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jueves, 18 de julio de 2013

Capitulo dieciocho. 
Verdades.





Antes de la media noche nos montamos en la camioneta de Dante Landeros, el manejaba e Iris Martínez iba a su lado. Alekssandra Vasíliev y yo en los asientos de en medio, Dimitri Ruso y Patricia Caballero, en el asiento posterior. Solo Dimitri sabía nuestro destino, no había querido que tuvieran miedo, o alguien más se enterarse que íbamos a ver a mi madre…

No, ella solo me había traído al mundo, mi madre había muerto hace mucho tiempo, era yo un adolescente, le debía mi amor y mi lealtad a esa mujer que me amo, cuido y ayudo todo cuanto le fue posible. No Henrriette era… fue la mujer que me parió, no mi madre, y además era enemiga de mi raza…

-Rabdos, ¿estas escuchando?-. Me dijo Dimitri desde el posterior de la camioneta.
-No.
-¿Qué franqueza lassie?-. Se burló dante viéndome por el retrovisor.

Le gruñí mostrando mis colmillos, en realidad me gustaba ese animal.

-¿Qué decías Ruso?
-Decía, que llegando a la casa de los Von der Rosen yo entrare primero.
-No, ira Dante primero, tú y yo atrás, con las chicas en medio.
-¡Te dije que te pondría una correa lobito!-. Le dijo Dante a Dimitri entre risas, las chicas trataban de no reír.
-¿Una correa mi Rabdos?
-No Dimitri, solo no quiero que le arranques la cabeza a nadie.
-¿Habrá alguien más en la casa?-. Interrogo Alekssandra colocando su mano en mi brazo.
-Sí, pero no te preocupes, traje a mi can.

Todos reímos ante el gruñido del Custos, acerque a Alekssandra a mí, y pues mi boca en su oído.

-Prométeme una cosa anima mea, pase lo que pase en el futuro próximo, aun… aun cuando tenga que permanecer lejos de ti, nunca olvidaras que te amo.

Se alejó un poco, y clavo su mirada en la mía.

-¿Por qué me pides eso?-. Susurró.
-Porque siento, que debo hacerlo.
--Pero… si sientes eso… es porque…

Pegue mi boca a su boca a su oído otra vez.

-Porque vivimos en un mundo demasiado distinto, y ahí demasiadas cosas ocurriendo en este momento… no quiero que pienses, alguna vez siquiera por casualidad, que te dejare ir.

Ella giro su cabeza y me beso, fue un beso lento, tranquilo, lleno de ternura y amor.

-¡Hey! Ustedes dos allí adelante, dejen de comer pan frente a los hambreados-. Se río Patricia.

Voltee a verlos sobre el asiento, Dimitri tenía una sonrisa en los labio y patricia nos veía tratando de aguantar la suya.

-Dimitri, hazme el favor de controlas a tu humana-. Dije con un tono socarrón, viendo a mi ex-guardián a los ojos.
-¿Me ha llamado humana esa bola de pelos? -. Chillo Patricia riendo. –Detenme Dimitri-. Tomo la mano del ruso y convocándola en su estómago. –Detenme que le arranco hasta la cola por llamarme humana.

Esos juegos y bromas entre nosotros aminoraron el viaje, sentía que no me dirigía a mi guillotina. Demasiado pronto llegamos a la casa de mis padres. Los hombres bajamos primero de la camioneta.

“Ella está aquí, solo percibo su aroma”-. Nos informó Dimitri a través de nuestra senda telepática común.
“Tampoco capto otro aroma”-. Concordó Dante.
-Saquemos a las damas-. Les indique.

Tal como lo había dicho en él la camioneta, Dante iba a la cabeza, las chicas en medio y detrás de ellas Dimitri solo un par de pasos más atrás de mí. Solo las luces del porche y del recibidor de la casa estaban encendidas, pero no se veía a la Venántium por ningún lado.

En calma y en silencio entramos en la casa, con nuestros sentidos alerta. Sin previo aviso en una explosión violenta de huesos, piel y luces Dimitri dejo su forma humana para asumir la forma de Custos, dejando a Dante y a las chicas detrás de él.

-Llama a tu perro, Frederick.

Frente a ella se encontraba Henrriette, una mujer hermosa, de cabello oscuro igual que yo, pero el color de sus ojos eran idénticos a los míos, vi mucho de mí el ella.

-¡Dimitri atrás!

Dimitri volvió su cabeza peluda hacia mí, sus ojos destellaban furia. Patricia se acercó a Dimitri, no la veía, solo me veía a mí, hasta que le toco el pecho con su mano. El Custos bajo su cabeza hacia Patricia,  esta le acariciaba el pelo del pecho y del brazo. Para hacerlo tenía que ponerse de puntitas, entonces Dimitri se dejó de caer sobre sus cuartos traseros, poniendo una de sus garras en el suelo, y la otra en la cabeza de la chica, atrayéndola hacia sí, colocando su hocico en el hombro de la joven.

Pensaba que quizá “el vínculo de sangre” hacia que esa unión entre ellos fuese tan fuerte, a niveles que quizá ninguno de los dos entendería. Pero viéndolos ahora, me di cuenta de que esa unión iba más allá de ese vínculo, y eso me agrado.

-¿Quiénes son tus amiguitas? O ¿Son comida para el chucho?
-Henrriette-. Sisee cortando sus estupideces. –No estamos aquí para fraternizar.
-De alguna manera lo estamos haciendo.
-Pasemos a la sala, allí podremos hablar.

Ella entro antes que nosotros, y se sentó en uno de los enormes sillones. Dante encendió las luces quedándose de pie en el umbral de la sala. Dimitri se paró detrás de Henrriette, yo acomode a las chicas en un sillón que estaba pegado a la pared, junto a dante y me quede de pie frente a la Venántium.

-Supongo que has leído el insidioso diario de mi hermano-. Eso no había sido una pregunta, y había sido demasiado directa, lo que provoco sonidos de sorpresa provenientes de los presentes. -¿Me equivoco?
-No, no te equivocas, leí el diario de Isidro Taftian.
-Bien, entonces antes de llegar al asunto que nos trajo aquí, voy a darles mi versión.

Dejamos a Henrriette Taftian hablar, ella era la última hija de cuatro del padre de nuestra raza, el primogénito heredo el nombre del padre y heredo la manada. Pero Isidro, tenía un problema, estaba enfermo de poder. Sus hermanos intermedios no fueron impedimento para Isidro, pero aun así les dio muerte. Fue hasta que el padre decidió que casaría a Henrriette con uno de sus nobles que todo exploto.

Isidro Taftian perdió el piso, más de ser posible, quiso convencer a su padre para que le cediera a su hermana como su esposa y continuar con la sangre “pura” en el liderazgo. Algo debió ver su padre en los ojos de su hijo, pues este se negó. Fue entonces que le dio la libertad de escoger a su futura pareja, siendo un Bellator, mi padre al que escogió.

-No fueron los cazadores quienes me extrajeron de la manada, fue mi propio hermano quien me entrego a ellos.
-No-. Gruño Dante. –Es no es posible.
-Lo fue mi pequeño centinela, yo no podía creerlo, pero era verdad... ellos no me rompieron, pero hicieron cosas que me convirtieron en lo que soy... después de ello me enviaron de regreso a la manada.
-Pero... ¿Estabas embarazada?
-Sí, fue por ello que no me rompieron, yo lo supe cuando me dejo mi hermano en esa celda... por ti fue que no permití que me convirtieran en un cascaron hueco y sin mente.
-¡Dioses!-. Fue el susurro general en la sala.

Nos contó que nací dentro de la manada, pero ella no quiso dejarme, se enfrentó a mi padre biológico y lo mato. Después de esto fue cazada por la raza, y tuvo que dejarme. Supuse que fue cuando Isidro Taftian me entrego a los Von der Rosen.

-Los Von der Rosen...-. No podía ni pensar en ellos, no de la forma en que murieron.
-Isidro te quería cerca, de su lado, con él... los Von der Rosen iban a llevarte a otro país, querían dejar esta manada y continuar por su lado, solos, lejos de tantas tragedias que en esos años ocurrían.
-Por eso los entrego...
-¿Qué?-. Interrogo Dante.
-Sí, fue en la gran masacre de los humanos y cazadores contra tu raza... se aseguró de que ellos murieran, y que nadie supiera que él los puso en la lista.
-¿Por qué no puedo recordarlo?
-Yo... bloquee esos recuerdos, no iba a permitir que te torturaras de por vida.

Sentí una punzada de furia crecer en mi interior, pero no sabía si esto era justo o no.

-¿Gabriel?
-Isidro sabía que esa pequeña te alejaría de él, así que se la entregó a los cazadores, igual que a mí... No pude encontrarla a tiempo... te falle, no logrando salvarla.
-¿Por qué no supimos que le paso?- Le interrogue con un hilo de voz.
-No lo permití... si sabias lo que le había ocurrido antes de su muerte...-. No termino su frase, pero supe lo que quiso decir.

Habría perdido la cordura.

-Entonces, ¿Siempre estuviste allí?-. Le pregunte sintiendo la furia crecer en mi interior. -¡No hiciste nada!
-No habría podido salvarles, aun si lo hubiese querido. Yo estaba resguardándote a ti y a nadie más.
-¿Por qué?-. Le grite.
-Porque tú eras el futuro, el único al que Isidro consideraría para dejarle el liderazgo de la raza...
-¡Yo no quería esto, no lo quise y no lo quiero!

El silencio que siguió a mi desesperación, fue demoledor.

-Imagina que sucedería si la alianza del este se hiciera con el liderazgo, ¿Que le pasaría a los humanos y latentes que están alrededor de la manada?-. Fue la pregunta de Dimitri lo que hizo que me centrara, fue como un balde de agua helada.

No podía creer que estaba por hacer esa pregunta, pero iba a hacerla de todas maneras.

-¿Que sucede con Ewah?
-El solo es un paladín, un guardián de la manada... debes hacer que este de tu lado, si quieres desacerté de la alianza del este.
-¿Quiénes son esos de la alianza del este?-. Interrogo Patricia.

Henrriette respondió por mí, diciéndoles que era una facción de lobos que querían hacerse del liderazgo de la manada. Tenían la loca idea de descubrir a su raza al mundo, y tomar desde allí el poder. Solo eran locos enfermos de poder, como lo fue Isidro Taftian. Sin duda, teníamos que detenerlos.

Pero...

-¿Estas acaso proponiendo una alianza?-. Interrogo Dimitri desde detrás de ella.
-¿Le enseñaste trucos al can?

Dimitri gruño y dio un paso hacia ella, le negué con la cabeza y este se detuvo.

-Te han hecho una pregunta Henrriette.
-¿Nunca me llamaras madre?
-Céntrate-. Le ordene.
-Bien, si, una alianza temporal con mi facción.
-¿Tu que ganaras?

Me sorprendí al darme cuenta de que fue Alekssandra la que hizo la pregunta.

-Solo... ayudar a mi hijo.

No era el único que sabía que estaba mintiendo.

-¿Por qué Isidro considero necesario un intercambio de sangre, si llevo su sangre?-. Le interrogue desviando el rumbo de sus mentiras.
-Por que querías que fueras “su” hijo, borrar de ti a tu padre.
-Mi padre era...
-Grigori Záitsev-. Me corto con un real atisbo de tristeza.
-¿Qué?-. Susurre.
-Tu padre era de origen ruso, un Bellator noble, de la casa de Rusia.

Levante mi mirada hacia Dimitri, este tenía su mirada clavada en mí.

-Mi padre era Warren Von der Rosen-. Le dije con seguridad, la seguridad de que por ochocientos años yo había sido un Von der Rosen. –No imparta quien me engendro, ¿queda claro?
-Si lo queda, Frederick-. Gruño furiosa. –Yo amaba a tu padre como nada más, pero te amaba más a ti, él ya no quiso estar conmigo después de los Venántium, ello solo querían mi cabeza, mi sangre.
-Eras un peligro para la manada-. Le respondió dante.
-Aun lo eres-. Le sentencie yo.
-Bien, cuando esto termine, volveré a ti y serás tú quien deba darme muerte.
-No-. Susurro Alekssandra.

Pero nadie le dijo nada, ese día había habido demasiadas revelaciones, para continuar, sabía que no debía confiar en un cazador, pero ¿Qué opción tenía? Si la alianza del este quería destruir a su propia manada.

-Bien, Henrriette, será como tú digas, solo al final. Por lo demás las cosas se aran a mi manera, cuando yo lo decida.
-No esperaba menos de ti, hijo.

Me respondió sonriendo antes de alejarse de nosotros para salir por la ventana. Alekssandra se puso de pie y se acercó a mí, Dante se sentó en el sofá junto a Iris, Patricia le ofreció una muda de ropa que llevaba en su bolso a Dimitri.

-¿Aun ahí más cosas que vamos a descubrir, verdad mi Rabdos?-. Me interrogo tomando la ropa de la mano de Patricia.
-Creo que sí, creo que si Dimitri, para comenzar... ¿De qué lado están las casa, si aún existen?
-Se exactamente donde podemos comenzar, pero debes dispensar a estas chicas de sus clases.
-¿Donde?

Eso de librarlas del instituto era un hecho.

-Rusia.

¡Puta-madre!

Muchas preguntas crecían en mi cabeza, las casa de la manada, mis padres, mis padres biológicos, el instituto… creo que mi cabeza iba a reventar y aun no tenía un-una-puta-idea-de-como-continuar.

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martes, 9 de julio de 2013

Capitulo diecisiete.
Sentimientos.




-¿Quieres apagar ya tu celular? Ha estado sonando toda la mañana-. Le perdí a Alekssandra cuando el timbre de su celular sonó por quinta o sexta vez.
-No es el mío bola de pelos, es el tuyo.
-Mmmh.

No quería saber de interrupciones, pero ya no podía escabullirme por allí y dejar todo atrás. En momentos como este, sí que detestaba al que alguna vez llame padre.

-Bueno-. Intente sonar interesado por lo que sea que mi interlocutor estaba diciendo, pero falle miserablemente. –Bien te veré después de clases en mi oficina.

Lance el celular sobre la mesita de noche, que estaba junto a la cama, en ese momento Alekssandra trataba de ponerse de pie.

-¿A dónde vas?
-Pues a ducharme, en un par de horas tengo clase…

La jale de nuevo a la cama conmigo, no opuso mucha resistencia que digamos.

-Hoy no asistirás a clase.
-¿No?
-Nop, tenemos cosas más importantes que hacer.
-¿Cómo cuáles?-. Me interrogo metiendo los dedos de su mano en el cabello de mi nuca.
-Como estas-. Le respondí girándome para quedar sobre ella, entre sus hermosas piernas.
-¡Estoy molida Fredy!
-¡A con que Fredy!

Le di una mordida entre la base de su cuello y el nacimiento de su clavícula.

-Fred-. Murmuro en un gemido. –Para, un minuto, tenemos que hablar.
-No quiero hablar.

Tomo mi rostro entre sus manos y me alejo un poco de ella, solo lo justo para poder verme a los ojos.

-Por favor, solo un minuto.
-Bien, tienes sesenta segundos exactamente.
-¿Qué va a pasar ahora?-. Me dijo suspirando.
-Dijiste que querías hablar no preguntar-. Me apoye en mis brazos para quitarle un poco del peso de mi cuerpo.
-Es en serio, ahora yo estoy con…
-Conmigo-. La corte, sabiendo exactamente qué era lo que buscaba. –Estás conmigo, eres  mía, ¿Entiendes eso?
-Pero…
-Sin pero Alekssandra, eres mía, solo mía.
-¿Del mismo modo que…
-Soy tuyo anima mea, irrevocable y definitivamente tuyo.

La sonrisa que apareció en su rostro, fue más que mágica, provenía de allí mimo de su alma.

-Pero… Si el consejo o los profesores se enteran…
-Los únicos que pueden replicar, o sentirse indignados por eso, son los… -. A punto estuve de decir “tu raza”. –Los humanos, que no entienden de nuestra raza.
-¿Y ellos? Los lobos ¿Qué dirán ellos?
-Voy a hacer honesto, ellos no van a aceptarte fácilmente como la alfa de su manada, pues no eres un Lobo o un latente.
-¿Es porque soy humana?
-Es porque si te aman de la misma manera que yo, algún día van a… a perderte.

Por-todos-los-dioses-conocidos-y-por-conocer, por eso no era bueno relacionarse con los humanos, pero… ¿Cómo lo evito ahora?

-¿Por qué me perderían?

¿En qué forma podría decirle? ¿Cómo le aria saber que ella moriría en un par de años y yo seguiría con mi vida? ¿Entendería ella lo que eso me aria? ¿Lo que le costaría a la manada? La bese porque no quería pensar en ello, no ahora, cuando por fin había admitido lo que tanto me había negado.

Metí mis manos bajo su espada, abrazándola con fuerza, escondí mi cabeza en su cuello.

-¿Qué ocurre amor?
-Yo he vivido por más de ochocientos años Alekss-. Respondí contra su cuello.
-¿Qué?
-Incluso Ewah es más antiguo que yo, por muchos más sigilos.
-¿Me estás diciendo que son inmortales?

Levante mi cabeza por que tenía que decirle viéndola a los ojos.

-No, podemos morir, como ustedes, envejecemos del mismo modo que lo hacen sus cuerpos… solo somos más longevos, nos lleva más tiempo envejecer.
-¿Así que has tenido dieciocho años por cuánto tiempo?
-Cerca de casi doscientos años.
-Yo solo viviré…
-No, no pensemos en eso ahora.
-¿Los latentes son como ustedes?
-Por poco, cuando mucho su vida se extiende de setenta a cien años más que los humanos más longevos.

-Por eso nadie decía nada cuando estabas con Patty.
-¿Qué?
-Novak dijo una vez, “Patty es más adecuada para ser suya” No sabía por qué lo decía, hasta…
-¡No!-. Mi gruñido la tomó por sorpresa. –Nunca, nadie más…Aun si no logro hacer que el tiempo de tu cuerpo se altere y tengo que verte… no abra nadie más.
-Eso te matara Frederick.
-Como lo hace el que estés en el instituto y no te tenga a mi lado.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

-No quiero que sufras por mi causa.
-Entonces déjame amarte Alekss, todos y cada uno de los días que nos queden por delante.

La bese justo donde había dejado la marca de la mordida, lamí su suave piel, colocando una de sus manos sobre la suave piel de su pecho desnudo. Su respiración era entrecortada, sus mejillas se sonrojaron levemente.

¡Dioses! No me cansaba de ella, de su aroma… en realidad la amo.

Acaricie sus piernas para acomodarnos en una mejor posición, quería que todo fuese más placentero para ella. La bese y acaricie como si fuese la primera vez, quería que todo fuera de ese modo entre nosotros, como la primera vez.

-¿Vas a dejarme Alekss?-. Murmure mordiéndole el labio inferior.
-¿Qué?
-¿Vas a dejar que te amé cada día?
-Frederick, no me tortures de este modo-. Se removió bajo de mí, pero la sostuve con mi mano.
-Dilo Alekss, dilo para mí.
-¡Fred!
-Dilo anime mea, por nosotros.
-Ámame amor mío, cada día, del resto de nuestras vidas.

Sus palabras fueron como un bálsamo para mi alma,  la tome con suavidad, lentamente. Me permitió amarla hasta que quedamos más que agotados, de modo que cansados, sudorosos y saciados fuimos a ducharnos. Apenas me puse el pantalón cuando tres golpes resonaron en la puerta, obviamente no era para mí, nadie sabía que estaba allí.

-¿Esperas a alguien, Alekss?
-Nop.

Tres golpes más sonaron en la puerta, estos venían con aromas que me pusieron furioso. Preocupación, furia, lujuria y el macho que quería se mantuviera lejos de mi mujer. En silencio, me acerque a la puerta y la abrí de golpe.

Luka Novak estaba allí frente a mí, con el rostro más blanco que el de un papel, y la marca de una mordida que Alekssandra había dejado en mi pectoral izquierdo, una marca que dentro de mi raza significaba pertenencia.

-Mi señor… ¿Qué hace en la habitación de…
-Mi mujer, esta es la habitación de mi mujer.
-Pero… ella y yo…
-Solo fue una estúpida pelea lo que me alejo de ella, fui un tonto que no quería aceptar mi error. Tú, y todos los demás sabía a quién pertenecía esta mujer.
-Es solo que creímos que…
-¿Qué la había dejado?
-Sí.
-¿Por qué?
-Usted estaba con la señorita Caballero.

Sip, mierda, estaba con ella, de hecho estaba con ambas y ambas lo sabían.

-Lo que ocurría entre la señorita Caballero, no era lo mismo que ocurre con mi mujer-. Le respondí enfatizando esas últimas palabras.
-No pretendí molestar mi señor, solo que no la vi en clases y me preocupe.
-Gracias por tu preocupación, ella se encuentra muy bien, podrás hablar con ella más tarde.

Con una reverencia de respeto, se dio la vuelta y regreso por el pasillo. Serré la puerta en silencio, sabiendo que ella estaba a mi espalda y había escuchado todo.

-Vas a mudarte-. Le dije sin volver a verla
-¿Qué?
-Vas a mudarte de esta habitación.
-Aquí vivo con Iris, no voy a dejar a mi amiga.
-Vamos Alekss, ella ni siquiera vive ya aquí, se la pasa con Dante. Pueden mudarse las dos, a la vieja casa del rector.
-Pero…
-Alekss, la manada ara y respetara mi decisión para con ustedes, podrá ser la nueva casa del consejo de La Rosa de Luna. Así vivirán con más chicas, y no estarán solas.
-¿Así todas podrán verte y lanzarse sobre ti, no?
-¿Qué? No, no es por ellas…

Alekssandra tenía una mueca de furia en su rostro, evidentemente era como yo, territorial y posesiva con lo que tomaba como suyo, y la ame más por eso.

-Bien, solo Iris y tú.
-Así está mejor.

Salimos de su recamara casi al final de las clases, me acompaño hasta el edificio de la rectoría, donde estaba la torre, en donde se encontraba mi oficina.

-Entonces señor rector, ¿Cuándo cree que pueda disponer de la vieja casa?
-Cuando guste señorita Vasíliev.
-¿Seguro que no abra problema?
-No señorita, no abra problema.  Recuerde a su amiga Iris que necesito a la triada de su consejo en mi oficina hoy más tarde.
-Con gusto señor rector.

Me pare frente a ella, lucia hermosa, muy hermosa.

-Si alguien te molesta o te hace algo…
-No voy a lanzar a mi Lobo contra nadie, Fred.
-¿Segura? Es que hay algunos cuellos que necesito morder.
-Muy segura.
-Bien, vete, necesito hablar con Dimitri.
-Te veo al rato.

Me dio un fugas beso y se alejó, me dirigí a mi oficina ensimismado en mis pensamientos, más bien dicho, en la noche de anoche. Si no le hubiera dicho nada o no hubiera ido a verla, seguramente, quien habría estado en poco tiempo en su cama no sería yo. Una punzada de terror me golpeo, pero me tranquilizó saber que ahora ella estaba conmigo.

Cuando entre a la oficina, me percaté de que no estaba solo, pero tampoco era quien yo estaba esperando que fuera.

-¿Cómo demonios entraste a este lugar por segunda vez?

Ella se volvió, entonces pude ver el terrible parecido que teníamos.

-Tengo que hablar contigo.
-Tú y yo no tenemos nada de qué hablar cazadora.
-Frederick, no, ese no fue el nombre que te di…
-Es mi nombre ahora, no quiero otro y no me interesa otro.
-Solo escúchame, por favor.

Observe con detenimiento a Henrriette, entonces me pregunte ¿Qué sabia de ella? Solo lo que Isidro decía en su diario, lo que Dimitri me contó. Pero, ¿Eso era suficiente?

Serré la puerta tras de mi con seguro, así quedábamos ambos atrapados en la habitación y solo yo sabía dónde estaban ubicadas el resto de las puertas. Quizá en un enfrentamiento contra ella estaría en desventaja, pero quería saber lo que tenía que decir, y si me quería muerto ya lo estaría… ¿No?

-Habla.
-Los humanos encontraron una familia de Lobos, una a la que los cazadores mataron, los dejaron allí con el propósito de que les descubrieran.

Esto era malo, demasiado malo. Habíamos vivido por siglos bajo las narices de los humanos, si estos habían sido crueles en el pasado, con sus nuevas tecnologías serian mil veces peor.

-¿Por qué harían semejante estupidez?
-Los Venántium están más divididos que nunca, ahí dos facciones que pelean por el liderazgo de los cazadores, uno de ellos quiere que todo salga a la luz.
-¡Pero eso nos llevara a la extinción a todos!
-Eso es lo que tú y yo y mi facción sabemos con certeza, ya pasamos por esto hace siglos. Pero esta nueva facción está apoyada por tus Lobos…
-¿De qué mierda estás hablando?
-Se hacen llamar “La Alianza del este”

Entonces el peso de todo callo sobre mis hombros, esta alianza, era más antigua de lo que pensaba y estaban trabajando contra nuestra propia raza, a espaldas de isidro Taftian.

-Él, Isidro ¿sabía esto?
-Intente decirle, cuando asesino a tus padres para traerte al instituto, también cuando tomo a  tu mujer y se la entregó a los Venántium, y la última vez que estuve aquí.
-¿De qué mierda estás hablando?
-Todo está en su diario, mi hermano siempre anoto sus atrocidades en ese asqueroso diario, incluso cuando me quería para sí mismo, por eso mi padre me dejo elegir a mi pareja, a tu padre.
-Pero… él no lo soporto…

Ahora lo entendía, esas primeras hojas de ese diario.

-Me entrego a los Venántium, ellos no me rompieron hijo, pero me convirtieron en lo que soy.
-Debes irte… el Custos que se te caza se acerca.
-tenemos que…
-Hablaremos Henrriette, no aquí, no hoy… Te veré en la vieja casa de los Von der Rosen a la media noche.
-No llegues tarde mi cachorro.

Sonrío tristemente antes de desaparecer de mi vista, un par de segundos después se abrió la puerta de un solo golpe.

-Mi Rabdos la sentí aquí.
No iba a mentirle, no a él.

-Estuvo aquí.
-Pero… ¿Qué ocurrió?
-Es malo Dimitri, muy malo, y este no es el mejor lugar… esta noche, llevaremos a Patricia, Iris; Dante y Alekssandra a la casa de mis padres.
“¿Qué tan malo es amigo mío?”-. Me interrogo a través de la senda telepática privada.
“Los Venántium quieren descubrirnos al mundo”
“Eso también los dañaría a ellos”
“Eso fue lo que dijo ella, y también me hablo de Isidro Taftian”
“¿Qué te dijo?”
“¿Lo sabes? ¿No es así?”

Dimitri desvío la mirada, volviendo a ver todo lo que había en la oficina, incluso la puerta que el mismo destrozo.

“tenía mis sospechas”-. Me respondió después de un largo tiempo. “Pero nunca pude probar nada, también creo que fue él quien entrego a nuestra raza a los humanos, pero no del modo correcto”
“¿A qué te refieres del modo correcto?”
“Utilizo a los humanos para hacernos temerosos, para escondernos y tener el control de nuestra raza entera”

Sentí un atisbo de furia contenida en sus pensamientos, esto era algo que él había estado guardándose por siglos, quizá.

-Hablaremos esta noche, debemos proteger a nuestras mujeres.
-¿Nuestras?
-¿Qué piensas que no sé lo que te pasa con esa niña?
-Mi Rabdos…
-Es un secreto entre nosotros, hasta que se lo hagas saber.
-Gracias.
-¡Madre santa! ¿Qué le paso a la puerta?-. Interrogo Iris Martínez, parada en el pasillo con Tifanny Monroe, Laiza Ewah y Alekssandra Vasíliev.

Iris se había unido a la triada líder del consejo de La Rosa de Luna, hacia unas pocas semanas, cuando Carolina Huerta había tenido que dejar el instituto por problemas familiares. Pero… ¿Tan tarde era ya?

-¿Qué hacen aquí?
-Usted nos sito aquí señor-. Me respondió Tifanny
-OH, sí... lo había olvidado… Bueno, en realidad solo es algo rápido. Pasen.

Las cuatro jóvenes entraron en silencio, Dimitri trato de acomodar la puerta en su lugar, cuando no se pudo, la dejo a un lado.

-¿En qué podemos servirle?
-Ella es Laiza… Simona. Es nueva en el Instituto, y se unirá a su consejo.
-Es la primera lupina del consejo-. Murmuro Tifanny emocionada.
-¿Cómo sabes que es una lupina?-. Le interrogue.
-Se ve como ustedes, es un manto de fuerza y poder… que nosotros no tenemos.

Sonreí satisfecho por ello, sería bien aceptada por el consejo, no solo porque fuera una orden mía, si no porque era una mujer poderosa, lo que nivelaría su balanza con los otros consejos.

-¿Tifanny, tenemos cosas que resolver, llevarías a Laiza a su habitación y le darías el recorrido?
-Si señor-. Dijo sonriendo. –Vamos Laiza.

Laiza hizo una reverencia de respeto y salió de la oficina con Tifanny.

Me acerque a Alekssandra y ante la mirada de todos la abrase y hundí mi cabeza en su cuello.

-Creo que has domesticado al lobo, Alekss-. Se burló Dimitri parándose junto a Patricia.
-Eso creo.

Por el momento no quería pensar en lo que se nos venía encima, pero si contaba con personas como Dante Landeros, Dimitri Ruso, Patricia Caballero, Iris Martínez y sobre todo con mi Alekssandra Vasíliev, no nos vencerían, ni nos romperían jamás.


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jueves, 4 de julio de 2013

Capitulo dieseis.

Decisiones.





Patricia Caballero, mi ex-novia, mi amante... mi futura en enemiga. 

Mi mejor amigo cree que es una pésima idea lo de infiltrarla en los Venántium, pero no entiende que es necesario. Si, somos muchos aun, pero en su mayoría machos, mujeres solo son un puñado, la mayoría viven en su forma de lobo en la manada o incluso en sus hogares. No puedo dejar que esta situación continúe de este modo.

Observe como fue sometida a entrenamientos intensivos en un muy corto periodo de  tiempo, su masa muscular cambio, su mirada cambio. Me percate de como aprendía cada nuevo truco, movimiento o hechizo que se le enseñaba. Vi como ese líquido morado era introducido en sus venas provocando un cambio de color en su iris, utilizaría unos lentes de contacto de su color habitual, hasta que su sangre absorbiera el líquido que la mantendría a salvo de los cazadores.

Era un líquido creado con la única instrucción de pegarse a cada célula de su cuerpo y protegerla de cualquier agente, natural o anti-natural que entrara en su sistema. Tardamos demasiado tiempo en desarrollarlo, y probar su efectividad no fue sencillo. Pero, sabía que por ese lado Patricia estaría protegida.

En ese momento me encontraba con Lara Molina, Giovanik Alline, Dimitri Ruso, Dante Landeros, Laiza y Patricia. Tomando la decisión sí o no dejar ir a patricia de una vez o esperar más tiempo.

-¿Bien?-. Me dirigí a Giovanik, a quien desde hace mucho conocía.
-Es una chica lista, aprende muy rápido, podríamos estarla preparando por años, antes de dejarla ir... Creo que es tiempo mi señor.
-¿Lara?
-Estoy de acuerdo con Gio.
-¡Esto es una insensatez es una niña y encima humana!-. Gruño Dimitri.
-Puede que sea una niña humana, pero soy yo y no el señor lame su propio culo quien va a hacerlo.
-Rabdos no puedes permitirle hacer semejante estupidez.

La verdad me sorprendía ver la furia en la mirada de Dimitri, no era normal en su carácter.

-¿Por qué debo impedirle hacer lo que desea y para lo que ha sido creada?
-Por qué podría morir.
-Si no se lo permito, esos hijos de puta llevaran a la extinción a tu raza, ¿quieres eso, Dimitri?
-No, jamás mi Rabdos.
-Patricia, ¿Qué piensas tú? ¿Por qué haces esto?


Ella estaba sentada en medio de Lara y Giovanik, en frente de mi escritorio, Laiza se mantenía aparte, sentada en uno de los mullidos sillones en la parte posterior de la oficina del rector, Dimitri daba vueltas de un lado a otro detrás de las sillas que ocupaban los tres. Dante estaba parado en una esquina, en completo silencio, muy a típico en él.

-Porque si tengo la posibilidad de hacer algo por mi raza…
-¡Por el amor de dios, eres una latente!-. La interrumpió Dimitri.
-Como dije, mi raza-. Continúo ella enfatizando esas últimas dos palabras. –Voy a hacer lo que sea necesario… voy a arrancarles todo aquello que les importe, del mismo modo que me quitaron a mi familia, incluso si tengo que hacerlo con mis propios dientes.
-¿Eso te convence Dimitri?

Al escucharla se había quedado de pie detrás de ella, con la mirada clavada en su nuca.

-Sigue siendo una niña.

Patricia se puso de pie con calma, paso a Lara y se paró frente a Dimitri.

-Dime una de la principal regla de un conquistador.
-¿Qué?
-Dilo-. Le ordeno en un siseo.
-Nunca dejes con vida a una mujer o niño que pueda blandir una espada en tu contra.
-Pues bien ellos me dejaron con vida, y voy a clavar esa espada en su corazón, tú podrás devorarlos después.

La sonrisa afloro en los labios de Dimitri.

-Cuando esto termine, tú y yo tendremos una charla, sobre quien tiene los colmillos más grandes puella.
-Niño tú, ¿piensas que no se latín?

Dimitri se giró a mí, con la sonrisa marcada en su rostro.

-Mi Rabdos quiero solicitarle formalmente la guardia personal de Patricia caballero.

El rostro de todos se volvió visiblemente blanco ante la petición del Custos, no era común que uno de su raza protegiera a un latente, pero no era imposible. De ese modo me sentiría más tranquila de enviar a patricia al campo enemigo, pero no quería ponérsela fácil al chucho este.
-Esa es una petición demasiado extraña y peligrosa para alguien de tu rango, por que debería permitirte siquiera estar cerca de mi mujer.
-¡Fredy!-. Protesto Patricia riendo. –No soy “tu” mujer…
-Silencio Patty, que este pulgoso no sabe eso.

Dimitri lanzo su celular en mi dirección, lo atrape antes de que se estrellara en la pared.

-¿Así piensa mantener a salvo a la latente? Si ni siquiera le atina a Rabdos-. Comento Laiza desde el sillón, con una muy grande sonrisa en su rostro.
-¿Vez Dimitri? No soy el único que se opone.

Nos reímos por mucho rato de mi guardián, quien ahora estaba renunciando a mí, para mantener a salvo a Patricia. Después de que de las risas nos doliese el estómago, nos quedamos en un muy agradable silencio.

-¿Permitirás que sea mi guardián?-. Me interrogo ella con temor es su voz.
-Claro que sí, pero creo que en este caso un vínculo de sangre será más efectivo.
-Si eso piensas mi Rabdos y a ella no le ofende un vínculo de sangre con un Custos, será un honor para mí.
-¿Patty?
-También para mí será un honor mi señor.
-Bien, me encargare de eso más tarde con ustedes dos, ahora tengo una idea de cómo hacerte llegar a los cazadores.
-Esa mirada en tus ojos me asusta Frederick-. Murmuro Patricia.

El plan era simple, nosotros no enteraríamos de sus orígenes y diríamos que amablemente Henrriette vino por Patricia para reclutarla, por supuesto el rector Isidro Taftian se puso y por ello el ataque y muerte subsecuente de este. Patricia no tendría otro remedio que ser juzgada por traición, para ello logra escapar engatusando a uno de los centinelas.

Es perseguida por dos centinelas Lara y Giovanik, pero el encargado de ejecutar su sentencia de muerte, y lo que explicaría a los cazadores su presencia tan cerca de patricia, obviamente sin poner en descubierto la verdad.

-¿Vas a hacer que la persigan hasta la casa de los cazadores?-. Interrogo Laiza poniéndose de pie.
-No, van a llevarla allá, Dimitri tendrá que perseguirla un día o dos, para hacerlo más real, pero en realidad estará acompañándola a las puertas enemigas, una vez allí… Solo que ahí un pequeñísimo problema con eso.
-Van a atacarme en cuanto me vean-. Termino Dimitri por mí la frase.
-Estaremos allí para respaldarlo, permite llevar un pequeño grupo de asalto, así entregamos a la señorita caballero y traemos el trasero peludo del Custos Ruso a casa-. Opino Giovanik.
-Esa es una excelente idea, háblalo con Dante, que desde que entro a este lugar parece una jodida estatua.

Dante solo levanto la cabeza, y asintió en silencio.

-Gracias mi señor-. Giovanik se puso de pie, seguido por Lara. Ambos hicieron una reverencia y salieron de la oficina.
-Preparen las cosas en el templo de San Isidro, iré para allá en un rato.

Sin decir nada Dimitri y Patricia salieron también.

-¿Qué sucede Dante?
-Nada.
-Escúpelo o te lo saco a mordidas.
-La situación de Laiza es más complicada de lo que juzgue al principio, mi padre me ha desheredado y me ha repudiado como su hijo por apoyarte en liberar a Marcial y permitirle a Laiza la entrada al instituto.

Me puse de pie en silencio, y avance hasta él. Lo que le había hecho su padre era-una-reverenda-putada, pero no iba a dejarlo solo, jamás pasaría por ese dolor solo, yo sabía lo que era perder a mis padres, pero el que ellos te den la espalda debe ser mil veces peor. Puse mi mano en su nuca, levantando su cabeza para obligarlo a verme a los ojos.

-De hermano a hermano, te prometo que are que se repare el daño que sea infringido en tu contra, te juro esta noche que todo el daño será reparado.
-No… Fred…
-Sí, he dicho que será reparado.

Laiza se paró a mi lado.

-Me tienes a mí también para apoyarte, mi hermano.
-Gracias-. Murmuro con la voz quebrada, pero no se permitió ceder a sus emociones. –Tenemos que ver lo de su ingreso al instituto, los consejeros quieren examinar su archivo.

Clavo su mirada en Laiza, me aleje un par de pasos de ellos.

-No podemos usar el nombre de tu padre como están las cosas, usaremos el nombre de tu madre-. Le sugerí meditando sobre todo lo que estaba pasando bajo mis narices.
-A Ewah no le gustara eso-. Protesto la chica.
-Lo sé, pero así es como están las cosas, mañana te llevare con la triada líder del consejo Rosa de Luna, y te presentare ante el consejo de la escuela.
-No quiero causar conflictos, yo…
-No Laiza, no me importa morder algunos cuellos con tal de que te dejen tranquila y te permitan ser feliz con Marcial o quien tú escojas.
-Gracias mi señor, gracias Dante.
-No digas eso, es un placer ayudarte, hermanita-. Le aclaro Dante con una sonrisa en sus labios.
-Bien, pondré a Sandra a trabajar en ello, ahora iré con Dimitri y Patty.
- Buena suerte con ese par.
Salimos de la oficina del rector y una vez en la planta baja tomamos distintos caminos, yo me dirigía al poniente del instituto a la capilla de san Isidro, que no era más que una habitación llena de bancas, y la enorme cruz de madera en el centro de esta sobre el altar. Lugar que Isidro Taftian utilizaba para rezar a sus dioses, y la orden de la Espina negra a su dios.

Nunca entendí ese hecho tan paradójico, que utilizaran el mismo espacio, diferentes culturas, diferentes dioses y todos en santa paz. Cuando entre en la habitación el aroma de sándalo y lavada inundaron mi nariz, la luz de cuatro velas iluminaban el lugar. Era evidente que ellos ya habían hecho un círculo de purificación, y ellos estaban dentro. De igual forma, yo no participaría, solo guiaría a Patricia y seria testigo de este vínculo.

-Mi Rabdos.

Reí ante la cortesía de Dimitri, aun cuando acabara de verme hace cinco minutos o una hora igualmente me saludaba.

-¿Listos?
-Si.- Respondieron ambos.
-Bien, Patricia, esto será doloroso, no debes llorar o gritar o tratar de alejarte en todo momento.
-¿Por qué?
-Dimitri va a morderte con sus colmillos extendidos, y beberá tu sangre.
-¡OH mi Dios!
-Dado que no puedes morderlo de igual forma, usaras la daga de cristal que está en su cintura, no debes preocuparte, el no siente dolor, o lo soporta mejor que tú.
-¿Estás seguro que no va a dolerle?
-No me dolerá pequeña niña, confía en mi Rabdos-. Le respondió Dimitri en mi lugar.
-Bien, finamente es tu cuello no el de él.
-Hagamos esto.

Dimitri se paró a un respiro de Patricia, ella se veía más pequeña a su lado de lo que realmente era, el ruso, coloco una de sus manos en la cintura y otra en la nuca.

-Relájate niña, voy a tratar de no dañarte-. Le dijo Dimitri casi al oído, Patricia estaba visiblemente tensa.

Patricia se aferró a él con tanta fuerza, que vi como la piel de sus manos se ponía blanca, y apretaba sus ojos y su boca para no llorar ni gritar. La mordida no sería en la yugular, pues no tenemos agentes coagulantes en la saliva, pero una vez que ella bebiera de Dimitri, se curaría a si misma más rápido que cualquier humano o latente.

Patricia movió su mano entre ellos y tomo la daga de la cintura del Custos, y corto una línea de casi dos centímetros en su cuello, la línea roja bajo con rapidez, titubeo un poco, pero finalmente probo la sangre del lobo. Hecho esto, los deje solos para que terminaran su ritual, mi parte estaba hecha, la de ellos comenzaba.
Era demasiado con lo que tenía que lidiar, la llamada “alianza del este”, la manada del instituto, los Landeros, Patricia, sin contar los problemas diarios con estudiantes y profesores, los lobos que vivían en el extranjero, y para colmo mi talón de Aquiles, Alekssandra Vasíliev.

Y hablando del diablo…

No soportaba verla con Novak, de hecho con nadie, pero no había nada que pudiera hacer o… ¿Si?

El reloj me decía que eran casi las once de la noche, y ellos se dirigían al edificio donde las chicas tenían sus habitaciones. Ocultándome de la vista de todos me dirigí hasta su habitación, no fue fácil pero logre llegar antes que ellos. Me escondí en el baño, con la esperanza de que entrara sola, de lo contrario ese lobito iba a probar mis garras.

Pasaron, cinco minutos o una hora, o no se cuánto pero espere hasta que la puerta se abrió y se serró en muy poco tiempo, solo escuche unos pasos, unos pequeños pasos. Entonces Salí del baño.

-Me alegra ver que dormirás sola.
-¡Madre santa!-. Grito Alekssandra antes de clavar su mirada en mí. –Casi me matas del susto, ¿En qué demonios estabas pensando?
-En realidad no estaba pensando Aleks.
-¿Qué haces aquí?-. Me interrogo poniéndose las manos en la cintura.

¡Mierda!

Haber ido a verla había sido un grave, muy grave error, que se repetiría una y mil veces más.

-Solo… necesitaba verte.
-¿Solo verme?
-Sí.

No supe que más hacer así que me dirigí a la puerta, puse la mano en el pomo de la puerta, pero no quería abrirla.

-Te amo Alekss-. Murmure.

Dos palabras que jamás había dicho a nadie, ni siquiera a Gabriel, salieron tan naturales de mi pecho que no las reprimí, deje que se expresaran.

-Frederick, espera…

Sentí su mano en mi hombro, me jalo solo un poco para hacer que me volviera a verla.



-Te amo-. Dijo antes de abrasarme y unir su boca a la mía...
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