Google+

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Capitulo treinta
Ausencia.



Alekssandra e Iris ya estaban de regreso en el instituto, estaban convalecientes, estarían en cama por un par de semanas quizá... Los senadores de la manada trabajaban en ellas cada noche, eso aria que estuvieran en pie antes.

Tenía cerca de tres noches de no verla...

No es que no quisiera, no podía.

Le había fallado, había estado tan inmerso en auto compadecerme que le falle, no vi el riesgo que se sernia sobre ella.

Las cosas estaban peor de lo que jamás podré haber imaginado, comencé a duda de la manada. Dudaba de la lealtad de mi gente, de los que tenía a mí alrededor; incluso en algún momento me sorprendí dudando de Aleck e incluso de Adrik...

Sí, esa era quizá la peor mierda.

Las semanas que mi alma estuvo internada en el hospital fuero.... Desquiciantes, no es la palabra que más les define, pero la única que en este segundo se me ocurre. En una ocasión en medio de una reunión con algunos nuevos y futuros alumnos, sus padres y algunos profesores, sin aviso, ni intención me convertí en un Lobo de orejas a cola. Pude sentir el miedo y sorpresa de todos ellos por mi acto de "presentación", después de ello tuve que desaparecer por un par de días, sólo salí de allí y me fui... Me escondi en la casa de mis padres.

Un par de amaneceres después seguía encerrado allí, me cerré a la manada, no había como se comunicarán conmigo.... O eso creí.

¿Desde cuando era tan crédulo?

Estaba en medio de la cocina comiendo... Bueno... Los Lobos también comen... Y el conejo estaba delicioso, fresco, caliente y... Vivo.

-Te dije que estaba aquí, y creo que le falta un baño.

Dimitri estaba recargado Perezosamente en el umbral del la puerta de la cocina, Adrik estaba detrás de mi.

¿Como-demonios-llegó-allí?

-Lo que vamos a hacer es ponerle un collar de castigo para enseñarle nuevos trucos-. Comentó Adrik
-Además de una mejor correa.

No había humor alguno en la voz de ellos, y sabía la razón, estaban furiosos conmigo por haber desaparecido de ese modo. Pero, ¿Quién podría entender por lo que estaba pasando? Ni siquiera yo sabía que demonios estaba sucediendo....

"¿Que demonios están haciendo aquí?"-. Les interrogue a través de la senda telepática que compartía con ellos.
-Venir por nuestra mascota-. Siseo Adrik.

El gruñido salió de mi garganta sin poderlo detener, en ese momento se estaban convirtiendo en una amenaza para mi paz mental, una paz que sólo había alcanzado siendo quién había sido... Un lobo solitario.

-!Basta¡ ¿Qué demonios están haciendo?

Mi corazón literalmente se detuvo, en la puerta de la entrada estaba Alekssandra, se veía cansada, respiraba con mucha dificultad, sus heridas apenas estaban sanando. Vi como sus ojos se serraron cansados, y estaba a dos segundos de desvanecerse. Sin pensarlo y cambie de forma y la atrape en los brazos, con el corazón en la garganta.

-Anima mea, ¿Qué estas haciendo aquí?
-Obligue a este par de testarudos a traerme.
-¿Por qué?
-Por que deseo regresar mi corazón a casa.

De pronto las lágrimas se agolparon detrás de mis ojos, un inmenso nudo se formo en mi garganta.

La levante en mis brazos y me dirigí con ella a la habitación principal de a casa, ella rodeo mi cuello con sus brazos,  pero podía sentir su debilidad. La recosté en la cama y detrás de nosotros entraron Dimitri y Adrik, serios y en completo silencio.

-¿Cómo los obligo a venir?
-Amenazo con venir sola, incluso Dante trato de persuadirla… pero al final… él manejo-. Respondió Dimitri.
-¿Dante esta aquí?

Eso si no me lo podía creer, estaba bien que este par de perros accedieran a cualquier cosa que su señora les ordenara o que cayeran a sus pies con un batir de pestañas, pero, Dante… Me pare y me dirigí al closet, mientras me ponía ropa, Dimitri y Adrik atendían a mi alma.

¿Qué había hecho? Me aleje de ella por que era yo el causante de lo que le había ocurrido, y ahora ella estaba aquí y puso su vida en riesgo.

-Frederick.
-Dime anima mea.
-Sabía lo que conllevaba estar unida a ti.

¿Qué?

-Alekss…
-No Fred,  déjame hablar.

El escuchar esa debilidad en su voz hizo que mi corazón diera un vuelco, me acerque a la cama y me senté junto a ella tomando su mano.

-Dime amor de mi vida.
-No eras el único que estaba en las sombras Frederick, tu eres mi luz, mi corazón, mi todo. ¿Recuerdas el primer día que nos conocimos?

No pude evitar el sonreírle cuando recordé ese día, no podría olvidarlo, ni quería aun cuando me obligaran.

-Lo recuerdo muy bien, salías de un salón, casi ibas corriendo.
-Y me estrelle contra ti, fue como chocar contra una pared y caí al suelo, tu ni siquiera trataste de ayudarme… solo te quedaste allí parado como una estatua solo viéndome, cuando vi tus ojos… supe en ese momento que tu serias mi vida, y eso me aterro, por ello trataba de alejarme de ti… no quería acercarme por que… la oscuridad me había tocado y…
-Tu eres un ser de luz amor, eres mi corazón.
-Frederick el día de la muerte de mis padres adoptivos… -. Su voz se corto. –Esto no se lo he dicho a nadie, pero… antes de venir a esta escuela… unos hombres entraron a nuestra casa, ellos estuvieron cerca de violarme, pero si violaron a mi hermana y a mi madre frente a mi papá, a él lo golpearon hasta casi matarlo... murió en el hospital… mi hermana murió de las heridas que le causaron… mi mamá, ella mato a uno de esos hombres y me libero, para cuando el otro se dio cuenta fue por ella, mi madre lo provoco para que fuera por ella… Solo quede yo, Frederick, y ese tipo y era mi vida o la de él…

La habitación se lleno de una aroma peculiar, el aroma que produce la ira, esta emoción provenía de los tres lobos de la habitación. Deseaba haber estado allí para salvar a esas personas que le habían dado su amor y su protección a la mejor persona de mi vida, pero no podía volver en el tiempo para ello.

-Anima mea, peleaste por tu vida y saliste victoriosa, eso es un signo de valor, no de otra cosa.
-No lo siento así.
-Claro que no, sobreviviste, cuando tu familia no pudo hacerlo. Tu mamá puso su vida en riesgo al liberarte y dio su vida por ti por que te amaba.

Podía soportar cualquier cosa menos las lágrimas de ellas, esas lágrimas que venían de su corazón, estaban desgarrando mi alma.

-La familia de Iris me acogió, y cuando se abrió el instituto, nos enviaron a ambas… y entonces Eduardo… ¿Sabes? Nunca pensé en mí en ese momento.
-¿Qué penaste?
-Pensé en ti, todo el tiempo… pensé en que entrarías por esa puerta y me salvarías… le rogué a los dioses por ello y creo que me hicieron caso por que así fue como ocurrió.
-Les debo mi vida por eso o jamás te habría encontrado a tiempo.
-Mi lobito-. Levanto su mano a mi rostro, su mano estaba fría. -No vuelvas a alejarte de mi otra vez, no se si lo resistiría nuevamente.
-Siempre meto las patas ¿no?
-Para eso estoy aquí, para ayudarte de vez en cuando.
-Te amo Alekssandra.
-Frederick te amo, llévame a casa, estoy muy cansada.

Después de decir eso se desvaneció, su pulso era lento, muy lento y apenas respiraba. Mi corazón comenzó a latir tan fuerte que sentía que en cualquier momento se saldría de mi pecho. Sin decir nada la tome en mis brazos nuevamente, baje con ella hasta la puerta de la casa, Dante estaba en el asiento del piloto de la camioneta.

Entendí por que era quien manejaba, era el único de nosotros cuatro que podría mover esa cosa a una velocidad vertiginosa sin provoca un accidente. Me subí con ella en el asiento trasero, bese la corona de su cabello.

-Tu me rescataste de la muerte Alekssandra, tu me trajiste de nuevo a la vida, tu eres mi luz, mi alma, mi corazón, mi todo.

En el instituto, la deje en manos de los sanadores, quien me reprendieron con su mirada, pero no dijeron nada. Detrás de mi estaba Dante, que seguramente se sentía exactamente como yo, pues la vida de Iris dependía de un hilo.

-¿Han llegado sus padres?-. Le interrogue sin volverme a verlo.
-Hace dos días.
-¿Qué dicen los sanadores?
-Ella es fuerte, resistirá.
-Se que lo ara, de otro modo no te habría escogido como su pareja.

En ese momento lo supe, Dante sufriría el mismo destino que yo. Iris era latente, pero mortal al final del tiempo.

-Ellas son fuertes Fred, sobrevivirán por si mismas, eso no lo dudo.

Las palabras de Dante me trajeron de regreso a la habitación donde estábamos, Mi amigo, mi hermano, mi camarada de caza.

-Tenemos que hablar Dante, esto cambiara nuestras vidas para siempre.
-¿A que demonios te refieres?
-A la vida de Iris.

Para la mañana siguiente Alekssandra tenia mejor aspecto, estaba mas relajada, pero Iris… Casi la perdemos dos veces al anochecer, su latido era errático, y su respiración demasiado pausada.

Aleck entro en silencio a la habitación de las chicas, al igual que todos estaba furioso.

-El consejo de los Lobos le espera en la sala de reunión.
-¿Quién los convoco?
-Las familias nobles, por lo ocurrido, son apoyados por la familia de la señorita Martínez.

Dirigí mi mirada directamente a Dante, era normal que hicieran algo así, ya habían perdido a una  hija y la vida de la otra estaba pendiendo de un hilo.

-Quédate con ellas Aleck.
-Ser aun honor mi señor.

Dante y yo salimos del área médica del instituto, en ese momento el lugar mas resguardado del mismo, fuimos escoltados por Ewah, Dimitri y Adrik. En el edificio magisterial,  en la sala de reuniones el consejo entero de la manada estaba allí. Nadie se puso de pie cuando entre, nadie me saludo o sonrío, había hostilidad en su mirada.

-¿Qué los a traído a mi hogar?

Por más que quise mi tono no fue amable, fue más bien… hostil.

-Desde que se abrió el instituto a las mujeres, una a muerto y ahora dos han sido atacadas, y en consecuencia siete de nuestras hijas fueron asesinadas… estamos considerando que esto es un error, que debemos revocar la decisión de nuestro antiguo líder-. Me respondí fríamente Ethan, un antiguo lobo considerado de la  “nobleza lupina”
-La primera de las nuestras muerta fue culpa de uno de los nuestros,  si. Eduardo Pinson, el cedió a sus instintos. Si mal no recuerdo, se interpuso una amonestación a este misma consejo para su expulsión y detención después de lo acontecido con una joven que vivía cerca del instituto-. La mirada de todos los allí presentes se oscureció. –El ataque contra Iris Martínez y mi esposa Alekssandra Vasilíev, fue perpetrado por sus hijas. ¿Ignoran el castigo por un ataque a traición?
-¡Mi hija no debió morir! Sentenciaste a mi esposo y a mi hijo a muerte, ¿No te basto con ello? Ahora también te llevaste a mi hija.

El grito de Marina Landeros hizo eco en mi cabeza por mucho tiempo, no me atreví a responder. ¿Qué podía decirle? Yo mismo le había dado muerte a su hija cuando ella trato de matar a mi alma. Estaba en mi derecho de ejecutar esa vieja ley de nuestra manada. Pero esta misma acción había destrozado a una de las personas más importantes en mi vida.

-Tu esposo y tu hijo quisieron el liderazgo de la manada para si y se unieron a la alianza del este y a los cazadores… es por esto ultimo, la traición a la manada que han sido sentenciados a muerte. Tu hija ataco a tu señora, aun cuando muchos no la reconozcan como tal, ella es nuestra alfa. En ambos casos no fue mi señor el que los sentencio, fueron las leyes de nuestra manada-. Le respondí Dante parado aun lado de mí. –Esto que pretenden es una insensatez, no por los errores de algunos van a condenar al resto.
-Ni siquiera asististe a los funerales…-. Me reprocho alguien de la sala.
-¿Cómo podría hacerlo cuando mi alma esta agonizando en una cama? Les suplico que se retiren, los Martínez, su pareja y yo estamos en un momento critico. Las cosas son tensas y necesitamos tiempos para sanar, y no hacer algo de lo que después nos arrepintamos.

No quería enfurecer y verme obligado a atacar a nadie, o incluso a tener que hacer algo exagerado. En ese momento no me encontraba ni de ánimo, ni en condiciones para afrontar todo lo que había pasado, solo quería regresar a lado de Alekssandra. Quería que ellos entendieran, quería entenderlos, pero había demasiado dolor y muerte entre nosotros como para afrontar las cosas en ese instante.

Ewah se paro frente a mí colocando su mano en mi hombro.

-Aquí y ahora reitero mi lealtad a mi alfa, Frederick Von der Rosen-. Pronuncio las palabras con respeto y seguridad. “Vonder para los amigos”-. Dijo por la senda telepática que compartíamos.

No pude evitar sonreír, el sabia que odiaba eso de “Vonder”

- Aquí y ahora reitero mi lealtad a mi alfa, Frederick Von der Rosen-. El siguiente fue Dante Landeros, las lágrimas se atascaron detrás de mis ojos.

Uno a uno renovaron sus votos de lealtad, hubo algunos que no lo hicieron y no lo esperaba… quizá no era el momento. Me di cuenta que lo mejor para mí, para mi alma, no era alejarme de ellos. Muy por el contrario lo mejor para ello era acercarme a la manada. Ellos eran mi fuerza, los pilares en los que me puedo apoyar cuando estoy cansado.

Eran mi familia, mis amigos, mis compañeros de caza. Mucho de lo que había vivido, lo había vivido con ellos a mi lado, aun cuando siempre fui yo el que se alejaba, el que les daba la espalda. Decidí que nunca más pasaría esto, trataría de nunca más ausentarme para sufrir en soledad, cuando tenía a mis amigos… a mi familia, a mi manda.

Un lobo en solitario es fuerte, pero la manada es invencible.
Leer más...

sábado, 16 de noviembre de 2013

Capitulo veintinueve.
Loba.



La charla con Henrriette me había dejado más que agotado, emocional y físicamente. Fue extraño verla actuar así, demente. Pero, no quería perderla, era la pieza clave en está alianza que nos otorgaba paz temporal. Sí ella ya no estaba, su facción se unirá a la otra y los cazadores volverían a está unidos.... Cosa muy, muy mala para los Lobos.

Me sorprendió que mis cachorros se comportarnos en el auto, de regreso al instituto.

De pronto una sombra se cruzó por mi mente, algo no estaba bien. Con forme la camioneta se acercaba al instituto la sombra crecía y se hacia más viscosa.

-¿Que ocurre mi Rabdos?

Me interroga Dimitri detrás del volante.

-No lo se, sólo siento está cosa extraña.

El silencio se hizo pesado, asfixiante, como la presencia de esa sombra. No me permitía respirar, mi corazón se aceleró tan vertiginosamente que pensé iba a salirse de mi pecho.

A unos mil doscientos metros de la puerta del instituto me bajé de la camioneta, creo que en todos mis siglos de vida jamás me moví tan rápido como esa noche. Todo se volvió un borrón a mí alrededor.

Recorrí casi todo el camino sintiendo mi corazón en la garganta, una emoción que nunca antes había sentido. 

Terror, puro, vil, creciendo como un ente aparte en mi interior.

La casa del consejo de Rosa de Luna estaba completamente a oscuras, las ventanas y puertas estaban abiertas. Con el corazón en la garganta y los pulmones negándose a funcionar me acerque a la puerta, en el interior estaba todo absolutamente impecable, nada fuera de orden.

Algo no estaba bien, había una nota discordante en el ambiente… ¿Qué era?
Por un segundo lo capte, como un hilo elusivo que me dirigía hacia la verdad.

-Alekssandra.

No obtuve respuesta alguna, ni siquiera de su compañera de casa. Y entonces allí estaba, la nota discordante, un aroma, su aroma… Era la sangre de ella, su sangre de mi alma.

Todo a mí alrededor comenzó a teñirse de rojo, los colores se esfumaron… No, no era el mundo, era mi visión. Sentí como los huesos de mi cuerpo comenzaron a encogerse, mi piel a desintegrarse dejando salir el pelo. En este momento era más animal que humana, corrección, era un animal en su estado más elemental… Era un Lobo.

En mi estado natural mi olfato era mil veces mejor que como humano, mi visión era cien veces mayor, mas en la oscuridad. Entonces comencé a seguir el rastro, de donde provenía. El aroma de su sangre me llevo hasta su recámara, había marcas de desgarre en las cortinas y dosel de su cama.

Hubo una lucha, seguramente lobo-humanos.

Pero, si estaba muerta, ¿No debería haber mas sangre? Seguí el rastro, hacia la puerta tercera. El bosque estaba a unos metros de mi, oscuro, mudo testigo de lo que había sucedido. Sin perder más tiempo me dirigí a donde el rastro de ella me guiaba, la luna se había ocultado detrás de unas densas nubes, un mal presagio.

Seguí su aroma al lado contrario de donde se encontraba o había estado el hogar de la manada, justamente a donde estaban los túneles que daban a una red de cuevas. Entre en el primer túnel hasta la primera bifurcación donde se abrían cuatro túneles, entre por el segundo. La segunda bifurcación estaba a mi vista, esta vez solo tres túneles, fue el de la derecha.

Llegue a la tercera bifurcación, dos túneles, y sabía a donde llevaba el que estaba por escoger. En el pasado ese túnel y todo lo que había dentro había sido utilizado para torturar, había mazmorras, había… demasiadas cosas que no deberían estar allí en la actualidad.

Estaba solo a unos metros de las primeras mazmorras y las primeras cámaras de tortura. Escuche un susurro…

-No entiendo que tiene de fabulosa esta humana, ni siquiera tiene un vinculo de sangre con el alfa.

Era la voz de una mujer, no… era una Loba… ¿Quién?

-Por eso estamos aquí Magueritte, para saber por que una humana y no una de nosotras.

¿Había más de una?

-Date prisa Vassill, si él se entera de esto nuestras vidas corren peligro.
-Él no se enterara, el cazador nos lo aseguro.

¿Qué mierda dijo?

-Seguramente confías en esa mierda, Ilyana.
-No, pero confío en la magia de los Lobos.
-¡Basta! No venimos a pelear entre nosotros, venimos a destruir a esta mujerzuela que se prostituye con nuestro alfa.

Esta era la líder, era a esta a quien debía eliminar primero. Me acerque a la puerta, el aroma en la mazmorra era nauseabundo, entre excitación, lujuria e ira de estas Lobas.

-Tienes razón Esveta, hagamos lo que hemos venido a hacer.

Sabía bien quien era… esto no poda estar pasando… la regla de la manada era: Si atacas a traición, pagas con tu vida. Ella lo había hecho tomando a mi mujer mientras dormía, no de frente como lo aria un Lobo…

Si le daba muerte a esta Loba, él no me lo perdonaría… pero era la vida de mi alma la que estaba en juego. Ya no había más que pensar, más que planear.

“Perdóname Dante”-. Le indique por la vía telepática privada que compartíamos.

Retraje mis cuartos traseros e impulse todo mi lupino cuerpo, en un salto dirigido hacia un solo objetivo. El cuello de Svetlana Landeros quedo entre mis fauses, mis colmillos perforaron piel, huesos y venas. La libere justo cuando aterrice en el suelo, pero sabia perfectamente que ella ya estaba muerta.

El chillido estridente de las otras mujeres estaba rompiéndome los tímpanos, se hicieron bola en una de las esquinas mas alejadas, Alekssandra estaba inconsciente sobre una plancha de tortura en forma de “T”. Me acerque a ella mostrándoles mis colmillos a las perras.

-Mi… Mi señor.

Un ladrido grutal salio de mi garganta, no quería escucharlas, no iba a escucharlas. Como si se hubieran materializado dentro de la cámara, llegaron Ewah, Dimitri en su forma de Custos, Adrik en forma de Bellator, Dimitri en forma de lobo.

-Mi señor, toma a nuestra señora y asegúrate que esta bien, nosotros nos encargaremos.

No registre la voz, no supe quien lo dijo, pero incluso a ellos les gruñí colocándome sobre el cuerpo de Alekssandra, nadie iba a tocarle un solo cabello.

-Fred… Frederick… -. Mi cabeza callo, mis ojos se centraron en ella, debajo de mi. Tenía moratones en su perfecta piel blanca, un labio roto. –Escúchame lobito… debes sacarme de aquí… creo que tengo las costillas y … y una pierna rota. ¿Estas escuchándome?

No pude responder de ninguna manera, solo gemí y lamí su cara, me dolía como nada en el  mundo verla así. Retome mi forma humana, y la tome en brazos. Sentí su dolor, todos lo hicimos, pero ella ni siquiera lloro o se quejo. Comencé a caminar con ella de regreso a la salida.

Mi sorpresa fue ver a muchos miembros de la manada en su forma normal, la del Lobo. Unas mujeres de la manada en forma humana se acercaron a nosotros, pusieron una manta sobre Alekssandra y una sobre mi espalda. Nos guiaron de regreso a la salida de los túneles, los Lobos allí presentes mostraban sus señales de respeto.

Fuera de los túneles ya había una camioneta esperando, las mujeres me ayudaron a subir a Alekssandra en el asiento trasero, una de ellas la acompañaba, diciéndole palabras de aliento. Me senté detrás del volante, mi corazón aun corría desbocado. Trataba de controlar la furia, el dolor, debía ser fuerte… mi alma estaba con vida.

La lleve al hospital de la manada, en la puerta ya nos esperaba un equipo de médicos, cirujanos, enfermeras. Coloque a Alekssandra en la camilla, y los médicos comenzaron a revisarla. La llevaron a hacer estudios, para ver el daño que esas perras le habían hecho.

Esa mañana después de dejarla en el hospital de la manada me dirigí en compañía de los gemelos y Dimitri a la casa de mis padres, allí estaba Henrriette y otro cazador, entre ellos uno de los suyos atado y ensangrentado.

-Es todo tuyo Lobo, ha traicionado a nuestra raza, pero a sido la tuya la que ha sufrido-. Me indico el cazador.
-Sabre corresponder a esta muestra de paz.
-No esperaba menos del hijo del primer Bellator.

Sin decir mas ambos se fueron, dejándome con la basura en la puerta de mí casa. Comenzó a gritar al percatarse de la mirada que los cuatro teníamos en los rostros, este día iba a ser el mas largo y aterrador de su vida.

Diecisiete horas y aun no sabia nada, me habían dejado en la sala de espera, en la misma sala donde espere cuando atacaron a Isidro Taftian. Entonces recordé la conversación que tuvieron….

“Henrriette, ¿Por qué me traicionaste?”

No sabia si ella me respondería, o si era parte de esto, pero, ¿que opción tenia?

“¿De que me hablas hijo?”-. Había autentica duda en su voz. “Daria mi vida por ti, lo sabes”
“Uno de los tullo se alío a un grupo de perras y… atacaron a…”

No podía decirle, no le había hablado de ella.

“Se quien fue el que orquesto el ataque a tu alma, mi cachorro”-. ¿Cómo demonios lo sabia?- “Soy tu madre Frederick, aun cuando no te guste… ¿Dónde te hago la entrega del paquete?”
“Traicionas a los cazadores, Henrriette?”
“Solo por mi hijo, una y mil veces, ¿Dónde lo entrego?”
“En casa de los Von der Rosen”
“Lo tendrás allí al amanecer… hijo… debes hacer lo que te he dicho, por el bien de todos… si la pierdes la manada te perderá y con ello, todo terminara para los Lobos”
“Gracias Henrriette, Lo are”

Suspire metiendo la mano en mi camello, estaba exhausto y estaba rodeado por los mis amigos, mi círculo más cercano, el gran ausente: Dante. Pero  no podía culparlo de ninguna manera, había matado a su hermana, y sentenciado a su familia y no sabia donde estaba su pareja Iris.

-La encontró, estaba encerrada en una de las mazmorras, le hicieron mucho daño, llegaran en veinte minutos.

La voz fría de Dimitri me saco de mis pensamientos.

-¿Qué les hicieron a ellas?
-No quedo nada, como debe ser. Amenazaron a nuestra señora, de una forma traidora, pagaron con sus vidas.

Normalmente la voz de Adrik era calmada, el osáis en la tormenta, en esta ocasión estaba cargada de furia.

-Gracias.
-Lo aria de nuevo, lobito, eso nunca lo dudes.

Eso, jamás-lo-dudaría.

Dante entro a la sala de espera solo cuarenta minutos después, se veía devastado, sucio. Como un fantasma atravesó la sala hasta pararse frente a mí.

-Parece que de mi familia, solo y soy leal a la manada… Sveta, Ursula… mis hermanas menores… Ursula estaba matando a Iris cuando la encontré… yo…

Me puse de pie y lo abrase, no me importo que todos estuvieran allí, este era mi hermano y al igual que yo necesitaba consuelo.

-Yo, nosotros somos tu familia.
-Lo se-. Su voz se escucho estrangulada en mi hombro.

Dimitri se acerco a nosotros.

-Somos una nueva familia ahora.

Después de más horas de las que me gustarían, subieron a ambas a una habitación, donde estarían monitorizadas y custodiadas las veinticuatro horas del día. Por fin me dejaron verla, bueno, nos dejaron verlas.

-Anima mea-. Me acerque a ella y la bese, tenia que sentirla o moriría. –Me... tuve terror al pensar en que te perdería.
-Nunca mi lobito, siempre estaré a tu lado.
-Si me sigues diciendo así voy a colgar a Adrik, y será toda tu culpa.

Sonrío acariciándome la mejilla con su mano.

-Te prometo que no volverá a ocurrir esto, jamás… Adrik y Aleck se ofrecieron a cuidar de ambas, el resto de sus días.
-No amor, eso…
-Si anima mea, es necesario, no quiero que nada ni nadie jamás amenace tu vida.
-Solo soy una humana.
-No-. Dijo Dante desde el otro lado la habitación sentado junto a Iris. –Eres una Loba, no una humana, eres nuestra alfa y nunca creas lo contrario.



Leer más...

martes, 12 de noviembre de 2013

Capitulo veintiocho.
Padres.



Enero se término sin que me diera cuenta, en medio de pleitos, de problemas, de enfrentamientos, muertes, pero también, paz, armonía y hermandad. Habíamos comenzado a ver las solicitudes de ingreso, las edades, situaciones familiares, en conclusión, todo. El trabajo era inmenso, más del que jamás se había hecho.

En las próximas vacaciones nos dirigimos a nuestro antiguo hogar, a plantear el instituto. Las conversaciones preliminares habían sido buenas, nos han aceptado de muy buena gana, no por ello confío ciegamente. Sigo teniendo miedo de que nos traicionando y se vuelvan en nuestra contra.

-¿Amor? ¿A donde te fuiste? Ya no me estas poniendo atención.
-Perdóname anima mea, sólo pensaba en algunos menesteres.
-¿Que ocurre, Frederick?
-Todo Alekss, todo... Esto es algo que jamás se había vivido y no tengo una maldita guía, me siento como un colonizador...
-Pues, de hecho entre la manada he encontrado con expertos en logística, administración, plantación, tecnología.
-¿Que sugieres?
-Arma tú propio equipo de profesionales, permite que internaran contigo, el instituto y la manada.
-¿Por que eso nunca se me ocurre a mi?
-Por que estas pensando en otras cosas amor, en cosas como: la seguridad de la manada, el instituto, los cazadores, los humanos y nosotros,... Son muchas responsabilidades amor, debes delegar algo. Eso no te ara menos alfa.

Sin duda ella tenía razón, ese sería el siguiente pasó. Buscar a los expertos, delegar cosas, concentrarme en otras. En ese instante una idea surgió  cabeza, hacia siglos no estaba en mi tierra natal, hace siglos no veía sus valles nevados, sus ríos helados y a las manadas hermanas de lobos que corren libres en su territorio.

-Alekss…
-¿Qué ocurre lobito?
-Ya estas con eso, esa influencia negativa de Adrik... voy a abrir un instituto en Siberia y lo voy a mandar allí, a él solo.
-Se que en el fondo lo admiras.
-Muy en el fondo y no se lo digas, ¡he!
-Claro que no, pero, dime ¿Qué ocurre?
-¿Te quedaras siempre a mi lado, sin importar que pase?
-Solo mientras tú me quieras a tu lado.

Entonces la abrase y la bese, por que no podía decirle nada, no podía, no debía decir nada. Sus labios eran cálidos, húmedos… Pero estábamos en la oficina, así que tomo más del control que tenía en separarme un poco de ella.

-Bien… eso… ¿Cuándo irán al hayuntamiento?
-¿Qué?
-Alekss, el proyecto del consejo de Rosa de Luna.
-Haaa!! Eso, si… aun no se. Pero, eso no era lo que ibas a decirme o ¿si?
-No, quiero preguntarte ¿vendrías conmigo a Rusia?
-¡Claro que si! Pero, ¿Qué pasa con las clases?
-No te preocupes, será en las vacaciones largas.
-Y… ¿Será un viaje meramente de negocios?
-¡Alekss!
-¿Qué?

La sangre se agolpo en sus mejillas tiñéndolas de rojo, era una imagen inocentemente erótica. Dulcemente mía, solo mía. Estaba por besarla otra vez cuando mi celular sonó con un tono muy característico, y si que era inoportuno. Me aleje un par de pasos de ella antes de corroborar de donde provenía la llamada.

-¿Podrías ser mas oportuna?
-Buen día solecito, ¿Te interrumpí?
-No Henrriette, claro que no.
-Deja ese tono sarcástico jovencito, soy tu madre.
-Cosa que me recuerdas a diario, ¿Qué se te ofrece esta vez?
-Es para que nunca lo olvides… Necesito verte en persona, tenemos que hablar.

No podía alejar mi vista de Alekssandra, sentada en el escritorio con su uniforme, inclinando su cabeza ligeramente a la derecha.

-¿Dónde?
-En donde… en donde le di muerte… a tu padre.
-¿Por qué allí?
-Por que es necesario… hijo, yo…
-No digas nada Henrriette, te veré allí esta noche.
-Gracias.

Corte la llamada sintiendo un vacío en la boca de mi estomago, como si fuese a devolver la comida. Alekssandra se acerco a mí, colocando una de sus manos en mi pecho y acariciando mi cabello con la otra.

-¿Estas bien?
-No… Mi madre biológica es un Venántium, mato a mi padre biológico… Mi tío, a quien ame como un padre, me entrego a una amorosa pareja que él mismo mato… No se, realmente de donde provengo. No tengo claro de donde soy…
-Eres Frederick…
-Ese ni siquiera es mi nombre-. La interrumpí en un susurro. –Me llamaron Grigori como el Lobo que me engendro.
-Mírame lobito.

Tuve que hacer lo que me ordeno, centre mi mirada en ella.

-No me importa como te llames, puede ser caramelito, solecito o Grigori. Eres mío, eres mi Lobo, eres mi alfa, eres mi pareja, eres mi amigo. Perteneces a la manada, eres parte de una familia que en si misma jamás te dejara solo, sin importar que. Nos perteneces, ¿Me escuchas? Me Perteneces.

Fue en este momento en que supe que había hecho lo correcto aquella noche, cuando pensé que estaba con alguien más, y por vez primera le dije que la amaba. Ella tenía razón, no importaba quien me había engendrado, criado o cuidado. Era parte de una familia, una manada.

-¿Te he dicho que te amo?-. Le interrogue abrazándola.
-No en unos veinte minutos.
-¿Tanto?
-Si.
-Te amo Alekssandra Vasilíev.
-Te amo pulgoso.

Puntual como me gusta ser, esa misma noche salí del instituto, lamentablemente no solo. Me acompañaban los gemelos Slavik y el mismo Dimitri Ruso, este último era quien manejaba. El ambiente dentro de la camioneta era tenso, Dimitri no le quitaba los ojos de encima a su progenitor.

-Detén el auto Ruso-. Le ordene sintiéndome exasperado.
-¿Por qué?
-Detén el auto.
-Ya estamos cerca lobito, ¿Cual es la prisa para parar?

Volví la mirada a Adrik, quien iba sentado en el asiento posterior de la Land Robert.

-¡Que detengas el puto auto Dimitri!

No pude evitar la forma grutal en que las palabras salieron de mi garganta, pero, de haber podido hacerlo, tampoco lo hubiera hecho. Dimitri orillo la camioneta, y se detuvo lentamente.

-¿Qué esta mal mi Rabdos?
-Tu-. Dije señalando a Adrik. –Y Tu-. Señale ahora a Dimitri. –Bajen de la camioneta… Aleck, quédate aquí.
-Como ordene mi señor.

No espere a que ellos bajaran de la camioneta, así que me apee primero. El viento era frío y las estrellas estaban ocultas detrás de una densa capa de nubes. Un par de minutos, quizá más, esos dos Lobos se bajaron de la camioneta. Se pararon frente a mí, a una distancia considerable uno con respecto al otro.

-¿Qué ocurre, lobito?
-¡Ya basta de esta maldita mierda entre ustedes dos!
-Mi Rabdos…
-No Ruso, te guste o no este hijo de puta es tu padre. Lo quieras o no, este te engendro y te heredo mucho de lo que eras ahora-. No me podía creer el tono furioso con el que estaba diciendo las cosas. –Es un imbécil que te dejo con esa… si lo es, y es un maldito perro, pero es tu padre. Te dejo con ella, si, pero tu también tienes culpa, tu te quedaste.
-¡Era un niño!
-¿Por qué no acudiste al consejo? ¿Al rector? ¿A Aleck?

¡Mierda, mierda, mierda! Toque un nervio sensible del Custos, y esto podría tornarse muy peligroso.

-Si acudí al consejo-. Respondió Dimitri en un susurro. –Ellos me devolvieron a Ela.
-¿Qué?-. Gruño Adrik.
-Me dijeron, que no podía escoger a mis padres, y que yo era el castigo de ambos… que nada podían hacer por mi. No soy el único al que le han hecho eso…
-¡Hijos de puta!

No sabia quien estaba más furioso, si iban pasado muchos siglos, miles de años, pero para nosotros, todo es distinto. No medimos el tiempo o las situaciones de la misma forma que los humanos, después de todo somos Lobos.

-No puedo hacer nada por cambiar el pasado Dimitri, ni solucionar lo que ya fue, pero si puedo ver por el presente y procurar tener un futuro-. Le dijo Adrik acercándose lentamente.
-Mi abuelo, el padre de Ela, fue quien me cuido y me crío.
-Lo se, él tampoco sabia de ti… hasta que mate a su hija.
-Tiene que entender esto, se tiene uno al otro en estas horas mas oscuras, y te guste o no nadie tiene mas experiencia con los cazadores como ellos… Para tu desgracia y un poco para la mía, él-. Señale a Adrik. –tiene mas experiencia y conocimientos de los que Isidro Taftian nos permitió tener, quizá sea el único que pueda ayudarnos a recuperar a Patricia.

Sabia perfectamente que en ocasiones era un autentico hijo de puta, y en este momento lo estaba siendo, con uno de mis amigos y aliados. Recordarle la situación en la que se encontraba la mujer a la que se había vinculado…

-¿A que mierda te refieres Frederick?

OK, eso si me asusto. Dimitri jamás me había llamado por mi nombre y menos en ese tono.

-Ella te ha dicho que esta aprendiendo, que le están enseñando todo lo que puede aprender. Pero, ¿Qué le ocurrirá cuando cumpla veintiuno dentro de esa secta?
-Ellos…
-La reclamaran, perderá su alma, ya no será tu latente y se convertirá en una cáscara vacía con sed de sangre y muerte-. Respondió Adrik por mí.
-Nadie ha demostrado tener el poder suficiente para retener un poco de su alma, para no convertirse en un Venántium. Pero…
-Podemos traerla a nosotros y revertir todo lo que le hagan antes de la reclamación, después de ello deberá ser destruida-. Me interrumpió Adrik.

Dimitri estaba en silencio, el desconcierto y el dolor podían verse en su rostro.

-Tienen que entender esto ustedes dos, no es por Patricia, no es por mí… Es por ustedes dos, son una familia, se necesitan uno al otro… Un lobo solitario es fuerte, pero en manada es invencible.
-Como orden…
-No Dimitri, no es una jodida orden… Mírame Custos.

Él centro su mirada en mí.

-Tienes la oportunidad de tener lo que ni Dante, Ewah, Orlando, Alekssandra o yo tenemos. Un padre, una familia que te guíe y muestre lo que nadie mas te ha mostrado… De ellos, de los antiguos ya casi no existen… No pierdan esta oportunidad. Adrik, metiste las patas en la mierda, es momento de sacarlas y darse un baño.
-Tienes razón, lobito. ¿Crees que podamos comenzar de nuevo, Dimitri?
-Creo ahora que mi Rabdos tiene razón, es momento de un nuevo comienzo.
-¡Demonios! Ahora ya no podré usar esas lindas cadenas de castigo que quería ponerles.

Después de mí entupida broma volvimos a meternos en la camioneta, el ambiente dentro estaba visiblemente más relajado.

-Te dije mi señor que esos calmantes para cachorros eran infalibles-. Comento Aleck apenas nos pusimos en marcha.
-Ni siquiera tuve que dárselos.
-¿Le diste calamares para perros al lobito, para dárnoslos? ¿Qué demonios te pasa Aleck?-. Protesto Adrik sorprendido.
-No es para tanto, mi primera sugerencia era llevarlos a castrar, pero mi señor me dijo que tardarían como tres meses en calmarse, así que le sugerí los calmantes.
-¡Aleck!
-¡Tío!
-¿Qué? Son naturales, solo los iba a calmar.

La respuesta del Lobo sonó tan inocentemente real, que no pudimos evitar reír.

El lugar al que Henrriette

La casa que alguna vez debió existir allí, estaba en total ruina, el bosque casi la había desaparecido. No necesitaba la luz del sol, para darme cuanta de la desolación y muerte que rodeaba ese lugar. Una mancha en el éter, una señal de color, muerte y odio habían marcado este sitio.

Nos apeamos con calma y todos neutros sentidos alerta, ella quizá fue Lobo alguna vez, quizá me dio la vida, pero sin duda ahora era un cazador. La vi emerger de entre los escombros, tenía algo en las manos, y el aroma a lágrimas llego hasta mi nariz.

-Cuando le conocí tenia tu edad, era fuerte, impetuoso, hábil y muy valiente. Te pareces tanto a él, la misma sonrisa, el mismo porte, el mismo aroma. Tenía las características de un alfa, la misma pericia. Siendo de menor rango y más joven, venció en muchas ocasiones a mi hermano…

Henrriette levanto la vista en mi dirección.

-¿Por qué aquí, si tanto daño te hace?
-Para, sentir algo hijo. Para recordar que alguna vez tuve un alma pura, el alma de un Lobo. Que tuve un amor, un hogar, una familia que me amaba, a la que pertenecía.

La entendía perfectamente, por ello acudía con regularidad a la casa de los Von der Rosen, para recordarlos, para no dejar de sentir.

-¿No podías venir solo?
-No-. Respondió Dimitri por mí.
-No te ofendas Henrriette, pero no confío en tu gente.
-En ocasione sin yo lo hago, me asustan… son… como cáscaras de huevo vacías.

¿Esta era Henrriette? Sin duda algo andaba muy, muy mal. Pero, el problema era saber que.

-Querías hablar conmigo y aquí estoy, ¿Qué pasa?
-Mi tiempo esta llegando a su fin.
-¿Qué?
-No se como hijo, pero presiento que mi tiempo se termina. Necesito darte algo, antes de que eso pase. Además, a él.

¿A Dimitri? ¿Pero que demonios?

-Bien Henrriette, será a tu modo.
-Gracias hijo.

Si, yo era su hijo, pero no podía decirle madre, no la veía ni la vería de ese modo. Hora sabia que también la perdería a ella…

¿Hasta cuando esto iba a terminar?


Leer más...

domingo, 3 de noviembre de 2013

Capitulo veintisiete.
Corazones.




-Me duela o no, estoy de acuerdo.
-Mentiroso.
-¡No estoy mintiendo y lo sabes!

¡OH si! Su aroma decía otra cosa, decía que cada palabra salida de su boca era una flamante mentira.

-Iras por mi en cuanto las cabezas de tu familia caigan, no serás mas amigo del sentenció y ejecutó a tu padre y hermanos.
-¿Por qué estas siendo tan cruel?
-¿Cruel? ¿A caso no me conoces?
-No entiendo que quieres decir Frederick, no tenemos nada que discutir en este momento.
-¿No, Dante? ¿Qué hay acerca de la muerte inminente de tu padre y hermanos?

Pude ver el dolor que mis palabras causaban a mi mejor amigo, tenso su mandíbula y apretó las manos en puño hasta que su piel se puso blanca.

-Esa fue mi decisión y debes de respetarla,  aun cuando soy cruel contigo, eres mi hermano aun cuando no tengamos la misma sangre… solo estoy siendo realista.

Dante desvío la mirada al escritorio que estaba entre nosotros.

-No rompería….

Sabia que si rompería nuestra amistad, también que trataría de vengar a su familia y se convertiría en un traidor.

¿Cruel? Si era cruel, era un hijo de puta.

Pero… no tenía opción, eran ellos o mi familia, mi gente, mi pueblo. No, no iba a arriesgar a la manada, por nada ni por nadie.

-¿Cuanto tiempo tardara ese nudo en cortarte el flujo de oxigeno al cerebro, Dante? Se que si no saltas sobre mi y me arrancas la cabeza, iras por ella… y sabes bien que eso, no lo puedo permitir.
-¿Quien piensas que soy?
-Eres Dante Landeros, un Bellator tan poderoso como cualquier antiguo, y tan peligroso como cualquier depredador… y justo en este momento, estoy jalando tu cola en dirección contraria a donde deseas ir… ¿Qué supones que ocurrirá?

Sin previo aviso o señal de que fuese hacerlo, tomo una de las figuras de lobo de platino que estaba en el escritorio y la lanzo directamente a mi cabeza, un solo segundo después salto sobre mí. Sentí como si mi cráneo se partiera en pedazos cuando la figurilla me golpeo, el aroma a sangre llego a mis fosas nasales de inmediato. Pero, cuando me arrollo… fue como ser estrellado contra un muro de carga por una locomotora.

El primero de sus golpes impacto en mi mandíbula, el gusto a sangre vino de inmediato. Solo pude girarme tomándolo por el cuello y entrelazando mi brazo con el suyo en una muy efectiva llave de yudo. Lo gire y lo estrelle en el escritorio.

-Termina esto Dante, ahora, antes de que tenga que hacerte mas daño del que te he causado.

Forcejeo, gruño y pateo. Acerque mi boca a su oído, tratando de contenerlo y no dejar expuesto mi cuello.

-Termínalo, Dante…
-¿Cómo pudiste sentenciar a mi familia a muerte? Eres su alfa, se supone que deberías guiarlos, tratar de… no de matarlos… no debes matarlos…

Sus gruñidos y gritos se convirtieron en lagrimas, en suplicas que me rompían el corazón.

-No se que hacer, Dante. Su muerte te causara dolor, pero de no hacerlo amenazaran a Iris, y seguramente…
-Ni lo digas-. Me interrumpió ahogando sus sollozos. –Jamás Frederick siquiera insinúes que la pondría en ese riesgo. Tienes razón, no…

Lo libere u deje que se pusiera en pie.

-Ellos se convirtieron en una amenaza para la manada.
-No había visto lo que estaba poniendo en riesgo al pensar solo en mí, no… me duele, pero no are nada en tu contra. Aquí y ahora te reitero mi lealtad.
-Mi lealtad es para contigo, mi hermano.

Tendí mi mano y el la estrecho, me volví a ver a Dimitri.

-No voy a hablar mi Rabdos.
-No quiero que hables pulgoso, quiero que escuches-. Dimitri solo se limito a observarme en completo silencio. –Adrik se vinculo con tu madre y estaba dispuesto a unir su vida a ella, pero… ella no era mujer de un solo Lobo…
-¿Crees que no lo se? Esa puta me crío-. Me interrumpió en un gruñido. –Dejo que sus hombres lupinos o humanos me golpearan, me golpeo y casi me mato. Mientas tanto ¿Qué hizo el señor Slavik?
-Sobrevivir, Dimitri.
-¿Qué demonios?
-Te are una pregunta, ¿Te has vinculado alguna vez?

Vi la forma en que su mandíbula se tensaba, su mirada nunca abandono la mía.

-No, hasta ella.

¡OH! Ella, Patricia Caballero.

-¿Podrías compartirla no con uno, sino con decenas? ¿Permitirías que Dante o yo tomáramos a tu mujer solo por que ella lo desea así?

Su respiración se acelero, al igual que los latidos de su corazón.

-Jamás.
-¿Qué te hace pensar que Adrik hubiese respondido lo contrario?
-¿Qué hubo a cerca de mi?

Esto no me correspondía, pero alguien debía dejarle en claro una sola cosa.

-¿Recuerdas el verano del 412?
-No entiendo que tiene que ver eso…
-¿Qué ocurrió ese verano, Dimitri?
-Mataron a Ela, mi madre.
-Adrik volvía de Siria, Grigori mi padre lo acompañaba… llegaron al hogar de la manada en esos años, y te vieron, corriendo por la calle solo con un par de cientos de años en sima… un cachorro. Sangrabas y corrías pidiendo ayuda, pero nadie te prestaba atención. Detrás de ti Ela y un par de sus amantes, ebrios, con tu sangre en sus manos.

Dimitri me escuchaba atentamente, en ese momento sentí que hasta mi corazón se detuvo.

-Vi a un invenzo lobo negro corriendo hacia mí, pero no iba por mí… salto sobre mí cabeza y… mato a mi madre junto con sus amantes… pero…
-Adrik les dio muerte, tu estabas débil herido y casi al borde de la muerte. El te curo, cada herida, cada cicatriz, cada golpe, te dio su sangre, su fuerza.
-Pero no se quedo.
-Isidro Taftian le ordeno entregarte a él, como su protegido. Te entrenaron, te criaron y te salvaron. Pero fue tu padre quien te libero.
-¿Por qué nunca me lo dijo?
-¿Lo dejaste?

Agradecía a los dioses  que Dimitri fuese más racional de lo que Dante era, pues no sabia si podría someter o siquiera hacer daño a un Lobo como este.

-¿Qué pretendes ahora mi Rabdos? ¿Flores y abrazos?
-Podría ser un comienzo.

El Custos exploto en carcajadas, contagiándonos su risa. Pero entendí que reía para no llorar.

Hablar con ellos me dejo agotado emocionalmente, me sentía ya exhausto físicamente, tenia varios días sin dormir. Salí un par de horas de la oficina, deje que mis pies me guiaran por el camino. Sin pensar me dirigí a la vieja casa del antiguo rector, la que ahora compartían Alekssandra e Iris.

Antes de que tocara el timbre, la puerta se abrió y ella salto a mis brazos.

-Mi lobito.
-¡Por los dioses Alekss, te estas dejando influenciar por esa bola de pelos! Voy a encerrarte bajo llave lejos de esos perros.
-¿Entonces prefieres Fredy?

Sonreí rozando mis labios con los suyos, y atrayéndola más hacia mí. Disfrute el momento como nada en esta vida, el tenerla entre mis brazos era el mejor regalo que los dioses podían haberme dado.

-Si insistes en llamarme Fredy, tendré que buscarte un sobrenombre aun más ridículo.
-¿Cuál seria?
-Mmm, seria…. Conejita.
-¡Noooo!
-¿No? Entonces… Pastelito.
-Si me dices “pastelito” jamás te volveré a decir: te amo.
-Bueno, descartamos pastelito… mejor, pollita.
-Lo que creo es que tienes hambre.
-Creo que si, no he comido nada.
-Ven, te prepare cordero.
-¿Sabes? Es por eso que te amo tanto.
¿Por mi cordero?
-Sip.

El cordero que Alekssandra preparo estaba delicioso, y debo añadir que termine mas cansado de lo que ya estaba después del festín de carne que ella me preparo. La acompañe a su habitación, y me recosté con ella en la cama, no supe en que momento me quede dormido.

Soñé, por primera vez en algún tiempo logre soñar. Fue un sueño tranquilo, pacífico que me reconforto. Quizá era el hecho de que Alekssandra estaba entre mis brazos, y era su aroma el que me daba esa paz. Me permití soñar con el futuro, uno  que en el pasado no me importo, me hizo darme cuenta de mi presente y de lo que tenía que hacer para enfrentarlo.

Soñé con el futuro que tenia junto a mi mujer, entonces supe que al siguiente amaneces debía hacer algo importante.

Desperté cerca de las cuatro de la tarde, envuelto entre sabanas y solo. Me levante y salí a la sala de la casa, Iris y Dante estaban sentados en la mesa comiendo y charlando.

-Buena tarde  cachorrito-. Me saludo Dante con una flamante sonrisa en los labios.
-Buena tarde Frederick.
-Buena tarde Iris, por favor ¿puedes ponerle un bozal a tu mascota? -. Me dolía un poco la cabeza, sentía como si me hubiera puesto una borrachera inmensa. -¿Dónde esta Alekss?
-En el estudio con los Slavik.
-¿A caso dijiste con los?
-Si, dije los.
-Voy a arranarte las pelotas, Dante.

Con calma me dirigí al estudio de la vieja casa. Estar allí me traía recuerdos de una infancia y adolescencia relativamente feliz, pero sin duda era este momento en el que lo era. Abrí la puerta, ella estaba detrás del escritorio y los gemelos sentados frente a ella.

-¿Ya amaneció, lobito?
-Aun no bingo.

Me acerque a Alekssandra y la bese, una muestra de lo territorial que soy. Los hermanos Slavik estaban sonrientes, nada sorprendidos y me pareció que un tanto burlones.

-¿Qué ocurre?
-Lego esto hace un par de horas-. Adrik me entrego un grueso fajo de hojas, en una carpeta negra con el escudo del consejo de los Lobos.
-¿Qué es esto?
-En resumen, cerca de doscientas setenta mil solicitudes para unirse a nuestro instituto, tanto académicos como alumnos y el número sigue creciendo-. Me respondió Alekssandra con una sonrisa en el rostro.
-Te lo dije lobito, mi señora tenía razón.
-¡Por los Dioses Adrik, tu siempre faltándole a tu alfa!-. Le regaño Aleck.
-No te preocupes Aleck, eso ya quedo solucionado… ¿Cuál es el plan?
-Comenzaremos por el instituto Cruces y Rosas en Rusia, después el mundo.

La emoción en la voz de Alekssandra hizo que mi corazón diera un vuelco dentro de mi pecho.

Pero, ¿Esto era una buena señal?






Leer más...