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domingo, 31 de marzo de 2013


Capitulo dos.

Tentaciones.



Entre sueños, escuche que los golpes de la puerta se hacían más insistentes. Sí que enfadado y adormilado me levante a abrir.

-¿Qué mierda quieres?
-Frederick, es… Eduardo.

Me lleve la mano a la cabeza con exasperación, sintiendo como se estiraban los músculos de mi espalda.

-¿Qué ocurre con él?

El chico no respondió.

-Gio, ¿Qué ocurre?
-Se metió al edificio de las chicas y ataco a una…

El corazón se me detuvo y sentí una gota de sudor bajando por mi nuca.

-Es mejor que vengas.
-Tienes razón.

Giovanik me detuvo antes de que pudiera dar un solo paso.

-Primero vístete hermano.

Asentí dándome vuelta volviendo a mi habitación, sin despertar a Patricia me vestí y, salí al pasillo siguiendo a Gio hasta el edificio de las chicas. Un grupo de jovencitas se arremolinaba en la entra da, se veía alteradas y algunas aun lloraban.

-Señor Von der Rosen, él debe ser castigado-. Me dijo una de las jóvenes.
-Veré que se haga justicia.

El instituto está dividido en varias zonas, algunas estaban prohibidas, incluso para mí. Comenzando por el bosque, al que solo los antiguos miembros y hombres podíamos entrar. En cada zona había prefectos, maestros, médicos y enfermeros, guardias y todos les rendíamos respuesta al rector y a al consejo general de la escuela. La junta familiar no era más que un título que adornaba la puerta de un salón, en realidad no servían de nada.

Pase al edificio ante la mirada angustiada de las jóvenes, este era de unos cinco pisos, Gio me dirigió al elevador. Salimos al pasillo del cuarto piso y nos dirigimos a la izquierda, en la última habitación del pasillo encontré a dos de los prefectos de nuestro campus, y un par de guardias que escoltaban a Eduardo. Quien había sido esposado e incluso le habían colocado un bozal, y le habían atado los pies.

-Vonder-. Me llamo uno de los prefectos antes de entrar en la habitación.
-¡Isaías!
-Escucha, el entupido este se metió con lujo de violencia al edificio… buscaba a la señorita Vasíliev.

En ese momento todas las funciones de mi cuerpo se detuvieron.

-Pero ella no estaba aquí, se quedó en la Habitación de la señorita Caballero…
-¿Quién?-. Lo interrumpí.
-De Patricia, tu novia.

¿Se apellidaba caballero? Que cosas…

-¿Qué hacia allí?
-Pues ella le dijo a la señorita Caballero que tenía miedo de que Eduardo la buscara, que le había estado acosando. Así que le propuso pasar es noche allí.
-¿Entonces quién es la chica que estaba en la habitación?

Quizá el maldito bastardo había atacado a Isis Martínez, la amiga fiel de Alekssandra.

-Su nombre era…
-¡Espera! Dijiste: ¿Su nombre era?
-Ella no sobrevivió.

Entonces volví la mirada a Eduardo, no había notado la sangre en su ropa y en sus manos incluso en su rostro. Trague saliva un par de veces.

-¿Quién era ella?
-Matilda Martínez, de primer año.
-¿Tiene alguna relación con Isis Martínez?
-Es su hermana menor.

¡OH perfecto!

-¿Llamaste al rector?
-Viene en camino, dijo que mientras llega tú te hicieras cargo.

Me volví a los guardias.

-Llévenlo al edifico del rector, la celda estará lista.

Ellos asintieron sacándolo a rastras y a empujones, entonces debía revisar la habitación. En silencio me dirigí al interior de la habitación. En el habiente se percibía el aroma a sangre, sexo y perfumes, cuatro perfumes distintos. Dentro se encontraban tres camas individuales dos pegadas a la ventana una frente a la otra con una separación de dos metros.

La otra del lado de la puerta con un escritorio entre ellas lleno de libros y libretas. En la pared libre dos escritorios más, la puerta del closet y del otro lado un canasto con cosas de las chicas, posters en la pared, fotografías, dibujos, cada lado con su propio estilo. Dos de las camas estaban tendidas, solo una tenía las cobijas y sabanas revueltas.

En ellas había sangre, la había atacado en su propia cama. Di un par de pasos, y entonces la vi. Estaba en el suelo, con su cuerpo molido a golpes, desgarrada. Estuve por devolver lo que había cenado hacia un par de horas, tome aire tratando de asentar mi estómago.

-¿Percibe algo extraño?

El rector estaba detrás de mí, su presencia era aterradora normalmente, en ese momento era indescriptible.

-Solo siento su ira.
-¿Qué la desencadeno?
-Yo evite que violara a una joven que habita este cuarto, esta tarde.
-Señor Vonder Rosen, ¿Qué opina?

Medite lo que estaba por decir, pero sabía que estaba en lo cierto.

-Eduardo, decidió terminar lo que yo evite y busco a la joven Vasíliev… ella se quedó en la habitación de la señorita caballero y… ¿Dónde está su hermana?
-¿Perdón?
-La señorita Matilda Martínez vivía aquí con su hermana mayor Isis-. Un ruido en el baño atrajo la atención de ambos.

Me dirigí al baño antes de que mi mentor pudiera ordenarlo, cuando entre, me encontré con Isis tirada en el suelo con un golpe en la cabeza, aparentemente había estado allí durante el ataque. La levante en brazos y le saque para recostarla en una de las camas.

-Señorita Martínez-. Le llame revisándole el golpe.
-¿Qué ocurrió?

Entonces mire al rector.

-Yo la sacare de aquí y la informare, tú hazte cargo.

Tomo a la joven y salió de la habitación, le ordene a Giovanik que dejara entrar a los de servicios médicos, aun cuando ya nada se podía hacer por la joven. Que era una copia en miniatura de su hermana. Estaba ensimismado en mis pensamientos cuando los gritos de Isis provenientes del pasillo me regresaron a la realidad.

Me dirigí a la habitación de Patricia, la puerta estaba aún cerrada, toque un par de veces y a puerta se abrió. Alekssandra estaba envuelta en una sábana, tenía los ojos rojos y temblaba.

-¿Estas bien?
-No-. Me respondió en un susurro.
-¿Sabes qué ocurrió?
-Eduardo vino por mi… y ataco a…-. En ese momento su voz se quebró.

Sin entender por qué la atraje hacia mi pecho y la abrase, ella se derrumbó y comenzó a llorar rodeándome con sus brazos.

-No dejes que se quede impune-. Me susurro entre lágrimas.
-¿Qué quieres que haga?
-Que... que muera.

La bese en la frente y la lleve con su amiga, al verse se fundieron en un abrazo y rompieron en llanto.


El cuerpo de Matilda Martínez fue llevado al forense, donde seria revisada y finalmente entregado a sus padres. Yo me dirigí al edificio donde estaba la oficina del rector, pero en lugar de subir al último piso, me dirigí al sótano. Conmigo iban Giovanik Alline e Isaías Toledo.

-Nunca había hecho algo así, ¿qué le sucedió?-. Interrogo Isaías.
-Tienes razón siempre había estado medio tocado, pero jamás había hecho algo así.

Mi cabeza estaba comenzando a protestar.

-No deje que tomara a una joven.
-¿Qué?-. Me interrogaron los dos.
-Ayer por la tarde, quiso forzar a una chica, una de las que vivían en esa habitación y no lo deje.
-¿Por qué?

Entonces me detuve en seco, Isaías había dicho: ¿Por qué?

-Por qué esa joven, o la que yace muerta en la mesa del forense pudo haber sido alguna de tus hermanas-. Les respondí secamente. –Así que agradécele a la puta de tu madre por abrir la escuela a las chicas, y hacer que actos como los de hoy sean posibles.

Sin darme cuenta había avanzado hacia Isaías hasta quedar frente a frente, él es unos centímetros más bajos que yo. Casi todos en la escuela lo eran.

-Vonder…
-¡No Isaías Toledo! No me jodas con eso, agradece que esas chicas no fueran ellas y ruega porque a ningún otro se le despierte la sed de sangre mientras tus hermanas estén aquí.

La cara de Isaías era todo un poema, y estaba consciente de que ambos estaban seguros que yo tenía la razón, Reanude mi camino a las celdas de custodia que estaban en el sótano, había dos guardias apostados en la celda.

-¿A dicho algo?
-Pide hablar con usted seños Von der Rosen-. Me respondió el guardia.
-Abran, y que nadie más entre.
-Como ordene-. El segundo guardia me dejo entrar a la celda, cerrándola después de que yo entre. –Eduardo.

Eduardo estaba sentado en la pequeña cama, fuertemente atado con una camisa de fuerza, ya le habían quitado la ropa y limpiado la sangre.

-Vonder te juro que no sé qué me ocurrió… yo…
-Sentí tu furia en esa habitación Eduardo. Tú perfectamente sabes lo que somos, y que tener a las chicas en este colegio es un peligro, aun así… te lo advertí muchas veces Eddy.
-No quise escucharte, después de lo de Penélope, creí que podría controlarme…
-Ya viste que no, y me piden tu cabeza.
-¿Qué? No puedes hacerlo, no puedes matarme-. Me grito alterado.
-¿Por qué no? Rompiste el código de las cruces.

Eduardo comenzó a temblar ya murmurar cosa sin sentido.
-Eduardo, dame una razón para perdonar tu vida.
-Soy miembro del consejo de…
-El consejo de la espina negra te dio la espalda, las cruces también. Dame algo valido.

Ambos sabíamos que estaba perdido no había nada que pudiera darme o decirme que le salvara la vida, al menos bajo esas circunstancias.

-No tengo disculpa por lo que hice, me entrego al consejo escolar…
-Ellos son solo burócratas, no tienen poder dentro de estas paredes y lo sabes.
-Frederick, debe haber algo que se pueda hacer.

Si había algo que se podía hacer, pero las mujeres de todo el campus pedirían mi cabeza por salvar a un violador acecino. No, era él o yo.

-No sé de nada que pueda salvarte, el rector les notificara a tus padres… tu sentencia estará en manos del rector.
-¡No de él no!
-Eso debiste pensar antes de dejarte llevar.

Toque la puerta y esta se abrió, justo en el momento en que Eduardo Pinson comenzaba a gritar que le salvara la vida.

La ceremonia de luto por los dos estudiantes se realizó una semana después, solo que la de Eduardo fue a puertas cerradas, solo el consejo de la espina negra y las cruces estarían presentes. Yo quise asistir, no podía hacerlo. Pero si asistí al funeral de Matilda Martínez, acompañado de Dante Landeros y Patricia.

La ceremonia católica era interesante, nunca había asistido a una de ellas, me sorprendí en varias ocasiones desviando la mirada en dirección a Alekssandra. Me patee mentalmente el trasero en cada ocasión, pero eso no evitaba que lo hiciera. Al final el instituto hizo una especie de convivió para los dolientes, algo que era tradicional de las cruces doradas, y que gracias al cielo no fue mal visto por nadie.

-Hola.

Toda la piel de mi cuerpo se erizo con tan solo escuchar su voz.

-Hola Aleks-. La salude volviéndome a verla, se veía realmente arrebatadora, y pecaminosamente triste.
-Gracias por organizar todo esto-. Hizo un círculo con su mano señalando a todo el lugar.
-No me agradezcas, no fui yo… es tradición del instituto y las… -. Me interrumpí antes de poder decir las cruces doradas. –Era algo que se debía hacer.
-¿Podemos hablar en un lugar más privado?
-Mmh, si claro.

Sin saber por qué la lleve hasta mi habitación en el quinto piso del edificio de  la rectoría.

-¿Qué sucede Aleks?
-¿Él murió?

Si esta chiquilla era directa, sus pire sentándome en mi cama.

-El murió esa misma tarde.
-¿Lo mataste?-. Los ojos de Alekssandra se abrieron de par en par, se veía aún más hermosa.
-No Aleks, se suicidio en la celda antes de entregarlo a las autoridades… ¿Por qué pensaste que lo había matado?
-Por qué… porque te lo pedí.

Para el momento en que me respondió sus mejillas se tiñeron de rojo.

-¿Crees que mataría por ti?

Entonces palideció y pareció hacerse más pequeña de lo que era.

-Yo… no, no creo que lo hicieras por mí.
-¿Por qué no?
-¡Basta Fred!

Su reacción me hizo reír, demasiado, era una niña queriendo ser adulto, queriendo ser valiente. Simplemente adorable, sensual, heroica y perfectamente corruptible.

-Ven-. Le tendí la mano para que la tomara.

Alekssandra escondía las manos en su espalda, y su rostro estaba teñido de rojo, suspiro un par de veces y suspiro antes de tomar mi mano. La jale hasta que quedo colocada entre mis piernas, solo de ese modo tenía que levantar el rostro solo un poco para verla a los ojos.

-El murió por sus propias acciones, por su propia conciencia. Pero si, Alekssandra, sería capaz de matar por ti.

Fue ella y no yo quien unió sus labios a los míos, sentí como su mano subía por mi hombro y se dirigía a mi nuca, lentamente metió sus dedos entre mi cabello, mientras la otra mano me acariciaba la mejilla. Yo la abrase con mis dos brazos atrayéndola más hacia mí, Alekssandra puso una mano en mi pecho, por un segundo pensé que iba a detenerme. Pero no, me empujó hacia la cama, cayendo sobre mí sin dejar de besarme.

La tome por la espalda y el trasero y gire con ella, quedando yo sobre su cuerpo. Comencé a besarle el cuello, a lamerlo, su piel tenía un fino aroma a lavada. Con una mano acariciaba su pierna y con la otra su pecho sobre la fina blusa negra que traía puesta. Deslice mi mano por debajo de su blusa negra, y fui recibido con el cálido tacto de su suave piel y un brasier de encaje, que supuse seria negro también. Mi otra mano como un cazador furtivo, fue subiendo por su pierna, hasta su sexo.

-Frederick.

Sentí una punzada en mi entrepierna cuando la escuche jadear mi nombre, entonces entendí la estupidez que estaba cometiendo.

-No-. Susurre sobre su pecho, escondí la cabeza en su cuello. –No puedo hacerte esto, no a ti.
-¿Por qué?-. Su voz se escuchaba quebrada,
-Porque, estaría aprovechándome de lo sucedido.

Me costó toda mi fuerza, todo mi poder y mi entrenamiento para contenerme de continuar. De verdad quería tomarla para mi allí y ahora, pero si lo hacia ella no me lo perdonaría jamás.

-Pero… pero, yo quiero que lo hagas.

Casi me atragante con mi propia saliva cuando la escuche, ella estaba pidiendo algo que no entendería. Pensaba que solo era el hecho de arrebatarle su virginidad y listo. Pero, ella no sabía nada, nada de la verdad detrás del instituto para varones Cruz dorada.

-No puedo hacerlo, estoy con alguien más.

Que maldito hipócrita, cobarde y entupido estaba siendo. Patricia no me importaba, nadie lo hacía. Pero esta niña, esta pequeña niña que aún tenía entre mis brazos, debajo de mi cuerpo… ¡Mierda!

-¿No te gusto?

¿Gustar? ¡Por todo el cielo! Claro que me gustaba, me volvía loco. Pero no podía ser, no como ella deseaba.

Lentamente me puse de pie, cuidando de no verla a los ojos, no podría mentirle si lo hacía.

-No es porque me gustes o no, eres muy joven y yo soy un prefecto. Se vería como si estuviera abusando de mi puesto.

Alekssandra se sentó en la cama, tenía las mejillas sonrosadas y la lujuria aun no desaparecía de sus ojos.

-Pero es algo que yo quiero, y sé que tú también, te sentí.
-¡Mierda Aleks! Soy un jodido hombre, ¿cómo demonios no quieres que me excite?
-¿Entonces si te gusto?

Suspire un par de veces, tenía que escucharme seguro y convencernos de que estaba diciendo la absoluta y única verdad.

-No me gustas como piensas Aleks.
-¿Cómo?
-Eres una joven encantadora, hermosa y sumamente sensual. Pero no me gusta como mujer, me gustas como la hermana que nunca tuve ni tendré.

Los ojos de Alekssandra se llenaron de lágrimas, y a mí se me partió el corazón al verla así.

-Soy una estúpida-. Dijo poniéndose de pie.
-No eres estúpida Aleks, solo eres joven…
-¡Cállate Vonder!

Guarde silencio, le había roto el corazón y no podía remediarlo. Bueno, sí que podía, solo no iba a hacerlo. Así que hice lo más sensato que tenía que hacer, lo único que nos salvaría a ambos. Me gire hacia la puerta y la abrí lentamente, y volví a verla.

-Que tenga una buena noche señorita Vasíliev, lamento la perdida que sufrió y le pido deje mi habitación.
-Lo siento Fred. Yo…
-Señorita Vasíliev, le suplico que se dirija a mí como prefecto Von der Rosen, y que se marche de mi habitación.
-Soy yo la que debería estar molesta, no tú… tú me despreciaste.
-No la desprecie señorita Vasíliev, solo hice lo correcto, por usted.

Ella palideció visiblemente, yo no iba a cambiar mi postura, no podía hacerlo, no debía.

-Buena tarde señorita…
-No lo digas Fred, eso podría poner una pared indestructible entre nosotros.

Se dio la vuelta dejando mi habitación.
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sábado, 30 de marzo de 2013

Capitulo Uno.
Cruces y Rosas



Todo es confuso, no sé cómo es que llegue a este lugar. En la oficina del rector de mi escuela, en el veinteavo piso de la torre magisterial. Justo a un lado de la pequeña habitación utilizada como almacén por el profesorado, al que solo un par de alumnos tienen acceso. Dentro se encuentra algo de vital importancia para mí, y sé que debo sacarlo de allí, pero no estoy seguro de que es, ni de por qué. 
Puedo ver hacia la entrada, del instituto, allí esta ella, la que se supone era mi mejor amiga, la que no me interesaba en lo más mínimo, la única que logra ponerme en este estado de confusión.

La odio por eso.

Puedo ver las lágrimas en sus ojos y sus mejillas sonrosadas, no sé si de furia, de pena o de tristeza. Su rostro refleja mis emociones, confusión total, la observo dar media vuelta ante la mirada atónita de mis amigos. Sale de la escuela sin mirar atrás, sin siquiera decir adiós.

En ese momento percibo a Iris y Dante, corriendo hacia la torre magisterial. Dante levanta la vista y su mirada captura la mía, la vos de Iris me llega como un susurro.

-Allí esta, date prisa Dan... Antes de que intente saltar.

¿Qué? ¿Por qué querría yo saltar de un veinteavo piso?

Entonces lo recuerdo, todo esto todo este jodido lío comenzó una semana atrás. En esa misma oficina, en esa misma ventana.

Dante y yo hemos sido compañeros de instituto desde que salimos de nuestras madres, somos como hermanos, y ese año cumpliremos los dieciocho años, nuevamente. Mi amigo y yo hemos compartido un montón de cosas, incluidas un par de novias. Fumábamos, tomábamos y para ser honesto utilizamos un poco de droga alguna vez.
La vida ha sido justa para ambos, buenas familias, bien acomodadas, sin nada que nos faltara. Salvo, quizá la convivencia con nuestros padres pero hasta aquí se parecen, solo aquí. Sus padres no participan en las actividades de la escuela, en tareas escolares, ni siquiera los vemos cuando salimos de fin de semana.

Si, una-puñetera-vida-feliz.

Todo comenzó hace cerca de dos años, cuando el rector del instituto decidió abrir los niveles medio superior y superior a las chicas. Construyeron enormes edificios que servirían de dormitorios para ellas, todo lo que por años se había considerado territorio masculino, literalmente se jodió. Fue como si nos dieran un golpe en las pelotas con un ramo de espinas.

Incluso el nombre del instituto fue modificado, ¿Quién hace esa clase de estupidez con un instituto con más de seiscientos años de tradición? El imbécil de rector y su camarilla de imbéciles del consejo escolar, solo porque no saben dónde tener a sus hijas para mantenerlas vigiladas. - Jódanse-los-hombres- ¿No?
En fin, dejo de ser el instituto De la Cruz Dorada, para convertirse en el instituto: Cruces y Rosas.

¿Qué mierda era eso?

Pero ese no fue el mayor de nuestros problemas, ¡OH no!

Esos llegaron con dos chicas, Iris Martínez y... ella. Alekssandra Vasíliev.

Por alguna justa y buena razón mi abuelo detestaba a los Rusos, y nada tenía que ver el hecho de ser descendiente Alemán, irónicamente... yo nací en Rusia. Ella, era la chica más hermosa que había visto, unos ojos tan azules como el cielo, unos labios y un cuerpo diseñados para el pecado, y malditamente tímida.

No hablaba con nadie e incluso apenas si hablaba en clases, y nada más aparecía yo en escena y ella, ¡puff! Se esfumaba. Eso provoco que perdiera el interés en ella paulatinamente, y por dios que debí dejar que todo se desvaneciera ante mis ojos y no mover un solo dedo.

Estúpido-engreído-pusilánime.

Casi al final de ese semestre yo estaba saliendo con una chica de otro curso, Patricia... Patricia no sé qué. No era físicamente como Alekssandra, pero en la cama era fenomenal. Incluso le gustaba que Dante participara con nosotros de vez en cuando y, no dudo que se lo tirara a mis espaldas.

Pero no finjamos sorpresa, eso no me importaba.

Una tarde después de clase, caminando por el pasillo de la escuela, y admirando el tan "femenino" escudo que habían elegido para el instituto. Que era una cruz y una enredadera de espinas que la rodeaba encerradas en un círculo con la corona en la parte superior y las guirnaldas en la inferior, en colores negro, plata y morado. Que pronto adornarían nuestros uniformes.

En fin, caminaba por el pasillo, cuando escucho la voz quebrada de Alekssandra proveniente de uno de los salones. Al principio no entendía lo que decía por su llanto, levante la cabeza y el pasillo estaba inevitablemente vació La mayoría de los estudiantes ya se habrían retirado del instituto por ser viernes. Otros idiotas como yo se quedarían a pasar el fin de semana allí, digo: ¿para qué volver a casa a estar solo?
Lo que rompió la atención que tenía en mis pensamientos deprimentes y absurdos fue lo que ella dijo después.

-No quiero hacerlo, ¿no entiendes eso?

Como buen entupido-caballero decidí entrar en el salón de dónde provenía su voz. La escena fue confusa, o eso quiero creer. Ella estaba sentada en el escritorio del salón, con la falda enrollada hasta arriba del muslo, la blusa ligeramente abierta y ¿una chica? Entre sus piernas.

-Te dije que lo vas a hacer y punto, ahora abre las putas piernas que quiero cogerte.

Cuando Alekssandra me vio un pequeño grito salió de su garganta, lo que alerto a su acompañante. Mi corazón brinco de alegría al ver que no era una chica, era Eduardo Pinson, un imbécil con la apariencia tan afeminada que creíamos era mujer. Las malas lenguas desmentían su delicadeza.

-Ella te dijo que no, Eddy.

¿Por qué mierda me metí?

-Esto no es asunto tuyo, Von der Rosen. 
-Quizá no, Eduardo. Pero la chica dijo: No.

Alekssandra sollozaba ligeramente ocultando su rostro entre sus manos, Eduardo no dejaba de acariciarle las piernas.

-¿Será que quieres unirte a la fiesta Vonder?

Odiaba el entupido sobrenombre que tenía, y este bien que lo sabía.

-No va a haber ninguna fiesta. 
-No seas capullo Vonder, esta piba no es más que una puta que quiere ser follada.

Los sollozos de Alekssandra se hicieron más fuertes, entonces comprendí que no estaba allí por su gusto.

-Voy a decirlo una vez, como prefecto del instituto te voy a ordenar que dejes a esta chica en paz.

Los ojo de Eduardo se abrieron como plato, no es por presumir, pero la prefectura es el cargo más elevado dentro del alumnado del instituto, es castigado severamente no obedecer, pero por razones muy distintas a las que los alumnas imaginaban. Eduardo no tuvo más elección que alejarse de ella.

Me acerque con cuidado, la imagen de ella era perfecta, bien podía aprovechar las circunstancias, pero, opte por olvidarme de esa idea. Le abotone la blusa, la sentí temblar bajo mis manos, le baje la falda y caballerosamente la cubrí con mi chamarra.

-¿Te encuentras bien?

Ella me miraba sorprendida, creo que esperaba que fuese tal y como todo el mundo decía que era. Un-maldito-hijo-de-puta-.

-Grrr... Gracias. 
-No me des las gracias señorita Vasíliev. 
-Solo dime Aleks-. Me dijo con apenas un hilo de voz. 
-Bien Aleks, ¿Cómo estás? 
-Mejor. 
-Vamos, te escoltare hasta tu dormitorio.

Me gire hacia la puerta esperando que me siguiera, pero ella seguía sentada en el escritorio.

-¿Si trata de hacerlo de nuevo? 
-¿Qué?-. Pregunte, no porque no supiera lo que trataba de decir, solo no entendía. -No te preocupes, siempre estaré allí. 
-Me ha acosado por meses... 
-Lo sé, conozco bien a Eduardo. Ven, vamos.

Por fin se bajó del escritorio, arropándose más con mi chamarra, camino con temor hasta donde estaba yo.

-¿Lista?

Solo asintió, salí con ella al pasillo, ya era algo tarde para estar en los pasillos de la escuela. Caminaba con ella en silencio, Alekssandra no media arriba del 1.50 de estatura, lo que provocaba que pareciera una niña a mi lado.

-Gracias... Vonder. 
-Por favor, odio eso... mejor dime Frederick o Fred... ¡Pero nada de Fredy!

Su risa me tomo por sorpresa.

-Bien, nada de Fredy, prometido. 
-De acuerdo Aleks. 
-Pero, de todas maneras gracias. 
-Ya te dije que no lo agradezcas, lo habría hecho por mi hermana menor. 
-¿Tienes una hermana? 
-No, pero si la tuviera, lo habría hecho.

El resto del camino fuimos en silencio, hasta llegar a la entrada al edifico de los dormitorios femeninos.

-Bueno señorita Vasíliev, llegado sana y salva. 
-Gracias señor Von der Rosen.

Le sonreí genuinamente, hasta que una voz chillona me llamo de la forma que más odiaba.

-Hola mi Fredy. 
-Patricia.

Patricia se me colgó al cuello como un simio, eso era molesto he infantil. La bese en los labios mientras la apretaba más hacia mí, digo, ¿Por qué desperdiciar lo que se te da gratis? La baje al suelo y para mi sorpresa Alekssandra seguía allí.

-Ah, mira Patricia ella es la señorita Vasíliev... acabo de recatarla de Pinson, sabia el tipo de hombre que este era.

Patricia se volvió a Alekssandra.

-¡Por dios! ¿Te encuentras bien Aleks? 
-Sss...Si, gracias a Frederick. 
-Pero mira, aun tiemblas-. Patricia se dirigió a mí. -Mi amor, llevare a Aleks a su habitación y te buscare más tarde.

Ni tiempo me dio a responder cuando rodeo por los hombros a Alekssandra y se dieron la vuelta para entrar en el edificio. Así era Patricia, fingía interés en las tragedias ajenas. Sip, esa clase de persona era mi novia.

Tal como lo prometió Patricia vino a mi dormitorio un par de horas más tarde, y me hizo olvidar totalmente mi encuentro con Alekssandra. Patricia era una mujer alta, de un buen metro con setenta y ocho centímetros. Su pie de un dorado bronceado y sus pechos tundentes y perfectos. Su estrecha cintura y una cadera amplia con unas largas piernas perfectamente torneadas.

Era como Eduardo había definido a Alekssandra, "Una piba que no era más que una puta que quería ser follada" y sinceramente ese era uno de mis deportes favoritos, además del fútbol. Cerca de las tres y media de la mañana, mientras dormía plácidamente con Patricia aun lado de mí, completamente desnuda y saciados, alguien toco a mi puerta...


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