntaría a un montón de gente, medios noticiosos, prensa, revistas, Internet, tv, todos ellos… Esto no te va a gustar, pero… Llevaría a dos Custos, dos Bellator y dos Centinelas, y les mostraría… Les haría saber que tenemos más tiempo del que imaginan y que nunca les aremos daño.
-¿Cómo crees que reaccionen?
-Amor, voy a confesarte un secreto de la raza humana, pero vas a escucharme con mucha atención ¿Si?
-Si anima mea, te lo prometo.
-Muchos seres humanos, aun cuando no lo admiten, desean saber que existe otro mundo oculto del nuestro.
-¿Si eso provoca una guerra?
-Corazón, los humanos se atacan a si mismo por cualquier cosa, pero son más los que desean la paz, que los que quieren la guerra. Nunca sabrás la respuesta a tu pregunta si no lo haces.
-No te prometo nada, voy a pensarlo.
-No tardes mucho amor.
-Descansa anima mea, me has devuelto la paz a mi alma.
-También te amo.

Corte la llamada, pensando en las cosas que Alekssandra me había dicho. Sabía yo realmente que la raza humana no es tan distinta a nosotros… Bueno, quizá un poco. Pero, ¿Podría revelarlo a la humanidad el secreto de nuestra raza?

Estaba inmerso en un análisis profundo de la situación, cuando un mensaje entro en mi celular, sonreí al ver el remitente… Alekssandra.

“Pensé en algo, si no te adelantas al golpe de la alianza a nuestra raza, la humanidad los vera como lo que no son… los vera como monstruos y querrán eliminarlos, entonces… la guerra sería inminente… Llama a consejo general y expón esto, excluye a los miembros de la alianza…
Decidas lo que decidas, te amo y cuentas conmigo.”

¡Sagradísima mierda!

Tenía razón, mi ánima tenía toda la razón.

Me levante de la cama, Salí de mi ático y regrese a mí oficina. Comencé a enviar mensajes de correo a las personas en las que sabía podía confiar. Marque al celular que le había dejado a Ewah, nunca pensé que podría hacer esto.

-¡Casi matas a los cachorros de un susto cuando sonó esta cosa!
-Cuenta con que no aparecí por allá.
-¿Qué quieres?-. Interrogo e un gruñido.

Le resumí la situación lo más rápido posible, desde mis dudas hasta el mensaje de Alekssandra.

-En 10 estoy en tu oficina.

Corto la llamada, mientras esperaba a que llegara continúe haciendo llamadas y enviando mensajes. La reunión se llevaría a cabo en 24 horas, no podía darles más tiempo, dependíamos de cada minuto. Tal como lo dijo, el lupino se encontraba en mi oficina tan solo diez minutos después.

-¿Tienes café suficiente? Esto nos va a llevar unas horas- Me pregunto en el momento en que entro a la oficina.
-Todo el que quieras.
-¡Perfecto!
-Gracias Ewah.
-No Frederick… no me agradezcas, es mi obligación para con la raza y para contigo.

Asentí con un nudo en la garganta, quizá tenía razón, quizá no…

Casi 12 horas después de las llamadas, mensajes y correos, los miembros del consejo general comenzaron a llegar. Los estábamos hospedando en el edificio más cercano al bosque, cerca de la manada y lejos de los estudiantes. No quería provocar problemas con los lobos, había muchos como Eduardo Pinson.

Aposté Centinelas,  Custos y Bellator en todo el perímetro de los edificios o lugares donde las mujeres estaban. No iba a permitir ni a tolerar un solo ataque a alguna de mis niñas. Ewah por su parte tenía el edificio donde estaban los miembros del consejo general, rodeado por sus hombres.

Tenía los pelos del cuerpo de punta todo el tiempo, con cada llegada, con cada persona que se movía. Les resé a los dioses, no quería que nadie de la alianza del este se enterara de esta reunión, menos de lo que estaba por hacer. Tenía pensado reunir al consejo general en el coliseo del instituto, pero me di cuenta que allí podríamos ser espiados. No, necesitaba un lugar más controlado, uno al que solo tuviesen acceso, porque yo se lo otorgue.

Solo había un lugar en el mundo entero con esas características, y tenía el tamaño suficiente para albergarnos a todos en uno de sus salones… La casa de los Von der Rosen.

Pedí que alistaran la flotilla de camiones del instituto para esa noche, y que estuvieran listos. En el momento en que el último miembro del consejo llegara, saldríamos con rumbo a la casa de mis padres. Era una tarea titánica, pero no me iba a arriesgar a que alguien se enterara de lo que estábamos por hacer.

Los últimos en llegar fueron unos gemelos a los que no conocía, pero el lupino sí. Fue quien me recomendó que los llamara y que lo hiciera venir, lo irónico fue que ellos se negaron a venir. Entonces tuve que amenazarlos que enviaría a Dimitri Ruso por ellos. El resultado: Se encontraban sentados en el último autobús que salió del instituto.

Estreche un centenar de manos antes de dejarles entrar, ello no lo sabrían, pero ese era su salvaguarda para entrar en esa casa. La había convertido en una especie de santuario, allí podía llevar a los míos y estarían seguros, hasta mi muerte.

Un par de horas más tarde nos encontrábamos dentro de uno de los salones de la casa familiar, en esta ocasión el consejo de La Rosa de Luna no nos acompañó. Ellas ya estaban al tanto de la situación, además necesitaba ojos en el instituto. Alekssandra era su alfa, y sin importan que ella fuera humana, la obedecerían sin chistar.

Me pare en medio del salón, me sentí extraño al ver a Lobos más viejos y expertos que yo frente a mí. Lobos más poderosos, más fuertes… yo era un niño, inexperto, débil… Pero, era un alfa por sangre. Mi madre… una cazadora-Lobo, mi tío un Lobo y ambos descendientes directos del primer alfa de la manada.

-Les he llamado esta noche a mi presencia hermanos míos, porque necesito de su consejo, de su guía y experiencia.

Me tranquilizo ver los asentimientos de cabeza de la manada, y medias sonrisas en sus rostros ante mis palabras.

-Lo que voy a confesarles esta noche no era fácil, quizá muchos de ustedes ya estén enterados. Pero, eso en este punto es irrelevante.
-Lo que sea cuente con nosotros-. Dijo Giovanik Alline un par de minutos después de mi pausa.
-Espero que eso siga siendo de ese modo después de que me escuchen.

Una vez que dije la primera palabra no pude detenerme, ellos no me interrumpieron ni un segundo. Sus rostros estaban serios, había temor e ira en sus rostros. Mencione los actos depravados de Isidro Taftian, la creación de la alianza del este, incluso hable de lo que le habían hecho a Gabriel.

Al terminar de hablar solo mis amigos me miraban, el resto estaba en silencio pensando o quizá hablando telepáticamente con sus más allegados. En este punto solo podía esperar.

-¿Cuál es su plan mi señor?-. Me interrogo el Centinela Xavier Torre rompiendo el pesado silencio.

Puta-madre. Sobreviví hasta este momento, venia la hora de la verdad.

-Revelar nuestra existencia a los humanos antes de que esos hijos de puta nos golpeen… No quiero que los humanos sepan de nosotros, pero si saben, no quiero que nos vean como lo que no somos, como monstruos que deben ser exterminados.

Espere su reacción, espere su ira, espere sus recriminaciones, espere su negativa… pero solo espere, nada de esto llego. Permanecieron en silencio, observándome, esperando a que dijera algo más…

-¿Cómo lo aras lobito?-. Me interrogo uno de los gemelos con una media sonrisa en los labios.
-¡Adrik respeta a tu alfa!-. Le reprendió su hermano, el gemelo solo sonrío.

Volví mi mirada a Ewah, me sentía furioso porque me llamara lobito, pero estaba confuso por esa sonrisa en su rostro.

“Son los gemelos Slavik”-. Me indico a través de nuestra senda telepática común.

-Respondiendo a su pregunta señor Slavik, lo aremos por todos los medios, Internet, televisión, periódico, radio, no importa el medio, el mundo entero debe entrarse.
-¡Eso desatara un guerra!-. Grito alguien.

Esto era lo que esperaba, gritos, negativas, ira. Irónicamente yo estaba en calma, callado, dejando que ellos hablaran, que se quejaran. Tenía que escuchar sus temores, sus ideas para poder tomar una resolución. En medio del caos, Adrik se acercó a mí.

-Linda fiesta lobito.
-No es una fiesta señor Slavik.
-Cuando tu padre hacia sus reuniones, se parecían mucho a esta, mínimo terminábamos con un par de lobos inconscientes… a esta fiesta solo le falta un poco de alcohol.

¿Qué? ¿Había dicho mi padre?

-Mi padre no era de este tipo de reuniones, ni siquiera en su juventud…
-Yo no hablo de Von der Rosen, lobito. Su respuesta me petrifico, ¿estaba hablando de mi padre biológico? –Si mi señor, conocí a tu padre… fuimos muy cercanos, pero no es el momento de aclararte esa duda, están por preguntarte algo que será trascendental.

Se alejó de mí del mismo modo en que se acercó, dejándome confuso.

-¿Cuándo planea hacerlo mi señor?

No supe quien pregunto, no recuerdo, solo recuerdo la pregunta.

-Tengo planeado hacerlo el último día del mes.
-Mi señor eso es en dos días-. Me recordó Orlando Hanson.
-Si… en dos días.

Me sentía fuera de mí, como si no estuviera en ese lugar. Adrik Slavik me había dejado en shock… pero la decisión de la manada, del consejo generar había sido la guinda del pastel.

En dos días, cuarenta y ocho horas, dos mil ochocientos minutos y el mundo sabría de nosotros…


Sí que las cosas estaban por cambiar…... ¡Mierda!
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