Google+

viernes, 16 de agosto de 2013



Capitulo veinte.
Manada.




Dimitri Ruso apenas se había puesto de pie, tardo mucho tiempo en recuperarse. Para ser un Custos más viejo que yo, de casi novecientos y tantos años, quince días es mucho para sanar de una herida. Pero por fin estaba en pie, con algunas dolencias, pero en pie. Yo seguía sintiéndome responsable por lo que sucedió, y de cierta forma lo era.

Henrriette se había potado a la altura, había acogido a Patricia Caballero bajo su ala, me permitió hablar con ella hacia una semana. Me dijo que estaba bien, que la trataban bien, pero que creía que solo lo hacían para que les diera la información del instituto que ellos querían. Irónicamente, yo también pensaba lo mismo.

Lo que me hacía temer que si en un tiempo no obtenían nada de ella, por las buenas… entonces tratarían de obtenerlo por las malas. Además, estaba muy consciente de que en el momento que esto ocurriera, Dimitri atacaría a los cazadores brutalmente. Lo que sin duda desataría una terrible guerra, de modo que caminábamos sobre campo minado.

-Von der Rosen.

¡Mierda!

Conocía esa voz, sus visitas al campus se estaban haciendo demasiado frecuentes.

-Ewah.

Me volví a verlo, me encontraba frente a los jardines del ala oeste que estaban siendo arreglados y remodelados y tenía que supervisar el trabajo por un momento.

-Tenemos que hablar,
-Pues, habla.
-¿Podemos ir a casa de los Von der Rosen?

Esto sí que no me lo esperaba… Ewah pidiendo algo, sobre todo alejarse del instituto. Entonces, esto era serio.

-Vamos Ewah.

Nos dirigimos en silencio al estacionamiento del instituto, por suerte nadie se percató de que ambos subimos a mi coche y salimos de allí. Por suerte no había tráfico y llegamos más rápido de lo que espere a casa de mis padres. Nos apeamos y entramos a la casa, no fue hasta que estuvimos en la sala que él comenzó a hablar.

-Tenemos un problema.
-Tenemos muchos problemas, lupino.
-Este va a jodernos la vida de formas que no te imaginas-. Me dijo viéndome a los ojos, en la oscuridad de estos pude ver verdad.
-Es una sociedad dentro de la raza, es secreta y selecta…
-Déjame adivinar-. Le interrumpí. –El iniciador es Isidro Taftian, y los traicionó tiempo después cuando se percató que sus conceptos y los del grupo no eran los mismos, es más se volvieron enemigos. ¿Me equivoco?

Ewah se llevó las manos a la cabeza, echando su fino cabello negro hacia atrás, despeinándolo más.

-No-. Respondió finalmente tiempo después. -¿Cómo lo sabes?
-Tengo el diario personal de Isidro Taftian, quien resulta ser mi tío de sangre.
-¿Estas tomándome el pelo?

Increíblemente estaba de humor para hablar y para reír.

-No lupino. No te tomo el pelo… Antes de que me hables de lo que sea que vas  a hablar, voy a contarte algo.

Le conté de Henrriette, de mis padres, de lo de Gabriel, le conté de todo lo que sabía Isidro Taftian había hecho en contra de la raza y sobre todo de mí. Omití algunas cosas que quizá aún no era tiempo de revelar. Mientras hablaba no emitió sonido alguno, se sentó en el sofá más alejado de la sala.

Miraba al suelo como si este pudiera confirmarle la verdad o no.

Ewah y yo teníamos historia, fuimos cuidados por la misma nodriza de la manada. Fuimos compañeros de juegos y travesuras de infantes, fuimos amantes de la misma humana, compartimos cosas que solo se comparten con un hermano. Hasta cuando apareció Gabriel en mi vida, eso, nos separó. La muerte de ella a manos de la manda, fue lo que termino de romper con nuestra relación.

Después de esto, nos volvimos enemigos jurados. Ni siquiera podíamos estar en el mismo lugar sin organizar una pelea, o tratar de arrancarnos algo. Pero hoy me di cuenta de que él solo hizo lo que debía, eliminar a una Venántium, en eso había convertido a Gabriel…

-Por Dios Von der Rosen, siempre creí que tu sabias lo que había pasado… que tu sabias que ella…
-No… ese bastardo nos engañó a todos.
-Y ahora con lo que hizo la alianza del este…

Me senté junto a él.

“¿Qué hicieron Ewah?” por la cara del lupino ya no quise hablar, mejor usar nuestra telepatía.
“Entregaron pruebas de…”-. Se interrumpió a sí mismo. “Con lo que han hecho, no tarda en salir a la luz nuestra existencia”

Solo la respuesta a una pregunta me interesaba…

“¿Es reversible?”
“Temo que no”-.  Podía oler su ira, su frustración y sobre todo su temor. “Temo por la reacción humana”

En ese momento yo temía lo mismo.

“¿Por qué no lo impediste Ewah?”
“Después de que se enteraran de lo de tu exnovia… me dieron la espalda… dijeron que el instituto debía caer junto con la manada y sus humanos… Eso no puedo permitirlo de ningún modo”
-Así que nos dieron la espalda.
-Sí.
-¿Quién los dirige?
-Mikhail Belinkov
-Pero es el expresidentes del consejo general…

Ewah me observo con sus ojos oscuros, había demasiado en ellos.

-La pregunta es Von der Rosen, ¿Qué vamos a hacer?

Muy buena pregunta, pero no estábamos solos, los Custos, Bellator y Centinelas estaban obligados a cumplir con el alfa de la manada, estén de acuerdo o no con este.

-Llamaremos a reunión con la manada, los consejos, omitiendo a los que pertenezcan a la alianza del este, y a todos los líderes de los guerreros.

-Debimos hablar hace mucho tiempo Frederick-. Me susurro con un tono de vos estrangulada.
-No, debimos de confiar en nosotros Ewah.
-¿Es tarde?
-No… es un buen momento-. Extendí la mano para estrechar la de él que acepto sin chistar. –Volvamos al instituto, debemos organizarnos.

A Dimitri Ruso, Dante Landeros, Iris Martínez, Orlando Hanson y Alekssandra Vasíliev no les gustó mucho la idea de mi acercamiento con Ewah. Todos pensaban que eso era una trampa, que cometería un error, también pensaban que era porque el lupino era un caballo de Troya.

Yo no sabía que pensar, esto era una situación extraña, nueva. Nadie me preparo para algo como esto, sin contar que no tenía el conocimiento necesario para sortear esta eventualidad. Si el lupino no me ha engañado, el peligro que corre toda mi gente es grave, más el instituto y nuestros humanos. Latentes o no.

Pero, y ¿si estaba mintiéndome? En ese caso debía encontrar la respuesta cuanto antes, y aun así ver si lo que la alianza del este había hecho era reversible. Si podía solucionarse, sin llegar a desplegar a los perros. Quizá la raza humana había avanzado con su tecnología a niveles peligrosos para el mundo. 

Sin duda, ellos no contaban con algo. No conocían a nuestra gente ni sus capacidades y poderes. Esa ventaja táctica, podría provocar más muertes de las que podría imaginar. Siempre hemos sabido eso, por ello hace siglos en lugar de atacar permitidos ser perseguidos y nos ocultamos.

Pero, ¿Qué pasaría si dejaba que la humanidad supiera de nosotros? ¿Podríamos co-existir? Esa respuesta solo me la daría el tiempo.

Tres días después de la charla con Ewah, estaba en casa de mis padres, rodeado de mis más cercanos y los líderes de los tres consejos del instituto más los líderes de los guerreros. Los allí reunidos venían de todos los continentes, todos parte de mi gente.

-Gracias por acudir con premura a mi llamado-. Les dije a todos los allí reunidos. –La cuestión es…estamos en grave riesgo. Sé que todos aquí saben de la alianza del este.

El grupo entero asintió con la cabeza.

-¿Qué hicieron esta ve esos hijos de puta?-. Me interrogo el líder de los centinelas que solo hacia un par de meses me había confundido con un Centinela, hoy lo reconocía como Xavier Torre.

De modo que ya habían hecho algo antes… ¿En-que-puto-mundo-estuve-viviendo?

-Me temo que si, en una alianza con los cazadores han liberado el secreto de nuestra gente.

Las interrogaciones y palabras de furia no se hicieron esperar, no era algo fácil de digerir, eso lo tenía bien claro, pero entre todos debíamos encontrar una solución y una respuesta.

-¿Su fuente es fidedigna señor?-. Interrogo el Bellator Kaevon Germanus.

Esto era darle un voto de confiaba al lupino, lo que me le diría al mundo que las cosas estaban cambiando, y si me equivocaba que era un imbécil-inútil.

-Si señor Germanus, mi fuente es fidedigna y de confianza-. Volví mi mirada a Ewah.
-¿El lupino mi señor?-.Interrogo Xavier. –Pero ustedes…

-Lo se señor Torre, pero no habría acudido a nuestro alfa, si esto no fuese una amenaza real a nuestros lobos, latentes y humanos-. Le respondió Ewah en mi lugar.

Eso acallo muchas de las dudas que surgieron, muchos de ellos confiaban ciegamente en el lupino, creo que eso debía darle un voto de confiaba a su favor. Pero, la situación no era para eso.

-Mi señor, ¿Cuál es el curso de acción?

Esta vez fue el líder de los Custos el que me interrogo, un anciano poderoso llamado Taylor Wallis.

-Voy a ser sincero en esto chicos… No tengo idea y temo por toda mi gente.

Bien no hubo reproches ni recriminaciones, solo una lamentable aceptación. Una aceptación al hecho de que yo era demasiado joven para estar a la cabeza de la manada.

-Pero sé que tienes algo en mente mi Rabdos, tu inexperiencia se cubre con nuestros conocimientos y nuestra fuerza-. Dijo Dimitri colocando su mano en mi hombro.

El que él hiciera esto era de lo más importante, me lleno de confiaba y fortaleza.

-Tiene razón señor Ruso… tengo ideas, pero no sé si alguna de estas resulte.
-Pues no le queda más que decirnos y entre todos encontraremos la vía más fácil y más adecuada-. Me sugirió Xavier.

Tenía razón, lo mejor era exponerles mis ideas y ver que resultaba. Nos estábamos quedando sin tiempo, de ser verdad lo que Ewah me había revelado. Teníamos que proteger el instituto completo, a las familias humanas que tenían a sus hijas aquí, también a las familias de latentes.

Esto significaba la movilización de muchísima gente, sería un esfuerzo inmenso el que se realizaría, pero tenía que hacerse. Los acuerdos logrados esa noche fueron muy importantes, todos, incluso mi Alekssandra e Iris hicieron aportaciones muy importantes y dieron muy buenas ideas.

Todo se realzaría en silencio, algunos se movilizarían dentro de la alianza del este, para tomar toda la información posible. De paso comprobar que no fuera una trampa, así poder tomar las medidas necesarias.

Lo extraño de todo esto, es que terminamos el día dentro de la cueva de la manada, si, donde hace unos meses no podía poner un solo pie. Sora, la pareja de Ewah estaba feliz. En su forma lobuna cuidando de sus cachorros de casi seis meses de edad, que en cuanto me vieron entrar se abalanzaron contra mí.

El estar aquí con la mujer que amo, mis mejores amigos de la infancia, su pareja… un lobo que fue mi guardián por siglos y yo sin saberlo, con un viejo aliado que ahora lideraba otro consejo. Pero sobre todo, el volver a hablar y convivir con Ewah.

-¿Por qué te aliaste a la alianza del este?-. Le interrogue al lupino mientras acariciaba las orejas de uno de sus cachorros.
-Porque tu… Isidro Taftian quería entregar a la manada a los cazadores.
-Hijo de puta-. Gruño Dimitri por todos nosotros.
-Pudiste acudir a Orlando, quien esta noche no ha hablado tanto como de costumbre.
-En esto confío en ti plenamente Frederick.

OK, eso viniendo de Orlando si era una novedad.

-No acudí a él… por miedo a que si el bastardo de Taftian se enteraba atacara a mis hijas o a la manada.

-Bueno… ahora estamos los tres juntos de nuevo y contamos con el apoyo de los nuestros. Saldremos invictos de esto, y continuaremos unidos después.

Sinceramente estaba deseoso de creer mis propias palabras, de que fueran reales y que nosotros podríamos enfrentar lo que viniera y sacar a toda nuestra maldita raza adelante. Que no importaba lo que esos hijos de puta de la alianza y lo cazadores habían hecho o estaban por hacer, quería creer que mi gente era lo poderosa que había sido.

Sobre todo quería creer que en un momento así, no uniríamos como debía ser. Pues un lobo en solitario es peligroso, pero la manada en invencible.

Solo espero que el bastardo de Isidro Taftian no los hubiera dañado tanto, como para que esto significara la ruptura total de la manada… cosa que traería la posible extinción de mi gente. Solo ruego a mis dioses que no permitan que esto suceda jamás.


Leer más...

viernes, 9 de agosto de 2013

Capitulo diecinueve.
Peones.




Nunca pensé que haría lo que estaba por hacer, pero era necesario, esa era mi responsabilidad... De modo que tome el celular que había dejado en escritorio frente a mí, hacia un par de horas mientras pensaba y la llame.

-Mi pequeño que sorpresa me has dado, pensé que nunca llamarías a tu madre y...
-Corta la mierda Henrriette.
-Bien, deberías irte a tragar un hueso antes de hablarle a tu madre.
-¡Henrriette!
-OK, bien... ¿En qué puedo ayudarle señor Von der Rosen?
-¿Tienes personal sacrificable?

¡OH sí! fui yo el que lo dijo, y no me arrepiento de ello, ni por un segundo. Bien, sé que matar por matar no es bueno, pero... Ah!!

¿A quién engaño?
Es algo que por mi naturaleza me gusta y en esta ocasión es necesario.

-Los tengo.
-Bien, necesito que dos de ellos se contacten con Patricia Caballero, que dejen la mayor cantidad de rastros posibles de este hecho.
-¿Por qué?
-Si cualquiera se entera de que esta en la lista de los Venántium, no dudara en matarla.
-¿Realmente la amas?

Yo sabía la respuesta, incluso Patricia la sabia. Pero, nadie más tenía por qué saberla, en especial esta mujer.

-Sí, y prefiero saberla perdida que muerta... No podría soportarlo.
-Bien mi cachorrito, voy a enviarlos a ella, para que la saquen de ese horrible lugar-. El sarcasmo en su voz hacia que mi sangre hirviera.
-Gracias.
-Llama cuando quieras hijo mío.

Corte la llamada que tuve que realizar desde un celular desechable, por aquello de que los canes tienen buen oído. No supe cómo me hizo sentir ese hecho, estaba confuso... me sentía un traidor y de algún modo liberado.

-¿Esta listo?

Levante la vista a Dimitri Ruso, quien estaba conmigo en la oficina del rector y por quien hice esa llamada, por que por ningún motivo quería que pasara por algo similar a lo mío con Gabriel.

-Sí.
-Le daremos una semana a Patricia-. Replico él.
-De acuerdo.
-Bien... Ahora ve con tu mujer, que realmente lo necesitas.

Sip, jodidamente-sí, la necesitaba.

Sin decir nada más y en silencio me dirigí al elevador de la torre magisterial o el edificio de la rectoría daba igual. Cuando salí del maldito edificio, sentí una ráfaga de frío, lo que me saco de mis pensamientos, solo un poco. Si mi instinto no me fallaba, eran cerca de las 3 am, quizá ya estaría durmiendo pero solo necesitaba abrazarla.

No había luna y las estrellas difícilmente se distinguían, las pocas nueves que había, eran oscuras, densas, como las que preceden a una gran tormenta. El viento era frío, estábamos justo a la mitad del invierno, este año las nevadas habían sido pocas. Esto me hacía pensar que las cosas se pondrían cada vez más peligrosas, que aún faltaban piezas por ser descubiertas.

Camine por el instituto Cruces y Rosas observando los gigantescos jardines, sus edificios antiguos, hasta llegar a lo que fue la casa del rector, lo que hoy en día era el corazón del consejo Rosa de luna. La puerta se abrió justo cuando me pare en frene, Dante Landeros me saludo con una sonrisa.

-Justo estábamos hablando de ti-. Me dijo al tiempo que se hacía a un lado y me dejaba entrar.
-Landeros.
-Mi señor.

Las paredes seguían siendo de madera oscura, los candelabros góticos que colgaban del techo. En realidad, todo era como el traidor Isidro Taftian lo había dejado, solo que con un toque femenino.

Alekssandra se levantó del sillón donde se encontraba y corrió a abrazarme, sentirme entre sus brazos devolvió el alma a mi cuerpo. Enterré mi cabeza en su cuello, absorbiendo el aroma a lavanda tan típico de ella. La apreté más contra mí, ella acaricio mi espalda con sus manos.

-Te extrañe-. Murmure contra su cuello.
-Vamos, necesitamos dormir-. Dijo al tiempo que tomaba una de mis manos con la suya.

Nos despedimos de Iris y Dante, dirigiéndonos hacia su habitación, en el piso superior. A su habitación apenas le estaba haciendo la remodelación, aun había cajas por allí, los muebles no estaban en su lugar y las paredes, unas eran café caoba y otras blancas. Era un auténtico caos, pero estaba seguro que una vez que se terminara, sería un lugar de donde no querría salir en mucho tiempo.

Lo único bien instalado en el centro de la habitación era la cama de dosel, cubierta con sus cortinas guindas de gasa.  Serré la puerta tras de mí y coloque el seguro, el silencio en la habitación era reconfortante.

-¿Qué ocurre?
-¿Por qué asumes que ocurre algo?
-Porque en otros momentos te lanzas sobre mí y apenas nos da tiempo de cerrar la puerta.

Me volví a verla cuando dijo eso, tenía las mejillas sonrosadas, con su pijama rosa. Un blusón de seda que yo le regale, con unos finos tirantes, su cabello trenzado. Tan hermosa como siempre, esta era la Alekssandra que era mía.

-Tienes razón anima mea, pasan muchas cosas.
-¿Necesitas que te escuche?
-Necesito todo de ti Aleks…

La tome en mis brazos, haciendo que rodeara mi cintura con sus piernas. Se abrazó a mi cuello, y la sostuve por su trasero. El sabor a chocolate aún estaba impregnado en sus labios, sé que a ella le encanta tomarlo caliente antes de dormir. Su respiración comenzó a agitarse, los latidos de su corazón se aceleraron, al ritmo del mío.

Entre besos y jadeos la lleve a la cama, me recargue en mis codos para liberarla un poco de mi peso. Lamí su cuello y colé una de mis manos bajo su pijama.

-Usas demasiada ropa-. Jadeo en protesta.
-Es que afuera hace frío, Aleks.
-¡Quítatela ya!

Bien esa es una orden que no iba a rechazar.

Me quité la ropa más rápido de lo que jamás pensé, volví a colocarme sobre ella.

-Anima mea, debemos cuidarnos, no es que no desee un hijo nuestro pero...
-Pulgoso, ¿soy fértil en este momento?-. Me interrumpió con una dulce sonrisa.
-No, pero...
-Cuando llegué ese día, tendrás que salir a correr, ¿de acuerdo?-. Me interrumpió nuevamente.
-No puedo debatir eso mi amor.
-Bien, ahora hazme el amor.
-¡A tus ordenes!

Me tomé mi tiempo en cada carecía, en cada beso, lo cual sé que la espera cuando está excitada  y hace que me pida más rapidez. Pero para amarla, me gusta tomarme mi tiempo, disfrutar de cada parte de su piel, del calor de su cuerpo. Después de todo ella es mía alma, me tiene atado a su dedo meñique.

Después de tomarla para mí sólo, de llevarla al límite y verla disfrutar la deje dormir un rato, la  observé con detenimiento. Con mi dedo uní las pequeñas pecas que adornan su rostro, toque sus labios rosados, trece la cuba de su cuello, hasta llegar a su pecho. Recorrí su tórax hasta su cintura, pase por su cadera y me detuve allí. Regrese por donde había defendido, preguntándome, ¿porque ella aquel día?

-Tienes demasiado en la cabeza, sí no lo sacas vas a explotar... Háblame.

Le conté todo lo que pude contarle, cosas que sabía no le pondrían en peligro. Pero en las que podían participar, me aconsejo y me dio su opinión. En ese momento mi pregunta se respondió sola. No habría hablado ni escuchado a nadie más, a ella la veía como mí igual. Uno de los mejores consejos que me dio, fue: "tienes que esperar amor, no puedes vivir en el mañana, porque te pierdes del hoy".

Así pues, espere.

Una semana más tarde, algunos de los prefectos del instituto me entregaban pruebas innegables de la relación de Patricia Caballero con los Cazadores. El plan se estaba ejecutando bien, ahora tenía que sacarla de allí con vida y llevársela a Henrriette. Convoque a una reunión de emergencia en mi oficina, enredo los presentes estaban Giovanik Alline, Dante Landeros, Dimitir Ruso, e Ian Sommer. Pero, también se encontraban, tres miembros del clan, de la gente de Ewah. Gente en la que no podía confiar, hasta reunirme con Ewah y hablar de la alianza del este.

Les había puesto al tanto de la información que había llegado a mis manos, pero también les dije que ella nos había jurado lealtades. Pero, aun así la furia, se desató. La gente del lupino pedían su cabeza y como sacrificio su corazón de traidora, no podía permitiera eso, pero ellos no debían saberlo.

Mientras ellos debían y gruñían di una unía orden a través de una senda particular, con un Bellator que no estaba dentro del personal del instituto.

"En este momento, su vida depende de ti"
"Como ordene mi señor"

-¡Basta!-. Les grite para callarlos, debía atraer su atención a mí.
-Traemos a la señorita Caballero y la interrogaremos.
-Pero, ¡existen pruebas mi señor!-. Me interrumpió un lupino llamado Saúl Rosales.
-Entonces, será juzgada... Tráiganla-. Le ordene a Dimitir.
-Como ordene mi Rabdos.

Seis de los Lobos que estaban en mi oficina salieron a la caza de Patricia, uno de los hombres  de Ewah se quedó allí. Lo que me hizo pensar en la nula confianza que el lupino tenía en su alfa, lo cual iba a solucionar en ese momento.

-Llama a Ewah.
-Mi señor me envió....
-Yo soy tú alfa, ¿tengo que recordártelo?-. Le grite.
-No... No mi señor.
-Llama a Ewah.
-Como ordene mi señor.

Sabía que el lupino tardará el mismo tiempo en llegar, que Dimitir en avisarme que Patricia se había escapó e iban tras ella. Tuve que usar toda mi concentración en mantener mi cuerpo en completa calma, tomaría como debilidad cualquier rastro de emoción. Al momento que Dimitir informaba por la senda telepática de la manada, del escape de Patricia, Ewah en su forma humana entraba en mi oficina.

-¿Dejaras que se escape?-. Gruño.
-Ni en una vida.
-Fue tú mujer, ¿No te queda algún tipo de lealtad hacia ella?

Su pregunta era un gancho al hígado, pero era justa.

-Mi lealtad es para con la manada.
-Entonces cázala tú mismo.
-¿Para dejarte a ti en mi ausencia? No, ¿Acaso piensas que no sé quién te abandera?

Me puse de pie con calma sin dejar de verlo, el rostro de Ewah
Padeció, su perro se puso en guardia.

-No sé de qué mierda me hablas.
-¿No? ¿Te suena la alianza del este?

De no haberlo visto, habría pagado por  ver el poema que Ewah tenía en
Su rostro.

-Voy der Rosen...
-En este momento me preocupa la traición de Caballero, más que la tuya.
-¡No soy ningún traidor!

Me reí, y con ganas.

-Te dije, que hablaremos luego Ewah.

El perro comenzó a gruñirme, no era una amenaza, pero igual lo descarte. Una de las ventajas de ser el alfa de la manada, es el poder que viene con ello. Era que podía enfocarse en la manada y seguir sus pasos, en este caso eran los de Dimitri, necesitaba saber que pasaba con ellos.

Entonces sólo me concentre en seguir los pasos de mi ex-guardián. Los percibí yendo hacia el este, perseguían a un grupo de Cazadores entre los que se encontraba patricia. Debían sólo de perseguirla, dejar que se acercara a la guarida de esas ratas.  Henrriette había enviado a un grupo de 3 Venántium, eran lo que ellos llamaban iniciados. No tenían poder y no podrían escapar, aplaudía mentalmente esa decisión.

Los persiguieron por varios kilómetros en el aré limítrofe de la ciudad, conocía ese lugar. Estaba cerca de donde había estado el primer hogar de Isidro Taftian, antes de que me trajera al instituto y él se trasladará a vivir aquí. Sentí una puntada de furia, al recordar que él se deshizo de mi familia biológica, pero ese bastardo también se deshizo de mi familia adoptiva.

Entonces la marcha de Dimitri se detuvo, por primera vez en horas se puso en contacto conmigo.

"Mi Rabdos, estoy por entregarles a mi corazón a esos hijos de puta"
"No voy a pedirte que confíes en Henrriette, pero confía en mi"
"Mi Rabdos, eres mi líder y mi amigo"

Pude sentir el primer golpe que le fue dado en un costado, varios cazadores salieron de la finca donde habían seguido a Patricia. No podía evitar lo que estaba por pasar, ni podía proveer a Patricia de que supiera que eso era por ella. El ataque era rápido, pero el Costos Ruso era igual de rápido que ellos, tenía una ventaja, era más fuerte y tenía alguien por quién sobrevivir.

Sentí caer a Dimitri Ruso, un nudo se formó en mi garganta, puede que esto fuese planeado, pero no quería a nadie de los míos en peligro. Mi teléfono comenzó a sonar, me sorprendió cuando vi el número en la pantalla. Contesté esperando que no metiera la pata.

-Von der Rosen.
-Perdiste, tengo a mi cazadora.

Henrriette corto la llamada, en un ataque de furia lance el teléfono a la pared, entonces me comunique con dante, telepáticamente.

"Saquen a mi muchacho de allí"

Envié a un equipo de rescate, que iba dirigido por Ewah.

Cuando aparecieron con Dimitri, me sentí culpable de su lamentable estado, fue llegado al hospital del instituto. Este se había instaurado después del ataque a Isidro Taftian. Los médicos lo atendieron, le pusieron bolsas de sangre y suero. Casi a veinticuatro horas de que esto inicio me informaba que sobreviviría, que le tomaría un par de semanas, pero que finalmente estaría en pie.

Me encontraba en la sala de espera cuando apareció Alekssandra, se sentó a mi lado y la rodea con mi brazo.

-Estarán bien, lo verás-. Susurro viéndome a los ojos.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque aun cuando ella es latente, ambos son como tú.
-Te amo Alekss.
-Yo a ti pulgoso... ¿Que sigue ahora?
-Esperar ánima mea, esperar a que muevan su peón en el tablero.
-Esto está muy lejos de terminar, ¿Verdad?
-No mi amor, esto apenas ha comenzado.
Leer más...