Google+

sábado, 20 de abril de 2013




Capitulo cinco.

Confianza.





Sin duda había cometido el peor error de mi vida al tomar a Alekssandra Vasíliev como mía, no sé por qué me deje llevar, no le debo nada, no.... se supone, que nunca debí acostarme con ella. Pero, a diferencia de lo que hago con Patricia esto es diferente, bueno...

¡Demonios! ¡Fue mil veces diferente!

Pero ahora como demonios voy a verla a la cara ahora, no puedo estar con ella y hacerme pasar por su” novio". Tengo la certeza que va a odiarme.

Llevo horas observando el oscuro techo en mi habitación, quise dormir, pero no puedo siquiera cerrar mis ojos sin ver las escenas de hace unas horas atrás. No dejo de escuchar su respiración agitada, sus gemidos de placer.... ¡Voy a cortarme las pelotas por esto!

Debo olvidarme de ella, más ahora que nunca porque...  Alguien está parado del otro lado de mi puerta, temo en mi corazón que se quién es. Solo llevo puesto el pantalón, del día anterior, al levantarme ciento el frío de esta noche. Abro la puerta en silencio, sin decirle nada.

-¿Por qué?

Sabía a qué se refería, la había dejado sola, desnuda en su habitación después de haberla tomado.

-Porque estuvo mal Aleks.
-¿No te gusto?

Sus ojos estaban llenos de lágrimas, su cabello estaba revuelto y sus mejillas sonrosadas, supongo que la caminata bajo el frío intenso les dio ese matiz.

-Qué cosas preguntas Alekssandra.
-Quiero saber Fred, tengo el derecho después de esta noche...
-¿Derecho a que?-. La corte sin miramientos. -No soy tu jodido novio.
-¿Crees que no lo es?

Esperaba un grito, furia, incluso violencia física. Pero, me destrozo que en lugar de ello su voz salió estrangulada de su garganta.  Y sus ojos no dejaron de mirarme, mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas.

-No quería lastimarte Aleks, esa nunca fue mi intención.
.No, tu intención fue mantenerme fuera de tu vida, soy yo la estúpida que se aferra.
-No te digas así, no eres estúpida. Solo que no me gustas como piensas, y lo de esta noche...
-Por favor, no lo repitas, no digas que fue un error.

Nunca pensé que alguna vez en mi vida me encontraría en esta situación de nuevo, nunca en todas las posibles oportunidades imagine que esto me pasaría otra vez. En aquella ocasión, las cosas salieron severamente mal, y ella.... Gabriel, perdió la vida. No hubo nada que hubiera poder haber hecho para salvarla. Solo le ame por un corto tiempo, solo un par de años estuvo a mi lado.

Estuvo a un par de días en convertirse en mi esposa, en mi compañera para toda la vida, ella sabía sobre el secreto que el instituto guardaba, pero, creo que fue esto lo que la mato. El rector no estaba muy de acuerdo con que fuese a unir mi vida a ella, decía que nosotros solo debíamos disfrutar de la vida y el placer de las mujeres. Después de Gabriel, hice exactamente lo que el rector me dijo, seguí cada paso, cada orden.

Tanto tiempo de disciplina, de autocontrol, y esta perfecta mujer llega y en solo un par de meses rompe mi mundo en mil pedazos.

-Entiendo que eres diferente, no solo porque seas un prefecto del instituto... o por tu telepatía con los animales. Lo que no entiendo, es... que tengo de diferente a ella.
-¿Ella?

Su pregunta me tomo fuera de lugar, pues estaba pensando en alguien en quien no había pensado en, siglos.

-¡Patricia!-. Gruño entre dientes.
-Que no me importa lo que la gente piense de ella.

Creo que ni yo esperaba darle esa respuesta, ambos nos sorprendimos ante el seguro tono de mi voz.

-¿Entonces? No lo entiendo...
-Es noche, hace frío y has pasado por mucho este tiempo. Apenas enterraste a una de tus amigas, creo que no es justo que le agregues más confusión a tu vida.
-¿Vas a dejarme fuera de tu vida?
-No, no podría aunque quisiera.

Una lenta sonrisa apareció en su rostro, por lo menos había dejado de llorar.

-¿Que... que va a... que va a pasar ahora?
-Vamos a dejar que las cosas fluyan por sí mismas, seamos amigos y veamos que pasa después.
-¿Y Patricia?-. Su voz fue apenas un susurro, lo suficientemente bajo para que no la escuchara, pero fallo.
-Ella, se queda donde está. Nadie debe saber lo que paso esta noche Aleks, es un secreto que solo debe quedar entre nosotros.

Si estaba siendo un-total-y-absolutamente-hijo-de-puta.

-Bien-. Murmuro con un nudo en su garganta, entonces la abrase.

Tímidamente me respondió el abrazo.

-No quiero dormir sola.
-¿Sola?
-Isis se ira con su familia esta semana, volverá a clases hasta el miércoles que viene... estar en esa habitación me da miedo.
-Si entiendo.

Quede capturado por la belleza de sus ojos, era realmente hermosa, no podía resistirme a ella por más que quisiera. Entonces su petición me golpeo como un bate en la cabeza.

-No creo que sea buena idea que duermas aquí.
-lo sé.
-¡Ah mierda Aleks!
-¿Qué? No he dicho nada.
-Métete a la cama, mientras sierro la puerta con seguro-. Le ordene empujándola hacia la cama.

La sonrisa que afloro en su rostro fue simplemente fragante e inmensa. Hice lo que le dije y me senté en la cama a su lado, tomando su mano entre las mías.

-No voy a mentirte Alekssandra, nunca ha sido mi intención hacerte creer lo que no ahí entre nosotros. No voy a mentirte diciendo que no te encuentro realmente atractiva-. No supe porque fui realmente honesto con ella. –Pero,  además de mi cargo en el instituto, de Patricia o todo lo que me rodea… Tienes que entender que no son los motivos que me mantienen alejado de ti.
-Si quieres que entienda debes contarme o de lo contrario no podré confiar en lo que digas.
-Ven, recuéstate.

Me recosté en mi cama con ella entre mis brazos, se sentía tan correcta, tan parte de mí que por un momento me sentí abrumado. Respire un par de veces para tratar de calmar a mi corazón, y aclara mi mente, saber que iba a decirle y que cosas ni siquiera podía pensar cerca de ella.

-Nací con ciertas habilidades, mis padres... ellos murieron cuando apenas cumplí 6 años. Entonces el rector del instituto vino por mí y me adopto.
-¿Él sabía de ti?
-Sí, era amigo de mis padres.
-¿Cuánto tiempo has vivido aquí?
-Mucho tiempo Aleks, mucho tiempo....

Esa conversación sin duda iba a recordarla por el resto de mis días.

-Dijiste que: tienes ciertas habilidades...
-¡No quieres saber!-. Me reí besando su frente.
-Sí, sí quiero.
-¡Dioses no!
-No puedes pedir ayuda a los dioses, solo por qué quieres evadir una pregunta, eso es hacer trampa.
-Cariño eso no es hacer trampa, esto es hacer trampa.

Gire sobre mi codo para colocarme sobre ella, metiendo una pierna entre las suyas, me apoye en mis codos para no dejarle caer todo mi peso. Mientras le bese, lamí y mordí el cuello.

-¡Basta Fredy!
-¡Oh me has dicho Fredy!

Metí mis manos bajo su blusa y rose sus pechos, pude sentir como me apretaba con sus brazos. Coloque mis manos completamente sobre sus senos, que no eran muy grandes, ni muy chicos pero si perfectos.

-¡Fred!
-¿Qué?-. A regañadientes aleje mi cabeza de su cuello.
-Estabas contándome algo... no, haciéndome algo.

Hice el ademán de volver a mi lugar pero Alekssandra no me lo permitió.

-Pues, digamos que soy una especie de síquico, telépata... no sé cómo explicarlo.
-¿Cómo se dieron cuenta tus papas?
-No lo sé, nunca lo pensé...-. Mentiroso, mentiroso, mentiroso. -Creo que ellos siempre lo supieron. Y también creo que el rector lo supo siempre, aunque no sé cómo, El ha sido un padre para mí y le agradezco haberme sacado de ese abismo en el que caí cuando mis padres... cuando ellos murieron.

Y eso era verdad, nunca hasta que ella me pregunto había pensado en eso.

-¿Que más puedes hacer?
-No puedo volar ni caminar sobre el agua.
-Ja ja ja, que graciosito.
-¿Qué? bueno, tengo una parametria demasiado alta.
-¿Has visto mi pasado?-. Sus ojos se abrieron de par en par.

Pocas personas en realidad entendían lo que el término "parametria" significaba, pero me agrado que ella lo supiera.

-No nena, lo controlo muy bien desde hace...-. Estuve a punto de decir: siglos, me salve por poco. -Mucho tiempo.
-¿Alguien más lo sabe?
-Tu.

Me abrazo metiendo su cabeza en mi cuello, dándome una mordida.

-¿Además de mí?
-Dante.
-¿Él es como tú?
-Sí, pero no debes preguntarle, ahí más como yo en el instituto... pero no deben saber que sabes algo.
-Prometo que mi boca esta sellada, ¿Patricia lo sabe?
-Jamás, y no debe saberlo Aleks.
-No voy a decirlo.
-Bien-. Como si fuera un premio, más para mí que para ella, la bese.
-¡Frederick, no me distraigas!
-Tú eres quien me distrae...

Alekssandra se movió para liberar su pierna y dejarme entre ellas.

-No hagas eso Aleks-. Mi voz había salido demasiada estrangulada.
-¿Hacer que?-. No pude evitar que me besara de la forma que lo hizo.


No tenía voluntad y no pensaba detenerla, la quería solo para mí aun cuando solo fuera esa noche.


Leer más...

domingo, 7 de abril de 2013


Capitulo cuatro.

Arrepentimientos.



Lobos, frente a nosotros había lobos. Estaban furiosos, y no nos dejarían partir.

-¡Fred!
-Tranquila Aleks, vamos a salir de aquí-. De verdad quería creer en mi mentira.
-Pensé que los tenían encerrados...

Alekssandra fue interrumpida por los gruñidos de los lobos que teníamos frente a nosotros. Evidentemente no les había hecho ninguna gracia su comentario, a decir verdad, a mí tampoco.

-Te dije que no eran mascotas, Aleks.
"Silencio"-. Sentencio uno de ellos, obviamente la única en no escuchar era Alekssandra.
-Debí irme a dormir, no debí venir tras de ti... Me equivoque...
"Dije silencio"-. Gruño de nuevo, lamentablemente ella solo podía escuchar los gruñidos clásicos de un lupino.
-Ella no puede escucharte-. Eso termino con la verborrea que tenía ella, dejándola confusa.
"¿Porque la has traído?"
-No la traje, ella estúpidamente me siguió.
-¿Con... con quien hablas?

La voz de Alekssandra fue apenas un susurro, pero hizo que mi corazón sintiera aún más temor por ella. Esta noche se enteraría de algunas cosas que eran mejor dejar bajo llave, porque de ello podría depender su vida.

"No podrán partir"
-Déjala ir, ella no sabe nada... Me quedare y afrontare las consecuencias, es mi error.
"¿Por qué siempre los humanos creen que es tan simple?"-. Se burló otro lobo.
-Frederick, estas asustándome.
"Dile que se calle o será nuestra cena"
-Guarda silencio Aleks, te explicare después.
-Pero...
-Por favor.

Sentí como temblaba cuando se colocó a mi espalda, y me rodeo con sus brazos, enterrando su cabeza en mí espalda.

-Déjenla ir-. Suplique una vez más.
"No"

Los lobos comenzaron a gruñir ya a ladrar, como la jauría que era. Estaba seguro de que solo pretendían atraer la atención del macho alfa, querían que saliera y que me arrancara las pelotas de una mordida, para cederle a la mujer como juguete masticable. Creo que además, no había nada que pudiera hacer al respecto.

"¿Que es todo este escándalo?"

¡OH genial! el gran macho alfa había salido de la cueva.

"¿Por qué carajos sigues aquí?-. Me pregunto hasta pararse frente a mí.
-Ellos no me dejan marchar.
"Pero mira, has traído un juguete"

La manada aúllo y Alekssandra dio un brinco de terror.

-Ella no es un juguete.
"Está dentro de mi territorio"
-Y bajo la protección del rector y del consejo de la Cruces Doradas que lindero.

Él me observo con más curiosidad aun.

"¿Una hembra? ¿Una hembra humana bajo la protección de las cruces?"-. Su tono era sarcástico, demasiado para mi gusto. -"¿Una hembra humana bajo tu protección? ¡OH mi querido Von der Rosen! has caído como todos nosotros entre la mierda y el polvo."

Esto último más que una burla me pareció una sentencia.

"Mirad al antiguo y poderoso Von der Rosen, y a su hembra humana"-. Gruño algún otro y todos rieron, o aullaron, para el caso sonó igual. -"Te dejare partir, Pero no puedes perderle de vista, en el momento en que la dejes sola será nuestra".

Sus palabras conmocionaron negativamente a la manada, pero nadie protesto ni nos detuvo. Sin siquiera chistar por su amenaza la saque del bosque y la lleve a su habitación. Alekssandra Vasíliev temblaba como una hoja de papel cuando serré la puerta de la habitación, de no ser porque la sostenía por un brazo habría caído inevitablemente.

La deslice con cuidado en la cama, no sabía que decir o hacer, ni siquiera podía verla a los ojos.

-¿Hablabas con ellos verdad?

Su voz fue apenas un susurro, pero me saco de mis pensamientos. ¿Qué podía decirle sin revelarle nada?

-Sí, hablaba con ellos.
-¿Porque yo no...
-Tengo talentos especiales, Aleks-. Le respondí. - Nadie más los tiene-. Le mentí.
-¿Alguien más lo sabe?
-El rector.
-¿Tus padres?

Sentí una punzada en el corazón, ante el fugas recuerdo de mis padres. El tiempo que ellos estuvieron conmigo, la forma en que ambos murieron, antes de  que fuese admitido en el instituto. Cuando el rector mismo me trajo, y me dio un nuevo hogar.

-Ellos ya no están conmigo.
-Lo lamento, siento que estés solo.

Volví mí mirada a ella, que estaba recostada en la cama, hecha un bulto. Pienso, que de alguna manera se siente identificada conmigo. Nunca he visto a sus padres, o a su familia por aquí. Sentí tanta pena por ambos, por las diferentes situaciones, sin pensarlo me recosté con ella y la abrase. Ella se revolvió en la cama hasta quedar frente a mí, pego su frente a la mía.

-Tengo... tengo miedo.
-Ya paso, Aleks, no debiste seguirme...
-No de ellos, de que me rechaces y me dejes sola otra vez.

Trague saliva un par de veces antes de hablar, pero nada salió de mi garganta. Ella acerco su rostro a mí y por segunda vez, ella me beso. Se aferraba a mi cuello, mientras con su suave lengua inspeccionaba mi boca.

Perdí la cabeza cuando sentí su mano fría en mi espalda, directamente sobre la piel. Supe, que esta noche no habría nada que me detuviera, nada que me controlara.

Ella seria mía.

En un movimiento más rápido de lo que preví, me había despojado de mis chamarras y setter quedando solo con la playera negra del instituto. Le quite su chamarra, su gorro y su bufanda.

Fue grato encontrar una penda de color lila, ajustada a su cuerpo, entonando cada parte de ella de una manera eróticamente inocente. Hincado en la cama, le ayude a despojarse de su pantalón y de la blusa lila, dejándola a mi merced, solo en su suave ropa interior, de un tono lavanda oscuro en fino encaje.

-Eres perfecta-. Mi voz había sonado más ronca de lo que me hubiese gustado.
-Quiero verte también.

Se hinco frente a mí y termino por desnudarme, la recosté despacio en la cama, mientras le besaba el cuello o los pechos sobre esa prenda de encaje. Se la quite hábilmente, la experiencia ganada por años. De modo que estábamos  en igualdad de circunstancias, el frío no se sentía en la habitación, al contrario, creo estábamos hirviendo.

Lentamente me recosté sobre ella, abriendo sus piernas con las mías. Sin dejar de besarla, de lamerle, de tocar cada parte de su cuerpo.

-Perdóname Aleks, por el dolor que voy a causarte.

Fue una sensación avasalladora sentir a esta pequeña mujer a mí alrededor, y la forma en la que se aferraba a mi espalda ahogando el grito en mi cuello. Escuchar nuestros corazones y respiraciones desbocadas, probar su sabor, saberla mía, solo mía.

Cuando desperté, estaba desorientado, cansado como nunca, y sumamente satisfecho. No sentía frío, pero si sentía el cálido cuerpo de ella a mi lado. Estaba enrollada en mi brazo, durmiendo plácidamente  Fue entonces cuando el peso de mis actos de esa noche me golpeo, de la forma más brutal.

Me sentí enfermo, ponto a vomitar. Trate de levantarme lo más lento posible, no quería que me viera. Tome mi ropa y me vestí, no podía decirle nada, la mire una última vez antes de salir de allí y volver a mí-puta-realidad. 

-¿Qué demonios hiciste Von der Rosen? ¿Qué le hiciste a ella?-. Me recriminé una y mil veces hasta volver a mi habitación.

En el silencio de mi recamara, en su oscuridad, un grito de dolor y desesperación salió de mi garganta, justo cuando las palabras del lobo resonaron en mi cabeza. 

"¿Una hembra? ¿Una hembra humana bajo la protección de las cruces? ¿Una hembra humana bajo tu protección? ¡OH mi querido von der Rosen! has caído como todos nosotros entre la mierda y el polvo."


Leer más...

martes, 2 de abril de 2013


Capitulo tres.

Curiosidad.



Curiosidad.

Las semanas pasan tan rápido, que no me acostumbro aun al comienzo de una, cuando ya llego el final de la otra. He tenido que evadirla por días, ha sido difícil, pues tengo una responsabilidad para con los alumnos. Cada vez que pregunta por mí o me llama, debo pedirle a Dante que la atienda, que la cuide y sobre todo que la mantenga lejos de mí.

Quizá dante es el único que se da cuenta del porqué, pero es tan fiel que se jamás comentara nada al respecto. Hoy es un día frío, el más frío del año, muestra fiel de que el invierno ya está en sima de nosotros. 

El bosque que está dentro de los perímetros del instituto, es espeso y siniestro. Me gusta venir aquí a pensar, a estar solo, lejos del barullo.

No se escuchan los animales, seguramente están resguardados en sus guaridas, ellos no son tan tontos para congelar sus traseros en este frío. 

-Fred... Frederick...

¡Mierda! voy a cortarle las pelotas a Dante. No necesito volver a verla, o escucharla y sin embargo aquí esta.

-¿Podemos hablar?
-¿Estas preguntando o suplicando?
-Eso es cruel.
-Aun así no respondiste.

La escuche suspirar un par de veces, y juro que pude escuchar los violentos latidos de su corazón o ¿eran los míos?

-Por favor, Fred.
-¿Qué es lo que quieres?
-No quiero esta distancia entre nosotros.

En silencio y con una calma absoluta, que obviamente-no-sentía-. Me dirigí a ella, se veía más hermosa, cada vez más como una mujer. Me pare frente a ella, sin sonrisas, sin amabilidades, sin compasión en mi rostro o en mi mirada. Eso lo sé hacer a la perfección, es un papel que he interpretado por... creo que desde la inauguración del instituto.

-¿Así está mejor?
-¡Sabes bien a lo que me refiero!
-Perdona señorita Vasíliev, pero no lo sé.
-Lo que... lo que ocurrió... hace un mes-. Sus ojos amenazaban con derramar más lágrimas de las que yo podía soportar.
-Ya me disculpe por mi comportamiento.
-¡Y en consecuencia te alejaste de mí!
-Solo puedo ofrecerte mi amistad, Alekssandra.

Ella asintió en silencio, no creo que le hubiese gustado la idea de que el tipo al que se quería tirar, solo le ofreciera un-muy-puto-apretón-de-manos.

-Bien Fred, será como tú quieras.

No sé si sus palabras fueron una bocanada de aire fresco o una bofetada.

-¿Entonces en que puedo servirte?
-Pues... quiero entrar a la biblioteca...
-Para ello no necesitas mi ayuda Aleks, tú  sola puedes hacerlo-. La interrumpí.
-De la rectoría.

El aire se negaba a entrar en mis pulmones, por más que inhalaba.

-¿Para qué quieres tu entrar allí?
-Pues... -. Me respondió sonrosada, -Escuche al Profesor Vargas, mencionar algo sobre el libro de San Isidro... solo me dio curiosidad.

Siempre me he preguntado en que momento la mierda va a dejar de caer, y creo que la respuesta es: Nunca. San Isidro, el fundador del instituto, el primero de nosotros, el macho alfa y mentor de todos y cada uno de nosotros. Si ella, llegase a leer el libro... no quiero ni pensarlo, debo proteger al rector.

-No puedo hacer nada por ti, está prohibido para los estudiantes que...
-Por eso necesito tu ayuda-. Me interrumpió algo molesta.
-Déjame pensarlo, no es tan fácil como imaginas.

Estaba a punto de decir algo, justo cuando el aullido de uno de los lobos se escuchó en el bosque, ¿más mierda?

-¿Ahí lobos en el instituto?
-Sí, el instituto tiene un programa de reproducción canina en conjunto con otros institutos-. Sin duda soy un maldito-mentiroso.
-¿Podemos...
-¡NO!

Alekssandra dio un brinco, no era para menos, casi la mato del susto por mi reacción.
-¿Qué?
-Son peligrosos, no son mascotas. Eres demasiado curiosa hacia aquello que es peligroso para ti.
-¿Tal como tú?
-En especial yo.
-Bien, como quieras.

Se dio media vuelta marchándose furiosa, parecía una caricatura, solo esperaba ver humo saliéndole por las orejas.

-¿Que estás haciendo tan cerca del instituto?-. Me volví para ver a la gran loba blanca que estaba a unos metros de mí-. Esta tenía su mirada centrada en mí, no movía un solo músculo. -No te preocupes por ella, solo es una de las nuevas estudiantes.
"¿Pero que me mientes?"- Su pregunta resonó en mi cabeza.
-Por el bien de ella.
"Los cachorros están por nacer, debes traer al rector"
-No está en el campus, ha viajado a Londres,
 La loba inclino la cabeza, meditando lo que le había dicho.
 "Entonces serás tú"
-No, yo no puedo ayudar... él me va a arrancar las pelotas de una mordida.
"Si no vienes te las arrancare yo"-. Me gruño chasqueando la mandíbula.
-Puedo traer a Dante.
"¿Y arriesgarte a que tu mujer nos siga?"
-No es mi mujer-. Le gruñí, OK es bobo ponerse perro con un lobo.
"Vamos, él te dejara pasar"

 Se volvió sin importarle si yo quería o no ir allí, la madriguera de una jauría de lobos, que vivían en el instituto, nunca habían dañado a nadie y nunca lo harían. Pero yo sería el primero, si el macho alfa se molestaba por que estuviese presente para asistir a si pareja en esto. A regañadientes, y furioso seguí a la loba.

 La seguí por un largo camino, hasta llegar a la cueva más alejada del bosque dentro de ella, se encontraba el macho alfa y la oscuridad era absoluta. Se escuchó el gruñido del macho a la loba.

"Te ordene que trajeras al rector, no a un juguete masticable"-. Gruño el macho alfa.
"El rector esta en tierras lejanas, este es nuestra mejor opción"-. Respondió ella parada frente a mí, dándome la espalda.
"Podrías haber buscado a Dante"
-Ya estoy aquí, así que déjame trabajar.
"Cállate o serás mi cena, no tocaras a mis cachorros con tus sucias manos"
-No te temo, y lo sabes. ¿Cuánto tardaran uno de ustedes en ir y encontrar a Dante sin ser vistos por los humamos?
"Déjalo que ayude... él tiene razón"-. Le interrumpió débilmente su hembra, se sentía su dolor en sus palabras.
"Pero mi corazón"
"Por favor..."

Desvíe la mirada, la pareja del macho alfa no tenía buena pinta, era de un gris platinado con negro hermosos, sus ojos amarillos se veía apagados, no había mucho tiempo. Di un paso hacia ella, pero el alfa salto hasta mí evitando que caminara más.

-Bien, como quieras, pero ella no está bien y los cachorros tampoco, si muere es tu culpa, no del destino, no de tu creador y no del rector, mucho menos mía, es toda y absolutamente tuya.

 Me di la vuelta para volver por sonde vine, ante la mirada de odio del resto de la manada. El llanto de la hembra fue estremecedor.

"Bien, ayúdala... pero te estaré vigilando".
-No esperaba menos.

Era momento de hacer, lo que mejor sabía hacer. 

Cuando salí de la cueva, era casi media noche, habían nacido siete hermosas bolas de pelo, por poco pierdo a la hembra, pero al final los ocho estaban bien. Del macho ni hablar, en cuanto su hembra estuvo bien, me corrió de allí.

-¿Que es este lugar?

¿No había vuelto a la escuela? ¿Me siguió? 

El miedo se hizo presente por segunda vez en menos de tres meses, atronando mis sentidos como un rayo.

-¿Qué demonios haces aquí?
-Es...esper... estaba esperándote.
-Vamos, debemos irnos-. No pude ocultar la urgencia en mi voz, la tome de la mano y comencé a caminar con rapidez para alejarnos de allí.


Fue tarde, Ocho miembros de la manada nos impedían el paso, y era obvio que no nos dejarían marchar. Sin importar que o como debía sacar a Alekssandra de allí con vida, y si podía seguir ignorante de todo, mejor.
Leer más...