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martes, 25 de junio de 2013

Capitulo quince.
Secretos.




Apenas había pasado mi cumpleaños, me negué a que se celebrara. No podría tolerar otra celebración con el luto aún reciente, quizá dentro de un año. Pero no podría evadir la celebración de año nuevo, por más que quisiera. Lo cual sentía como un montón de espinas en el trasero... ¡Mierda! hablando de espinas.

-Buena tarde señor Von der Rosen.

Sip, lo detestaba, pero era el líder del consejo de la Espina negra, por lo cual ahora en mi nuevo puesto, tenía que tragarme la bilis y sonreír.

-Buena tarde señor Hanson, ¿que lo ha traído a mi oficina?
-Esto que he venido a decirte, requiere del secreto de...
-Vienes a mí como tu rector no como tu compañero de manada.
-Así es mi señor.

Bien esto no me sorprendió porque se tratara cualquiera poco común, era porque se trataba de Orlando. Nuestra relación se volvió polvo, después de un fuerte enfrentamiento que tuvimos por la dirección que el consejo de las Cruces Doradas debía o no tomar. Nuestra raza no solo era politeísta, también mágica. Orlando después de su primera pareja, se convirtió a su religión y esto atrajo a más de sus seguidores.

No es que estuviéramos serrados a las nuevas creencias que los humanos trataban de imponerle al resto del mundo, eran ellos los que no tenían tolerancia contra las creencias del resto del mundo. Orlando Hanson había sido mi mano derecha y mi mejor amigo, junto con dante Landeros. Era la triada más fuerte y unida que jamás se había visto en el consejo, pero al cortar uno de los brazos todo cambio.

El rector Isidro Taftian le dio la opción a Orlando de crear este nuevo consejo, y así se hizo.

-Toma asiento-. Le indiqué acercándome a la puerta para cerrarla.

Volví a mi silla detrás del escritorio, en absoluto silencio.

-Frederick, por la amistad que alguna vez nos unió... necesito pedirte un favor.
-¿Qué clase de favor?
-Necesito que liberes a Marcial de las obligaciones para con Ewah.
-Eso es jurisdicción del lupino.
-Marcial es uno de los míos, fue impuesto por el antiguo rector como su servus, después de su falta.

OH! si lo recordaba, trato de tomar a la segunda hija de Ewah, y en el proceso casi pierde las pelotas en la mandíbula del macho. Como castigo, el rector lo nombro sirviente de la familia de Ewah, una relación de sirviente/esclavo de por vida.

-Está pagando su deuda.
-Le necesito.

OK, ahora si había atrapado mi atención.

-¿Para que necesitas un intento de violador?
-¡Él no la violo!
-Por eso dije "intento de violador", Orlando.
-Tengo testigos de que no fue Marcial el que la ataco.
-¿Por qué no las presentaste antes o las llevaste al consejo?-. Le gruñí con furia.
-Lo hice-. Me respondió con un susurro de voz que de haber sido más baja no le habría oído, al momento que me respondió inclino la cabeza exponiendo su cuello. -Lo hice...

¡Con-los-mil-demonios! el aroma del macho frente a mí, estaba diciendo la verdad. Además del hecho de que había expuesto su garganta, ningún lobo en su sano juicio se revelaría vulnerable ante otro, incluido su alfa.

-Cuéntame lo que ocurrió, pero quiero la verdad absoluta, y sabré si estas mintiéndome.

Guardo silencio desviando la mirada hacia el suelo, tallando sus manos con nerviosismo.

-Marcial, como sabes se volvió en mi mano derecha dentro de la triada del consejo... Laiza... ella quería dejar la manada y unirse a la Espina Negra. Guardo silencio, supuse que ordenando sus pensamientos. -Marcial se enamoró de Laiza, pero también lo hizo Lucas...
-¿El gemelo de Marcial?-. Le interrogue interrumpiéndolo.
-Sí, su gemelo, pero a diferencia de Marcial, este no externo sus emociones... hasta que Laiza mostró interés en Marcial.
-Pero, atraparon a Marcial en la cueva sobre ella...
-No fue a Marcial a que atraparon, cuando él fue a confrontar a su hermano en el calabozo...

Bien usando la imaginación, tuve la respuesta.

-Lucas es parte de mi consejo.
-Lo que lo hace intocable para mí, Frederick.
-¿Por qué Isidro Taftian no hizo nada?
-No te ofendas, pero el antiguo rector solo veía por sus intereses... Ewah quiere emparejada a Laiza con un macho de la manada del bosque, no con un caminante.

El termino con el que la manada del bosque se dirigía a nosotros era "camínate" y nosotros a ellos "lupinos".

-¿Con quién?
-Con... Taylor.
-¿Taylor Landeros?
-Si... pero Dante no lo sabe... Porque de otro modo lo sabrías tú.

Eso me hizo pensar en que más cosas Isidro Taftian había mantenía ocultas, él bastardo sabía bien que no permitiría cosas como estas.

-Nos reuniremos con Ewah y la manada al amanecer, quiero tus pruebas y a tu gente allí... yo llevare a Lucas, a Dante y a Taylor.
-Gracias.
-No, aun no digas eso. No he hecho nada por mi raza para merecer la gratitud.
-Me escuchaste Frederick, y  más importante, creíste en mí, eso te convierte en un alfa. En mi alfa.

Con una ligera inclinación de respeto se despidió y se fue, dejándome con un amargo sabor en la boca. Definitivamente tenía que seguir leyendo ese diario. Pero, esa noche era año nuevo, y como en otro años me encontraría solo, aun cuando mi corazón le pertenecía a alguien.

Baje a mi habitación, los maestros del instituto me habían sugerido mudarme a la casa del rector. Pero esa sugerencia no era de mi agrado, prefería tomar el ático junto a la torre magisterial. Un que en este momento estaba en remodelación, pero pronto seria mío. 

Al entrar en la habitación me encontré con un traje de Aldo Conti, me causo gracia el tener esto entre mi guarda ropa. En realidad, yo no lo había comprado, pero alguien me había murmurado alguna vez que "me vería como un forro en un Aldo Conti". Fue en una de esas charlas de cama, que tuve con ella hasta el amanecer.

-Alekss-. Murmure sin poder evitar sonreír.

Me di una ducha rápida, y me enfunde en el traje que estaba seguro Alekssandra me había regalado. Justo a las diez con treinta minutos, Salí de mi habitación para dirigirme al gran salón donde se llevarían a cabo las celebraciones de año nuevo.

Un edificio de unos cuatro pisos de altura, tan amplio y ancho como dos canchas de futbol, en roca negra, con gigantescos ventanales, en los que se apreciaban hermosos vitrales, que tenían relación con la manada y nuestra huella.

Me recargue en el marco de la puerta, observando el ir y venir de las personas.

-¿Piensas que por que eres el rector te salvas de ayudar?

Me interrogo Dante Landeros parándose a un lado e mí y colocando su mano en mi hombro, lucía una hermosa sonrisa en su rostro.

-Si un centinela no ayuda, ¿yo por qué si?
-Por que debes poner el ejemplo.
-Pateando tu trasero sería un buen ejemplo para los que no hacen nada.
-¡Hey!
-¿Qué no te gusto?
-Nop, nada, ni lo pienses….
-Bien, olvidado… ¿Cómo vas con Iris?
-Es una chica dulce, es atenta y…

Guardo silencio quizá por la expresión de mi rostro, no estaba muy interesado en su vida con iris, sabía que era feliz porque se veía y se olía.

-Sigue-. Le pedí.
-¿Tú quieres saber de ella?
-Claro, quiero asegurarme que mi gente está bien, es mí deber de alfa y…
-Corta esa mierda no me refiero a mi luna, si no a “ella”.

¡Mierda!

Si, OK, de acuerdo, estaba en lo correcto… quería que me dijera que ella me extrañaba y se andaba lamentando por los rincones, y que rogaba por que volviera.

-No sé de qué “ella” me hablas.
-OK, no sabemos de qué ella. Pero ella está saliendo con Novak.

Muy bien eso fue más doloroso que una puñalada al corazón, no es que me hayan apuñalado alguna vez en ese lugar, pero supuse que así se sentía. Me trague mis emociones, colocando sobre mi rostro la máscara impenetrable que me había construido a lo largo de la vida.

-Muy bien, es una perfecta elección de macho.
-¿De verdad la dejaras libre?

¡No, nunca ella es mía, le guste-al-puto-mundo-o-no!

-Sí.
-Eso debe doler.
-La vida es una puta, ¿Qué más da?

Esa noche más tarde el brindis fue un dolor en el trasero, lo único que quería era ir y meterme en mi cama y dormir hasta el día siguiente. Pero, tampoco podía hacer eso, tenía el asunto de la Espina Negra pendiente.

-Un sabio dijo un día: cierra los ojos y piensa en todo lo que te hizo sonreír en el ano, entonces olvida el resto-. Si, lo sabía no era la mejor forma de iniciar un brindis, pero dado todo lo que había sucedido en el instituto no había palabras mejores. –La vida nos ha llevado a cerrar un ciclo más, este día no celebramos solo el fin de un año y el comienzo de otro, celebramos ser una familia, una que será indestructible… Salutis nostrae.
-Salutis nostrae—Respondieron todos.

Después los miembros del profesorado dijeron unas palabras y continuaron brindando, yo no escuche nada, tenía mi atención en “ella” que estaba sentada aun lado de Luka Novak, riendo y dejando que le atendiera. Me moría por ser yo, el que estuviera allí, el que riera con ella, el que mostrara nuestra unión en público, pero eso no iba suceder.

Cuando me di cuenta las personas se abrazaban y felicitaban por haber vivido trecientos sesenta y cinco días más, ilusos. La cena… no recuerdo que fue, ¿Cordero? ¿Cerdo? Pero debió estar deliciosa, seguro. El baile con música de todo tipo, baladas antiguas, modernas, música rock, etc.

Sentí mi cuerpo moverse pero no fui consciente de estar haciéndolo, hasta que Dimitri Ruso, se interpuso en mi camino.

-¡Basta Rabdos!
-¿Qué?
-estas gruñendo y siento tu lobo demasiado cerca de la superficie, si continuas le arrancaras la cabeza a alguien, y tendré que detenerte.
-¿De qué dem…

Entonces lo note, estaba solo a un par de metros de Alekssandra y Novak, le había visto darle un beso y mi lado lobuno tomo el absoluto control.

-Debo salir de aquí.
-Vamos, a tomar aire.

Dimitri me saco del gran salón sin dificultad, yo era como un muñeco en sus manos. El frío aire de la noche me sirvió para aclarar mis emociones, solo un poco.

-¿Qué mierda fue eso?-. Me interrogo cuando estábamos a distancia prudente de los oídos de alguien dentro del salón.
-Un error.
-¿Es por esa chica?
-No.
“Mentiroso”
-¿Qué haces aquí Ewah?

Bien, dije que nadie dentro del salón nos escucharía, pero este perro, no estaba en el salón. Pero, el lupino no venía en su forma de lobo.

-Te lo dije hace meses, que en el momento que estuviera sola…
-Está conmigo-. Lo interrumpí.


Los ojos de Ewah se estrecharon, bien sabía yo que él no podría saber si mentía o no.
-¿Entonces que hace con Luka?
-Sol le di un respiro, sabes bien que me gusta compartir.

De que todos supieran eso me había asegurado, compartiendo a las mujeres con las que me acostaba con Dante u otros miembros del instituto. Por lo menos esa mentira logro apaciguar al lobo que tenía frente a mí, cruzo los brazos sobre su pecho.

-El espino negro vino a mí.

¡Maldita sea Orlando!

-¿Qué quería de ti?
-Quiere un consejo mañana, solo tú, los Landeros, los gemelos Bruch, el consejo De la Espina negra y la manada.
-Así es, yo se lo ordene-. Si le digo que se lo pedí o lo sugirió, jamás lo creería. -En un par de semanas debemos enviar a Patricia con los cazadores, y debemos prepararla.
-Bien, entonces te veré al amanecer.

Ewah regreso por donde vino, sin ser visto, tal y como llego.

-No necesitas a la manada para eso, ¿Qué ocurre Rabdos?
-Aun no lo sé Dimitri, aun no lo sé.

Cerca del amanecer, el consejo de la Espina Negra escoltaba a uno de los gemelos Lucas Bruck. Dante y Taylor Landeros caminaban a mi lado, Dimitri en su forma de Custos resguardándonos a todos. Llegar al perímetro inferior de la manada fue fácil.

Allí nada más se encontraba la familia de Ewah, sus dos primogénitas, y un grupo de ocho centinelas, tres Custos y dos Bellator.

“Buen día, bienvenidos a mi hogar”

Sabía que Ewah nos estaba vigilando y evaluando desde entramos en el territorio de la manada, y que seguramente ya se había percatado que esto nada tenía que ver con Patricia Caballero.

-Que la luna guíe tus pasos hermano Ewah-. Le respondí haciendo una ligera inclinación de cabeza.
Con un movimiento de mi mano, Dimitri tomo a Lucas por el cuello y lo arrojo a los pies de Ewah.

“¿Qué significa esto?”-. Gruño el lupino en la senda telepática común.
-Este es el violador de tu hija, no Marcial.
“¿Llamas mentirosa a mi hija?”
-Nunca.
-¡Yo no hice nada!-. Grito Lucas, tratando de ponerse de pie.
-Silencio-. Le gruño Dimitri colocando su pata en la espalda del chico, para que se quedara en el suelo. –Mi Rabdos está hablando.
-Gracias Custos Ruso-. Me dirigí otra vez a la familia de Ewah, en especial a Laiza. -Conocías bien a Marcial, lo amabas, ¿podrías decir que fue él el que te ataco?

Laiza se puso visiblemente nerviosa, metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, y rehúya de mi mirada.

“¿Es a mi hija a quien estas juzgando Von der Rosen?”
-Déjala que responda, por algo ella permanece en su forma humana. ¿Quiero saber por qué?

Taylor Landeros  a un lado de mi mejor amigo, estaba visiblemente nervioso, al igual que Lucas.

-Yo…
“Guarda silencio”-. Le gruño Ewah chasqueando la mandíbula, un centinela coloco la mano en el hombro de la joven. “Ella fue atacada por Marcial Bruck”
-¡Mientes!

Por primera vez Orlando intervino, pero se veía contrariado, como si estuviera por echarse para atrás. Me di cuenta que un Bellator tenía la mirada clavada en él, y en su mirada había ira y desprecio. Maldita-sea, reconocí el pelaje dorado de su padre.

-William Hanson, trae a mi presencia a Marcial Bruck-. El padre de Orlando se debatía entre seguir mi orden o continuar intimidando a su hijo para que desistiera. Al final volvió su mirada a Ewah, como si esperara su aprobación. –Soy yo el Rabdos de Isidro Taftian, quien es tu alfa, no Ewah. Si estas en desacuerdo, tu o cualquier otro de la manada, son libres para desafiarme.

Las últimas palabras que dije salieron como un gruñido, pero eran claras y dejaban en claro quién era el que daba las órdenes.

William se adentró en la guarida, después de un par de minutos, un joven que en nada se parecía a Lucas salió seguido del gigantesco perro. El joven y su gemelo ya no se parecían en nada, me dio la impresión de que a este chico lo habían utilizado más como chivo expiatorio que como sirviente.

-Míralo Laiza, este es Marcial, quien fue tu corazón… ¿Fue este joven el que te ataco?

En ese momento ella corrió hacia mí, tirándose a mis pies y llorando amargamente.

-Mi señor… me obligaron a decirlo… fue Lucas, Lucas trato de violarme… Isidro… maldito me obligo a culpar al único hombre que he amado.

Me acuclille y tome su rostro entre mis manos, tratando de confortarla y limpiar sus lágrimas.

“Cállate”-. Gruño Ewah, más furioso.
-¿Por qué te obligaron a hacerlo?
-Para quitarlo de en medio, y que fuera Taylor Landeros quien me tomara…
-¡Eres una mentirosa!-. Grito Taylor.

Con la mirada le ordene a dos centinelas que lo contuvieran.

-¿Por qué nuestro antiguo alfa, tu padre y los Landeros harían eso?
“Si hablas, no volverás a la manda jamás”-. Siseo Ewah, algo que me pareció peligroso.
-Tendrás tu lugar en el instituto Laiza, confía en mí.
“Mal nacido”

Ewah se lanzó contra su hija y contra mí, pero no llego muy lejos, los Custos que el mismo había llevado lo retuvieron, tomándolo de las patas y el cuello. Laiza se resguardo en mí, temblaba como una gelatina.

-Habla con migo Laiza…
-La Alianza del este… ellos querían el lugar de Isidro a la cabeza de la manada, mi padre seria su estandarte, para ello…
-Debías casarte con un Landeros en lugar de un Bruck.
-Sí.

Gruñidos a mi derecha me indicaron que había sido Dante quien se abalanzo sobre su propio hermano. Si no intervenía las cosas se saldrían de control, deje a Laiza con Orlando.

-¡Basta!-. Le grite a todo el mundo dando un puñetazo en el suelo, lo que provoco un estremecimiento en la tierra, cosa que provoco que su trasero cayera en la tierra. –No estamos en una jungla. Ewah, liberaras a Marcial y Lucas ocupara su lugar, dado que has desterrado a tu hija, ella vendrá con nosotros. Taylor, quiero a tu padre aquí para ayer.
“No puedes hacer eso”
-¿No? Yo soy el rector, no tú, y si no te gusta eres libre de retarme. Dimitri, vámonos.

Algunos miembros de la Espina Negra tomaron a Marcial, quien se había dejado vencer sobre sus piernas al saberse libre, Laiza corrió hacia él. Ewah, molesto tomo a Lucas. Dante escolto a su hermano de regreso al instituto por otro camino, quizá le diera una paliza, quizá trataría de salvar a su familia, yo confíe en su decisión.

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jueves, 20 de junio de 2013

Capitulo catorce.
Navidades II.





Después de convivir con los pocos que se quedaron en el instituto, con un amargo sabor, puesto que la alegría de esa fecha se había perdido. Cerca de las cuatro de la mañana me retire hacia mi habitación, del interior del cofre extraje una cajita de madera, que había estado guardada allí por mucho años. Ya era momento de entregarlo, o de regresarlo.

Tome mi chamarra y salí de allí, para cuando llegue al estacionamiento, estaba centrado en mis propios pensamientos. Estaba por un lado Patricia Caballero y su inminente entrada a las filas de los cazadores, por el otro lado, estaba molesto con Alekssandra Vasíliev por haber sido una distracción...

¡Demonios! Hablando del diablo.

-Señorita Vasíliev, buena noche.
-Señor Von der Rosen, ¿Por qué se retiró del convivió?
-Debo ir a ver a una mujer muy importante para mí.
-¿Puedo acompañarte?

Eso sí me dejo en shock.

-¿Te digo que voy a ver a una mujer y quieres acompañarme?
-Sí, ¿Que hay de malo con ello?
-¿Que ahí si voy porque voy a tener sexo?

Una sonrisa se formó en sus labios, lo cual me indico que no se amedrentaría.

-No me gusta compartir.

Me acerque a ella, colocando la cajita sobre el toldo de mi auto con ella entre mis brazos.

-Señorita Vasíliev no sabía que le interesaran los tríos.
-¡No!
-¿Entonces usted prefiere ver? Eso no me excita tanto, pero…
-No voy a ver tampoco, es usted un sucio, señor.

Acerque mis labios a su oído.

-¿Puedo probártelo aquí mismo?
-Si… No, si lo haces llegaremos tarde con tu mujer…
-Tienes razón, pero el día tiene veinticuatro horas, Aleks.

Tome mi caja y me dirigí al otro lado del coche, una vez dentro le pedí que llevara ella la caja. Un poco después del amanecer, y al norte del instituto entramos en una zona boscosa a los pies de una montaña. Aparque el automóvil, y espere, en silencio.

-¿Qué? ¿Te estas arrepintiendo?
-No-. Le respondí aun sin tratar de bajar del coche.
-¿Qué ocurre?
-Hace… lo que parece más de doscientos años no he estado por aquí.
-Bueno, estas aquí ahora, así que vamos-. Me respondió abriendo la puerta del copiloto.

Bien, ella tenía razón. Después de apearnos la conduje por un sendero oculto en ese bosque, hasta un pequeño claro a casi medio kilómetro de donde habíamos aparcado. En el centro del claro una tumba sin nombre cubierta de lechuga d montaña, campanuda glomerata, clavel cantabrico, lirios azules y morados, acontillo azul, y la flor favorita de Gabriel Erodium Foetidum.

Un pequeño santuario, que parecía un jardín secreto, aun después da tantos y tantos años.

-Ven-. Tome su mano y comencé a caminar.

Tome un respiro antes de soltar su mano y colocar una rodilla en el suelo, un puño en mi corazón he inclinar mi cabeza, en señal de respeto. No sabía que decirle. Después de todo la había enterrado aquí y la había abandonado por mucho tiempo.

-Hola Gabriel-. Un quejido de sorpresa salió de la garganta de Alekssandra, lo cual me sirvió como un ancla para no tirarme al suelo y seguir con esta patética situación. –Lo olvidaba, ella es Alekssandra Vasíliev… Sí, es rusa.
-¡Hey! Puedo presentarme sola, gracias.

Alekssandra se puso de rodillas junto a mí, con la caja abrazada a su pecho.

-Feliz navidad Gabriela-. Le susurro rozando las plantas con su mano en la base de la tumba.
-Feliz navidad…-. ¿Podía aun usar el término amor, para dirigirme a ella estando junto a Alekssandra? –Gaby.

Con la mirada le pedía Alekssandra que abriera la cajita de madera, que quizá tenía más edad que los dos juntos.

-¡Por dios! ¿Esto es…
-Una corona, su corona-. La interrumpí.

Tome la corona de la caja con de madera con un forro de terciopelo negro en el interior, la corona era un aro de oro, con picos similares a las astas de un venado, con una única joya roja en forma de gota en donde las puntas frontales se unían.

-Tarde demasiado en devolverla, lo se… Pero aquí esta, ahora somos libres Gabriela.

Coloque la corona sobre el montículo de tierra que era su tumba.

-¿Una corona?

Por un segundo olvide que ella estaba aquí conmigo.

-Ella era la hija de los reyes de uno de los antiguos países donde estuvo el instituto alguna vez, una princesa humana.
-¿Ibas a casarte con ella?
-Sí, era… habría sido una boda no solo por amor, Aleks… También un matrimonio por conveniencia, una alianza entre humanos y lobos.
-Todo se jodió cuando ella murió.
-así es, pero por la forma en que murió… los humanos vinieron por nosotros, casi llevándonos a nuestra extinción, por ello…
-La manada en el bosque.
-Sí, así es-. Vi las flores alrededor de la tumba de Gabriel, con lo que estábamos por enfrentar podría también perder a Alekssandra, eso me golpeo como nada en el mundo. –tenemos que terminar Aleks.

Ella no respondió, solo abrazo más contra su pecho la cajita de madera.

-Lo sé-. Respondió después de varios minutos. –Lo he sabido desde que todo esto comenzó.
-No es que no…
-No importa ya Frederick, las cosas son así y debemos afrontarlo… Estos son nuestros últimos minutos juntos.

La serenidad en su voz estaba destrozándome por dentro, pero no podía perderle a ella, ella era mi razón de amanecer cada día. Me estaba arrancando el corazón para no dar un paso atrás y tomarla entre mis brazos, por no perderme en su piel nuevamente.

-Ya no podemos ser amigos tampoco.
-No me quites eso, eres… eres mi mejor amigo.

Lo que yo era, era un –maldito-hijo-de-mierda.

-No voy a tener tiempo para nosotros Aleks, y no quiero que después creas que no eres importante para mí.
-Sé que tus responsabilidades serán distintas, pero, por favor.
-Solo, promete no volver a besarme… No podemos volver a hacer el amor partir de ahora.

Vi los ojos de la chica más hermosa llenarse de lágrimas, pero no les dejo que se derramaran, suspiro antes de limpiarlas con la manga de su chamarra.

-Se terminó entonces.

Con esas últimas tres palabras regresamos al instituto casi al medio día, Alekssandra, puso una canción que más que agradarme era como un puñal constante en mi corazón, conocía el tema y en algún momento la escuche pensando en ella, el titulo lo decía todo “I'll Follow You” de mi grupo favorito.

 -Lo lamen…
-Yo no lo lamento, soy feliz… soy feliz porque aun por un poco tiempo fuiste mío...

Se bajó del automóvil sin dejar que le respondiera.

-También soy feliz de tenerte en mi vida amor mío...-. Lo solté en el auto porque, no podía dejar que nadie se enterara.

Veintiocho de diciembre, es día de inocentes. Los miembros del consejo organizaron un pequeño convivió, con puestos de comida regalos y bromas. Querían levantar el ánimo de los jóvenes, pues esos días oscuros parecían no tener fin, y quizá no lo tendrían. La muerte de Isidro Taftian estaba reciente, en una carta había especificado que no deseaba que se realizaran los ritos funerarios.

Los nueve días de luto, quedaron en el olvido, quizá solo en público porque todos los llevábamos en el alma. Yo había tenido suficientes pérdidas esa maldita-navidad, por lo que la recordaría hasta el fin de los tiempos. Si, bien una de ellas la había provocado yo, pero no dejaba de ser una perdida.

Estaba en la oficina del rector en el veinteavo piso, ni siquiera la lejanía del “festival” mitigaba los sonidos de las risas y la música, quizá solo era mi audición canina la que me estaba jodiendo la noche.

Estaba revisando la caja de seguridad, que estaba en la oficina, Justo a un lado de la pequeña habitación utilizada como almacén por el profesorado. En la caja de seguridad encontré un libro, un único libro de pasta negra y hojas amarillas, grande como una guía
telefónica de una gran ciudad.

En la portada, el símbolo de nuestra raza, una huella de lobo debajo de un escudo de armas. Lo abrí pensando que quizá era el ejemplar de primera edición de algo, que por su valor estaba allí, pero… En la primera hoja se leía:

“Si alguien está leyendo esto, entonces he muerto. Isidro Taftian”

Me quede helado, esto no era un libro, era un diario, el diario del rector, de mi padre. Lo que me llevo al siguiente razonamiento en forma de pregunta ¿Por qué lo tenía oculto? Esto me llevo a mi siguiente pregunta ¿Por qué nadie debía leerlo hasta su muerte?

Me debatí en dejarlo o llevármelo, finalmente decidí sacarlo de allí y llevarlo conmigo a mi habitación.  Eso me alejo del ruido, de las personas y me dio la privacidad que necesitaba. Me senté en la cama con el diario en las manos, aun sentía como retumbaba mi corazón y la forma en que temblaban mis manos.

-Basta ya, solo es un jodido libro-. Me reprendí, aunque eso era una jodida mentira.

En la siguiente hoja se leía una fecha, una tan antigua como yo. La perfecta caligrafía de Isidro Taftian relataba los hechos de ese día, o semana:

“Mi hermana ha caído de la gracias de nuestros dioses, ella ya no será la heredera al trono, sea desposado con… con un maldito Bellator. No sé cómo es que nuestro padre lo permitió, ella es mi hermana, mi pequeña, me pertenece a mí y a nadie más. Si ella no es mía para tener a mis hijos, no será de nadie más.”

Las primeras líneas salidas de la mano de mi padre me dejaron helado, no solo hablaba de una posible segunda línea sucesoria de sangre en ascensión al liderazgo de la manada, hablaba de un amor enfermo, más allá de lo impensable. No le permitiría ser feliz porque la amara, decidí continuar con mi lectura.

“Me doy cuenta que la única manera de evitar que ella se una completamente a esa bestia, es sobre el cadáver de mi padre, así que deberé arrancarle de sus manos muertas el liderazgo de la manada”

OK, bien, mi pa… no. Isidro Taftian mato a su padre, eso era evidente, él había sido el líder de la manada por siglos. Después de esto no sabía si quería continuar leyendo las más de seiscientas páginas que tenía ese libro, y leer una página diaria me llevaría demasiado tiempo.

Pero debía saber…

“Mi padre ha muerto, y yo le he matado. No me arrepiento de ello, lamentablemente ha sido demasiado tarde, mi hermana se ha unido a esa bestia de manera irrevocable, ahora espera una hija y me ha pedido que sea su guardián… Bien no la tuve a ella, pero esta niña ser amia.”

Después de eso no pude continuar, no esa noche, con el dolor tan a flor de piel como lo tenía, cerré el diario y me recosté en su cama. El aroma de Alekssandra aun perduraba en mi recamara, no podía seguir con esto, así que tome mi celular y marque un número que no espere volver a marcar.

-Hola-. Me respondió después del tercer timbrazo.
-¿Puedes venir a mi habitación?
-Estas… ¿estás seguro?
-No te llamaría si fuera de otro modo.
-Bien, voy para allá.
-Gracias.

Me levante y metí el libro dentro de una caja que estaba debajo de mi cama, no era el mejor lugar para tenerlo pero si de momento. Tres golpes en la puerta me indicaron que ya había llegado, no es que estuviera muy lejos.

-Adelante.
-Frederick, quita el seguro de la puerta.

OH! Si, bien, no me di cuenta de eso. Le abrí la puerta, ella era hermosa, en verdad, pero solo lograba excitar mi cuerpo… Bueno-eso-era-jodidamente-bueno.

Sin dejar que dijera nada, la tome por el cuello para atraerla hacia mí, sus labios sabían a chocolate y estaban fríos, un sabor eróticamente delicioso. Cuando puse mi mano en su cintura, ella me rodeo por el cuello. Bese su mandíbula, y su cuello, hasta que la escuche suspirar.

La lleve conmigo al interior de mi habitación serrando la puerta con una patada, sin soltarla. Su falda era corta, de un color café terroso, que hacia juego con unas botas altas, con un tacón imposible. Una blusa negra debajo de la chamarra que seguro era juego con la falda.

Puse mi mano en su espalda, y la baje por la curva de su trasero incitándola a levantar su pierna, que la curvo alrededor  de mi cadera. La sostuve con mi brazo, sin dejar de besar su cuello, llevando mi mano a su sexo, con delicadeza, quería ser delicado con ella, después de lo que había hecho con ella la última vez.

Ahogo su gemido en mi boca, sin cambiar de postura le quite la chamarra, su piel clara quedo a mi merced, la blusa de tirantes, no era un estorbo y desapareció en cuestión de unos minutos, del mismo modo que su falda.

-Me gustan esas botas-. Susurre a su oído.
-A mí me agrada que te gusten.

Sus labios habían tenido un color rosado cuando entro en la habitación, en este momento estaban rojos, como la sandía, sus mejillas coloradas y su respiración entrecortada. Se apretó a mi cuando lleve mi mano de nuevo a su sexo, estaba más que lista para mí.

-así me gustas, húmeda, caliente-. Mordisqueé su cuello con cada palabra, me deleite en sus pechos. Levante mis ojos hasta su cara, clavando mi mirada en ella.

 –¡OH mira te sonrojas!
-Es solo que… ¡OH dios!
-No soy dios nena, soy Frederick-. Le susurre mordisqueando la sensible piel de su pecho.
-Eso se… se siente increíble…

-Esta noche es para ti, solo para ti, disfruta esta noche Patty.
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lunes, 17 de junio de 2013

Capitulo trece.
Navidades.



Después de tanto tiempo en el instituto, hice lo que debí hacer el primer fin de semana en que conocí a Alekssandra Vasíliev. Volví a la casa familiar, la casa en la que viví con mis padres, a la que no quería regresar por que era el significado de estar solo. Ese año el 29 de diciembre cumpliría 18 años, y así sería por muchos siglos más. Esa era la edad en que la fuerza del lobo me marco para siempre, esa fue la edad en la que perdí a Gabriel.

El jardín estaba abandonado, aquí no había crecido una planta en mucho tiempo, y este año las cosas seguirían así. La gigantesca casa colonial de color canario desgastado, con monturas, balcones y ventanas en color blanco mugroso. Se veía no solo triste o abandonada, era como un corazón agonizante en medio de la urbanidad.

Yo no vivía aquí, el "hogar" que yo tenía cerca del instituto era un chalet moderno, estilo minimalista en negro, palta y quizá guinda. Pero, esta casa había sido un lugar especial. Fue en esta casa donde pase los últimos años más felices. Después que emigramos de la Gran Bretaña, este fue mi hogar, aquí le pedí matrimonio a Gabriel en una cena con mis padres y sus padres.

Abrí la enorme puerta de madera, escuchando el rechinido típico de una puerta muy vieja. El aroma era a viejo, a tierra antigua, pero debajo se cubría un aroma que creía ya olvidado. Me detuve en el inmenso recibidor, allí había sido donde Isidro Taftian me había recogido después de la muerte de mis padres.

Después de que perdiera a Gabriel.

Santa-y-maldita-mierda, esta casa estaba marcada por la sangre y la tragedia. De los muebles, muchos habían sido vendidos o regalados, por cualquier parte del país. Los cuadros, las fotos, o las posesiones que mi madre había adquirido a lo largo de los siglos, estaban en museos o en bóvedas de seguridad.

Así que la casa no solo estaba abandonada por fuera, también por dentro, lo que dejaba solo el caparazón maltrecho y a punto de desmoronarse. Era así, justamente así como yo me sentía. Cualquier cosa que sucediera en ese momento aria que me desmoronara, y dudaba que pudiera juntar los pedazos de nuevo.

Percibí un aroma en el viento, era alguien a quien conocía y hacia siglos no había visto.

-Dimitri, hace siglos no sabía de ti-. Murmure a un nivel de voz tan bajo que solo él me escucharía.

Un gruñido fue todo lo que obtuve por respuesta, en su gigantesca forma de Custos, que era la fusión perfecta entre el lobo y el hombre, cubiertos de pelo por cualquier lado, unas descomunales garras y unos aún más aterradores colmillos. Cinco dedos en sus patas delanteras, y la capacidad de razonar, incluso de hablar los diferencia de las otras sub-especies.

-Vine a presentar mis respetos al nuevo alfa-. Su voz era brutal, como el gruñido de un animal.
-Eso lo hicieron en el instituto, en el funeral, ¿Dónde estabas?
-Detrás de todos, oculto en las sombras… siguiendo un rastro, que me llevo hasta el edificio magisterial, en la torre de la rectoría.
-¿Qué estas cazando?
-Una cazadora, una antigua y peligrosa.
-Henrriette.

Dimitri Ruso camino hasta ponerse frente a mí, su pelaje era de color dorado, como su cabello cuando estaba en forma humana y sus ojos de un verde helado.

-¿Cómo lo sabes?-. Gruño curvando sus garras a un lado de su cuerpo.
-Por qué…

¿En serio iba a decirle?

-¡Rabdos!
-Dimitri, tomemos algo… es mucho para decirlo aquí.
-Ni siquiera un perro comería una rata en este lugar.
-¡Pulgoso en un bar!-. Suspire apretándome el puente de la nariz con mi mano. –Tengo ropa en esa maleta.

Me dio una de sus sonrisas caninas antes de tomar la maleta y entrar a la otra habitación, que era la sala. Un par de minutos después regreso, vistiendo unos vaqueros negros y una camisa azul, se puso un par de mis botas.

-Vamos.

Salimos de la casa y nos dirigimos a mi automóvil, que había estado estacionado todos estos meses en el instituto. Conduje por casi dos horas, hasta llegar a un bar de la manada.

-Será mejor en un bar humano-. Sugirió Dimitri.

Sugerencia que no me pareció equivocada, pues lo que iba a revelarle, cualquier lupino podría escucharlo. Nos apeamos y caminamos un par de cuadras hasta el bar de humanos llamado “9 Heaven” una vez dentro nos sentamos en una de las mesas del fondo, lejos  de las miradas ajenas.

-¿Quieres tomar algo? Pero tú pagas, en forma de Custos no puedo cargar dinero.
-Una maldita desventaja, ¿no?
-¡Yeah!

Yo pedí un vodka Jlebny Dar (Don de Pan), Dimitri pidió un Martel VSOP, no podía negarlo, el tipo tenía un excelente gusto en bebidas.

-Bien ya no hay moros en la costa, ¿Qué ibas a decirme?
-¿Qué sabes de Henrriette?

Dimitri sonrío sacudiendo su cabeza.

-Sé que era una de nosotros, ella fue una fuerte y famosa centinela.

OK, eso no me lo espere ni en un millón de años.

-¿Un centinela?
-Sí, y estaba unida a un Bellator.
-Al que ella mato.
-así es Rabdos, ella tuvo un hijo.

Bien era momento de tomar otro trago, uno quizá… la botella completa.

-¿Sabes qué pasó con el niño?-. Le interrogue viéndolo a los ojos.
-Lo tengo frente a mí.

¡Puta-madre!

-¿Cómo…
-Fui asignado por Isidro Taftian para ser tu guardián-. La ironía de ello me hizo reír, él solo me observo. –Para protegerte a ti, no a los Von der Rosen ni a Gabriel.
-Lo se Dimitri, lo entendí en el momento que lo dijiste, no soy estúpido.
-Bien, ¿Qué vas a decirme de Henrriette?

Para como estaban las cosas caí en cuenta que no debía mentirle, no a él.

-Henrriette acelero la muerte de Isidro Taftian.
-Por eso su aroma era más fuerte en la oficina del rector… pero, ¿Cómo entro al instituto?
-De la misma forma en que infiltro a su gente en casa de mis padres, o tomo a Gabriel en el instituto… Creo que… que ella sigue mi sangre.

Un destello de algo peligroso se vio en su mirada.
-¡No!
-No encuentro otra explicación, Dimitri.
-Ella fue una de nosotros, no… me niego a creer que es tu sangre la que la trae de vuelta a nosotros, y de ser así, la traerá a su muerte.

La seguridad en la voz del lobo hizo que mi corazón se aflojara un poco.

-Tengo tu…
-Mi lealtad y mi confianza son tuyas bajo cualquier circunstancia-. Me dijo interrumpiéndome y colocando un puño sobre su corazón.
-Gracias.
-Jamás me las des, es mi deber.
-Bien, ¿desde dónde la has seguido?
-¿Quieres que te relate cada lugar? Voy a necesitar más de una copa.
-¿Estas chantajeándome por una botella de Martel?
-¿Una? Yo decía un par, quizá tres.
-Eres un glotón.
-Demándame.

Salimos del bar después de veinte minutos más, pero no regresamos a casa de mis padres, nos dirigimos a mi chalet, con unas cuantas… doce botellas de Martel y unas más de vodka, esa iba a ser una muy larga noche.

El-puto-sol se colaba por la ventana, el sonido de una campanita estaba martillando en mi cerebro. No, era el ring tone de un teléfono celular, y uno que no era mío.

-Dimitri… contesta tu jodido teléfono.

El lobo respondió algo que fue completamente ininteligible, pero sonó a: nof teno ni pufa idea node sta. Levante mi cabeza, la luz lastimo mis ojos, vi el teléfono en el suelo cerca de mí. Recordé entonces que anoche estuvo mostrándome fotos de los Venántium que había estado siguiendo, además de los lugares de reunión de esas basuras.

En la pantalla vi el número del instituto, así que conteste.

-¿Dónde mierda te has metido perro?
-Está en casa del alfa de la manada.
-Mierda, lo siento señor… mi señor Rabdos, lo lamento.
-¿Por qué? Tu no sabía que Dimitri estaba aquí.
-Lo sé, pero debí ser más respetuosa.
-Mira, el “perro” se puso una borrachera con Martel, estaremos de regreso más tarde… ¿lo necesitas con urgencia?
-No mi señor, aquí les esperaremos.
-Bien.

Arroje el teléfono sobre Dimitri y volví a dormir.

En un pestañeo era ya víspera de navidad, unas horas y seria el cumpleaños de Patricia Caballero. Y como todos sabemos, los escudos que protegen su psique estarán bajos, porque al igual que el cuerpo físico sufrirá un cambo y un crecimiento, es decir maduraran. Solo en este tiempo y por un periodo muy corto de tiempo la psique de los latentes corre riesgo de invasiones telepáticas, no es que hagamos esto con frecuencia.

Estábamos en el sótano del edifico de la rectoría, Ewah muy amablemente había aparecido en su forma humana. Orlando Hanson, Dante Landeros, Dimitri Ruso, Lara Molina, Giovanik Alline e Isaías Toledo estábamos en la habitación con Patricia. Ella estaba realmente nerviosa, tenía unos aros negros debajo de sus ojos, su perfecto cabello rubio estaba hecho un desastre.

Temblaba, pero hacía rato había dejado de llorar. Le pedí a Lara, la centinela que había llamado a Dimitri mientras estaba borracho en mi casa, que le trajese un poco de té.

-¿Estas mejor Patty?
-Sí, Fred.
-¿A qué hora naciste?
-A las once con cuarenta y ocho.
-Bien eso nos da veinte minutos, Ewah, ¿Listo?

El perfecto humano que era Ewah de ojos verdes clavo su mirada en mí, parecía desafío, pero yo sabía que no lo era.

-Yo nací listo, Von der Rosen.
-Bien, demuéstralo.

Tomo una silla en la pequeña habitación y se sentó frente a Patricia, quien al verlo de cerca comenzó a temblar.

-Tranquilízate cachorrita, nada malo va a pasarte-. Trato de tranquilizarla con un tono de voz muy melodioso. –Solo sentirás una molestia, como cuando sabes que está a punto de dolerte la cabeza, pero no habrá ninguna clase de dolor.

Patricia solo pudo asentir.

El reloj marcaba las once cuarenta y ocho de la noche.

-Cachorrita, concéntrate en mi voz-. Le dijo Ewah. –Solo a mi puedes escucharme, solo a mi vas a escuchar.

Pude ver como los ojos de Patricia perdían color, como si entrara en trance, eso era señal de la invasión telepática, pero Ewah tenía que darse prisa o podría quedar atrapado en su cabeza, lo cual podría matarlos a ambos. Cuando por fin ella dio un suspiro tranquilizador, supe que todo había terminado, y solo habían transcurrido diez minutos de los quince de riesgo.

“Está limpia”-. Nos informó Ewah a todos a través de nuestra senda telepática común. “Esta chica, es inocente no quiere ser parte de los cazadores”
“Pero ella está en la lista”-. Opino Isaías Toledo con frustración.
“Lo está, pero no por ello se volverá un de nuestros enemigos”-. Le respondió Dante.
“Sin importar que, aquí quien decide es nuestro Rabdos”-. Les recordó Lara.

Si bien odiaba que se dirigieran a mí por ese nombre, tuve que aguantarme, y tendría que hacerlo, porque sin importar que muchos me llamaran así.

-Bien, bien, Von der Rosen, ¿Qué aremos con ella?-. Me interrogo Ewah con sarcasmo.

Entonces lo pensé, si los Venántium habían corrompido a nuestros lobos ¿Qué nos impedía meter en sus casas un troyano?

“Sabemos cómo protegernos de la corrupción de los Venántium”-. Comencé a explicar atrayendo la atención de todos. “ella es una latente que está en su lista…”
-Eso pondría en riesgo a la chica-. Me interrumpió Giovanik.
-Sugiere algo mejor o permítele morir con dignidad.

Los ojos de Patricia se abrieron como plato.

-Será su sentencia de muerte-. Contra ataco Orlando.
-De no hacerlo será la de toda la raza, siempre nos hemos alejado de ellos corriendo como ratas, esta mujer puede darnos una ventaja que ni en miles de años habríamos imaginado. Si temen que algo le suceda dejen que ella decida, finalmente es su futuro.

Las Palabras de Dimitri cortaron cualquier duda, cualquier replica. Pero, no por ello dejaban de temer por la vida de una criatura inocente. Me volví para enfrentar la mirada perdida de Patricia.

-Patty, la situación es esta…
-Seré un activo para tu raza-. Me interrumpió.

¿Qué carajos le pasaba a todo el mundo? Nadie me dejaba terminar nada.

-Eso pondrá tu vida en riesgo.
-también lo hará el no hacer nada, Fred.
Me acerque a ella y tome sus manos con las mías viéndola directamente a los ojos.

-No sé a dónde nos lleve esto, pero daré mi vida por defender la tuya.
-Vez nunca me dejaras partir de tu lado-. Sonrío, pero era una sonrisa triste, como la de un condenado a muerte que se había resignado.
-Lara y Giovanik serán tus guardianes, te protegeremos.
-Lo sé, confío en ti.

Por-la-madre-de-todas-las-palabrotas, después de todo lo que le había hecho a esta mujer, ella seguía confiando en mí. Me merecía una patada en el trasero por ello.

-¿Ahora podemos ir a cenar? Alguien ha preparado borrego asado-. Nos Dijo Dimitri haciéndonos reír a todos.

Después de todo, esa noche era navidad y tenía un regalo muy especial que entregar a una mujer muy especial. Además de otro que tardaría un poco en llegar a su destino, pero cuando lo hiciera, quizá sería lo que equilibrara la balanza o la pusiera a nuestro favor.

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